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viernes, 24 de julio de 2009

Yo también soy dificil de matar

El concierto acabó con Pesadilla en el parque de atracciones y como anécdota destacar que en el momento del lanzamiento del famoso vaso de cerveza J cantaba: "pero soy díficil de matar" coincidencia o no, para deshacerse de alguien que ha cambiado el panorama musical nacional e internacional, que ha llegado a todos los rincones del mundo y ha puesto al indie en el lugar que se corresponde hace falta mucho más que un vaso o una pelota de plástico para desacreditarlos.

martes, 7 de julio de 2009

Principios Básicos de Astronomía (1)



Tras 15 años en activo, este será vuestro primer grandes éxitos como tal. ¿Cómo veis vosotros este lanzamiento?
Yo no lo comprendo muy bien, se habló de lanzar un recopilatorio para conquistar nuevos territorios en México y Argentina y de paso ya sacarlo también en España para que la compañía hiciera caja. Inexplicablemente ahora sale sólo para el mercado español, donde menos falta hace.




Hoy se publica en España "Principios Básicos de Astronomía" en dos ediciones, una con sólo el CD recopilatorio, y la otra (la maravillosa, la que está volando desde hace dos días hacia Aguascalientes gracias a la siempre extraña y nunca bien agradecida generosidad de Agustín) con el CD recopilatorio, el DVD y un comic de Juanjo Saez, del que ya tengo muchas ganas de ver como adapta "Nunca me entero de nada".

No hay nada nuevo salvo "Soy un pobre granaíno", otra vez una adaptación de un palo flamenco a la psicodelia planetaria (la canción debajo del tracklist). Pero, amor al arte, amor a Los Planetas, que, por cierto, han sacado una horrible recopilación, basada en sabe qué principios mercadólogicos extraños (faltan "Ciencia Ficción", "Canción para ligar", "Desorden", "MI HERMANA PEQUEÑA" -cómo pudieron dejar eso fuera-, "10,000", "La máquina de escribir" o "Mis problemas con la justicia" -"que para mi es denigrante que mi destino esté regido por estos cerdos fascistas") comentaré canción a canción.

El CD comienza, saltandose el "Medusa EP" con "De Viaje" y su simple declaración de amor "¿qué podría ser mejor que estar siempre juntos tú y yo?". Del mismo disco, Super8 eligen también la popera "Rey Sombra" (argggggggg, en lugar de "10,000") con el J orgulloso de su conocimiento de "sustancias legales, ilegales y otras que no sé si son legales o ilegales" (él dijo) cantando aquello de "¿Que me puedes ofrecer que aún haya probado?".

Y siguiendo con ambos temas de "Pop" eligen "Jose y Yo" que "tomamos cualquier cosa, y viajamos en alfombras y todo parece distinto, siempre es otro sitio" y como canción de amor "David y Claudia" a la que el narrador le dice "puedo estar en tu cabeza y que no mires a nadie nunca más".

Párrafo aparte merece el nunca mejor titulado, salvo por el número que significará dios sabe qué, "Himno Generacional # 83" que, en efecto, fue todo un himno para esa generación que creció con Los Planetas:

Y podrás decirme ¡qué cabrón!
y puede que incluso se te ocurran más insultos.

Cuando no estés ya,
cuando no haya nadie ya,
cuando no estés ya,
cuando no estés nunca más,
cuando no estés ya,
cuando no estés ya,
cuando no estés ya por aquí,
cuando no estés ya
y no haya nadie más.

Y como único inédito "Soy Un Pobre Granaíno (Colombiana)".


Soy un pobre granaíno que vive en la serrania y de noche bajo a verte porque no puedo de día y si de mi dependiese, nunca te abandonaría. Sabes que por quererte me estoy jugando la vida.
En lugar de darte pena en lo que queda de día. Nadie va a quererte nunca como yo a tí te quería. En lugar de darte pena en lo que queda de día. Nadie va a quererte nunca como yo a tí te quería. Una rosa en un rosal es mucha fantasia y el viento y la deshoja ya estará rosa perdía.
Una rosa en un rosal es mucha fantasía mira el viento y que la deshoja ya estará rosa perdía.
Una rosa en un rosal esto es mucha fantasía.
(Aunque con estos chicos nunca se sabe que están diciendo exactamente)
Y en el DVD tres videos míticos: Himno Generacional #83, todavía con May donde Los Planetas son acribillados a tiros por unos niños de torvísima mirada dirigidos por el rey de la serie B española, Jess Franco, Y Además Es Imposible , del que nada se puede decir salvo una J en la sala hecha con paper maché y decorada con el art work del video -gracias, Laura-, y el censurado Alegrías Del Incendio.
PD: si alguien tiene una amiga de carita (pero en guapa) y gestos parecidos a Antony, que la presente.

sábado, 4 de julio de 2009

Margaret Atwood

Lo que ahora nos define son los tiempos imperfectos: el pretérito imperfecto, “como entonces”; el futuro imperfecto, “aún”.
(Margaret Atwood)


Desorden Moral de Margaret Atwood puede ser leída como una novela construida con capítulos que podrían ser independientes o como un conjunto de cuentos que mantienen un trasfondo común, pero es, sobre todo, y más allá de su propia forma, una de esas obras del “realismo”, siempre entre comillas como quería el maestro Nabokov, que viene directamente de Chejov y del Joyce cuentista y emparenta a Atwood con otras dos narradoras contemporáneas fundamentales como Alice Munro y Lorrie Moore.
Lo que pasa en los cuentos de Atwood es lo de siempre, lo de todos los días, la cotidianeidad más absoluta, pero, y he ahí su maestría, traspasada por un instante, uno solo, en el que aparentemente no pasa nada nuevo pero que cambia radicalmente el modo de ser de los personajes. Hay un momento en el segundo relato del volumen en que la madre abofetea a su hija, casi esclavizada ante el embarazo y llegada de una nueva hermana. “Mi madre se incorporó y se volvió, todo en el mismo movimiento, y me dio una fuerte bofetada. Nunca lo había hecho, ni eso ni nada remotamente parecido. No abrió la boca. Las dos estábamos sobrecogidas por lo que habíamos hecho y por lo que había hecho la otra”. Con esas sencillas palabras, con ese sencillo acto, se resuelve en un momento el paso a la madurez.
Como ocurre con ciertos autores, contar la trama del cuento en nada afecta al lector porque lo que acontece en realidad va mucho más allá de lo que pasa. Los dos ancianos que reciben las noticias del día, un caballo que llega a la granja, los vagabundeos de una joven de ciudad en ciudad, una cabeza en la noche de Halloween, un viejo poema victoriano que dos novios estudian juntos, el viaje en coche (tan usado en la literatura usamericana), las esperas, esos son los “argumentos” de cuentos en los que, en la mayoría, todo avanza por un objeto que desata un recuerdo que explica el presente y el interior de personajes que aparecen y desaparecen en un cuento y otro.
Desorden Moral, título que Atwood toma prestado, como reconoce en los agradecimientos finales, de alguien que dejó de escribir novelas, es uno de esos libros de los que es imposible salir como entró, tanto por la escritura, seca en la adjetivación, dubitativa en sus afirmaciones como lo es la vida, como y, sobre todo, por ese espejo del reconocimiento que son las grandes obras (Ojo, del reconocimiento, no de la identificación).

El certero habla de la cotidianeidad
Aunque hay algún crítico que habla del “realismo doméstico” de la Atwood, decir doméstico es minusvalorar el gran trabajo de la escritora. El sentido de realidad en la escritora no puede restringirse a cuatro paredes, cocinas y crianza de los hijos. Su sentido de la realidad, una verosimilitud más cercana a nosotros que a sus personajes incluso, se basa sobre todo en lo acertadamente que cada uno de los personajes habla como corresponde. “Mi hermana nació en octubre, un par de semanas después de que yo cumpliera doce años. Tenía todos los dedos de las manos y los pies”. Frases como esas, la preocupación de una jovencita porque su hermanita ha nacido con todos los dedos, son en su fría sencillez el mérito atwoodiano.

El aburrido juego de vivir
“- Estoy cansada de jugar este juego. Este es un mal sitio para mí. // No se refiere a mi casa, se refiere a su cuerpo. Se refiere al planeta tierra. Puedo ver lo mismo que está viendo ella: el borde de un acantilado, un puente del que ha caído una tabla, el fin. Eso es lo que ella quiere: el fin. Como el fin de una historia”. Sencillas y estremecedoras con las que la protagonista de tres de los cuentos reconoce, después de una jornada de reproches mutuos, la dolorosa verdad de lo que pasa dentro de la cabeza de su hermana esquizofrénica.

Dos momentos del discurso de Margaret Atwood al recibir el Premio Principe de Asturias
“Pero los gobiernos que intentan abolir el arte -ya sea con su indiferencia, ya sea con su afán por suprimir las voces independientes- , no lo consiguen jamás, pues incluso si se lo condena a la clandestinidad, si se le cortan los suministros, si se lo oculta, el impulso artístico, a pesar de todo, halla una vía de expresión”.

Banda sonora
Y ahora estoy hablando sin sentido, / la vida pendiente de un hilo. / Me gustará saber de qué ha servido / si nunca nadie ha entendido. // He estado dando vueltas por toda la casa. / He encontrado algunas fotos / que hace tiempo no miraba. / Estos recuerdos parten mi alma. (“Desorden”, Los Planetas).

sábado, 27 de junio de 2009

Barthelme, Fernando Ruiz Granados, Muñoz Molina y Roth

—Sobre gustos no hay nada escrito —dice el rey—. No he yacido con Ginebra en estos últi­mos doce años. No es que no la quiera, entendedme. Pero los veinticuatro son mi límite supe­rior. Siempre lo ha sido y siempre lo será.
(Donald Barthelme)


Donald Barthelme es, lamentablemente, un escritor olvidado. Y, también, poco traducido. Y lo poco traducido, difícilmente conseguible. Por eso encontrar un ejemplar de El Rey en una librería de viejo es un milagro que merece ser leído de inmediato.
“—La antimoral bolchevique —dice Ezra— pro­cede del Talmud, que es la doctrina más infecta que ninguna raza codificara jamás. El Talmud es el único y exclusivo engendrador del sistema bolchevique. // —En un instante estará hablando de «usure­ros afeminados» —comenta Arturo—; ha de es­perarse de los poetas que están locos, pero éste...”. El Ezra que habla, desde la radio en apoyo a Alemania, es, por supuesto, Ezra Pound, el Arturo que le responde, el rey del título, es el rey Arturo de las leyendas que se encuentra en una guerra, ¿la segunda?, ¿todas las guerras?, intentando manejar un reino y una reina que se le escapan de las manos.
El Rey puede ser, y de hecho lo es al mismo tiempo, una relectura, reinterpretación de la leyenda de Arturo, un ataque frontal y cínicamente posmoderno a la sociedad contemporánea y, sobre todo, una demostración de que en el arte de la escritura todo vale mientras se sepa hacer valer. Como juntar por ejemplo, los ciclos, la cultura occidental y las armas de destrucción masiva en unas cuantas líneas: “—El Paraíso, la Caída y el regreso al Paraíso... no es un cuento. Resulta demasiado simétrico. No hay giros. Nada más el Paraíso, plis, la Caída, plas, y el Paraíso otra vez, plis. Y tengo la impresión, una intuición si lo preferís, de que incluso si se recuperara el Paraíso, nos encontraríamos mú­sica de Milhaud y frescos de los futuristas ita­lianos. // —Pero tenemos algo por lo que luchar —ob­jeta sir Roger—. Y es muy importante tener una meta así. // —No discrepo de vos. Un Grial, por ejemplo. // —Pero un Grial-bomba... no me gusta.”.
Barthelme, aunque maestro en el cuento corto, aprovecha todas sus habilidades, dislocación temporal, argumentos ilógicos y una exactitud en el lenguaje para una novela no muy larga para hacer reír al lector mientras lo deja reflexionando.

De árboles y pájaros
Así de sencillo se titula el último libro de Fernando Ruiz Granados publicado en la remozada colección de Práctica Mortal de CONACULTA. Su propósito lo explica uno de los breves poemas de la segunda parte del poemario. “Escribir un poema sobre las hojas / Por el simple motivo del verdor”. En esos dos versos se encierra la grandeza y, al mismo tiempo, la tibieza del poemario. Los más cien poemas, cortos, muy pocos pasan de los diez versos, son concentradamente líricos y en ellos la anécdota se convierte más en una estampa, lo que según el anónimo comentador de la contraportada conforma “una poética cercana al espíritu del haiku”.
De árboles y pájaros sin ser un gran libro es uno de esos libros necesarios en toda tradición poética, la obra de eso que los ingleses llaman minor poet, alguien con oficio y artesanía. Todo, el ritmo, las imágenes, los pocos encabalgamientos, la simpleza de las imágenes, está bien. Pero, y esa es la gran diferencia entre un buen libro de poesía, como este, y un gran libro de poesía es eso que hay detrás de la imagen, detrás del vuelo o del ramaje, y que se queda instalado para siempre en el lector. Ruiz Granados, autor también del culto Poemas de Brindisi, ha caído en este poemario en una trampa que, tal vez sin querer, su propio poemario explica: “la terredad del pájaro es su canto”.

Lo dijo Muñoz Molina
"Cada vez que empiezo una novela me veo confrontado con el aprendiz dentro de mí", citando a Philip Roth. Y parafraseó. "Ahora sé que seré un principiante por muchas novelas más que escriba, y que si tengo alguna seguridad demasiado sólida será porque me estoy equivocando". Toda una lección de humildad de ambos maestros.

Banda sonora
“Sorteamos bien algunas emboscadas, / pero otras veces no, y sufrimos bajas. / Esto es para ellos, que tanto nos odiaban, / sabed que vuestras armas no lograron nada” (“Política celestial”, Los Planetas)

sábado, 13 de junio de 2009

La India, el manifiesto de la lujuria y Shakespeare en Aguascalientes

Hoy:
Empecemos. Pero antes, señor, una cosa más: la expresión que yo aprendí de la señora Pinky, la ex mujer de mi ex jefe, el difunto señor Ashok, es: “Vaya chiste de mierda”.
(Aravind Adiga)


Tigre Blanco (miscelánea, 2009) de Aravid Ariga, debe decirse desde el principio, tiene tres características que lo hacen atractivo antes de abrirlo. Una portada muy semejante a la de la edición inglesa, un pequeño cintillo en la parte superior que lo anuncia como ganador del Man Booker Prize 2008 y una nota en la solapa que propone que en la novela, que transcurre en la India, “no hay aromas de azafrán o remolinos de saris”. Y es, además, una novela epistolar.
La opera prima de Ariga se propone como siete cartas de un empresario exitoso, alguien que ha pasado de la Oscuridad a la Luz y con un concepto un tanto extraño de lo que es ser exitoso, a un mandatario chino que se dispone a visitar la India. Las cartas son, al mismo tiempo, una autobiografía, una explicación de los eternos misterios de la India con esa genial comparación con una jaula de gallinas (tan semejante al chiste de los cangrejos mexicanos) y una novela picaresca, género con el que comparte tantos rasgos, entre ellos la ironía del ascenso social.
El tigre blanco es el animal que según las leyendas indias el más raro, el que menos aparece, y el protagonista, sin nombre hasta que llega a la escuela, sin fecha de nacimiento hasta que tiene que conseguir un trabajo, que da nombre a la novela gana con la visita de un inspector y unas páginas después convoca en ese mismo animal al lector. “En el zoo de Nueva Delhi, cerca de la jaula del tigre blanco, hay un cartel que dice: ‘Imagínese que estuviera usted en la jaula”. Su llegada a la ciudad se da gracias a los amos que lo contratan como chofer, aunque todavía no sabe conducir, y estando a su servicio no puede evitar preguntarse, preguntar a los indios, preguntar a todos algo fundamental: “¿Aborrecemos a nuestros amos bajo una fachada de amor, o los amamos bajo una fachada de aborrecimiento?”.
Y el propio narrador resume su novela como algo que es “básicamente, la triste historia de cómo me fui corrompiendo: de cómo dejé de ser un dulce e inocente chico de pueblo para convertirme en un urbanita entregado al libertinaje, a la depravación y a la maldad”. Camino que tiene bastante de triste, un mucho de divertido y como en las novelas realistas contemporáneas una explicación de la humanidad, de lo humano común a cada uno, a través de sus peores características, camino que tiene un asesinato que en lugar de ser motivo de culpa lo es de verdad.
“Seguiré”, termina el libro, “diciendo que merecía la pena saber, aunque fuera un solo día, una sola hora, un solo minuto, lo que significa no ser un criado. // Creo que ya estoy preparado para tener hijos, señor primer ministro. // ¡Ja!”. Con una risa.

Una pequeña joya
Tras una portada con un nombre de autora desconocida, un título provocador y una fotografía más que explícita hay apenas treinta y dos páginas en una edición tan limitada, 250 ejemplares, como cuidada. La editorial “Perineos”, aventura editorial exquisita, comienza su andadura con la reedición de un ¿clásico? olvidado, el Manifiesto futurista de la lujuria de Valentine de Saint-Point. El propio editor resume a la autora en la introducción biográfica al tomito: “Valentine de Saint-Point, una perfecta desconocida en español, tiene bastante más méritos que los que su olvido hace suponer”.
Su manifiesto es un breve recordatorio de que “la lujuria es una fuerza, en fin, porque jamás conduce a la insulsez de lo definitivo y de la seguridad que dispensa el reconfortante sentimentalismo” y que, sin ser una obra maestra, nos sumerge en el mundo de las vanguardias y del protofeminismo con un estilo dogmático y liberador al mismo tiempo, cortesía de quien, según la introducción, fue musa de Mucha y Rodin, poeta, novelista, coreógrafa y danzante creadora de la Métachorie, origen del performance, y, concepto por el que debería reivindicar la historia, autora del concepto de supermujer en oposición al superhombre de Nietzsche.

Shakespeare en Aguascalientes
Un grupo no demasiado numeroso de amateurs que se habían reunido bajo una frase de su directora Mariana Torres: “Si está es la única vez que van a pisar un escenario, lo van a hacer con el mejor”. Un Romeo y Julieta cortado y no en la mejor traducción, sin propaganda, y presentado por una única ocasión fue lo deparó la noche del martes en el Centro Universitario. Una demostración, ¿una más?, ¿hacen falta?, de la grandeza del Bardo al que es casi imposible estropear. Ojalá está sea sólo el principio de montajes shakespirianos en la ciudad.

Banda sonora
Lo he matado, no pude evitarlo. / Lo he matado, tengo que confesarlo. / Lo maté y no siento ningún remordimiento, / alguien lo tenía que hacer. (“Yo maté al A&R de Sony”, Los Planetas).