lunes, 22 de febrero de 2010

“Os deseo

una vida larga y feliz".

(Con la misma frase termina la película).

viernes, 19 de febrero de 2010

15 de diciembre de 1975

a. postea un texto publicado por primera vez en la fecha que da título a esta entrada.
No estoy de acuerdo, sin embargo, con el título que le puso:
nada nuevo
(tan eclesiástico).
Lo triste es que su lectura confirma el título que yo le hubiera puesto:
lo de siempre.
Juzgue el lector
y recuerde
"no es lo que los malos hacen
sino lo que los buenos dejamos de hacer".
Prolegómenos a una sociología de la mafia literaria
Enrique González Rojo Arthur
Aunque los contornos formales de una mafia literaria no son tan precisos como los límites de una agrupación política, no deja de poseer alguna estructuración orgánica. Es cierto que los integrantes de este "grupo selecto" no tienen un carnet, carecen de la obligación de pagar una cuota y no se ven en la necesidad de acatar determinados Estatutos. Ello no impide, sin embargo, que sus actos respondan a un cierto código tácito y que formen parte, más o menos destacada, de una asociación de contornos identificables. Realizar una sociología de la mafia literaria es una labor especialmente difícil porque hace suyo un objeto de análisis impreciso, de límites formales que se determinan con dificultad. Las cosas se complican, además, cuando tomamos en cuenta que los participantes de la mafia no sólo niegan su participación en ella sino la existencia misma del grupúsculo elitista. Una de las cláusulas más importantes del código tácito de la mafia es, en efecto, la obligación (por parte del escritor mafioso) de negar que exista la mafia literaria. Esta es la razón por la cual hay una ideología de la mafia. La forma de esta ideología, su carta de presentación, consiste en la declaración expresa de la ausencia de la mafia; su contenido se localiza, en cambio, en el hecho de que tal declaración, al ocultar la realidad del sector privilegiado, está puesta al servicio de los intereses de la mafia y sus integrantes: nada más conveniente para la vida y el poder de la mafia que dar la impresión de inexistencia.

Los miembros de la mafia no niegan, desde luego, la presencia de una élite, una intelligenza, un "grupo selecto" en la cultura nacional; pero sostienen apasionadamente que quienes están en sitios privilegiados se hallan ahí no por obra de una mafia, sino por el valor extraordinario de la poesía, la novela, los cuentos o los ensayos de sus componentes. La afirmación de que la valía, la significación, la trascendencia de un escritor cualquiera es la causa determinante de su presencia en la "vanguardia intelectual del país" no es, desde luego, tomada muy en serio por sus propios portavoces. Si así lo fuera, no gastarían las energías que gastan en la conquista, consolidación y extensión de la base material, fundamentalmente extraestética, que les garantiza tanto individual como colectivamente "figurar" en la cultura nacional y hasta ser "alguien" en el boom latinoamericano.

Esta base material está constituida por la influencia que la mafia va logrando poco a poco en las casas editoriales realmente decisivas del país, en las revistas literarias, en los suplementos dominicales, en el otorgamiento de premios en efectivo de diferente carácter e importancia, en la distribución de becas y, desde luego, en las "relaciones internacionales" con la intelectualidad de otros países. La actitud de la mafia al respecto recuerda en gran medida el comportamiento de las órdenes religiosas en general y de la Compañía de Jesús en particular, las cuales, aunque hablan de las creencias religiosas como connaturales al hombre y depositan declarativamente en su confianza en la acción todopoderosa del espíritu, no dejan de hacerse a como dé lugar de las bases materiales que alientan la credulidad humana y asegura el papel de dirigencia espiritual de dichas órdenes sobre los feligreses.

Desde luego conviene subrayar que para ser miembro de la mafia el escritor debe presentar necesariamente ciertas características: es indispensable haber realizado, buena o mala, una cierta producción literaria. Si la producción es mediocre, insustancial (pero "muy dentro de la línea"), no importa: la mafia puede sustituir la ausencia de grandes valores artísticos por un procesamiento extraestético que asegura al autor que se hable de él, que no deje de estar "en circulación", que dé, incluso, la impresión de estarse codeando con la historia.

Para comprender la gestación de la mafia, vamos a hacer una comparación entre la actividad literaria y la práctica económica. Del mismo modo, en efecto, en que, en la historia del capitalismo, la libre competencia es desplazada por el monopolio, en la vida literaria la competencia individual (basada en el valor artístico efectivo de una obra) es desplazada por la mafia. Los actuales participantes de un grupo elitista, en general fueron en su momento competidores individuales que no pertenecían a ningún monopolio literario; sólo después se agruparon para obtener los beneficios de la asociación mafiosa, del mismo modo en que, por otro lado, en la historia del capitalismo, una vez que ha aparecido el monopolio, la libre concurrencia reaparece, en un nivel más alto, como competencia intermonopólica, también en la vida literaria hay frecuentemente más de una mafia o una pugna entre las diversas mafias que forman el ambiente literario nacional.

En los marcos de esta vida literaria en pugna, una mafia se manifiesta poco a poco como la fundamental y otra u otras como las subordinadas y secundarias. En México, por ejemplo, no sólo existe una mafia dominante (formada alrededor de la revista Plural) sino también otras (como la constituida en torno al suplemente La Cultura en México) que, aunque no jueguen el mismo papel, reúnen todas las características que nos permiten caracterizarlas como mafias. Es bueno subrayar, para terminar con esta comparación de la vida literaria y de la práctica económica que de la misma manera que los monopolios pueden establecer alianzas entre sí y hasta fusionarse, otro tanto ocurre o puede ocurrir con las mafias. No es raro, además, que haya una enconada lucha entre ellas en lo que se refiere a ciertos aspectos y una decidida alianza en lo que alude a otros.

Decíamos más arriba que la mafia puede sustituir la ausencia de grandes valores artísticos por un procesamiento extraestético que asegura al autor los laureles de la gloria y las mieles de la fama. ¿Cuáles son los mecanismos que emplea para hacer tal cosa? Echa mano, desde luego, de los elogios mutuos. Si A publica un libro de cuentos, B y C harán sendas notas bibliográficas laudatorias en diversos suplementos literarios. Si, poco después, B edita un poemario, A y C harán, a su vez, los comentarios elogiosos requeridos. Si, por último, C publica una novela, A y B serán los encargados de realizar imparciales y entusiastas apologías. El propósito que persiguen los elogios mutuos es "armar ruido". Pero la mafia emplea también el silencio, la omisión: administra sabiamente ruidos y silencios; el ruido, el "escándalo literario", lo dedica a sus integrantes o "amigos de ruta"; la omisión (el cuerpo fantasmal del "ninguneo") lo reserva para "los otros": los que pertenecen a las "pequeñas mafias" o los que ingenuamente se hallan aún en el torbellino de la libre competencia. La mafia sabe con toda precisión de quién hay que hablar y de quién no. Si algún escritor de cierta importancia se pronuncia en contra de ella, la reacción normal en estos casos (una respuesta crítica) se hace a un lado a favor del "arma favorita": el silencio. Es de esperarse, por ejemplo, que estos Prolegómenos a una sociología de la mafia pasen inadvertidos. Comentarlos significaría dar un paso peligroso para los intereses mafiosos de los monopolios intelectuales del país.

Todo aquel, además, que se atreva a criticar a la mafia, será acusado por ésta (de palabra, no por escrito) de estar movido por la envidia, la frustración, la amargura. Tomando en cuenta que criticar es "dar importancia", sólo se comenta algo ajeno a la mafia cuando hacerlo ofrece cierto interés para el grupo. Las réplicas, por otro lado, son unilaterales, y tendenciosas: no se publican los artículos críticos completos, se reproducen citas sacadas del contexto, etc. Aunque los miembros de la mafia salen beneficiados con su participación en el "grupo selecto" (con su pertenencia "anónima" en un equipo inexistente), no deja de tener, en ocasiones, contradicciones entre ellos. Es cierto que en cada mafia se reconoce una jerarquía. Hay ángeles, arcángeles, querubes y potestades. Es indudable que en cada mafia hay un jefe máximo y los demás, rindiéndole pleitesía, no dejan de soñar en su fuero interno con el derrocamiento. A veces esta es la razón de fondo de ciertos desplazamientos individuales de una mafia a otra o, si existe la posibilidad, de escisiones que generan nuevas mafias.

Para realizar la sociología de la mafia no es indispensable dar nombres. No tienen objeto decir, por ejemplo, que en una mafia están Octavio, Ramón, Tomás, Gabriel o Marco Antonio y en otra Carlos, Jorge, Rolando y David. Del mismo modo que para analizar a la burguesía mexicana no es imprescindible hablar de Trouyet, Garza Sada o Aarón Saenz. Lo importante no es aludir a que tales o cuales personas se han agrupado en una mafia, sino subrayar el hecho de que la sociedad capitalista genera necesariamente estas mafias.

Es necesario indicar, por otro lado, que toda mafia tiene como finalidad crearse un público. No sólo en el sentido de organizarse una demanda, sino en el de rodearse, por así decirlo, de la admiración, envidia, respeto del mayor número de lectores. Una mafia cumple su objetivo cuando hay un número grande de personas que "sueñan" con pertenecer al "grupo selecto" y estar "en el candelero".

Una sociología de la mafia no puede olvidar, finalmente, que toda mafia es una mafia de clase. La mafia dominante expresa los intereses de la clase dominante. En México, por ejemplo, la táctica democratizante del gobierno reaccionario se llama aperturismo. Esta es la razón por la que la mafia dominante, al tiempo que es, en lo esencial, antiproletaria, se hace copartícipe de la demagogia oficial, y se presenta como depositaria de los intereses populares, cuando no es otra cosa (además de todo lo dicho) que la avanzada intelectual de una nueva táctica burguesa. La mafia que más le conviene a un gobierno que promueve la "apertura?" no puede ser sino aquella que, al jugar a la independencia, a la "impugnación serena" de los excesos burgueses, le hace el juego, con su reformismo, a la política burguesa que dice combatir.

Dada la base material de que dispone (subvencionada de modo directo o indirecto por el estado capitalista) la mafia dominante ejerce, además, la censura dominante. Su "apreciación crítica" deviene, de hecho, la discriminación entre "lo que vale" y debe ser propalado a los cuatro vientos y "lo que no vale?" y carece de derecho a la existencia. La mafia censura, discrimina, prohíbe. Se hace pasar por la historia y lo hace no sólo respecto al presente (en que el puñado de escritores elegidos hace cola para ingresar a la eternidad, mientras los otros son condenados al infierno de la nada) sino también respecto al pasado de nuestra literatura. Se ejerce la censura hacia atrás y hacia adelante. La arbitrariedad mafiosa decreta quién es quién en la cultura nacional. Es de subrayarse que esta "revaluación del pretérito?", como la "apreciación crítica del presente", no está basada en ninguna consideración crítica seria, objetiva, con sólidos fundamentos, sino que se sustenta en los gustos de la mafia o, lo que es peor, en las opiniones personales del dirigente de la misma.

La historia, sin embargo, no ha pactado ni puede pactar con la escala de valores y el procesamiento extraestético de la mafia. Cuando pase el tiempo, la glorificación artificiosa de los unos, el prestigio prefabricado de los otros, la trascendencia inventada de los demás, se vendrá necesariamente abajo y cada quien ocupará el sitio que le tiene reservada una posteridad ante la cual se estrellarán todos y cada uno de los trucos publicitarios que con tan buen resultado emplean hoy por hoy los escritores mafiosos.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Ash Wednesday (T. S. Eliot)

I

Because I do not hope to turn again
Because I do not hope
Because I do not hope to turn
Desiring this man's gift and that man's scope
I no longer strive to strive towards such things
(Why should the agèd eagle stretch its wings?)
Why should I mourn
The vanished power of the usual reign?

Because I do not hope to know
The infirm glory of the positive hour
Because I do not think
Because I know I shall not know
The one veritable transitory power
Because I cannot drink
There, where trees flower, and springs flow, for there is
nothing again

Because I know that time is always time
And place is always and only place
And what is actual is actual only for one time
And only for one place
I rejoice that things are as they are and
I renounce the blessèd face
And renounce the voice
Because I cannot hope to turn again
Consequently I rejoice, having to construct something
Upon which to rejoice

And pray to God to have mercy upon us
And pray that I may forget
These matters that with myself I too much discuss
Too much explain
Because I do not hope to turn again
Let these words answer
For what is done, not to be done again
May the judgement not be too heavy upon us

Because these wings are no longer wings to fly
But merely vans to beat the air
The air which is now thoroughly small and dry
Smaller and dryer than the will
Teach us to care and not to care Teach us to sit still.

Pray for us sinners now and at the hour of our death
Pray for us now and at the hour of our death.


II
Lady, three white leopards sat under a juniper-tree
In the cool of the day, having fed to sateity
On my legs my heart my liver and that which had been
contained
In the hollow round of my skull. And God said
Shall these bones live? shall these
Bones live? And that which had been contained
In the bones (which were already dry) said chirping:
Because of the goodness of this Lady
And because of her loveliness, and because
She honours the Virgin in meditation,
We shine with brightness. And I who am here dissembled
Proffer my deeds to oblivion, and my love
To the posterity of the desert and the fruit of the gourd.
It is this which recovers
My guts the strings of my eyes and the indigestible portions
Which the leopards reject. The Lady is withdrawn
In a white gown, to contemplation, in a white gown.
Let the whiteness of bones atone to forgetfulness.
There is no life in them. As I am forgotten
And would be forgotten, so I would forget
Thus devoted, concentrated in purpose. And God said
Prophesy to the wind, to the wind only for only
The wind will listen. And the bones sang chirping
With the burden of the grasshopper, saying

Lady of silences
Calm and distressed
Torn and most whole
Rose of memory
Rose of forgetfulness
Exhausted and life-giving
Worried reposeful
The single Rose
Is now the Garden
Where all loves end
Terminate torment
Of love unsatisfied
The greater torment
Of love satisfied
End of the endless
Journey to no end
Conclusion of all that
Is inconclusible
Speech without word and
Word of no speech
Grace to the Mother
For the Garden
Where all love ends.

Under a juniper-tree the bones sang, scattered and shining
We are glad to be scattered, we did little good to each
other,
Under a tree in the cool of day, with the blessing of sand,
Forgetting themselves and each other, united
In the quiet of the desert. This is the land which ye
Shall divide by lot. And neither division nor unity
Matters. This is the land. We have our inheritance.



III

At the first turning of the second stair
I turned and saw below
The same shape twisted on the banister
Under the vapour in the fetid air
Struggling with the devil of the stairs who wears
The deceitul face of hope and of despair.

At the second turning of the second stair
I left them twisting, turning below;
There were no more faces and the stair was dark,
Damp, jaggèd, like an old man's mouth drivelling, beyond
repair,
Or the toothed gullet of an agèd shark.

At the first turning of the third stair
Was a slotted window bellied like the figs's fruit
And beyond the hawthorn blossom and a pasture scene
The broadbacked figure drest in blue and green
Enchanted the maytime with an antique flute.
Blown hair is sweet, brown hair over the mouth blown,
Lilac and brown hair;
Distraction, music of the flute, stops and steps of the mind
over the third stair,
Fading, fading; strength beyond hope and despair
Climbing the third stair.


Lord, I am not worthy
Lord, I am not worthy

but speak the word only.

IV
Who walked between the violet and the violet
Whe walked between
The various ranks of varied green
Going in white and blue, in Mary's colour,
Talking of trivial things
In ignorance and knowledge of eternal dolour
Who moved among the others as they walked,
Who then made strong the fountains and made fresh the springs

Made cool the dry rock and made firm the sand
In blue of larkspur, blue of Mary's colour,
Sovegna vos

Here are the years that walk between, bearing
Away the fiddles and the flutes, restoring
One who moves in the time between sleep and waking, wearing

White light folded, sheathing about her, folded.
The new years walk, restoring
Through a bright cloud of tears, the years, restoring
With a new verse the ancient rhyme. Redeem
The time. Redeem
The unread vision in the higher dream
While jewelled unicorns draw by the gilded hearse.

The silent sister veiled in white and blue
Between the yews, behind the garden god,
Whose flute is breathless, bent her head and signed but spoke
no word

But the fountain sprang up and the bird sang down
Redeem the time, redeem the dream
The token of the word unheard, unspoken

Till the wind shake a thousand whispers from the yew

And after this our exile


V
If the lost word is lost, if the spent word is spent
If the unheard, unspoken
Word is unspoken, unheard;
Still is the unspoken word, the Word unheard,
The Word without a word, the Word within
The world and for the world;
And the light shone in darkness and
Against the Word the unstilled world still whirled
About the centre of the silent Word.

O my people, what have I done unto thee.

Where shall the word be found, where will the word
Resound? Not here, there is not enough silence
Not on the sea or on the islands, not
On the mainland, in the desert or the rain land,
For those who walk in darkness
Both in the day time and in the night time
The right time and the right place are not here
No place of grace for those who avoid the face
No time to rejoice for those who walk among noise and deny
the voice

Will the veiled sister pray for
Those who walk in darkness, who chose thee and oppose thee,
Those who are torn on the horn between season and season,
time and time, between
Hour and hour, word and word, power and power, those who wait
In darkness? Will the veiled sister pray
For children at the gate
Who will not go away and cannot pray:
Pray for those who chose and oppose

O my people, what have I done unto thee.

Will the veiled sister between the slender
Yew trees pray for those who offend her
And are terrified and cannot surrender
And affirm before the world and deny between the rocks
In the last desert before the last blue rocks
The desert in the garden the garden in the desert
Of drouth, spitting from the mouth the withered apple-seed.


O my people.


VI
Although I do not hope to turn again
Although I do not hope
Although I do not hope to turn

Wavering between the profit and the loss
In this brief transit where the dreams cross
The dreamcrossed twilight between birth and dying
(Bless me father) though I do not wish to wish these things
From the wide window towards the granite shore
The white sails still fly seaward, seaward flying
Unbroken wings

And the lost heart stiffens and rejoices
In the lost lilac and the lost sea voices
And the weak spirit quickens to rebel
For the bent golden-rod and the lost sea smell
Quickens to recover
The cry of quail and the whirling plover
And the blind eye creates
The empty forms between the ivory gates
And smell renews the salt savour of the sandy earth

This is the time of tension between dying and birth
The place of solitude where three dreams cross
Between blue rocks
But when the voices shaken from the yew-tree drift away
Let the other yew be shaken and reply.

Blessèd sister, holy mother, spirit of the fountain, spirit
of the garden,
Suffer us not to mock ourselves with falsehood
Teach us to care and not to care
Teach us to sit still
Even among these rocks,
Our peace in His will
And even among these rocks
Sister, mother
And spirit of the river, spirit of the sea,
Suffer me not to be separated

And let my cry come unto Thee.

martes, 16 de febrero de 2010

Un poema de Peñalosa

Un húngaro mutiló la Piedad de Miguel Ángel

 para José Emilio Pacheco

Sé que los artistas y mucha gente buena

no estará de acuerdo conmigo

ahora que acaban de llorar en asamblea

y sus lágrimas fueron noticia

por France Press, por United Press.

El mundo amaneció mutilado

porque a la Virgen de mármol le falta un brazo

la nariz, el velo, el ojo de la ternura

igual que los monstruos de guerra

cuando llega el médico a dar fe

y recoge en una sábana los sueltos pétalos

le duele al mundo que le hayan cortado una flor

cuando el cadáver de Cristo

extrañó los dedos sutiles que lo acunaban

y le dio miedo caerse por cuarta vez

quebradizo en la piedra del genio

y en la carne de obreros con que lo esculpió María.

Por el martillo hay que llorar, no por el mármol

por este pobre húngaro Laszlo Toth

vuelto loco, sin patria, sin familia

vagando como un gato en las calles de Roma

rabioso y solitario y muerto de hambre

al cruzar el Puente de las Cadenas de Budapest

encienden los faros los automóviles

una barca lleva por el Danubio

racimos de naranjas

y un sol de oro se enhebra en las góticas agujas

ay Hungría, pequeña y luminosa como gota de sangre

por ti pido perdón, Laszlo Toth

por ti y los suspicaces que no quieren perdonarte

y eres nuestro hijo

en carne violenta te engendramos

en cólera y en rabia

húngaro maniático, a ti quién te restaura

quién va a ponerte en su lugar la mano

el ojo, la razón, la vida

qué amor va a sostenerte en vilo la esperanza,

yo reclamo otra piedad para un hombre mutilado.


 

La apasionante historia del húngaro y la estatua, en Letras Libres.

lunes, 15 de febrero de 2010

Sobre el ensayo

Viví en el monstruo, y le conozco las entrañas: y mi honda es la de David.

(José Martí)


 

Tras repensar el mito de Prometeo a la luz de Albert Camus en uno de los ensayos más significativos de posguerra, y que no ha perdido ninguna validez, Pensar el ensayo (Siglo XXI, 2007) de Liliana Weinberg se lanza a un libro que es, al mismo tiempo, una defensa, una apología, una aclaración y un estudio académico que utiliza, raro en estos tiempos, la jerga como un instrumento y no como un exhibicionismo.

"Ensayar el ensayo: interpretar una interpretación; representar una representación; presentar una operación que se desenvuelve en el presente", esas son las palabras con que, apenas en la página dieciséis, la autora explica el ensayo al mismo tiempo que explica el mecanismo que va a regir su libro. Explicar entendiendo, tomar como pauta un texto de, por usar otra denominación del género, "prosa no ficcional" para analizarlo y explicarlo. De este modo, Pensar el ensayo camina a la par de los grandes, y a veces menos conocidos en esa faceta, ensayistas que pueden marcar pautas, abrir claves, obligar al lector a replantearse las ideas, preconcebidas, sobre el ensayo. A la par que Liliana Weinberg, se lee a Martí, de ahí el epígrafe, a Piglia, a la Woolf, a De Quincey, a Walter Benjamin y a Tomás Segovia, entre muchos otros. Cada uno de los autores arroja luz sobre los múltiples matices que presenta el género.

El ensayo parece pedir que, aunque jamás dogmático, si conserve aquel dictum del Señor de la Montaña, citado por Weinberg, "los trazos de mi pintura no inducen a error, aunque cambien y se diversifiquen". El ensayo, sí, y también la literatura toda. Literatura que, como queda explicado en los dos últimos capítulos del libro, fundamentales e inteligentes pues además tratan de dos autores, Paz y Borges, a los que Liliana ya había tratado anteriormente y en profundidad, se difumina en la frontera entre géneros, poesía y ensayo, ensayo y ficción, literatura que también es el ensayo que, con la pequeña acotación "desde una perspectiva esencialista y ahistórica", "no puede verse sino como género impuro, mixto, marginal, ambiguo, inestable, impreciso, fuera de lugar e, incluso en una mirada extrema, como 'género degenerado'". Y, por ello, para evitar esas miradas al ensayo, libros como éste, permeado de amor a dicho modo de escritura y de una más que sólida base intelectual, resultan tan necesarios.


 

Dice Elytis

Citado en Pensar el ensayo. "Palabras venidas de mucho tiempo atrás, u otras más nuevas, incluso modismos, se agolpan en la punta de tu pluma, se remueven como si pidieran algo, saltan hasta el punto de incluso salpicarte el rostro mientras la prosa se hunde en los sucesos y las gotas del chapoteo llegan hasta la cubierta, te empapan, te pegan en la frente consignas de manifestaciones, emblemas de partidos, clamores. Continuamente es necesario que rechaces, que niegues, que elijas, que adoptes"


 

Una afirmación

Con la que termina el libro. Casi un exordio, a pesar de esa posición final. "En su dimensión como poética del pensar, en su capacidad de ofrecernos nuevos miradores para entender el mundo, su más profunda ley intelectiva, se nos muestra como la más íntima forma de vivir lo social y la más pública forma de dar a conocer nuestro singular modo de sentir el mundo".


 

Javier Acosta Escareño

Premio de Poesía Aguascalientes 2010 dijo hace un tiempo: "Los poemas tienen una fuerte utilidad social pues ayudan a mitigar el estrés, ya que establecen un claro en la cotidianeidad de las personas y ayudan a olvidar el tiempo de la necesidad, ese de lidiar con el jefe, ir al trabajo, de cumplir deberes, entonces el arte emancipa al mundo de compromisos sociales y le permite la relación interior". Y toda la razón sea para él.


 

Esther Seligson (1914-2010)

"¿Cómo se arma un libro? Igual que un barco, le respondí a mi nieta, requiere de muchas travesías, de algún naufragio, tocar puertos seguros, una tempestad de tanto en tanto, marineros solidarios, paciencia inquebrantable, (...) muchas plegarias por equipaje y al timón la providencia".


 

Banda Sonora

Y si has pensado que / las cosas se podrían mejorar, / será mejor que no hables, / no digas nada más. // (…) mejor no digas nada más, / podría ser que alguien se enfade, / no digas nada más. ("Una nueva prensa musical", Los Planetas)

jueves, 11 de febrero de 2010

Javier Acosta Escareño

Premio Aguascalientes de Poesía 2010.

martes, 9 de febrero de 2010

Esther Seligson (1914-2010)

¿Cómo se arma un libro?
Igual que un barco,
le respondí a mi nieta
requiere de muchas travesías
de algún naufragio
tocar puertos seguros
una tempestad de tanto en tanto
marineros solidarios
paciencia inquebrantable
(...) muchas plegarias por equipaje
y al timón
la providencia.

Vuelven



LOS PLANETAS
EL 9 DE MARZO PUBLICAN SU NUEVO ÁLBUM,
"ÓPERA EGIPCIA"
La banda granadina finaliza la grabación de su nuevo disco

El 9 de marzo se publica Ópera Egipcia, el nuevo disco de Los Planetas y una de las obras cumbres de sus 18 años de carrera. Es el primer álbum de estudio del grupo granadino desde 2007 cuando apareció La leyenda del espacio.

El álbum incluirá estas canciones:
1. La Llave de Oro
2. Una corona de Estrellas
3. Soy un Pobre Granaino (Colombiana)
4. Siete Faroles
5. No Sé Como Te Atreves (con la colaboración de La Bien Querida)
6. Señora de las Alturas
7. La Veleta (con la colaboración de La Bien Querida )
8. Romance de Juan de Osuna
9. Atravesando los Montes (con la colaboración de Enrique Morente)
10. Virgen de la Soledad
11. La Pastora Divina

MÁS INFORMACIÓN EN:
WWW.LOSPLANETAS.ES / WWW.MYSPACE.COM/LOSPLANETAS / WWW.YOUTUBE.COM/LOSPLANETASVIDEO

lunes, 8 de febrero de 2010

Poesía, prosa y el ganador del T. S. Eliot

Conocer la naturaleza del verso es condición indispensable para componerlo con acierto, para interpretarlo con propiedad y para sentir y apreciar su valor.

(Tomás Navarro Tomás)


 

El nombre de Tomás Navarro Tomás va unido, al menos para los estudiantes de letras, con el sobrepeso del Manual de Pronunciación Española y el interesantísimo y también enorme Métrica española. Reseña histórica y descriptiva, pero son obras que al lector común pueden no interesarle tanto como el breve y de sencilla lectura como el titulado, simplemente, Arte del Verso (Visor, 2004). Una de las maneras de leer este manual, sobre todo para el lector al que no le interese tanto la colocación de los acentos o los extraños modos de conjugar ritmo en un verso, como una antología de versos perfectos en su realización. Además, frente a las historias de la literatura que, normalmente, sólo ofrecen ejemplos de los autores más consagrados o famosos, Navarro Tomás, utiliza desde el prototípico soneto sobre cómo escribir un soneto (el de Lope que comienza "Un soneto me manda hacer Violante") o las serranillas del marqués de Santillana hasta estrofas de, por ejemplo, fray Íñigo de Mendoza o Pedro Manuel Ximénez de Urrea (olvidando, eso sí, a uno de los poetas barrocos que merecerían ser más conocidos, Gabriel de Bocángel).


 

Y es que, al final, de un poema importa, como se ha dicho siempre, el fondo y la forma, inextricablemente unidos, pero en estos tiempos (desde antes, desde Frost, "el verso libre es como jugar al tenia con la red abajo" o, hasta ayer mismo como dicen los comentarios de Zaid en el último número de Letras Libres) es siempre importante recordar que una de las bases fundamentales de un poema, una condición sine qua non, es el verso, la música del verso, la, o el intento de, perfección, una música que diga y sea al mismo tiempo.


 

Y sobre prosa

"La casa de la ficción tiene muchas ventanas, pero sólo dos o tres puertas. Puedo contar una historia en tercera persona o en primera persona, o quizás en segunda persona del singular, o en primera persona del plural, aunque los ejemplos acertados de este último caso son realmente escasos. Y eso es todo. Cualquier otra cosa probablemente no se parecerá demasiado a una narración; puede estar más cerca de la poesía o de la prosa poética. En realidad, estamos atrapados en la narración en primera o en tercera persona. La idea más común es que existe un contraste entre la narración fiable (narrador omnisciente en tercera persona) y la narración no fiable (el narrador en primera persona nada fiable, que sabe menos sobre sí mismo de lo que finalmente sabe el lector)", dice James Wood en Los mecanismos de la ficción. Cómo se construye una novela.


 

Un fragmento de Philip Gross

Que, sorprendentemente frente a rivales más conocidos, ha ganado este año el premio T. S. Eliot de poesía este año. De Mappa Mundi, un poema con el mismo título dice, entre otras muchas variaciones sobre la misma idea: "En la tierra de los ríos mutuos, / todo es conversación: uno va colina arriba, otro fluye hacia abajo. / Y ambos terminan en un lago sin fondo que alimenta al otro / y los barqueros que van arriba y abajo, vueltas y más vueltas, / no envejecen, medio día se avejentan, medio día rejuvenecen / y así siempre… siempre que no bajen a tierra // … // En la tierra donde nada sucede dos veces / siempre hay alguien nuevo que conocer; / basta con mirar al espejo. / Los ecos aprenden a improvisar. / Eso dicen… Hemos enviado a los ancianos / a investigar, pero aún los hemos escuchado. Cuando / los alcanzaremos, no sabemos".


 

Banda sonora

"This is not a song about politics / This is not a song about sex / This is not a song about old James Dean / Because he's mentioned in too many songs already / My Friend / This is not a song about animals / This is not a song about trees / There are times when you cannot trust no-one / Tell me why does this have to be / This is not a song about rich and poor / It's about how we probably feel insecure / My Friend / This is a song / I wrote especially for you / I want to say thank you / For having me too / Cause I'm glad to be here on this earth / Living out all my dreams to their worth / And most of all I love you all and wish you well" ("This is not a song", Frank and the Walters).

martes, 2 de febrero de 2010

Salinger


 

Eso no debe importarte, Franny. La única preocupación de un artista es aspirar a cierta perfección y a una que sea en sus propios términos no en los de ningún otro.

Don't ever tell anybody anything. If you do, you start missing everybody.

(J. D. Salinger, 1919-2010)

"Nunca le cuentes nada a nadie. Si lo haces, empiezas a echar de menos a todos", así termina El Guardián entre el Centeno, que David Miklos acaba de definir como "el libro perfecto de un escritor perfecto". El mismo que comienza con uno de los inicios más reconocidos de este siglo:"Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nací, cómo fue todo ese rollo de mi infancia, qué hacían mis padres antes de tenerme a mí, y demás puñetas estilo David Copperfield, pero no tengo ganas de contarles nada de eso. Primero porque es una lata, y, segundo, porque a mis padres les daría un ataque si yo me pusiera aquí a hablarles de su vida privada".

El Guardian entre el Centeno es, sobre todo, como dijo Philip Roth un "poner un dedo en llaga de la lucha que se da en nuestros tiempos entre el yo y la cultura". Holden Caulfield, el eterno adolescente, es quien se encarga de hacer ese tipo de preguntas inútiles, de dudas existenciales sin respuesta que vienen siempre a la mente cuando se recuerda el libro: ¿dónde van los patos? "Vivo en Nueva York y de pronto me acordé del lago que hay en Central Park, cerca de Central Park South. Me pregunté si estaría ya helado y, si lo estaba, adonde habrían ido los patos. Me pregunté dónde se meterían los patos cuando venía el frío y se helaba la superficie del agua, si vendría un hombre a recogerlos en un camión para llevarlos al zoológico, o si se irían ellos a algún sitio por su cuenta". Sin importar que pase con ellos.

Pocos libros como El Guardian retratan de una manera tan cierta (y acertada lingüísticamente, las dos expresiones favoritas de Holden son "phoney" y "goddamn") el conflicto adolescente, sobre todo el masculino. "—La vida es una partida, muchacho. La vida es una partida y hay que vivirla de acuerdo con las reglas del juego. / —Sí, señor. Ya lo sé. Ya lo sé. / De partida un cuerno. Menuda partida. Si te toca del lado de los que cortan el bacalao, desde luego que es una partida, eso lo reconozco. Pero si te toca del otro lado, no veo dónde está la partida. En ninguna parte. Lo que es de partida, nada".

16 de Hapworth de 1924

El último cuento de Salinger, inédito en español, publicado originariamente en The New Yorker el 19 de junio de 1965, el último cuento que publicó en vida y cuyos derechos de publicación hace unos años regaló a una editorial minúscula después de haberse negado siempre a su reedición.

"Un comentario previo. Tan directo y simple como pueda. Me llamo, para empezar, Buddy Glass y la mayor parte de mi vida, probablemente durante los cuarenta y seis que ya ha durado, me he sentido convocado, elaboradamente involucrado, conectado, con la tarea de arrojar cierta luz sobre el tiempo que ocupó la breve y reticulada vida de mi hermano mayor, Seymour Glass, que murió, se suicidó, optó por discontinuar su vida, en 1948, a los treinta y un años. / Mi intención, ahora mismo, en este mismo papel, es encontrar un principio al transcribir una copia exacta de la una carta de Seymour que, hasta hace cuatro horas, no había leído en mi vida. Me la mandó mi madre, Bessie Glass, por correo certificado". Y continúa la transcripción de una carta larguísima de un niño demasiado inteligente, demasiado Glass.


 

Franny y Zooey

En el brevísimo "Franny" un joven universitario de la Ivy League espera a su novia que llega desganada y asqueada con el mundo ("El hecho de que me condicione tan horriblemente aceptar los valores ajenos y de que me guste el aplauso y que la gente se entusiasme conmigo no lo justifica. Me avergüenzo de ello. Me da náuseas. Me da náuseas no tener el valor de ser una absoluta nulidad. Tengo asco de mí misma y de todos cuantos desean causar alguna especie de sensación"), van a cenar, ella habla y habla de un libro del que no recuerda el título pero trata de un campesino ruso buscando el modo de orar a toda hora, se desmaya y termina "muy quieta, con la vista fija en el techo. Sus labios empezaron a moverse, formando palabras sin sonido, y continuaron moviéndose".

"Zooey", la larga contraparte, es, tras el preámbulo con Zooey leyendo una carta de su hermano en la bañera, un intento de salvar, por teléfono y apetición de la madre de ambos, a su hermana Franny de la depresión religiosa en que se encuentra y que, en uno de los que tal vez sean los dos cuentos más budistas de la producción de Salinger, también termina en quietud ya que "durante unos momentos, antes de sumirse en un sueño plácido y profundo, permaneció quieta, sonriendo al techo".

De sus pocas entrevistas

Desde 1953, sólo concedió dos entrevistas (y no muy largas: media hora con Lacey Fosburgh del "New York Times" y otra a Betty Eppes, columnista en "The Advocate" y ex modelo de Playboy, que fue reproducida en una "Paris Review" de 1981).

"Cuando no se publica hay una gran paz interior. Publicar es una invasión terrible de mi privacidad. Me gusta escribir. Amo escribir. Pero sólo escribo para mí y para mi propio placer", "no estoy apostándole a que se me publique póstumamente. Aunque me gusta escribir para mí mismo. (…) Estoy pagando el precio de mi propia actitud. Sé que soy un tipo bastante extraño, bastante raro. Pero lo hago para protegerme y proteger mi trabajo". "Ya quiero terminar. Me siento invadido. Ya he sobrevivido a muchas cosas. Creo que lo más seguro es que también sobreviva a esto".


 

¿Y su vida?

El obituario del New York Times la resume en un breve párrafo: "J. D. Salinger, uno de los más grandes escritores tras la segunda guerra mundial pero que volvió la espalda al éxito y la adulación, convirtiéndose en el Garbo de la literatura, famoso por no querer ser famoso, murió el miércoles en su casa de Cornish en que la había vivido encerrado más de cincuenta años. Tenía 91."

Dice Harold Bloom

En la introducción a la edición escolar de El guardian: "Ser un guardián entre el centeno, la ambición de Holden, es un tipo de santo secular que desea y es capaz de salvar a los niños pequeños de las calamidades. Faulkner señaló que el dilema de Holden fue su incapacidad de encontrar y aceptar un mentor verdadero, un maestro o guía que pudiese levantar su fe. Holden es portavoz de nuestro escepticismo y nuestra necesidad".

Banda sonora

"Todo son señales, suelta Jota, perdido en el espacio. Con proclamas de ese calibre se emprenden las grandes expediciones. Las de perderse y las de encontrarse" (Rodrigo Fresán).

jueves, 28 de enero de 2010

J. D. Salinger (1919-2010)

Don't ever tell anybody anything. If you do, you start missing everybody.





No publicar da una maravillosa sensación de paz.
Da paz.
Calma.
Publicar es una terrible invasión de mi privacidad.
Me gusta escribir.
Me encanta escribir.
Pero escribo solo para mi mismo y mi propio placer.

miércoles, 27 de enero de 2010

miércoles, 20 de enero de 2010

Tryno Maldonado

Si me lo preguntan, diré que sí. Quise a Golo, ese imbécil, con toda mi alma. Pero no me pregunten por qué.

(Tryno Maldonado)


 

Es más fácil definir, y defender, afirmando todo lo que no es Temporada de caza para el león negro (Anagrama, 2009) de Tryno Maldonado que diciendo lo que es. No es una novela sobre el inframundo del arte contemporáneo, galerías, galeristas, curadores y artistas de pelaje vario. No es una novela sobre las prácticas del amor entre hombres. No es un texto con guiños del autor a otros autores e incluso a sí mismo (ese capítulo de una sola frase: "Golo dejó el Atari" y que conecta directamente con la explicación, aparecida capítulos antes: "El Atari es un sistema de videojuegos casero que salió al mercado a finales de los años setenta. Los miembros de esta generación, por lo tanto, habrán nacido en esas fechas"). No es una sucesión de momentos organizados a la buena de Dios, de ese en el que el protagonista no cree. No es nada de eso, aunque en un momento u otro, aparente y magistralmente caóticos en su orden, aparezcan.

Temporada es, sobre todo, una descripción de la pasión amorosa; de, sería más adecuado, la obsesión que alguien puede llegar a tener por alguien (y, a veces, por algo). Con los ojos del narrador, del que apenas sabemos lo que tuvo que ver con el verdadero y único protagonista, con el artista Golo, el rebelde que pasa temporadas de abstinencia artística y enloquecimientos (¿en algún momento deja de estarlo?) en los que convierte hasta el cuarto de baño del departamento en que convive con el narrador en una obra maestra. Golo, el artista que nos legó esas dos obras fundamentales para las artes plásticas de este país que son Cubo de Ernö Rubik en rojo y Matezza v.2.0.

¿A quién lo cuenta el narrador? Ese es uno de los grandes enigmas, y a la vez, su mayor virtud. Cuando el lector cierra el delgado volumen no puede evitar preguntarse por qué el narrador lo eligió a él (aunque en realidad es el lector el que eligió la novela) para contarle la historia de su desesperado amor por Golo. Pero, al igual que no sólo se soportan sino que se escuchan con interés las cuitas amorosas de un amigo a altas horas de la madrugada en la cantina, quien lee Temporada no puede salvo estar atento a las peripecias, repetidas y monotemáticas, como son las conversaciones de los enamorados, de ese enamorado sin nombre que nos habla, una vez y otra y otra más, de ese objeto del amor que fue, sí fue, Golo.

(Un paréntesis de coincidencias. ¿No es mala suerte que el título coincida en su primera palabra con una de las películas trendies mexicanas? ¿No es mala suerte que el nombre de su protagonista coincida con el de una de las novelas mexicanas más sobrevaloradas últimamente? ¿No es buena suerte que coincida con esa moda, no tan última pero que ahora emerge, de narradores que escriben desde una diferencia mental, sea biológica, Haddon, Galchen, sea psicológica?).

Temporada de caza para el león negro representa, además y sobre todo, una historia que, aunque no lineal en el tiempo y llena de repeticiones, no más molestas que las repeticiones de la vida o de las de cualquier conversación de amigos, puede hallar acomodo en la lista de un lector que lo único que quiere es una novela que empezar y terminar, por placer sin más. Una historia que como todas las historias de amor es la de una obsesión. Obsesión, pasión y amor que se resumen en dos capítulos que sólo en su totalidad merecen ser citados y que hacen desear al lector haber tenido o haber sido objeto de pasión semejante.


 

Otro modo de pasión

"Esto quizá no tenga pies ni cabeza, pero debo decírtelo. La vida es muy corta. (…) Es un trecho muy corto. Da esos veinticinco pasos. Ahora. Ahora mismo. Vente así, como estas. Y viviremos felices el resto de nuestras vidas" (Lolita, Vladimir Nabokov).


 

Un poema para enero

"Pasada ya la cumbre de la vida, /justo del otro lado, yo contemplo / un paisaje no exento de belleza / en los días de sol, pero en invierno inhóspito. / Aquí sería dulce levantar la casa / que en otros climas no necesité, / aprendiendo a ser casto y a estar solo. / Un orden de vivir, es la sabiduría. / Y qué estremecimiento, / purificado, me recorrería / mientras que atiendo al mundo / de otro modo mejor, menos intenso, / y medito a las horas tranquilas de la noche, / cuando el tiempo convida a los estudios nobles, / el severo discurso de las ideologías / -o la advertencia de las constelaciones / en la bóveda azul... / Aunque el placer del pensamiento abstracto / es lo mismo que todos los placeres: / reino de juventud". ("Píos deseos para empezar el año", Jaime Gil de Biedma).


 

Banda sonora

Se ha reunido un corro de vecinas / y han decidido que digas lo que digas / nadie te va a hacer ni caso, / ellas no se dan por aludidas. // Se han reunido catorce o quince locas / y han decidido tocarme las pelotas, / y lo están consiguiendo, / me voy a quedar en el intento, / me voy a quedar en el intento ("Reunión en la cumbre", Los Planetas).

Paolo Giordano

- ¿No lo sabes? / - No lo he pensado. / - Esas cosas no se piensan. / -Es que yo si no pienso no entiendo.

(Paolo Giordano)


 

La soledad de los números primos de Paolo Giordano es uno de esos libros que antes que en el ejercicio de estilo o en las metáforas que se fijan en la memoria está basado principalmente en su personajes. "De la fotografía, a Alice le gustaba más el gesto que el resultado", en esa frase están resumidos los movimientos, de encuentro y desencuentro, que Alice y Mattia emprenden a lo largo de toda la novela. Alice es, a consecuencia de un accidente de ski sufrido de pequeña, patizamba y retraída hasta que encuentra en la fotografía una, inútil, tabla de salvación; Mattia, un matemático bastante bueno que usa esa ciencia precisamente para no tener que pensar, o hacerlo demasiado, con tendencias suicidas por la culpabilidad que le causan los remordimientos de haber sido culpable directo de la muerte de su gemela retrasada.

Paolo Giordano en su primera obra deja sin más que sus personajes ¿obligados? a la soledad vayan atravesando los diversos momentos en que esta se manifiesta: la primera infancia, con un retrato acertadísimo de la crueldad de los niños y las niñas, la adolescencia, el momento de la entrada al mercado laboral, el matrimonio, en el caso de Alice, la necesidad de establecerse en el matrimonio, en el caso de Mattia, y, sobre todo, en las últimas páginas, en la imposibilidad de encuentro con quien se debe estar.

"Y se imaginó también cómo al poco sus movimientos se volvían más sinuosos, su bracear más amplio y armónico; cómo sus pies, tiesos como aletas, se movían a la vez y sus cabeza se volvía hacia la superficie por donde aún se filtraba un poco de luz; cómo salía a flote y respiraba y, nadando con la corriente se dirigía a un lugar nuevo, toda la noche, y finalmente llegaba al mar". De imágenes como esa, de párrafos así, está repleta la novela, imágenes sencillas, perfecta e instantáneamente visibles en la mente del lector a la primera, que convierten la vida de los "normales" personajes en algo que en un momento u otro acaba remitiendo al lector a sí mismo, a esos ineludibles momentos en que nada más existen y que todos han, alguna vez, vivido.

La soledad de los números primos, que encuentra su título en unos primos muy especiales que sólo están separados entre sí por un número como el 11 y 13 o el 17 y el 19, es, sobre todo, la descripción de la imposibilidad de tener una vida feliz; es decir, un libro en el que cualquiera encuentra esas situaciones que en la vida pasan en un segundo apenas, en un instante, y que parecen perseguir a Aluce y Mattia y que, a pesar de tal cúmulo de desgracias, son personajes creíbles. El mayor mérito de Paolo Giordano, y hay que recordar de nuevo que es la primera novela de este físico, es haber conseguido que el lector se enternezca, no tanto al reconocerse sino al desear que en algún momento encuentren la felicidad. O, al menos, algo que se le parezca.

"Sonrió al cielo terso. Con un poco de esfuerzo podría levantarse sola." Esa frase final es la que viene a resumir todo el espíritu de la novela. No tanto en el hecho de levantarse sola, cosa que al fin y al cabo es a lo único a lo que cualquier humano está condenado, sino en ese verbo perifrástico anterior "podría" que marca de un modo sencillo, pero directo y sincero, la verdad: el problema no es estar o no estar solo sino si se puede soportar una vida así.


 

Dice Harold Bloom

Que un poema fuerte es aquel que expresa una verdad eterna y que lo hace dentro de una tradición expresiva. El problema, y él se lo calla, es que tantas y tantas obras contemporáneas están empeñadas en, primero, no hablar de verdades sino de subjetividades cada vez más vacuas y fácilmente provocadoras y, segundo, en demostrar al lector, o la industria editorial que sería peor aún, que ya nada vale la pena ser cantado, escrito, transmitido. Tal vez mañana o el año que viene traigan nuevas obras. Y nuevos críticos más cercanos al espíritu del genial Harold.


 

Un poema de Antonio Colinas

Uno de los poetas de la generación española de los setenta que, frente al culturalismo y los novísimos, mantuvo su creencia en la naturaleza y en el significado trascendente que en ella se encuentra. "¿Recuerdas todavía el débil canto / del ruiseñor perdido en la enramada? / Viste temblar conmigo aquella noche / la copa del ciprés. / Desmadejó / el cielo hilos de luna por tu rostro. / Pero después del pájaro y la luna / se apagaron los astros. / Vi pasar / no sé qué brisa extraña por tu cuerpo. / ¿Recuerdas nuestras manos en el agua? / ¿Recuerdas el silencio sobre el campo / y, como un dios sangrante, el nuevo día / incendiando las torres, las palomas?" ("Envío").


 

Banda sonora

"One and one and one is three" (The Beatles).

lunes, 18 de enero de 2010

Más de poesía (Pacheco, Quiroz, Mix)

Distingo / lo que me rodea // lo que me ciñe // y sin embargo // la incertidumbre / no termina .
(Juan Carlos Quiroz)
La poesía siempre es un refugio. Sobre todo, contra la estupidez y la indiferencia. La poesía, la lectura de poesía, es en un tiempo de sonidos vacíos, de precampañas, de falsedades y de medias verdades y olvidos, de lenguajes pseudotécnicos que nada explican, el único modo de encontrar palabras que sean verdaderas. “Sabe / Que es el último rey / Y siempre sale triunfante”, así termina el último, el más reciente, libro del prolífico José Emilio Pacheco. Así la poesía como el gusano de seda al que está consagrado el poema.

Como la lluvia (Era / El Colegio Nacional, 2009) del más reciente Premio Reina Sofía es una demostración más de la maestría que ha alcanzado José Emilio Pacheco en un tipo de escritura poco practicado por otros poetas, limpia en lo constructivo, simple en el lenguaje y compleja de ideas. Este nuevo libro es, para el lector atento en la poesía, poca, que se publica en revistas, un reencuentro con la mayoría de los textos que habían aparecido a lo largo de los siete años que recopila el poemario.

Como suele ocurrir con los libros de José Emilio Pacheco, es una variedad de formas las que confluyen en unos poemas que le dan vueltas y más vueltas a los pocos temas que conforman su poesía (el amor, otoñal en este caso, cansado, imposible, la certeza de la edad adulta, la cercanía a la muerte, los animales, las alegrías cotidianas y las no tanto y, sobre todo, la literatura como oficio de amor y de humildad). Como la lluvia, título también de un poema en el que Pacheco vuelve a esa Pompeya de la que ya antes había extraído lecciones de amor y eternidad, es más que un sólo poemario cinco: “Los personajes del drama”, “Como si nada”, “El mar no tiene dioses”, “Celebraciones y homenajes” y “Los días que no se nombran”.

El Pacheco animal literario, “enfermo de literatura”, encuentra su vena más metaliteraria, además de esa creación de el poeta loco que ya había aparecido en forma de secuencia en Crítica, en esa práctica tan suya de firmar apócrifos, ciertos y falsos al mismo tiempo, que adjudica versos de José Emilio a, entre otros, Safo, Lope de Vega, Darío o Salvador Díaz Mirón.

Leer este libro de José Emilio es volver a descubrir la esperanza en que la poesía no ha muerto, cercada cada vez más por las exiguas publicaciones y el alejamiento (obligado en muchos casos de los lectores a los que nada les dice ya), es volver a encontrar en ciertos versos aquella afirmación de Robert Frost “un buen poema es aquel que hace exclamar al lector ‘esto quería decir y con estas palabras’”. Y esa es la sensación con el poema que antes de entrar a este libro se había impreso en carteles, “El Mañana”: “A los veinte años nos dijeron: “Hay / Que sacrificarse por el Mañana”. // Y ofrendamos la vida en el altar / Del dios que nunca llega. // Me gustaría encontrarme ya al final / Con los viejos maestros de aquel tiempo. // Tendrían que decirme si de verdad / Todo este horror de ahora era el Mañana”:

Y Pacheco, animal político al fin y al cabo y preocupado siempre por su país, ese por el que “daría la vida /por diez lugares suyos,/ (...)-y tres o cuatro ríos”, dice en un breve poema que “Para evitar discusiones / Me limito a dos líneas de ldous Huxley. / Resumió cuanto piensan quienes nos ven en inglés / En la tarjeta postal –el e-mail de entonces- Dirigida a Ottoline Morrell: // Very strange and sinister country / And dark, savage country”.

Adán y Eva
El prolífico, pero poco pródigo en esta ciudad, Juan Carlos Quiroz y uno de los grabadores más creativos del país son los encargados de recrear a los dos protagonistas de los primeros capítulos del Génesis. Hay tres maneras de leer este delgadísimo volumen, apenas once poemas de no más de quince versos y otras tantas ilustraciones: los textos, los textos junto a la contemplación de las perfectamente adecuadas imágenes y, yendo y viniendo al índice de los grabados (que tienen, al contrario de los poemas, título). La poesía de Quiroz, cada vez más cercana a ese silencio esencial tan de la generación de los cincuenta española con Valente y el último Gamoneda, ha sido siempre, pero se agudiza cada nuevo poema publicado, otorga al lector un espacio blanco no sólo versal sino mental donde el poema fermenta entre los que “fuimos nosotros / los escogidos / los secos de voluntad” y “la verdad tallada / en esta placa”.

Otra joya editorial de Casa Vigo
Sobran muros, un solo poema, inaugura la colección titulada “Hojarasca”, exquisita en su sencillo diseño, como viene siendo habitual, y presenta, acompañado de una obra gráfica otoñal, el último poema de Rolando Mix (Pozo Almonte, Chile,1931 – Zaragoza, España, 2009), el encontrado “entre sus cosas el mismo día que Rolando falleció” y que, significativamente, comienza diciendo “Mi sombra ha muerto, / se fue justo a mediodía”.

Banda sonora
Puedo hacer que no haya sol, / puedo hacer que no lo veas / y que nadie nos recuerde nunca más. // Puedo hacer una prueba, / puedo hacer que me quieras, / puedo andar dentro de ti, / puedo estar en tu cabeza / y que no mires a nadie nunca más”. (“David y Claudia”, Los Planetas)