viernes, 14 de agosto de 2009

Por convicción

convicción.
(Del lat. convictĭo, -ōnis).
1. f. convencimiento.
(convencimiento. 1. m. Acción y efecto de convencer.)
2. f. Idea religiosa, ética o política a la que se está fuertemente adherido. U. m. en pl. No puedo obrar en contra de mis convicciones.

jueves, 13 de agosto de 2009

Cigüeñas en Cáceres

Alguien tomo hace tiempo
esta fotografía. Detenida
han quedado para siempre
aquella pareja de pájaros.

Y te preguntas ahora
qué significaron entonces.

Nada, nada, nada. Tan sólo
un recuerdo inutil, un deseo
condenado a no cumplirse.

Y el tiempo va borrando
lento pero implacable
la caligrafía infantil todavía
de aquel lugar, de aquella fecha
en que inscribiste
otro jalón más
en la lente e impecable carrera
hacia ese ningún sitio
que llamamos muerte.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Un poema de Shams Langeroodi

Para V. que me sorprendió de nuevo.
Quise ser una canción
que los escolares aprendieran de memoria
el mar cuando se oye
oculta la tormenta a sus espaldas
y las hojas de hierba
componen sus canciones de encuentro
con mi voz

Quise ser una canción
para que las fuentes me murmurasen
para que la cascada
con címbalos y percusiones
me cantara

Pero soy una canción triste
y el mar al anochecer
reúne a sus hijos para que no escuchen mi voz

Se rompen mis notas
¿por qué
me dejaste?

(El original y la traducción al inglés, junto con muchos otros poemas del autor, aqui)

martes, 11 de agosto de 2009

Anónima

Abrí el correo mientras buscaba el orden necesario para el siguiente cuento de la serie. La misma mujer de la que iba a contar la historia me había enviado un link que llevaba directamente hasta una cita: "Huérfano de todo logro en este mundo atareado y polvoriento, me di de pronto a recordar a todas las muchachas que había conocido, evocándolas de una en una, hasta que me asaltó la idea de que todas me superaban en conducta y raciocinio. […] Pero no importa cuán imperdonables mis crímenes, no debo permitir que todas las adorables muchachas que he conocido pasen al olvido por mi maldad o mi deseo de ocultar mis defectos". Del Sueño de las mansiones rojas de Cao Xuequin.
“Espera”, eso me decía siempre mi padre. “Toma el fracaso como punto de partida y el amor como si fuera un dogma de fe”. Supongo que a él no le funcionó nunca y de ahí su insistencia. La misma insistencia y confianza que tenía en un trabajo mecánico y manual para despejar la cabeza. Abrí una libreta huérfana y comencé a copiar la frase que todavía brillaba en la pantalla una y otra vez. Y mientras la copiaba, la iba aprendiendo de memoria y saltándome palabras hasta que el tipógrafo de mi mente decidió llenar una página con solo tres palabras “crímenes, maldad, defectos”. Crímenes, maldad, defectos, el resumen perfecto de una vida de fracaso. El punto de partida.
Ahora sólo quedaba esperar.

lunes, 10 de agosto de 2009

Todo lo que tengo para ofrecer

I offer you a contradiction instead:
All words disrupt silence
But the only ones that echo
Are born in the silence they destroy.
(Jerry Pinto)

Todo el poema, aquí.

domingo, 9 de agosto de 2009

Grace (Jeff Buckley)

Aquí está la luna que pide quedarse lo suficiente como para que las nubes se me lleven volando.
Ya llegó mi hora. No tengo miedo a morir.
Y mi voz que habla de amor se apaga poco a poco.
Y ella le llora al tiempo (oh tiempo) conforme suena el reloj.

Espérame en el fuego.

Y ella llora en mi hombro y camina hacia la luz llena de pena
Bebe, sí, un trago de vino.
Puede que mañana, amor, ya no estemos aquí.

Y cae la lluvia y creo que ha llegado mi hora.
Me recuerda todo ese dolor que al fin puedo haber dejado atrás.

Espérame en el fuego…

Y siento que ahogan mi nombre.
Ese que fue tan fácil de aprender, tan fácil de olvidar con este beso.
No tengo miedo a irme y este irme se va tan despacio.

(y de regalo:

sábado, 8 de agosto de 2009

Naipaul (y Theroux), Juan Luis Martínez y pájaros

La ficción requiere revelaciones que te inciten a volver la página. A menudo es cuestión de ritmo. Pero en este caso se trata de otro tipo de narrativa… sólo la crónica de una amistad a través de los años
(Mario Vargas Llosa)

La orden de Naipaul, Nobel de literatura en 2001, a Paul Theroux, amigo íntimo del escritor durante más de treinta años, fue bastante clara. “Debes concederme el placer de ver qué aspecto tengo. Sería como escuchar mi propia voz, como verme a mí mismo caminar por la calle. No te cohíbas. Sé, por ejemplo, que alguna vez fui joven y que he cambiado; con el tiempo he perdido y he ganado, y en ocasiones me he extraviado. ¡Muéstramelo!”.
La Sombra de Naipaul (Ediciones B) de Paul Theroux se subtitula “biografía de una amistad”, pero podría ser igual que se llamase, aunque anticipara ese giro final, “retrato de una traición”. El libro comienza totalmente ficcionalizado con un primer capítulo que retrata la incipiente amistad y encuentro entre un escritor ya maduro y un joven aprendiz de escritor hasta que en el siguiente capítulo Theroux confiesa que no vale la pena seguir mintiendo, que lo que se dispone a escribir no es sino su vida junto a Naipaul. Lo que sigue, casi quinientas páginas, son una descripción perfecta de cómo los grandes hombres, de cerca, no lo son tanto.
Lo que convierte a La Sombra de Naipaul en una biografía no autorizada, de hecho repudiada por el laureado autor de Una casa para Mr. Biswas, es el conjunto, es decir todo el libro, de situaciones que, bajo la apariencia de inocentes descripciones, se convierten en uno de los retratos más crueles y despidados de la ambición desmedida por el reconocimiento, el dinero y la ascensión en la clase social. Sobre todo cuando habla de la transformación de Vidiadhar Surajprasad Naipaul, hijo de inmigrantes indios en Trinidad, en caballero de Inglaterra, nombramiento que lleva consigo el tratamiento de Sir, tal vez uno de los momentos más amargos del libro junto con la descripción de la muerte de Pat, esposa del escritor, cuya agonía pasa en brazos de su amante pública, haciendo caso omiso de la enfermedad y los rumores.
Este libro es, puede ser, leído, por supuesto y, sobre todo, para aquellos menos familiarizados con la obra de Naipaul como una novela en la cual el destino único de dos amigos, escritores ambos, conoce momentos de intimidad y ayuda y momentos (esa invitación del New Yorker al Hay Festival en la que Naipaul no dice ni una sola palabra y al terminar recrimina a Theroux todo lo que dijo sobre él) de absoluto alejamiento. Hasta ese momento final, apenas quedan treinta páginas, en que Sir Vidia (como le gustaba que le llamaran y que está en el título original del libro, Sir Vidia’s Shadow) decide cortar toda relación con su ¿amigo?
¿Hubiera escrito este libro, esta crónica de una traición, si todo hubiera marchado mejor? ¿Naipaul nos parecería diferente escritor, releer después de un retrato tan poco halagüeño debe dejar un tiempo de reposo, si no conociéramos sus secretos más íntimos? Son, estas dos y muchas otras, preguntas sin respuesta, pero lo que está claro, la gran lección que aprendemos de esta “biografía de una amistad”, es que no todo gran escritor debe ser un gran hombre y que, por un exagerado deseo de triunfo, lo primero que se traiciona es a los propios amigos. O, como el mismo Theroux propone “un libro celebra un término, un finale. Cuando el amigo, o la amistad, ha muerto. Requiere una conclusión, requiere una muerta. A mí me faltan las dos cosas”.

Juan Luis Martinez
En un poema en prosa, ¿en un ensayo?, titulado “Nota 5: Observaciones sobre el lenguaje de los pájaros” escribe “Cantando al revés los pájaros desencantan el canto hasta caer en el silencio: -lenguaje lenguajeando el lenguaje -, lenguajeando el silencio en el desmigajamiento de un canto ya sin canto. Se diría: (restos de un Logos: migajas de un Logos: migas sin nombre para alimento de pájaros sin nombre: pájaros hambrientos: pájaros hambreados por la hambruna y el silencio).
Desconstruyen en silencio, retroceden de unos árboles a otros: (han perdido el círculo y su centro: quieren cantar en todas partes y no cantan en ninguna): no pueden callar porque no tienen nada que decir y no teniendo nada picotean como último recurso las migajas del nombre del (autor): picotean en su nombre inaudible las sílabas anónimas del indecible Nombre de sí mismos”.
Poco más que añadir. ¿Quién sabe si, a estas alturas del partido, de vuelta ya de casi todo, resulta que Rilke se equivocó y no son ángeles sino apenas pájaros y no nos queda más que pintar la jaula y esperar que entre un ave en ella como en el poema de Jacques Prevert que termina diciendo “Si el pájaro no canta, mala señal, /Señal de que el cuadro es malo,/ Pero si canta es buena señal, / Señal de que podéis firmar./ Entonces arrancadle delicadamente / una pluma al pájaro/ Y escribid vuestro nombre / En un ángulo del cuadro”.

Banda sonora
En el castillo de donde las dan las toman / hay una cama reservada para ti. / En las revistas tan bonitas que te compras / están contando mentiras sobre ti. / No quiero hacer leña del árbol justo ahora / pero de ésta cómo vas a salir. // (...) que yo estaría encantado / si pudiera devolverte la mitad / de lo mismo que me has dado. (“No ardieras”, Los Planetas)

viernes, 7 de agosto de 2009

James Wood

En How Fiction Works planteas que se trata de un problema técnico: como es difícil seguir creando personajes, surge esta manera de escribir. Pero ¿es sólo un problema técnico? Algunos hablan de crisis cultural, de crisis de los grandes relatos.

No es sólo un problema técnico. Tiene que ver con una suerte de relación moral y metafísica con el yo. El problema es que si dices esto, a mucha gente le parece que estás tratando de aferrarte a las grandes narrativas.
Toda la entrevista aquí.

jueves, 6 de agosto de 2009

MI KAFKIANO EQUIPAJE

Hace unos años, tras regresar a casa a Seattle de un viaje a Los Ángeles, desempaqué mi bolsa y encontré una cucaracha muerta, encerrada como en un sudario con un calcetín sucio, en una esquina. Pensé, Mierda. Nos invaden. Volví a poner en la bolsa la ropa, los libros, los zapatos, y las cosas del baño, me la llevé hasta la acera y tiré todo al suelo, preparada para aplastar cualquier otra cucaracha en cuanto apareciera. Pero esa era la única cucaracha, muerta, tiesa. Mientras estaba ahí tirada, sobre el pavimento, me acerqué a inspeccionarla más de cerca. Tenía las patas dobladas bajo su cuerpo. Su cabeza estaba inclinada en un ángulo triste. ¿Triste? Sí, triste porque ¿quién es el más solitario sino una cucaracha sin su tribu? Me reí de mí mismo. Me preguntaba por su historia. ¿Cómo se había colado en mi bolsa? ¿Y dónde? ¿En qué hotel de Los Ángeles? ¿En el sistema de equipajes del aeropuerto? No había salido de nuestra casa. Habíamos mantenido a esos pequeños bastardos alejados de nuestro hogar durante quince años. ¿De dónde venía la pequeña plaga? ¿Había olido algo delicioso en mi bolsa –mi desodorante con aroma a bosque o alguna migaja de una barra energética– y se habría trepado sólo para ser aplastada por los cambios del destino y las bolsas de la ropa sucia? ¿Sintió miedo al morir? ¿Soledad? ¿Angustia existencial?
(Sherman Alexie en el New Yorker de esta semana)

miércoles, 5 de agosto de 2009

COLIBRÍ A LAS OCHO DE LA MAÑANA

Treinta y nueve años y mientras fumo
la vida que ya me bebí ayer veo
el primer colibrí de mi existencia. Y descubro,
no sin asombro,
que me han mentido todo el tiempo,
que las alas sí se ven, que nos han mentido
porque no parece detenido en el aire
sino un borrón difuminado y un anuncio
de que pasa el tiempo y nos borra
como una goma borraría
un pájaro mal dibujado,
un poema tan insulso como este,
una vida que ya, al fin, tuvo
su instante de colibrí.

martes, 4 de agosto de 2009

lunes, 3 de agosto de 2009

Para aprender de los pájaros

La universidad estaba desierta. Eran las siete cuarenta y cinco de la mañana. Aunque, fijandose bien, de lo que estaba desierta era de seres humanos. Tan sólo el velador del recinto y yo. Estaba repleta de pájaros, de aves cuyos nombres se me escapan. Tiendo a pensar que los diminutos eran gorriones y los grandes vencejos. Eso de los que volaban. Los negros, terrestres, supongo que cuervos.
Ellos no necesitan aprender nada. La universidad para ellos comienza desde que nacen y terminará cuando mueran. Nada aprenden ellos aun construyendo sus ninos en los aleros del segundo piso. Cuánto nos falta aprender de ellos.
Nunc coepit.

domingo, 2 de agosto de 2009

sábado, 1 de agosto de 2009

23 PANDORAS, Juan Antonio González-Iglesias y Gil de Biedma


Leonard Cohen / Sube a mi habitación, amor, / sabes que allí está la verdad. / (…) / Ven aquí, amor,/ vamos a matarnos de mentira.
(Eva Vaz)
Las antologías son, si a posteriori, una manera de canonizar, en ambos sentidos de la palabra, modos y maneras de escribir, si a priori, sobre todo si son de jóvenes, un manifiesto para proponer una batalla, una demostración de algo que debe ser la escritura, aunque se diluya en el tiempo la radicalidad hasta convertirse en resabio del pasado o en un estilo dominante. En esta última tónica es en la que se inscribe 23 PANDORAS (así, con mayúsculas).
23 PANDORAS. Poesía alternativa española (Baile del Sol, 2009), antologada por Vicente Muñoz Álvarez, encierra, bajo esa alternativa etiqueta de “alternativa”, trescientas páginas (20 euros más gastos de envío, pero que los vale) con veintitrés escritoras, jovencísimas que representan, cada una a su manera, y con altibajos, un nuevo modo de escritura poética y femenina que podría enclavarse también bajo el título de uno de los poemas, de Mada Alderete, “Nunca podría ser Bukowski” y que el propio antólogo explica en su introducción definiéndolo, a pesar de que escribe que hay casi ningún punto de coincidencia entre las autoras, como “desgarrado y crudo a veces, irónico otras, crítico y reivindicativo siempre y, por encima de todo, visceral y sincero”.
De entre los poemas en esta antología que más llaman la atención son los que afirman la mano femenina que los anota. Por ejemplo, uno de Isabel Bono titulado “Gracias por su visita”, en el que la voz de la mujer encuentra una igualdad no tanto en el lenguaje sino en el permiso para usar un idioma propio: “antes de despedirse / a ella le hubiese gustado / que él preguntara / -¿te has masturbado alguna vez / pensando en mí? / ella habría dicho / -esta noche / será la primera vez”. Aunque, y eso es otra de las cosas admirables de esta generación, la figura femenina, la propia y la presentada en el poema,
Y, al otro lado del espectro, se encuentra, por ejemplo, Miriam Reyes que en su poema “No soy dueña de nada” da una versión, si no negativa, al menos desgarradora al proponer que “mucho menos podría serlo de alguien. / No deberías temer / cuando estrangulo tu sexo, / no pienso darte hijos ni anillos ni promesas. / Toda la tierra que tengo la llevo en los zapatos. / Mi casa es este cuerpo que parece una mujer, / no necesito más paredes y adentro tengo / mucho espacio: / ese desierto negro que tanto te asusta”.

Un poema de “Eros es más”
De Juan Antonio González-Iglesias, XIX Premio Loewe (Visor, 2007). Más vale tarde que nunca descubrir uno de los poemarios más inteligentes y sensuales de los últimos tiempos, marcado fuertemente por Jaime Gil de Biedma y la poesía de la experiencia.
“Desde que te conozco tengo en cuenta la muerte. / Pero lo que presiento no se parece en nada / a la común tristeza. Más bien es certidumbre / de la totalidad de mis días en este mundo / donde he podido encontrarme contigo. / De pronto tengo toda la impaciencia de todos / los que amaron y aman, la urgencia incompartible / de los enamorados. No quiero geografía / sino amor; es lo único que mi corazón sabe. / En mi vida no cabe este exceso de vida. / Mejor; si te dijera que medito las cosas / (fronteras y distancias) en los términos propios / de la resurrección, cuando nos alzaremos / sobre las coordenadas del tiempo y el espacio, / independientemente del mar que nos separa. / Sueño con el momento perfecto del abrazo / sin prisa, de los besos que quedaron sin darse / sueño con que tu cuerpo vive junto a mi cuerpo / y espero la mañana en la que no habrá límites”.

Jaime Gil de Biedma
Escribe en “De vita beata”, “En un viejo país ineficiente, / algo así como España entre dos guerras / civiles, en un pueblo junto al mar, / poseer una casa y poca hacienda/ y memoria ninguna. No leer, / no sufrir, no escribir, no pagar cuentas, / y vivir como un noble arruinado / entre las ruinas de mi inteligencia”. Algo que podría ser el signo de la nueva poesía española en la que el poeta catalán se inscribe como el modelo sobre el que poetizar, siguiéndolo o desechándolo, aceptando su maestría o desmintiéndola, convirtiéndose en una figura emblemática de la segunda mitad del siglo XX en lengua española, a la altura, ya casi, de su admirado Cernuda.

Banda sonora
Hombres de camisa remangada / un misterio en la mirada / (…) / nenas con vestidos de colores / eludiendo amores al pasar. // Y tú, sólo faltas tú, cariño. / Ven esta noche a pasear conmigo. // (…) Esa sombra se ha movido / se oye un ruido... / Hablemos a solas / en el rompeolas. (“Rompeolas”, Radio Futura).