viernes, 24 de septiembre de 2010

jueves, 23 de septiembre de 2010

18 años después

1992: Jesús Ordovás y Julio Ruiz ponen un día y otro la misma maqueta, una canción que con el tiempo acabaría por convertirse en mítica: “Mi hermana pequeña”. Con esa conmoción nace una leyenda que hasta hoy sigue. Hipersónica lo resume mejor de lo que yo podría hacer: “Son el mejor grupo de la historia de España: ningún grupo ha conseguido lo que ellos en sus más de 16 años en activo. Ninguno. Surgieron con unas condiciones mínimas y han llegado a cobrar casi diez millones de pesetas por concierto, donde son auténtica dinamita. Han conseguido situarse con un sonido distintivo, una calidad en las letras buenísima, un nivel de ventas decente para este país de descargas piratas, y sobre todo: han creado una cultura en torno a ellos. O te gustan o les odias, no suele haber término medio.”
2010: El boca a boca ahora es página a página, blog a blog, myspace a myspace. Pero, la misma emoción de entonces, ese “estos sí”: “En efecto, Odio París recuerdan a los Planetas, y retrocedimos diez o quince años en el tiempo, y por un momento hasta me pude creer la ilusión de tener la misma edad que los que estaban sobre el escenario”. Y, en efecto, ha pasado el tiempo.

martes, 21 de septiembre de 2010

Himno y combustión espontánea

I
Mientras iba de tu mano hacia la montaña unos días eran fuego y otros eran llamas.

II
Una vez, si mal no recuerdo, me tenías en la punta de los dedos. Las secuelas de los viejos días estarán conmigo el resto de mi vida.

III
Cazadores blancos con corazones negros, entran ganas de apostar por el caballo ganador.

IV
Y yo aquí sigo buscando a quién resuelva mis problemas con la justicia, que para mí es degradante que mi destino esté regido por cerdos fascistas.
Y no tendría que estar hablando de estas cosas si tú estuvieras esta noche por aquí.


V
Y si te quedas esta noche nada más, y si te quedas esta noche nada más, prometo que voy a cambiar.

VI
Cuando quieras saber de mí sólo tienes que llamarme, cuando quieras estar conmigo sólo tienes que venir, cuando vengas que sea con el corazón abierto, si no puedes hacerlo no te molestes por mí.

VII
Quiero que sepas que ya me esperaba que esto ocurriera y que no pasa nada, sólo me da la razón, y que he estado aprendiendo de cada momento que he estado contigo.
(Quiero que sepas que me he acostumbrado a tus putas escenas de "ahora me largo". Lárgate ya de verdad que sería una suerte si no vuelvo a verte en los próximos años.)


VIII
Que tengas buenas noches hoy, y malos sueños para quien prefiera tenerte muerta que no tenerte nada, que yo te siento cerca y no quiero más nada que destruir la fortaleza que tapia tu casa.

IX
Y después cuando anochezca, si esperas al final, voy a darte un beso de verdad, donde acaba el arco iris y empieza lo demás. Si te vienes es donde quiero estar.
Donde empieza el infinito y acaba la espiral, si te vienes es donde quiero estar.


X
Cuando era joven nos llamaban los halcones y teníamos acciones en empresas destinadas a triunfar.
¿Adónde fueron a parar tantas razones?, se preguntan los balcones y terrazas que dominan la ciudad.
Y mientras va pasando el tiempo otro día más...otro día más.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Te lo explicaré, si quieres. Algunas palabras concuerdan. Algunas de las palabras que te salen de la boca concuerdan con algo que conozco. Otras, en cambio, no casan con nada.
(Doris Lessing)

Cuando la Academia Sueca decidió que el premio Nobel de literatura de 2007fuera para Doris Lessing señaló en el breve comentario que anuncia la elección que la escritora destacaba por su “capacidad para transmitir la épica de la experiencia femenina y narrar la división de la civilización con escepticismo, pasión y fuerza visionaria”, explicación en la que no cabían otras obras suyas, no por más desconocidas menores, como, por ejemplo Instrucciones para un Descenso al Infierno, colocada por David Pringle entre las cien mejores obras de fantasía, y que la propia Lessing menciona en la breve entrevista telefónica que concedió a la página de la Fundación Nobel al afirmar “creo que a la gente del Nobel no les gusta lo que se llama ‘ciencia ficción’. Creo que es una etiqueta equivocada y que tendrían problemas con (…)Instrucciones para un Descenso al Infierno. Obras así son difíciles de clasificar”.
Instrucciones para un descenso al infierno se centra en un hombre al tarda el lector en identificar con Charles Watkins (que se llama a si mismo Simbad o Ulises), que aparece un día, desmemoriado y lleno de recuerdos (¿fantasías?) sobre sus viajes marinos, en una clínica psiquiátrica de Londres, presa de algo que podría ser un caso muy particular de esquizofrenia o de delirio. O, quizá, de otra forma de ver la realidad como afirma la propia autora en una brevísima nota aclaratoria al fin del tomo.
“Mantener una amistad larga y estrecha con una persona que lo vive todo de forma distinta que la gente ‘normal’ me ha llevado a hacerme esa misma pregunta”. La pregunta a la que se refiere es una de Blake “¿Cómo sabes que toda ave que surca el aire / no es un mundo inmenso de placer, / confinado por tus cinco sentidos?”. De aquel primer cuestionamiento surgió un guión de cine que no llegó a concretarse y que Lessing, intrigada, envió a dos doctores pidiéndoles que trataran al protagonista como un paciente y le enviaran su diagnostico. “Así lo hicieron. (…) Sin embargo, sus diagnósticos, aunque compasivos y razonados, diferían el uno del otro. De hecho, no coincidían en un solo punto”. Esa frase es la que alienta, y explica, el modo de lectura de estas enmarañadas Instrucciones.
Lessing siempre ha definido este libro como una especie de “ficción del espacio interior”, como un viaje a lugares extraños pero que no están colocados en ningún planeta extraño ¿, ni en un futuro lejano, sino en el aquí y el ahora, pero un aquí y una hora que ocurren en la mente del paciente que en la primera parte del libro mantiene una conversación coherente dentro de su incoherencia con los doctores X e Y (letra que en inglés se pronuncia exactamente igual que “por qué”) y una enfermera y en la que relata, a ellos o a sí mismo, un viaje por mar que siempre consiste en “vueltas y vueltas y vueltas y vueltas”, sonsonete que aparece en casi todas sus intervenciones. Es en esta parte donde aparecen, perfectamente mezclados, elementos de la ciencia ficción, esos vigilantes del espacio que aparecen en un disco de luz, y referencias más clásicas, encubiertas, a Hesiodo y Platón.
Y, entonces, en un giro en que lo interior entra en conflicto con lo exterior, los encargados de su cuidado y ¿curación?, descubren que su verdadero nombre es Charles Watkins, catedrático de literatura clásica, lo que explica la lógica de las múltiples intertextualidades de su relato. Y, al modo del coro clásico, el paciente es juzgado por sus cercanos, por su esposa, por una de sus amantes, por una admiradora, por un compañero de batalla en Yugoslavia, de tal modo que el lector complementa la realidad de las visiones interiores de Watkins con las “verdaderas” ofrecidas por todos aquellos que participan en esa nueva escritura.
Instrucciones para un descenso al infierno, que reivindica de un modo magistral y “literario” lo que, acaso, podría ser un subgénero, no es un libro fácil, dentro de la obra de una escritura que nunca se ha distinguido por la facilidad, pero cumple perfectamente con ese adagio que define el arte como el único lugar en el que se debe sacar tanto o más placer como el esfuerzo invertido en conseguirlo.

Banda sonora
“No siento en la vida nada más / Que estar hecho de un solo metal / Y que tú estés hecha de tantos metales / No lamento nada más / Que no poder estar contigo / Qué es donde querría estar // Y ahora quiero / Perderte y no encontrarte nunca más / Si volvemos a vernos / Algún día por casualidad / No podrás decir que yo no lo intenté / Que me dejé la piel y la cabeza / Intentando resolver / El enigma / Que impide que te pueda comprender / Qué se interpone / Entre nosotros como una pared” (“Si me diste la espalda”, Los Planetas).

martes, 14 de septiembre de 2010

¡Qué idiota resulta el dolor propio...

cuando se leen cosas así!
HE WAS A SUPERHERO
He redeemed me. He made me feel alive and real. He saved me from The Evil Machines. He is the most beautiful thing I have ever seen. He gave me the bestest and happiest two days of my life. He helped me to understand what I am. He taught me that I was not alone. He was My Reason and My Plan and will always be. As opposed to me, he was fucking strong. He was a real fighter. He wanted to live. He changed my world. He made it better, more colorful. He stared at me in a way nobody has. He had big bright brown eyes. I felt as if he just understood me and trusted me with no effort. He liked my voice and my songs. We were true friends. I was supposed to show him how things were outside, how The Game went, that was my self-appointed mission, but we did not have time for that. He sucked the tip of my nose, though. He also touched the scarce beard I grew for him to play with. Alas, I could not teach him how to make a banana shake. We tried to escape from the hospital together to see the world but the security alarm went off at the elevator and we were captured and sent back to the room. We stood by the window at the hospital and I showed him the woods and the sky. I told him that one day I would take him up there, to the stars. I just had to love him. I felt a primal urge to love him. He was hermoso. Now I have too much love within me and my little superhero, the source and natural target of all that love, is gone. He was my joy and this is my sadness. This is Sadness and Pain. I would have done anything for him. I would have given away my own life. Twice. He will not be remembered because there is not need to remember: he is still with us. He will never leave us. He is in the air (“in between molecules of oxigen and carbon dioxide”). He is everything that is beautiful and good. And the universe is full of beauty, goodness and wonder; he was a living proof of that. Therefore, he surrounds us. He is right here. He covers us. We have to give love and value life, that was his lesson to me. He will take good care of all of us. He made that promise to his amazing mother before he took off. He will hold to that promise, I am sure. He was made of neverending Happiness and Love.

De Javier Moreno (un abrazo).

Aquí debería ir

un poema de la Bishop

(INSOMNIO
La luna en el espejo
observa una distancia enorme
(y quizá, orgullosa, a ella misma
pero nunca, nunca sonríe),
alejada y más allá del sueño
o quizá es que duerme de día.

Olvidada por el Universo,
mandaría todo al infierno
y habría de encontrarse
un cuerpo de agua,
un espejo en que habitar.
Por eso envuelve el cariño en telarañas
y lo baja hasta el fondo del pozo

a ese mundo invertido
en que la izquierda está a la derecha,
en que las sombras son el cuerpo,
en que estamos despiertos toda la noche,
en que los cielos son vados como el mar
es ahora profundo y me amas.),

pero se me cruzó, mérito de los libritos de poesía de la Library of America, la injustamente poco traducida Muriel Rukeyser:

EL ESFUERZO DE DOS POR CONVERSAR
Háblame. Toma mi mano. ¿Dónde estás ahora?
Te voy a contar todo. No ocultaré nada.
Cuando yo tenía tres, un niño leyó la historia de un conejo
que moría, en la historia, y me escondí bajo la silla:
un conejo rosa: era mi cumpleaños y una vela
me quemó un dedo y me dijeron que fuera feliz.

Oh, crecer para conocerme. No soy feliz. Me abriré:
Ahora pienso en velas blancas contra el cielo como música,
Como cornos orgullosos sonando, y gorjeo de pájaros, un brazo
que me rodea. Hubo uno a quien amé y quería vivir navegando.

Háblame. Toma mi mano. ¿Dónde estás ahora?
A los nueve, era sentimental,
fluida: y mi tía la viuda tocaba a Chopin
y yo apoyaba mi cabeza en la madera y lloraba.
Ahora quiero estar cerca de ti. Querría
Unir, como fuera, las horas de mis días a tus días.

No soy feliz. Me abriré.
Me gustaban las lámparas en los rincones de la noche y los poemas tranquilos.
Siempre he tenido miedo y he especulado
en cuál era, de verdad, la tragedia de su vida.

Toma mi mano. Primero mi mente en tu mano. ¿Dónde estás ahora?
Cuando tenía catorce, soñé con suicidarme,
y me paré en una de las ventanas del piso de arriba,
al anochecer, deseando la muerte:
y si la luz no hubiera fundido hasta la belleza
las nubes con la llanura, si la luz no hubiese transformado el día,
habría saltado.
No soy feliz. Estoy sólo. Háblame.

Me abriré. Creo que nunca me amo:
Amaba las playas resplandecientes, los labios
diminutos de la espuma que cabalgan sobre las olas,
los gritos de las gaviotas: y con voz alegre dijo:
te amo. Crecer para conocerme.

¿Qué eres ahora? Si pudiéramos tocarnos el uno al otro,
si nuestras separadas entidades pudieran enlazarse
como lo hacen las piezas de los rompecabezas chinos
Ayer me paré en una calle repleta de gente
y nadie decía nada y la mañana brillaba.
Todos moviéndose en silencio. Toma mi mano. Háblame.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Dos cartas de amor

I
Si el mundo fuera normal, el que una chica te tratara bien sería buena señal, pero en el mundo real no es así.
(Nick Hornby)
Como la mayoría de los protagonistas de Nick Hornby, Sam vive en una eterna mentalidad adolescente, pero en esta ocasión en lugar de ser un treintañero díscolo u obsesivo, es un adolescente también de edad. De esa edad en la que todo es nuevo y uno se cree el centro del mundo. Una mentalidad que describe, acertadísimamente, uno de los primeros párrafos de Todo por una chica (Anagrama, 2009): “me alegro de que haya cosas que no sabéis y que no podéis ni siquiera adivinar, cosas raras, cosas que sólo me han pasado a mí en toda la historia del mundo, que yo sepa. Si fuerais capaces de adivinarlo todo sólo con haber leído ese pequeño párrafo primero, empezaría a preocuparme por no ser una persona increíblemente complicada e interesante”.
Sam está a punto de cumplir los dieciséis años y su única pasión es el skate (no “skateboard” como se encarga de afirma una vez y otra), tanto que su compañero de secretos es el póster de Tony Hawk. Y, a pesar de la adolescencia, a Sam las cosas no le van del todo mal. Ya ha superado el divorcio de sus padres, no tiene especiales problemas en la escuela y se ha enamorado de Alicia. No van del todo mal hasta que ella queda embarazada y Sam, como todo adolescente que se ha metido en un lío, tiene “la sensación de que estaba jugando a algún tipo de juego cuyas reglas todo el mundo sabía menos yo”.
Sam, como buen personaje de Hornby, es un antihéroe, un perdedor al que su propia desgracia, que considera única y resulta tan común, hace que el lector se encariñe de él, como en la vida uno apoya siempre al amigo al que todo le sale mal. Sam es, puede ser, puede parecer, un cobarde y un egoísta (esa huida de la responsabilidad de la paternidad) pero es una buena persona que no sabe qué hacer y si lo sabe no sabe cómo.
Todo por una chica, frase en que se resume esa idea monomaniaca de la mayoría de los adolescentes masculinos, se convierte a veces en un manual de supervivencia de la adolescencia, con consejos tan, en apariencia sencillos, como “en todo caso, evitad salir con chicas feas que digan que quieren ser modelos. No porque sean feas, sino porque están locas”. O una lista de verdades que, aunque deben aprenderse en la primera juventud, su utilidad ha de ser para la vida en general, para la de verdad: “Te acuestas con alguien porque no te pone enfermo y cuando ese alguien te empieza a poner enfermo dejas de hacerlo” y el realistamente doloroso “Porque si alguien te dice te quiere, te ves obligado a decírselo tú también a quien te lo dice, ¿no? Tienes que ser muy duro para no hacerlo”.
En este libro de Hornby, escrito en ese tipo de escritura para jóvenes que los anglosajones categorizan bajo el generalista “young adult fiction”, se encuentra la raíz de sus otros personajes: un mundo en el que la diferencia –sean la manía de los discos, la soltería despreocupada o la necesidad de buscar otra chica– es siempre causa de angustia y de preocupación, causa de que sea tan difícil encontrar un lugar en el mundo y de conservarlo con todo en contra. Pero, frente a otros personajes adolescentes, el lector no puede evitar sentir lástima por alguien que lo único que quiere, como dice el título de otra de las novelas, es saber “cómo ser bueno”.
Y en la novela, que no trata tanto de todo lo que hacer por una chica, sino más bien sobre todo lo que se podría llegar a hacer hasta ese final, en la última página, en que el protagonista descubre que irremediablemente ha entrado, o está a punto de entrar, en la edad adulta: “Quedaba mucho trabajo por hacer, y muchas discusiones por entablar, y niños que cuidar, y dinero que conseguir, y horas de sueño que perder”. Y todo sin tener esa esperanza de otro de los personajes de Hornby, Rob Fleming, que para su funeral quiere que “una bella y llorosa mujer insista en que pongan You're The Best Thing That Ever Happened To Me, de Gladys Knight”.
Banda sonora
“I loved the words you wrote to me / But that was bloody yesterday / I can't survive on what you send / Every time you need a friend. // I saw two shooting stars last night / I wished on them but they were only satellites / Is it wrong to wish on space hardware / I wish, I wish, I wish you'd care” (“A New England”, Billy Bragg).
II
El dolor era insoportable, pero yo no quería que terminase: era grandioso como una opera. Iluminaba todo Grand Central Station como un Día del Juicio Final.
(Elizabeth Smart)

Si Enrique Vila-Matas, Morrissey, Michael Ondaatje y Cyril Connolly, personajes disímiles donde los haya, coinciden en algo, lo más probable es que ese algo sea, al menos, susceptible de ojearse. Los cuatro, y el editor y una legión de desconocidos, coinciden en alabar, siempre superlativamente, uno de los pocos libros que publicó Elizabeth Smart, En Gran Central Station me senté y lloré (Periferica, 2009).
La biografía de Elizabeth Smart tiene un momento clave: el día en que ella, canadiense residente en Londres, entra a una librería y descubre un librito de poemas de George Baker al que después de leer considera que era el hombre de su vida, el hombre junto al que envejecería. Pasarían aún tres años antes de que lo conociera y el hecho de que él estuviera casado no le impidió tener una historia de amor completa y plena, repleta de altibajos, de alegrías infinitas y de depresiones infinitas también. Una historia de amor que sólo podría ser descrita como una herida anciana y verde. De esa historia saldría el dolorosamente triste En Grand Central Station. Pero, y vale la pena avisar al lector, nada hay de escabroso en este libro que no retrata ni el adulterio, ni la clase media, que no ofrece ni una sola descripción, ni fechas. En su lugar, una novela autobiográfica que en realidad es un enorme poema en prosa y sin ni un solo dato biográfico externo. Una novela que cumple perfectamente con el precepto de Vila-Matas “me preguntaron si era fácil distinguir entre una buena novela y una que no lo era, y dije que bastaba con examinar cuáles eran sus relaciones con las altas ventanas de la poesía”.
“Estoy en una esquina en Monterrey, de pie, esperando que llegue mi autocar, con todos los músculos de mi voluntad reteniendo el terror de afrontar lo que más deseo en el mundo”. Con una frase tan cotidiana como esa Smart nos introduce en la dicotomía que, acentuada en algunos fragmentos, victoriosa por alguna de las partes en otros, va a regir todo el libro y la escritura casi automática de la escritora: el terror y el deseo. Como una mente que va uniendo una imagen tras otra, encadenadas en cada uno de los diez capítulos temáticamente (el parto, el acantilado, los viajes, la cárcel) los instantes, visuales sobre todo, se amontonan en la mente del lector no dejándole casi lugar a respirar angustiado por la frenética carrera para ganar (o disfrutar o sufrir) el amor que describe En Grand Central Station.
“El amor me posee y no tengo alternativa” podría ser la frase que mejor resumiera el espíritu indómito de Elizabeth Smart. Ha decidido, mejor dicho le ha sido impuesto, amar y a ello debe abocarse. Pero su entrega al amor es sincera. No simplemente rosa o trágica. No es ni de una verborrea fácil ni de imágenes de miel y hojuelas. La autora atraviesa todas las fases del amor y todas con plenitud, un amor que no se niega a nada, como en la vida real de la Smart, un amor que se abalanza y después sufre, pues no las ha medido antes, las consecuencias.
Y todo dentro de una escritura que combina de un modo MAGISTRAL, así con mayúsculas, las imágenes interiores y propias de la autora con una exuberante cultura libresca (la Biblia, Shakespeare, los metafísicos ingleses, ese genial “amor vegetal” de Andrew Marvell) que se combina perfectamente en momentos como este: “Me veo infestada por una horda de deseos: una paloma me picotea el corazón, un gato hurga en la cueva de mi sexo y en mi cabeza ladra una jauría, bajo el látigo de un cazador que ordena a gritos destrucción y estragos, mientras las horas acumulan torturas para poner mi resistencia a prueba. Y si gritase, ¿quién me oiría entre el coro de los ángeles?” (O, para comparar, en la traducción ya inencontrable de Lumen: "Estoy infestada por una marabunta de deseos. Mi corazón es devorado por una paloma, un gato hurga en la cueva de mi sexo; sabuesos obedecen en mi cabeza a un adiestrador que sólo grita cosas confusas, a medida que las horas ponen a prueba mi resistencia con un cúmulo de torturas. ¿Quién, si lloro, me escucharía entre las órdenes angelicales?”).
Leer En Grand Central Station me senté y lloré es, sobre todo, una prueba contra la que comparar el propio amor, el del lector o la lectora, una evidencia de que sólo a algunas almas (no hay que olvidar que, aunque poética y ficcionalizada, es una autobiografía) les es dado sentir con toda su plenitud el amor, un amor que sólo puede terminar en el grito desesperado de la última frase: “Amor mío, cariño, ¿me oyes, desde ahí dónde duermes?”
Banda sonora
“No sé cómo puedes atreverte a venir y a pedirme que te acepte / cuando tú no has aceptado ni una sola de las cosas que te pido. // Ya sé qué no tenia que haber venido / pero dónde puedo estar mejor que aquí contigo” (“No sé cómo te atreves”, Los Planetas).

jueves, 9 de septiembre de 2010

Del diario

No es cuestión de pensar, me dijo. Ella no quiere estar contigo: eso es lo único que cuenta. Tenemos cosas más inútiles en que perder el tiempo buscando una explicación razonable al hecho de que se acabó.

martes, 31 de agosto de 2010

viernes, 27 de agosto de 2010

Alejandro Jodorowsky en el Museo Carrillo Gil


Alejandro Jodorowsky – Manuel Moro
Aníbal 5: La amenaza de las mujeres topo,
editorial temporal, núm. 1, México, 1966

jueves, 26 de agosto de 2010

Segundo Premio



Sentado esperando a que llames,
rezando por que des una señal,
los días cada vez van más despacio
y solamente puedo esperar.

Que vengas a explicar que todo ha terminado,
que tengas que decir que no me quieres ver.
Es imposible que hayas olvidado
lo que los dos podíamos hacer.

Y si esto que ha pasado
va a pasarnos otra vez,
y si todo ha sido en vano
no tienes que volver.

Mirando las paredes de este cuarto,
rezando por que vengas otra vez ,
y todo lo que habíamos hablado
es todo lo que vamos a perder.

Si nunca quise ser el único a tu lado,
si tuve miedo fue por que acabara así,
y todo el tiempo que he desperdiciado
se vuelve de nuevo contra mí.

Y si esto te hace daño,
si te puedo hacer sufrir,
ha servido para algo
al menos para mí.

lunes, 9 de agosto de 2010

Para Alejandro Corcuera, por las lecturas compartidas
y un deseo común de eternidad.
Para Alciato, chestertoniano cabal, en lejanía.

La obra de Chesterton es vastísima y no encierra una sola página que no ofrezca una felicidad.
(Jorge Luis Borges)
Para el resto de los países sólo hay algo más extraño que un inglés y es un inglés católico. Los ingleses, a los que la generalización les atribuye la flema, esa capacidad de discutir o emocionarse sin la más mínima alteración, y un tipo de razonamiento que siempre resulta pragmático, son, cada uno a su manera, feroces apologetas de sus propias ideas. Durante los siglos XIX y XX, especialmente, los escritores católicos ingleses, desde esa joya de la autobiografía que es la Apologia pro vita sua del cardenal Newman, han sentido la necesidad de escribir su fe afirmándola de todos los modos posibles. Por citar sólo los casos más destacados, Tolkien con su magno, por calidad y tamaño, El Señor de los Anillos, C. S. Lewis en frentes muy diferentes entre sí que van de la fantasía de Narnia a la ciencia ficción de Perelandra, de la autobiografía de Sorprendido por la alegría al epistolario ensayo de Cartas del diablo a su sobrino o, por terminar la lista, Gerald Manley Hopkins desde la poesía, excelentemente traducida por, entre otros, Salvador Elizondo.
Chesterton, otra de las figuras prominentes, es, antes que inglés y católico, o quizá como consecuencia de esas dos, un polígrafo, un prolífico polígrafo. En su enorme obra caben desde el cuento policiaco a la biografía de su conversión, de los artículos periodísticos, miles, a las novelas, de la poesía, probablemente lo peor en calidad de su obra, a teatro, poco. Tanta es su influencia y la devoción que sienten sus lectores por él que la serie de autores que hablan elogiosamente de él, comenzando por Borges, sería interminable, aunque alguien admirado por extremos tan dispares como Iron Maiden, que lo cita en una canción, o Bergman que se inspiró, según sus propias palabras en una obra de teatro de él para su película Magic, algo debe tener.
Herejes, reeditado por Acantilado en el 2007, es uno de esos libros, al modo de los verdaderamente grandes, que de tan localista, el ambiente intelectual inglés de principios del siglo XX, resulta universal. Sus comentarios, a los que no les caería mal ser denominados directamente ataques, cambiando apenas unos cuantos nombres y títulos, son tan de nuestros días como de la época en la que se escribieron.
Escribe apenas en la primera página de este volumen “todo esto puede significar una cosa, y solamente una: que a la gente no le preocupa tanto estar en lo correcto”, es decir, lo que importa no es la verdad sino opinar sobre ella. Durante un poco más de doscientas páginas, Chesterton se dedica a revisar, con afán crítico nunca exento de humor y paradójica lógica, todos aquellos errores que descubre en su tiempo: el cientifismo a ultranza, el periodismo amarillista, el relativismo permisivo, la idea de una eternidad laica o, entre los veinte capítulos del libro, la necesidad de una ortodoxia. Y avisa también de un peligro del que ningún intelectual está exento, el peligro del egocentrismo del que afirma que “mete su “Yo” con mayúscula incluso donde no es necesario, incluso donde debilita la fuerza de una simple afirmación. Cuando otro hombre diría, “Es un lindo día”, el señor Moore dice: “Visto a través de mi temperamento, el día parece ser lindo””. Y, de entre los miles de ejemplos que podrían seguir entresacando de este libro que cumple el adagio borgeano, hay uno que resulta totalmente acertado para nuestros días y en nuestra ciudad: “el criminal peligroso es el criminal culto”.

Intentando escribir
“¿Por qué tengo tanto miedo / de decir soy yo / y reconocer públicamente / mi humilde maestría? / Ya van setenta los años que espero / a que ensillen los caballos / y me lleven al teatro / con voces de triunfo. / Sé que eso no ha de pasar / hasta que ya sea tarde / y puede que suceda (o que no). / Es por eso que prevarico, / avergonzándolos pero con las puertas / abierta por si acaso. / ¡Ánimo! ¡Ánimo y ponte / en mi lugar! / Dando amor para tenerlo / (solo así me puedo comportar) / pero odiada y desnuda / debería levantarme y decir / “Qué te jodan” o “Sé mi esclavo”. / Estar ese estado nada femenino / y nada amoroso / es la necesidad desesperada / de cualquiera que intenta escribir”. (de Elizabeth Smart, autora de esa deliciosa autobiografía En Grand Central Station me senté y lloré).

Banda sonora
“Para remontarte angélico un poco de psiquedélico. / Ahora puedo entretenerme recorriendo todo cuanto sientes / me encanta conocerte. / Ahora puedo introducirme por los pasadizos de tu mente.” (“Doctor Osmond (para remontarse angélico)”, Los Planetas).

sábado, 31 de julio de 2010

Judas, Shakespeare y el Premio Anagram de Ensayo

Todo es posible, mas sólo posible. Ningún documento nos ayuda a disipar la duda. (…) Los otros hablaron. El calló.
(Juan Bosch)
¿Qué esperar de un libro cuyo autor es un ex presidente de la República Dominica al que García Márquez, tras asistir en Caracas a un ciclo de conferencias suyo sobre el arte de escribir cuentos, siempre llamaría maestro y al que Pablo Neruda cita en “Versaionograma a Santo Domingo”? ¿Qué esperar de ese libro si el autor del prólogo es el celebérrimo juez Baltasar Garzón y esta publicado en una colección dedicada, en su mayor parte a la historia? ¿Qué esperar si además el breve volumen, apenas pasa de las ciento cincuenta páginas, se titula Judas Iscariote, el calumniado (Antonio Machado Libros, 2009)?
“La sentencia que decidiría la suerte de Judas Iscariote no sería necesariamente condenatoria para él. Probablemente, la carencia de pruebas solidas llevaría su absolución”, escribe Garzón. Y a eso, a revisar pruebas y testimonios, a releer las versiones de los testigos y sus contradicciones, es a lo que dedica precisamente Juan Bosch en este volumen en el que casi al final, reunidas las pruebas o, mejor dicho, la falta de ellas, aplica las mismas palabras a Jesucristo y a Judas: “La Ley manda que no se enjuicie a un hombre sin oírle y por lo menos se requieren dos testigos para acusarle”.
A mitad de camino entre la exegesis bíblica y la novela detectivesca, Juan Bosch reúne todas las referencias a Judas en los cuatro evangelios y en los Hechos de los Apóstoles (sólo textos canónicos para no ser acusado de parcialidad), y procede a leerlas como si fueran pruebas presentadas por los testigos en un juicio. Sin forzar ninguno de los testimonios Bosch, respetuosísimo con los personajes con los que trata, se limita a señalar contradicciones, declaraciones difíciles de aceptar, argumentando la causa de su incredulidad, y propone lecturas diferentes de los testimonios sin proponer culpabilidad o inocencia salvo por, precisamente, la falta de pruebas y las diferencias entre los diferentes testimonios.
Judas Iscariote, el calumniado puede leerse de muy diversos modos. Hay quienes abrirán el libro como un acercamiento forense a un caso cerrado hace tiempo que vuelve a reabrirse, interesante, sobre todo, por el polémico tema tratado. Otros, simplemente como una novela sobre otra novela, escrita a cuatro manos, en la que no todos los escribanos coincidieron al narrar los hechos. Otros, simplemente, como una curiosidad ligera. Pero, sea cual sea el modo, siempre queda en el lector ese regusto agridulce de que la verdad, al fin, no está en ninguna palabra.
“Jamás dramaturgo alguno hubiera podido concebir y realizar drama parecido al de la Pasión. (…) Sin embargo, en tan grandioso drama el contorno de Judas resulta falso. ¿Por qué? No hay sino una respuesta: Porque Judas no actuó como se nos ha dicho”.

Shakespeare sobre la ley Arizona
"¿Es que un judío no tiene ojos? ¿Es que un judío no tiene manos, órganos, proporciones, sentidos, afectos, pasiones? ¿Es que no se alimenta de la misma comida, herido por las mismas armas, sujeto a las mismas enfermedades, curado por los mismos medios, calentado y enfriado por el mismo verano y por el mismo invierno que un cristiano? Si nos pincháis, ¿no sangramos? Si nos hacéis cosquillas, ¿no nos reímos?, Si nos envenenáis, ¿no nos morimos? Y si nos ultrajáis, ¿no nos vengaremos? Si nos parecemos en todo lo demás, nos pareceremos también en eso. Si un judío insulta a un cristiano, ¿cuál será la humildad de éste? La venganza. Si un cristiano ultraja a un judío, ¿qué nombre deberá llevar la paciencia del judío, si quiere seguir el ejemplo del cristiano? Pues venganza. La villanía que me enseñáis la pondré en práctica, y malo será que yo no sobrepase la instrucción que me habéis dado." (“El Mercader de Venecia”)

Banda sonora
“La situación dramática de la ‘llamada desesperada a la puerta’ puede verse de manera literal en algunos poemas de Propercio o Tibulo, pero en buena parte de los casos esa puerta es sólo una metáfora y la lamentación resuena en otro lugar. Así en Los planetas: a veces el amante acude donde la pareja perdida, como en ‘Qué puedo hacer (‘he pasado por tu casa veinte veces’); otras, recorre los lugares de la memoria emocional compartida (‘siempre voy al Amador por si apareces / pero nunca vas’, en la misma canción; ‘los bares de siempre / donde quedaba contigo’, en ‘Un buen día’). Siempre es el hombre abandonado quien toma la voz cantante y cuenta el tiempo a partir de oposiciones tajantes: santos y demonios, parque y pesadilla, valles y desiertos. El discurso es extremista, es un sostenido sollozo narcisista donde no hay lugar para las razones del otro, pero así era la poesía latina y así es el rock: una energía incontenible, santa indignación por el dolor penetrante del amor despreciado” (Eloy Fernández Porta, €®O$. La superproducción de los afectos, Premio Anagrama de ensayo 2010).

jueves, 22 de julio de 2010

miércoles, 14 de julio de 2010

Libertad de expresión y blogs(II)

Pero con lo que mejor me lo pasé fue con los comentarios (¡¡¡¡806!!!!) que son de todos los colores y tipos habidos y por haber. A continuanción una selección (y con el último totalmente de acuerdo, una selección casi perfecta).

Para lo que "no hay cojones" es para decir que por fin un grupo 'indie' se ha colado en la memoria colectiva de un país (ya era hora) donde, durante la última década, el 'pastel musical' se lo han repartido entre Operación Triunfo y sucedáneos, dos grupos de masas (La Oreja de Van Gogh y El Canto del Loco) y el eterno revival de la Movida.+Si busco "creatividad musical", desde luego entre mis prioridades no estaría el último disco de Los Planetas.+El problema de hacer "crítica musical" en España es que deshecharías casi todo que no tenga que ver con el flamenco. Y la crítica es en casos contados rigurosa. Lo demás es una 'opinión adelantada' de alguien al que sí le gusta la música, como al Sr. Quico Alsedo, y que se ha molestado en conocer y reconocer su Historia a través de discos y grupos.Por eso, no creo que sea valiente decir que Los Planetas llevan 10 años cantando lo mismo. Eso ya lo sabemos todos, ellos y nosotros.Fdo. Una compañera del gremio periodístico-musical.
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A mí lo que más me llena de pena y tristeza es que todavía exista gente como tú, Quico... Y no es porque hayas dicho todo eso de Los Planetas, de haberlo dicho de cualquier otro grupo pensaría igual. Es por la manera de decirlo. Una crítica puede ser buena o puede ser mala, pero siempre debe ser desde el respeto. En este comentario podría haberme limitado a insultar, como tú haces. Pero de ser así me estaría pareciendo a ti y eso me aterra.
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Este blog es una maravilla. Me encanta leer a alguien "independiente de lo independiente" Ya está bien de vender mierdas refugiados en la capullada de que "es indie" o "alternativo" o que es "de autor"El bien y el mal no están subordinados a epítetos de ese tipo.Gracias por todo.
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Eres bastante triste amigo Quico, seguro que no tienes ni puta idea de música, como periodista ya vemos que eres nefasto, lo mas triste es que seguro que has echo esto para darte a conocer y lo has conseguido, has optado por el camino mas corto , aunque esto tiene una desventaja ahora tienes a cientos de personas en contra y eso no mola, te deseo mucha suerte y espero que mueras pronto.
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no tengo la culpa de que te duela el alma, no tengo culpa ninguna de que te fumes plata..... A veces me pregunto de quien será el fantasma, que te ha tapado los ojos para que no veas nada... para que no veas nada.
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Si un grupo no evoluciona y no cambia, se le machaca por hacer siempre los mismos discos. Si un grupo intenta abrir su abanico y experimentar con nuevas vías para su música, se le recrimina que no haga canciones como en el pasado. Si se le añade una voz femenina, se convierte en Pimpinela. Si no, no se le entiende. Que los Planetas nunca fueron fáciles de escuchar? Nunca, ni al principio ni ahora. Que cuanto más los escuchas, más te gustan, siempre, al principio y ahora. Menos mal que Jota sigue tomando las sustancias que sean y que le hacen escribir esas canciones. Más le valdría a algún crítico dejar de tomar tanto Gatorade que revoluciona demasiado a su neurona provocándole una hiperactividad que se traduce en verborrea barata
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Por fin encuentro un artículo donde se resume toda la mierda que rodea a este grupillo de pop. Gracias, de verdad.
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Calvorota, tu madre sigue haciéndolo gratis a quien presenta la cartilla del paro?Con 4.500.000 parados se la va a escocer un poco.
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No sé que està peor en España, la música o el periodismo musical tipo Chinchan (me aburre/no me aburre, me gusta/no me gusta
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Tranquilos indies militantes, no pasa nada, peor sería si subieran el precio de las converse o las gafas de pasta, ¿no?
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Lo primero de todo me gustaría escribir esta respuesta como usuario NO ANÓNIMO, pero no tengo muchas ganas de registrarme para contestar simplemente a un maleducado, inculto-musical y por que no decirlo amargado redactor... Se nota desde tu primera palabra que jamás has entendido la esencia de los planetas y claro como buen oveja de rebaño lo primordial es destrozar y menospreciar lo que no entiendes y lo que nunca vas a entender ¿no?, perfecto... demuestras toda tu inteligencia en este absurdo escrito...Supongo que lo único que buscas es un poco de fama y polémica por que tu cerebro no te da para conseguirlo con méritos propios y con buenos artículos... en fin... no voy a dedicarme a realzar a los planetas por que no es necesario... solo pido un poco de respeto y educación, en fin.
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Nunca me gustaron los Planetas. Pero cuando escuché La leyenda del Espacio me fascinaron. Me considero un gran aficionado al flamenco. Y cuando me refiero a flamenco me refiero a ese arte del que la gran mayoría de la gente no tiene ni puta idea y opina. Su último disco es malo de solemnidad. Sin embargo, Sr. Salcedo, usted no tiene ni idea de lo que es creación. Sugiriendo que Los Planetas cambien de camello, no dice absolutamente nada. Critique bien, por favor. Vaya directamente a la música y no relacione a los artistas con drogas varias. Usted no es artista. Es un crítico. No más. La leyenda del espacio es un disco del que quizás se hable dentro de muchos años como un fabuloso experimento. Le recuerdo que La leyenda del tiempo de Camarón fue denostado y machado por colegas suyos y mire. Creo que ha estado muy acertado en el concepto rebaño lector-oveja. Todo se vende. Como dijo Luis Buñuel a un periodista-crítico una vez: Yo lo he hecho. ¿Y usted?
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Ole tus huevos campeón, nunca había visto una critica tan crítica, igual no es lo que piensa la gente pero dices las cosas como te parecen , de nuevo te digo que ole tus huevos , así deben ser los periodistas honestos y decir las cosas sin tapujos
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Genial Quico, las cositas claras, así da gusto leer una crítica
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Quico, como mínimo, un poco de respeto tanto a este grupo como al cualquier otro. Se nota cierto resentimiento por tu parte hacía ellos.El día que TÚ seas capaz de hacer lo que ellos han hecho podrás criticarles, por el momento, como no has demostrado nada, ten respeto.
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Algunos piden respeto porque les gusta Los Planetas pero bien que se rién cuando critican ferozmente a otros a los que detestan y ahí , ¿donde esta el respeto? Como se nota cuando a uno le tocan su corazoncito, ¿eh? +Cierto que este disco suena como los otros, que las letras siempre parecen las mismas, que las guitarras suenan igual, que Jota no sabe cantar pero aún así... me gusta este disco.
UUUUUUFFF, menos mal!! Por un momento pensé que LOS PLANETAS iban a ser mainstream... Me los quedo "pa mi" solito, que no mola que te guste a ti y cuatro millones de plastas más!!
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Independientemente de que esté más o menos de acuerdo con esto, me gustaría decirle al señor Quico Alsedo que Los Planetas son un grupo de música que se gana la vida honradamente cantando, y que por lo tanto merecen un respeto y que las críticas se centren en el "campo musical". Todos esos chascarrillos hacia el derretimiento del cerebro de J, los millones de rayas (a los que saca mucho partido), los lectores-oveja... solo son ocurrencias fuera de sitio y de mal gusto, para llamar la atención. Por cierto, semejantes gracietas se me ocurren a mí también, realmente este es un oficio más fácil que el de compositor de canciones. Te sentirás un gran tío por meterte con Los Planetas.
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Yo llevo escuchando a los planetas desde que iba a la facultad.. y tengo 33 años, he ido a prácticamente todos los conciertos que han dado en Madrid, y recuerdo cuando en la Riviera éramos 4 los que les conocíamos y nos desgañitabamos con la Copa de Europa...
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Encuentros con entidades es el último disco de Los Planetas que tiene algo (2 canciones) a parti de ahi.. sequía. Y aunque la sombra de los granadinos es larga en el panorama indie nacional cabía esperar más de ellos, más que nada porque ya tocaron el flamenco en su anterior disco con sus Alegrías del incencio. Yo no me atrevo a culpar a las malas drogas, ni al vino peleón... eso son excusas para cuando te levantas al lado de un troll que la noche anterior te parecía la "Chiffer". Me parece, y es una humilde opinión de seguidor incondicional de muchos años, que lo único que ha pasado es el tiempo. Estáis viejunos chicos.
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Fantástica la crítica, me ha parecido muy valiente el decir las cosas claritas ya que seguro que vas a tener montones de "fanboys" atacándote. Ánimo frente a ellos porque tu opinión a mi me ha parecido sincera y verídica. Hace ya muchos años mi entonces novio me ponía Los Planetas emocionado perdido y yo pensando "pero si esto es una mierda, que leches está diciendo ese tipo? Que se saque el chicle de la boca por favor". Claro, resultó que el novio valía tan poco como el grupo en cuestión. Afortunadamente la patada se la di a tiempo y creo que eso es lo que le ha faltado a este grupo, que le demos la patada fuera del panorama musical ya de una vez y pongamos a artistas que realmente se lo merezcan.
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Estimado Quico. Nunca he sido fan de Los Planetas, pero de entre sus canciones tengo 5 favoritas y te puedo asegurar que no son la misma. No conozco tu nivel de estudios en crítica, del mismo modo te recomiendo que no es necesario el empleo de palabras mal sonantes para dar credibilidad y fuerza a tus palabras. Tu artículo, lejos de decirme algo que ya se hace años, te reafirma como seguidor herido de éste grupo.
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Después de leer esta crítica he vuelto a escuchar algunas canciones online y son horrorosas. Es solo mi opinión, pero son una especie de villancicos arrastraos con una voz que aburre a los muertos. Y no es que haga falta que los títulos y portadas tengan ningún sentido, pero el sinsentido de esta "opera egipcia" va más allá de lo normal. Porque opera y porque egipcia? Que despropósito.
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anodino y previsible, supongo que has leído lo que escribes, y supongo que sabrás las veces que has escrito algo así.... cuantos discos iguales tienen ac/dc, sonic youth, mark lanegan, cuantas veces hace messi la misma jugada.... cuantos pinchos de tortilla te has tomado en el mismo bar.... lo mas triste es q no te das cuenta y caíste en la trampa, otra vez más los del sacromonte lo consiguen gracias a gente como tu!!! tómate un respiro....a poder ser que sea anodino!!
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Me parece un artículo sensacionalista digno de un blog de poca monta, no he escuchado el disco de los planetas, pero cada vez que voy a leer algo en este blog me encuentro un crítica pésima sobre un grupo (ni si quiera un disco), cuando tengas un buen grupo que alabar, por favor dínoslo, estoy harto de saber lo malos que son los grupos que escuchas.
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joder por fin alguien que coincide con mi opinión de que este grupo es un coñazo infumable
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Pues a mi me gustaban en el 98 y me siguen gustando ahora, La leyenda del Espacio me pareció acojonantemente distinto a todo lo que habían hecho hasta entonces, soy ya mayorcito y siempre tienen un hueco en mi mp3. Que a veces han repetido formatos?, seguro, como todos los grupos, pero seguro que aburren menos que tu. Sal un poco mas, empápate de cultura musical y a lo mejor resulta que descubres un mundo nuevo, puede que hasta mejore la calidad de tus críticas, quien sabe.
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Joder, ahí le has dao! Creo que Los Planetas son patéticos, así que estoy de acuerdo 100%. Por cierto, abre el paraguas porque te van a caer chuzos por todos lados macho, este es el típico grupo de fan-áticos que no aceptan una crítica a su grupito.
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Me parece muy irresponsable la alusión tan frívola a las drogas. En un artículo de opinión, en un blog y en cualquier parte.
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Joder con el calvorota, como se sobra. Porque si les llamas drogadictos con tanta libertad a ti se te puede llamar calvorota ¿no? y no es un insulto, me remito a lo obvio.
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Tu crítica hubiese estado aceptable (se puede estar o no de acuerdo con ella) de no ser por lo que comenta uno de los lectores con el que estoy en total acuerdo "algo de saña muy poco profesional que desmerece lo arriesgado de la opinión". Podrías haber dicho lo mismo sin parecer que te han quitado a la novia. Una crítica nada elegante
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Mi hermana pequeña

De viaje
La caja del diablo
David y Claudia
La playa
Segundo premio
Toxicosmos
La copa de Europa
La guerra de las galaxias
Un buen dia
Santos que yo te pinte
San Juan de la Cruz
Corrientes circulares en el tiempo
Ya no me asomo a la reja
El canto del bute
No se como te atreves

no hace falta decir mas...