miércoles, 15 de diciembre de 2010

Not fare well, but fare foward voyagers

por tres semanas, nos vamos.
Aquí estaremos.

martes, 14 de diciembre de 2010

En rique Morente (1942 / 2010)

“Con el flamenco sufrimos una transformación. Una atmósfera estética exaltada, el lugar de la liberación, se introduce en la vida cotidiana, el lugar de nuestra identidad. Podemos resumirlo en una sola palabra: comunión. En el flamenco, la sombra, la pena, el ser, la memoria y el misterio del cante entran en comunión, rescatando la identidad de las garras del Tiempo y de la Historia, y visitando de nuevo la intimidad trascendental, el paraíso de la inocencia” (Félix Grande, García Lorca y el Flamenco).


sábado, 11 de diciembre de 2010

Elizabeth Smart

Dejemos que transcurra el tiempo. Mil años más de agujas de pino cayendo sobre los bosques profanados.
(Elizabeth Smart)

Los pícaros y los canallas van al cielo (Periférica, 2010) es la extrañamente fidelísima traducción del título de la segunda novela de Elizabeth Smart, la autora de la obra maestra En Grand Central Station me senté y lloré. Y es también una continuación de esta, pero donde sólo hallaba cabida el amor, exasperado, un amor que acumulaba una imagen tras otra, aquí se encuentra, con la misma fuerza narrativa, pero con bastantes más intromisiones de la cotidianeidad y de la vida real. Donde antes el amor, siguiendo el dictado del Cantar de los Cantares, lo era todo, ahora sólo hay una realidad, Londres recién terminada la segunda guerra mundial, una realidad que la autora deja clara desde las primeras frases del libro: “No hay gas; no hay calefacción; apenas hay comida”. Y, al igual que En Grand Central, aquí también lo externo, en un caso la naturaleza, en el otro la destrucción y la penuria, son reflejo exacto de lo que está pasando adentro de la narradora-escritora: “en esta mañana tan encantadora, lo que queda de mi juventud se yergue como un geiser y me siento al sol quitando de mi cabello los piojos. Porque es difícil dejar de esperar (eso que mi corazón al despertar por vez primera me dijo que era el mundo) aunque sea una mujer que entra en sus treinta, con piojos en el pelo y un amante infiel”.
Y, aunque difícil de leer por esa tendencia de la Smart a dejarse arrastrar por la propia inercia del lenguaje que sale a borbotones, Los Pícaros es una novela de mil y una aristas que van cambiando conforme va cambiando lo que se le cuenta al lector. Es poética y desolada, sabia e ingeniosa, autobiográfica y universal. Una novela en que la pasión amorosa ha cedido paso a lo de todos los días: rascarse el bolsillo para encontrar un último penique con el que ajustar para una cerveza, el aburrimiento del trabajo y una apatía vital con todo. Ya no es la enamorada contra el mundo; ahora es el mundo contra quien estuvo enamorada.
Elizabeth Smart para la que el mundo antes apena existía sino como condición ahora se empeña en describir todo aquello, bastante menos idílico, que le rodea descubriendo en los otros a las personas que “siempre encuentran el modo de hacer que la cosas sean posibles” y que sobreviven a pesar de “sus oficinas, sus operaciones, sus ensayos, sus cuadernos, esos bebes que lloran en la noche, de los experimentos en laboratorios, de sus lechugas que van pudriéndose poco a poco”. Y, al final, habrá de reconocer, por mucho que le duela dejar de habitar el mundo idílico del amor, que eso también le afecta y le afecta mucho. Hasta el punto de que ahora se describe a sí misma “haciendo cola en la pescadería con su pedazo de papel de envolver y una cartilla de racionamiento, vistiendo una falda de tweed que ha visto mejores tiempos y rascando unos céntimos para coger el autobús”. O, por resumirlo en una pocas palabras, sus males ya no son los del amor, idealizados y gratos de sufrir, sus males son los males de toda la humanidad.
Y es que al amor siempre le llega la hora del arrepentimiento o, al menos, una manera diferente de mirar ese mismo amor y sus consecuencias. El amor ya no es el destinatario de su deseo, y como consecuencia es ella misma, con más años, con mayor conocimiento, doloroso conocimiento, de lo que es la vida, lo que observa. Y admite, con una forma más serena que en su primer libro, que no puede quejarse, porque “la muerte es el precio que hay que pagar por no sentir dolor” y, para aquellos a los que la muerte les es lejana, que “el dolor es el precio de la vida”.
Y Los Pícaros es, en menor medida, y a veces, reflejo de una de las obsesiones que Elizabeth Smart desarrollaría, de manera mucho más abierta, en su poesía, el del miedo a no escribir, a la página que “está tan en blanco como mi rostro tras una noche de llanto. Es tan estéril como mi devastada mente. Todos los martirios son en vano”. Aunque, y con la misma voluntad que siempre ha mostrado la autora y el personaje concluye que “la pluma es un arma furiosa” que “necesita una voluntad rabiosa”.
Banda sonora
" " (4’:33’’, John Cage).

martes, 7 de diciembre de 2010

Las cuatro últimas líneas del discurso del Nobel

A disminuir la violencia, no a acabar con ella. Porque la nuestra será siempre, por fortuna, una historia inconclusa. Por eso tenemos que seguir soñando, leyendo y escribiendo, la más eficaz manera que hayamos encontrado de aliviar nuestra condición perecedera, de derrotar a la carcoma del tiempo y de convertir en posible lo imposible.

Con razón...

... dicen los canadienses que la Munro es "nuestro Chejov".
Como el ruso escribe unas frases que resumen perfectamente una verdad pensada pero nunca tan bien expresada.
Un sólo ejemplo basta.
"Cuando un hombre sale de una habitación deja todo detrás, cuando una mujer lo hace lleva todo lo ocurrido en esa habitación con ella".

lunes, 6 de diciembre de 2010

Smirting

No hay en castellano todavía

traducción exacta de ese verbo

que en inglés señala a dos personas,

furtivas y cómplices o viceversa,

flirteando con el humo de un cigarrillo

a las afueras

de un non
smoking building
.


 

Y te pienso entonces en aeropuertos y bares,

en algún sitio de esos donde no podemos fumar

pero estamos juntos.

martes, 30 de noviembre de 2010

(Inédito. Poema enterado del silencio de las cosas)

Una pequeña obra maestra.

Pero para leerlo, aprieten aquí.

Síndrome del nido vacío

Mi caso es el siguiente: Un día llegaron estos pájaros y se acomodaron aquí, en mi cabeza. Eran inicios de primavera y pensé que tal vez era la costumbre en estos lugares. Pero los días corrieron y los pájaros no parecían resueltos a moverse, por el contrario, pronto llegué a escuchar trinos de diferentes tonos sobre mí: eran polluelos. No me malinterprete, era lindo despertar por las mañanas con su canto a pesar de lo fastidioso que resultaba ir siempre envuelta en plumas. Usted puede pensar que estoy loca. No vengo aquí a tratar sobre ese tema. Sino a que remedie mi depresión. Verá, es invierno. Y ahora todos ellos se han ido.

(Valeria Gascón en el número 27 de Shandy)

lunes, 29 de noviembre de 2010

Pastoral Americana de Philip Roth y Valeria

¿Y qué tiene de malo la vida de los Levov?

 (Philip Roth)

 
 

La única diferencia entre una buena novela y una obra maestra, además de un par de palabras en la portada, es que la obra maestra es universal, que afecta, conmueve o hace reflexionar a cualquiera que se acerque a ella con disposición de buen lector. Sea cual sea su protagonista, por más alejado del lector que esté, hay algo que obliga a salir de modo diferente a como se entró. Pastoral Americana de Philip Roth cumple esa premisa. Durante más de quinientas páginas retrata, a partir de lo que imagina un Zuckerman más omnisciente que nunca, la vida del Sueco Levov, judío, de Newark, estrella del deporte en la secundaria y exitoso empresario de guantes de señora en la madurez. Pero, y he ahí la maestría a la que hasta ahora sistemáticamente se le ha venido negando el Nobel, cumpliendo la premisa que el propio autor pone en boca de uno de uno de sus personajes, un pintor: "crear una expresión personal de temas universales entre los que figuran los constantes dilemas morales que definen la condición humana". Es decir, una literatura semejante en todo, excepto en su realidad, a la vida.

El Sueco Levov siempre hace el bien, siempre piensa en lo mejor para todos, para su esposa, para su hija, para su padre, para su hermano y, a semejanza del protagonista, también judío, de la última cinta de los Cohen, el mundo rechaza sus elecciones. El gran dilema de Levov es el mismo, cada uno con su circunstancia, del lector. Casi existencialistamente la vida que se despliega ante los ojos del lector ejemplifica, al estilo rothiano de no juzgar sino describir, lo complicado, no tanto de las relaciones humanas, sino de la repercusión que todas y cada una de la acciones tienen sobre el resto de las vidas, sobre la propia, sobre las cercanas, sobre aquellas que pueden parecer ajenas.

Pastoral Americana es, sobre todo, la constatación de una verdad ineludible expresada del modo más directo posible por Levov: "Si lo que me estás diciendo es que no he hecho lo suficiente…, debo decirte que… nadie, nadie hace nunca lo suficiente". La constatación de que el fluir de los acontecimientos, eso que a veces se llama vida y a veces historia, es siempre superior al individuo, superior y, al mismo tiempo, condicionado por este. El Sueco sabe qué hacer y cómo hacerlo, es un modelo para su generación, aunque no puede evitar el hundimiento, en su contra, o así lo piensa él, del mundo que ha conocido y quiere mantener. Levov no puede evitar que su linda hija tartamuda se convierta, primero en una terrorista y después en jainita, que su esposa, miss New Jersey, pase una larga temporada en el manicomio, que sus amistades lo sean sólo por la apariencia externa, por lo superficial que hay en él. En definitiva, Levov, aunque él no lo sabe, está equivocado. Y no por la falsedad de sus creencias sino por los actos a que estas le obligan, por los actos a los que su propia conducta obliga a los otros. O, como resume Roth, para el Sueco ya "no había ninguna ilusión a la que pudiera seguir aferrándose a fin de mitigar cualquier sorpresa que surgiera a partir de entonces".


 

¿Qué es la Pastoral Americana?

"Sólo se reunían una vez al año y en el terreno neutral, exento de religión, de la festividad de Acción de Gracias, cuando todo el mundo come lo mismo y nadie se escabulle para comer cosas curiosas, ni torta de patatas ni pescado relleno ni hierbas amargas, sino sólo un pavo colosal para doscientos cincuenta millones de personas, un pavo colosal que los alimenta a todos. (…) Es la pastoral americana por excelencia y dura veinticuatro horas" (P. R.).


 

El tatuaje de Valeria

Valeria es joven todavía, pero ya lo suficientemente madura como para saber que un tatuaje dura toda la vida. Valeria quiere tatuarse una frase en la muñeca, una frase de la que no vaya a arrepentirse nunca, una frase que, pase lo que pase en la vida, siempre sea cierta. Valeria sabe demasiado como para no saber que hay pocas verdades inmutables. Sabe que su tatuaje estará para siempre y lo acepta porque es una de esas verdades para siempre. Llegará al local, higiénico, con una edición gastada de una novela comprada de segunda o tercera mano. La abrirá en la página trescientos y antes de extender su brazo solamente le recordará al tatuador el acento en la primera palabra, un acento que cambia todo. "Sí, estamos solos, profundamente solos, y siempre nos aguarda una capa de soledad todavía más profunda". Y jamás podrá arrepentirse de nada porque de la soledad uno nunca se arrepiente.


 

Banda sonora

"Y no voy a volver a escribirte cartas / ni voy a deshacer malentendidos / y no me voy a detener por nada / hasta que esté tan lejos / que parezca que no existo". ("Voy a por tabaco", Los Planetas).

jueves, 25 de noviembre de 2010

martes, 23 de noviembre de 2010

De Luis Alberto de Cuenca

El imbécil

Era una criatura detestable
en el plano moral, un ser abyecto,
una abominación lovecraftiana.
No era tampoco guapa, ni atractiva,
ni graciosa, ni joven, ni simpática.
Era un montón perverso de basura.
Pues fuiste tan imbécil que por ella
dejaste a la que amabas y vendiste
tu alma en los bazares de la noche.

PD: deberías repetir mil veces Novel, el premio, se escribe con B.

Roth y los planetas

El hombre se empeña de una manera cada vez más demencial en hacer algo precisamente cuando no le queda nada más que hacer.

Estoy muriendo de pena
y tú no vienes a verme.
Te estoy pidiendo que vengas
y ni siquiera apareces.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Eva en su lecho de muerte

Al final no tenemos salvo nuestras propias historias:
la mía, apenas unos fragmentos en el Libro,
ni rastro de trama ni diálogo.
Pero una vez tuve un amante del que nadie se percató
mientras se deslizaba entre las páginas, por entre
las lista de engendradores y engendrados.
¿Se acordará él de nuestra juventud descarriada,
de los placeres a los que nos entregábamos
mientras Adán, el buen burócrata,
se ocupaba, incluso ya expulsado del Edén,
en nombrar las cosas?
¿Qué recuerdos nuestros tendrán nuestros descendientes
para los que nuestra historia es sencilla y ellos
los verdaderos protagonistas?

Desperté el primer día con Adán por compañero
y he intentado olvidar el confuso camino
que habría de seguir: los animales, al principio
asustados en el bosque, las terribles alas del ángel
moviéndose, la maldición del parto.
Y después los propios hijos,
amorosos a veces, inmisericordes otras.
Y de mí sólo hay una historia
para todos, una sola línea imborrable de principio a fin,
y el dolor y la lujuria, el amor o la muerte
son sólo subtramas, pequeñas distracciones.

Pero en lo que ahora pienso,
con esta amargura final de la edad,
es en cómo se acicalaba a sí mismo el jardín
con el aire suculento del verano, en cómo cada flor era
la esencia de su propio color, en cómo
hasta la serpiente sabía que tenía un papel que jugar
para que hubiese una historia.

(Linda Pastan en la Paris Review)

viernes, 19 de noviembre de 2010

Voa por tabaco (letra o al menos lo que se le entiende al J)

Voy a dejar de hacerte sufrir
Y volverme el polvo de los caminos
No vas a verme más por aquí
Hasta que se me olvide lo que has dicho

Y no voy a volver a escribirte cartas
Ni voy a deshacer malentendidos
Y no me voy a detener por nada
Hasta que esté tan lejos
Que parezca que no existo.

Voy a darte otra explicación
Estoy cansado de insultos y palizas
Me da igual si tienes razón
Me da igual lo que digas o lo que no digas

Voy a dejar marcado en el calendario
Con rojo la fecha de mi partida
Y voy a hacer lo que me de la gana
Y voy a olvidar que me necesitas

Y voy a levantarme de la cama
Y voy a esconderme por las (¿espigas? ¿espinas?)
Y me da lo mismo si esto no se acaba
Y ya puedes borrar esa tibia sonrisa.

Voy a por tabaco

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El nuevo tema inédito de Los Planetas.

La letra en un par de días, supongo.