domingo, 29 de mayo de 2011

Liber Scivias de Claudia Posadas

la Ciudad dorada el lento limo de la gracia ninguna acumulación de la intemperie bautismada en el dolor acrisolado el crisma decristaliza la cristálida.
(Claudia Posadas)


“Amurar”, un neologismo acuñado por Claudia Posadas en “Era el invierno”, resume perfectamente el espíritu del libro, y en consecuencia de la poética, de Liber Scivias (CONECULTA, 2010). Es decir, el libro como una ciudad, más cercana a las imaginadas por Santa Teresa o a los hortus conclusus de la poesía amorosa que a una contemporánea. El libro, este libro, como una doble dimensión, la esotérica y la exotérica, compatibles ambas. El Libro, así con mayúscula semi intencional, de Claudia Posadas es, antes que nada, uno de doble lectura.
“Yo reconozco a tientas mi morada” escribe Posadas que escribe Valente, ambos en obvio homenaje a la monja castellana, en el epígrafe del primer poema del libro, ofreciendo al lector atento, al que quiera, al que sepa, una de las claves. Frente a la poesía confesional o la simplemente experiencial, la autora ofrece un nuevo, viejo en realidad pero no muy practicado, modo de escritura y, por ende, de lectura. Liber Scivias habla en niveles diferentes, ninguno negador del otro, ninguno más verdadero que el otro. Diferentes y compatibles, abiertos todos y todos complementarios porque “ser y estar [es] como una índole que al final es consanguínea”, pero de una consaguineidad que pertenece al lector y no a la autora que, la mayor parte de las veces, ejercerá de medium, en el sentido más etimológico que de poseedora de la verdad, verdad que, incansablemente van buscando ambos, lector y poeta, a lo largo de estas páginas.
Y, como los verdaderos poetas, la mano que escribe, la de Posadas, esa que sigue el dictado de algo ajeno y apropiado al mismo tiempo, no tiene más remedio, apenas pasadas cincuenta páginas del libro, la util inutilidad de su misión: “Me es ajeno cuanto habría de decir. / No distingo las palabras, / y ni siquiera las comprendería si alguien las nombrase por mí”. La poesía, al menos cierto tipo de poesía, es ese decir sin decir diciendo, es, por usar un título de Posadas, un tratado “de las tortuosas maquinarias”, un lugar en el que habita “la obsesión, / su trastocamiento irreversible”, esas “venas como un orden invasor que va tomando el templo y tus campos fértiles / hasta concentrar su lenguaje”.
Y avanzando las páginas, el lector, cualquier lector, no puede evitar sino preguntarse cuál es el tema del Liber Scivias, de qué trata, a dónde, a que jardín o espacio abierto, a qué fortaleza o morada o castillo, quiere la autora llevarlo. Y en “Phosphorus”, el elemento que brilla, que da luz, que se enciende, casi puede encontrarse una respuesta, negada al instante ya que “nadie encendía su rotación. A veces un rumor que tal vez fuera el vuelo de la Cauda, / pero sólo un vórtice de ramas girando en la hondura de un pozo vacío”. O quizá todo no sea más que un misterio, un acertijo, unas palabras en clave, y cursivas, al final del poema: “las cinco en ámbar de la tarde”.
“Al segundo y al tercero. Al cuarto y al quinto. Al sexto y al séptimo” son las, crípticas o demasiado claras, palabras de Angelina Muñiz-Huberman que abren, en una de las citas, la última parte del libro, la definitiva, “Unio”. Esas palabras son, literalmente, una invitación a los diferentes círculos de lectura, pero también a una relectura. Como si la autora, por persona interpuesta, avisara al lector de la necesidad de volver una vez y otra a repetir los poemas que, ahora sí, comenzarán a iluminarse, a iluminar al lector, aunque con esa dificultad que recorre todo Liber Scivias. Convencido ya quien ha llegado hasta aquí de que la unión es inminente y necesaria se encuentra con un miniaturista sentado en su scriptorium, ¿la autora misma?, que afirma “no saber a dónde Tú, mi Vigilancia, / mi evocado ser de lutz”.
Y, de repente, en los cinco últimos poemas, parte del libro pero al mismo tiempo luminosamente aparte, estalla la claridad, una que aunque no entendida sino bajo el velo del misterio y la palabra reconcilia, y recompensa, al lector con, por usar al místico castellano, un algo que queda balbuciendo y claro al mismo tiempo. ¿Qué importa que quiera decir realmente “de mi sangre brota la crisálida de luz, // y estalla para siempre el corazón del miedo” si la verdad es que en cualquier sangre hay luz y en cualquier corazón miedo? Como en los tratados antiguos de alquimia a los que Claudia Posadas es tan afecta, no es la letra lo importante sino lo que la letra desata en cada lector y su nuevo tratado Liber Scivias lo logra y con creces, tanto que, apenas tres páginas antes deel final, no puede evitar el libro sino describirse, antes de la revelación final, describirse a sí mismo y la relación con su lector: “y entonces irradió nuestra costumbre con sabiduría invisible: / en la noche fue ovillando la red entre su reino”.

Banda sonora
Mientras iba de tu mano hacia la montaña, / unos días eran fuego y otros eran llamas. / Dentro del espejo donde no me reflejaba, / la promesa que en la cima nos aguardaba. (“San Juan de la Cruz”, Los Planetas).

viernes, 27 de mayo de 2011

Querido amigo,

cuyo comentario no publicaré, tienes toda la razón del mundo y recuerdo la frase de Auden: "En el mundo real, ningún odio es totalmente injustificado, ningún amor totalmente inocente".
Tienes toda la razón del mundo, pero sin esos momentos de vacío, de hacer de cosas intrascendentes lo más transcendente, como si nos fuera la vida en ello, estaríamos muertos. O, al menos, con deseos de estarlo. O, peor, de asesinar a alguien.
Un poco de nada a veces es necesario. Tanto como .... (y escribe en los puntos suspensivos lo que quieras).

miércoles, 25 de mayo de 2011

Lector Malherido se equivoca

Escribe (y cito toda la entrada, mis comentarios en mayúscula) sobre el libro titulado Una Semana en el Motor de un Autobús, del que parece interesarle más el subtítulo "la historia del disco que casi acaba con Los Planetas":


"Lengua de Trapo sigue empeñada en parecer una editorial moderna, cuando todo el mundo sabe que su sede editorial está en Madrid. Lo último son estos libros sobre conjuntos pop.

MUY BUEN CHISTE, EL DE UNA EDITORIAL MODERNA EN MADRID. HASTA AHÍ VAMOS BIEN.

En España, desde que Franco nos puso la tele, a un grupo de idiotas tocando las maracas se le denomina "conjunto". Nadie en su sano juicio se tomó nunca en serio a los "conjuntos" que daban "recitales". Era todo muy matemático y un punto payaso.

DE ACUERDO CON LAS DOS PRIMERAS FRASES; PERO NO ENTIENDO LA ÚLTIMA.

La música española es un producto nacional de consumo interno: no va a ningún lado. En realidad, la música española, pop y rock y rap, es un subtitulado acústico de la música de verdad, que obviamente se hace en inglés y con ropa que realmente mola. Así las cosas, admiro a los músicos españoles porque sus intenciones artísticas son patéticas, tienen el techo muy bajo y nunca han escuchado una canción suya sonar en un bar que no quede debajo mismito de su casa.

AMÉN. PORQUE, AUNQUE EN EL NOVENTA POR CIENTO LAS AFIRMACIONES DE MALHERIDO SON CIERTAS, LOS PLANETAS SON, PRECISAMENTE, LA EXCEPCIÓN QUE CONFIRMA LA REGLA (Y, POR CIERTO, EL RUIDO ROSA Y EL AMADOR, LOS DOS BARES PLANETARIOS POR EXCELENCIA, ESTÁN NO DEBAJO PERO SÍ CERCA DE LA CASA DEL J).

Pero ahí siguen.

Y SEGUIRÁN.

El caso es que Una semana en el motor de un autobús fue el tercer disco de Los Planetas, allá por 1997. Parece que esto es muy interesante y Nando Cruz ha hablado con todos los implicados en tamaña anécdota para que sepamos al detalle cómo se grabó un disco y qué le dijo el cantante al batería cuando le trajo Fanta y no a su hermana.

ES MUY INTERESANTE, DE HECHO. REFERIRSE A "UNA SEMANA...", UNO DE LOS DISCOS FUNDAMENTALES, SINO EL DISCO FUNDAMENTAL EN LA EVOLUCIÓN DE TODO EL INDIE DE LOS NOVENTA Y DEL SIGLO XXI EN ESPAÑOL (QUE SE LO PREGUNTEN A ODIO PARÍS, A LOS ARGENTINOS EL MATÓ A UN POLICIA MOTORIZADO, A LA BIEN QUERIDA O A LA ENCARGADA DE ESE ENCANTADOR PRÓLOGO "EL DÍA QUE CONOCÍ AL J.", JULIETA VENEGAS) COMO "TAMAÑA ANÉCDOTA" ES IRONÍA NO MUY FINA, MALHERIDO, Y TÚ PUEDES SER MEJOR.

La crónica de la grabación está escrita a la pata la llana y como que Los Planetas son los putos Beatles. Realmente acabamos sabiendo, tras la lectura, más cosas de los integrantes de Los Planetas de lo que nunca hubiéramos creído que era necesario saber sobre una persona de Granada.
PUES PRECISAMENTE PARA ESO ES EL LIBRO PARA SABER MÁS, PARA SABERLO TODO, DE LOS TIPOS ESOS QUE PARIERON "UNA SEMANA..."



Básicamente Los Planetas estaban todo el día en las drogas y las canciones que se les ocurrían iban de drogas y de que estaban haciendo un disco y tomando drogas a la vez. Es todo enormemente complejo. Nando Cruz da a entender que parir este disco fue como parir la Crítica de la razón pura de Kant, pero un poco menos pura.

PERO LA CULPA NO ES DE LOS PLANETAS A LOS QUE RESUMES MUY BIEN CON ESO DE TOCAR Y DROGARSE (SUEÑO JUVENIL DE CIENTOS Y MILES DE MUCHACHOS EN ESTE PLANETA), SINO DE SUS FANS QUE SON UNA PANDILLA DE FANÁTICOS CERRADOS.

También se localizan con gran honestidad los mecanismos de composición de los músicos españoles, que consisten básicamente en ver cómo lo han hecho en San Francisco, copiarlo y dar por sentado que nadie se va a dar cuenta, porque Manolo Escobar no nos deja ver el soul.

MECANISMOS QUE NUNCA LOS PLANETAS NI NINGUNO DE LOS GRANDES HAN NEGADO, PERO EN FIN...

Parece que grabar este disco no acabó con Los Planetas ni acabó con la música española ni acabó con nada. La música es lo que tiene, que le puedes dar al play otra vez y pensar que mereció la pena.

DARLE AL PLAY Y PENSAR QUE MERECIÓ, MERECERÁ Y SEGUIRÁ MERECIENDO LA PENA Y, A PESAR DE TU CRÓNICA, 'Por lo menos tendré la certeza / de que existo, / de que puedo decidir, / de que elijo por mí, sólo por mí'.".

CARTA ABIERTA EN DEFENSA DE LA PLURALIDAD Y CONVIVENCIA DE POÉTICAS

La realidad no es legible de manera evidente. Las ideas y teorías no reflejan sino que traducen la realidad, pudiendo traducirla de manera errónea. Nuestra realidad no es otra cosa que nuestra idea de la realidad. Del mismo modo, importa no ser realista en un sentido trivial (adaptarse a lo inmediato), ni irrealista en el mismo sentido (sustraerse de las coacciones de la realidad); lo que conviene es ser realista en el sentido complejo del término: comprender la incertidumbre de lo real, saber que existe una porción de lo posible aún invisible en lo real.
Edgar Morin

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El lenguaje poético es un patrimonio colectivo. Una urdimbre tejida en la arena de la diversidad. Nuestras tradiciones literarias siempre se han visto atravesadas por múltiples mutaciones que han ayudado a componer y descomponer el ovillado paisaje de la palabra. No en vano la palabra recoge la complejidad genésica de nuestra existencia. Así ha sido en el caso de la lengua española. Las literatura(s) panhispánica(s) (de acá y allá, en diálogo unas veces, aisladas otras) siempre han manifestado en su devenir histórico la riqueza de lo plural, el desborde de lo conectivo. No existe una deriva única de lo poético. Nunca se produjo una voz homogénea para toda nuestra tradición. Las tentativas de encerrar el lenguaje literario dentro de límites inamovibles han dado como resultado estructuras cerradas de pensamiento que trabajan en contra de la propia y esencial condición de la palabra.
Las personas que firmamos esta carta creemos firmemente en esta pluralidad poética heredada –a la que hemos tratado de contribuir activamente con nuestro propio trabajo– y por eso nos mostramos resistentes a cualquier forma de cierre normativo. Creemos necesario alzar un muro de contención ante actitudes que pretenden reproducir debates que «ya» no son legítimos –que, en realidad, nunca lo fueron– porque representan en sí mismos una agresión a esa misma pluralidad conquistada, al trabajo y legado creativo, teórico y vital de muchas poéticas y poetas precedentes y que recogen de manera natural el legado incuestionable de los padres de la modernidad poética: del romanticismo inglés y alemán al surrealismo pasando por Baudelaire, Rimbaud y Mallarmé. Ha costado mucho desterrar de nuestro campo literario el cainismo y la exclusión. No vamos a consentir ahora que vuelvan a reproducirse estrategias envenenadas similares. El debate de poéticas es necesario, útil el contraste filosófico, intelectual, en torno a la creación, pero siempre en el marco de un respeto escrupuloso a la diversidad y el disenso.
Por todo ello queremos reivindicar como legítimo y propio de la(s) poética(s) panhispánica(s) actual(es) los siguientes elementos:
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Escritura(s). En plural. Modos del lenguaje que se encuentran. Ningún programa prescriptivo. Huellas. Rescoldos a modo de conceptos, de cruces, de intuiciones. Ninguna tabla de la ley. No sabemos. Quizá sean un modo de operar, de practicar la literatura. Ese acontecimiento ignoto. No sabemos. Disparan la semilla de lo por hacer y de lo hecho. No sabemos. Mueven a la acción.

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Tradicion(es). En plural. Linajes incrustados, desde siempre, en nuestra modernidad, en nuestra memoria literaria. Linajes que se activan y se iluminan desde el presente y de los que debemos hacernos merecedores. Como afirmó Eliot, la tradición «no se puede heredar, y si la deseas debes obtenerla con gran esfuerzo». Cada poeta se forja y construye su tradición, su propia cadena de ejemplos y magisterios, y este esfuerzo es en sí mismo un acto poético, una intervención en el mundo. Puede ocurrir –y de hecho ocurre– que este esfuerzo ponga a prueba nuestra capacidad de asunción cognitiva o de mera comprensión, incluso a lo largo de toda una vida de esfuerzo. La dignidad e inteligencia vitales consiste entonces en asumir esta discapacidad en vez de darle el formato autoexculpatorio de lo incomprensible, lo hermético, lo bárbaro y despreciable. Imposible simplificarla, esencializarla, despotenciarla a través de marbetes o etiquetas reductoras. Imposible normativizarla en interés propio, mediante operaciones espurias de exclusión o ninguneo. Voces habitadas para nuestro presente y nuestro futuro.
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Heterodoxia(s). En plural. Nunca una lectura unívoca de lo poético, no podemos aceptar como obvio ni la desaparición del habla ni el habla homogeneizada. La palabra poética implica desborde, intersubjetividad, entramado conectivo, intersticio, complejidad. Y significa todo ello porque dialoga con lo humano.
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Poética(s). En plural. No hay una poética una que convierta a las demás en otras. No hay norma, no hay centro natural o tácito. Queremos (re)afirmar y defender el deseo y la probada capacidad de convivencia de poéticas diversas que han demostrado en los últimos años su resistencia a la codificación. No precisamos para construir o apuntalar una identidad la negación del Otro. No vivimos la alteridad como amenaza, sino como nutriente y condición necesaria para la construcción de nuestra posible identidad colectiva y personal.

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Hibridez y Diversidad(es). En plural. Creemos que la poesía no es mercancía, no es hija de la rentabilidad económica. Tampoco de las ideologías. La poesía es una multiplicidad de pájaros, aves raris, aves migratorias, que ponen su nido en lo alto, alejado del manoseo y voracidad de las alimañas y carroñeros. No podemos, por tanto, hablar de «una» poesía, sino de «poe-diversidad», en constante vuelo, en constante cruce, en constante mestizaje. Y no enjaulada, sino libre, puede ser del mundo, desde el mundo, con el mundo. Pero siempre «haciendo mundo».
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Pensamiento(s). En plural. Desconfiamos de los falsos dualismos (razón y emoción, realismo e irracionalismo, público y privado, naturaleza y cultura…) en los que se ha querido encerrar lo poético. Se trataría, como dice Miguel Casado, de «ampliar la noción de pensamiento, extenderla a todos los movimientos de la mente, a uno y otro lado de la conciencia, a todos los movimientos interiores del lenguaje que de modo constante nos recorren y atraviesan». En definitiva: destacar el carácter desestabilizador y genésico de la palabra poética como apertura del pensamiento.
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Realidad(es). En plural. La relación de lenguaje y realidad es compleja, porque ambas son complejas de por sí y más cuando se relacionan, influyen, comunican. Es simplista y equívoco detenerse en un estilo o propuesta, en una sola manera de abordar esa difícil exploración de la materia (humana y no humana) que llegará a ser poema.

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Subjetividad(es). En plural. Sin menoscabo de que cada uno/a pueda o quiera llevar la voz poética adonde crea conveniente. Todas las formas de enunciación tienen sentido y no seremos nosotros quienes juzguemos la pertinencia de lo que cabe o de lo que debe desaparecer.
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Emoción(es). En plural. No codificadas, no predeterminadas en un calculado ejercicio de causa- efecto practicado desde las inevitables limitaciones del poeta sino trascendidas y reveladas junto a él en un proceso que hermana escritura y lectura, que convierte al lector en agente activo y co- productor de sentido.
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Lector(es). Recepciones. Por todo lo anterior reivindicamos el respeto a la inteligencia y creatividad lectoras, a la libérrima capacidad de sorprenderse y sorprendernos de aquel que generosamente se acerca a un texto para darle vida; a su derecho inalienable de que nada ni nadie se haga garante ni faro de sus emociones, su criterio, su infinita libertad.
Así, queremos reivindicar la convivencia de poéticas, la pertinencia del debate crítico, la belleza de la pluralidad como alimento de lo creativo. Y rechazamos de manera frontal cualquier estrategia de apropiación, simplificación o reduccionismo literario.
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Y para que así conste lo firmamos en Madrid a 17 de mayo de 2011.

(lo saqué de aquí)

martes, 24 de mayo de 2011

El cumpleaños del viejo Bob, celebrándolo con una de sus canciones más tristes



Nobody feels any pain tonight as I stand inside the rain
Ev'rybody knows that baby's got new clothes
But lately I see her ribbons and her bows
Have fallen from her curls

And she fakes just like a woman
And she aches just like a woman
And she wakes just like a woman
Yeah but she breaks just like a little girl

Queen Mary, she's my friend yes, I believe I'll go see her again
Nobody has to guess that baby can't be blessed
Till she sees finally that she's like all the rest
With her fog, her amphetamine and her pearls

She fakes just like a woman
And she wakes just like a woman
And she aches just like a woman
But she breaks just like a little girl

It's was raining from the first and I was dying there of thirst
So I came in here and your long-time curse hurts
But what's worse is this pain in here
I can't stay in here ain't it clear that

I just don't fit yes, I believe it's time for us to quit
When we meet again, introduced as friends
Please don't let on that you knew me when
I was hungry and it was your world

You fake just like a woman
And you ache just like a woman
And you make love just like a woman
But you break just like a little girl

Y finges como una mujer
y te duele como una mujer
y haces el amor como una mujer
pero te quiebras como si fueses una niña....

lunes, 16 de mayo de 2011

Cuenta Regresiva de A. E. Quintero

Fame is a bee. It has a song—. It has a sting—. Ah, too, it has a wing.
(Emily Dickinson)

“Las cosas simples. / Las prácticas ordinarias. Como abrir una puerta. / Como besar unos labios pintados. / Como echar raíces azules en la cama. / O quitarse la fruta seca del día que concluye”.
Cuenta Regresiva (Era, 2011) de A. E. Quintero es un poemario que se explicita a sí mismo desde el principio en cinco versos. La voz de Quintero es una voz que se entrelaza con lo cotidiano, sea material, un refrigerador, un teléfono celular, o intangible, la vejez o el destino de la moneda ofrecida al mendigo, para ofrecer una visión diferente sobre aquello que cualquier lector también conoce. El gran mérito de este libro no es tanto la elección de los temas, o los interrogantes o afirmaciones que estos pueden desatar, sino la habilidad de fijarlos a una sensibilidad convirtiendolos, sí, en la cosa pero, también, en algo más.
“Qué mejor lugar para reunir zumbidos / que en un librero. Ahí / donde el hombre –supongo- / respeta la existencia laboriosa / de un insecto así, y no lo aplasta”.
Esa abeja que aparece, de repente, en dos poemas del libro debe, puede, ser la abeja de Emily Dickinson (“para hacer una pradera bastan un trebol y una abeja”). Esos dos poemas, extraños dentro del libro, como si fueran una serie aparte, otorgan al lector otra de las posibles claves con la que leer a Quintero, gran lector él mismo. Es el mundo natural, el habitual, el que se cuela en la biblioteca, entre los libros y el poeta, antes que preguntarse por la combinación de ambos, manifiesta su extrañeza. La abeja llega a los libros como los libros al lector por accidente parece ser la idea del primer poema que, a continuación, se niega en el segundo al proponer Quintero que “la abeja / es sólo una abeja”. Hay, pues, algo de misterioso en la combinación, en las combinaciones que ofrece este libro pero, puede que sí, puede que no, quizá bajo ellas no hay mayor misterio que el de su propio encuentro, el del lector con el libro.
“Las cosas sin importancia / buscan su turno, se dan su importancia / así, no sirviendo, / dejándonos incompletos, ausentándose en el justo momento”.
Frente a una primera lectura, rápida y superficial, que podría llevar al lector a confundir Cuenta Regresiva con un poemario mundano, en el sentido más amplio de la palabra, hay otra, de nostalgia, de pérdida, de ausencia, que va, subliminalmente casi, recorriendo todos los poemas. El mundo está ahí, podría decir el poeta, pero perfectamente podría no estarlo. De esa posibilidad van surgiendo los destellos, un verso o dos en ciertos poemas, que se atienen sobre todo a la fragilidad de lo visto, a la posibilidad de que se sea y no se sea. Porque el refrán popular “uno no se da cuenta de lo que tiene hasta que lo pierde” podría aplicarse perfectamente a estos poemas convirtiendolos ya no en meras descripciones o metáforas de algo sino en una constatación necesaria para que quede, si debe quedar algo, al menos memoria.
“No hay muebles hablando. Y decir noche / a estas alturas del verso / es decir sólo eso: / noche”.
Y es ya pasada la mitad de la, literal, Cuenta Regresiva, ya más cerca del final, cuando, como diría Gil de Biedma, “la verdad desnuda asoma”. Donde el poeta había platicado con las cosas, hermanandose, incluso con ellas, ya no queda nada y las palabras ya son “sólo eso” palabras. Como una triste constatación del poder de la poesía que se ve, como siempre, entre dos fuegos, entre la necesidad de decir y la inutilidad de hacerlo. Y Quintero, como mil poetas antes de él, como otros mil detrás de él, se une a esa constatación con una voz personalísima y bastante más profunda, en ritmo y en ideas, de lo que a primera vista pudiera parecer.
“Pero éste es un poema de amor / y tú / eres esa parte del poema que no se entiende, / que nunca queda clara”.
Y, aunque el libro termine con el citadísimo “vivir merece / decir cosas mejores”, es apenas un par de páginas antes, ya en pleno final del conteo regresivo cuando se ofrece la última pista para otra lectura de este libro. El ganador del premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes 2011 ha estado, a escondidas del lector, y quizá de sí mismo y hasta el final se percata, escribiendo un largo poema de amor, de un amor que busca, cernudianamente, decir su nombre. Y es entonces cuando los vacíos y las presencias, las conversaciones y los descubrimientos, del libro se convierten, de repente, en algo nuevo, en otro modo de mirar al mundo en una relectura a la que Cuenta Regresiva obliga.

Banda sonora
En las copas y en las mesas / refrescos bendecidos por Alá / y manjares deliciosos. / Los espíritus del bosque / que van a descubrirte la verdad, / lo que estabas esperando. (“El espíritu de la navidad”, Los Planetas).

lunes, 25 de abril de 2011

Tres poemas de Gonzalo Rojas (1917-2011)

Carta del suicida
Juro que esta mujer me ha partido los sesos,
Por que ella sale y entra como una bala loca,
Y abre mis parietales y nunca cicatriza,
Así sople el verano o el invierno,
Así viva feliz sentado sobre el triunfo
Y el estomago lleno, como un cóndor saciado,
Así padezca el látigo del hambre,
así me acueste
O me levante, y me hunda de cabeza en el día
Como una piedra bajo la corriente cambiante.

Así toque mi citara para engañarme, así
Se habrá una puerta y entren diez mujeres desnudas,
Marcadas sus espaldas con mi letra, y se arrojen
Unas sobre otras hasta consumirse.

Juro que ella perdura porque ella sale y entra
Como una bala loca,
Me sigue a donde voy y me sirve de hada.

Los cómplices
Te decía en la carta
que juntar cuatro versos
no era tener el pasaporte a la felicidad
timbrado en el bolsillo,
y otras cosas más o menos serias
como dándote a entender
que desde antiguamente soy tu cómplice
cuando bajas a los arsenales de la noche
y pones toda tu alma
y la respiración
perfectamente controlada,
por mantener en pie tus rebeliones
tus milicias secretas
a costa de ese tiempo perdido
en comerte las uñas, en mantener a raya
tus palpitaciones,
en golpearte el pecho por los malos sueños,
y no sé cuántas cosas más
que, francamente, te gastan la salud
cuando en el fondo
sabes que estoy contigo
aunque no te vea
ni tome desayuno en tu mesa
ni mi cabeza amanezca en tu pecho
como un niño con frío,
y eso no necesita escribirse.

¿Qué se ama cuando se ama?
¿Qué se ama cuando se ama, mi Dios: la luz terrible de la vida
o la luz de la muerte? ¿Qué se busca, qué se halla, qué
es eso: ¿amor? ¿Quién es? ¿La mujer con su hondura, sus rosas, sus volcanes,
o este sol colorado que es mi sangre furiosa
cuando entro en ella hasta las últimas raíces?
¿O todo es un gran juego, Dios mío, y no hay mujer
ni hay hombre sino un solo cuerpo: el tuyo,
repartido en estrellas de hermosura, en partículas fugaces
de eternidad visible?
Me muero en esto, oh Dios, en esta guerra
de ir y venir entre ellas por las calles, de no poder amar
trescientas a la vez, porque estoy condenado siempre a una,
a esa una, a esa única que me diste en el viejo paraíso.

domingo, 24 de abril de 2011

Jornadas de Poesía en Aguascalientes

Lunes 2 de mayo
12:00 hrs
Mesa de lectura
Carlos Aguilar Esparza, Sergio Martínez Medina, Cinthya Aguayo e Ilse Díaz
Casa Terán

13:00 hrs.
Lectura de poesía
Karla Acosta, Alejandro Guardado, Rosalba Abarca, Fabiola Esquivel y Moisés Ortega
Casa Terán

18:00 hrs.
Presentación editorial Cuarzo
Ricardo Castillo/ Presenta: Luis Armenta Malpica
Librería Educal

20:00 hrs.
Lectura de poesía
Jorge Fernández Granados, Arlette Luévano, Francisco Martínez Farfán y Ricardo Esquer
CIELA

Martes 3 de mayo
12:00 hrs.
Lectura de poesía
Ernesto Lumbreras, Benjamín Valdivia, Ricardo Castillo y Eduardo López
Casa Terán

18:00 hrs.
Presentación editorial Cuerpo+después
Luis Armenta Malpica (autor)/ Presentan: Benjamín Valdivia, Ernesto Lumbreras
Librería Educal

20:00 hrs.
Lectura de poesía
A.E. Quintero, Claudia Posadas, Rubén Chávez, y José Luis Justes
CIELA

Miércoles 4 de mayo
12:00 hrs.
Presentación editorial Liber Scivias,
Claudia Posadas (autora)/Presentan: Luis Armenta Malpica y Arlette Luévano
Casa Terán

13:15 hrs.
Lectura de poesía
Luis Armenta Malpica, María Rivera, Juan Pablo de Ávila y Patricia Ortiz
Casa Terán

19:00 hrs.
Ceremonia de premiación
A.E. Quintero (galardonado) y autoridades CONACULTA/INBA/ICA
Teatro Morelos

20:00 hrs.
Brindis y recital
Vestíbulo del teatro Morelos

sábado, 23 de abril de 2011

Némesis de Philip Roth

Y si este año no le dan el Nobel de literatura a Philip Roth, ¿no le pueden dar el de la paz?
(José María Justes Torres)


Tras el “fracaso” de Humillación, la última novela de Philip Roth devuelve al genio en su mejor forma. Némesis (Mondadori, 2011) es una novela en que vuelve a temas que le son queridos y en los que, reescribiendo personajes y temas, Roth parece encontrarse cómodo. Aquí vuelve a la infancia y a Newark para contar una historia sobre la epidemia de polio en esa comunidad, pero también una historia de moralidad y de lecciones ineludibles sobre la vida. Con su habitual modo de resultar moralista sin moral, mostrando simplemente los personajes y sus acciones, los aciertos y los desaciertos de estos con esa prosa contenida y nada grandilocuente que es característica del escritor judío.
“La vida es así – añadió, una frase que su abuelo decía con frecuencia-. Siempre ocurre alguna cosa extraña”.
Y en Némesis, un nombre griego que remite a la tragedia y en inglés al enemigo, Roth para explicar la vida utiliza una estructura triple. Primero, un Bucky Cantor, entrenador porque su miopía le impidió ir a la guerra, que está en el centro de la epidemia en el barrio judío de Newark, que Roth conoce tan bien. Después, una especie de intermedio, de descanso antes del “catartico” final, un momento de amor y erotismo y sensualidad en el campamento de verano al que Bucky, no huyendo de la enfermedad sino cumpliendo su obligación, se marcha junto a su prometida. Todo para terminar, al más puro estilo rothiano, con el encuentro entre el narrador, al que apenas se le nota salvo en un par de apariciones en primera persona, y el regresado Bucky que debe enfrentar las desastrosas, y nunca queridas, consecuencias de sus buenas acciones.
“-Entonces, con la voz quebrada, añadió.-: Le gustaba la vida”.
Y, como en la mayor parte de las novelas de Roth por no decir en todas, entre las acciones de los personajes, se entremezclan esas conversaciones llenas de sabiduría judía, paterna, del tipo “hay que sacrificarse y luchar para salir adelante en la vida” y materna, del tipo “trabajar, trabajar para que la siguiente generación mandé todo a volar”. En esos momentos, Roth, sus personajes, se convierte en un aforista que en apenas unas cuantas palabras describe perfectamente eso que hemos dado en llamar el sentido de la vida. Apenas, y eso como lector siempre se agradece, apenas hay frase que no tenga desperdicio. Aunque, parte de la genialidad y la marca de Roth, son no añadidos o apartes morales sino verdades de la acción de los personajes y más como cuando en esta novela se enfrentan, pagina sí y página también, con la realidad última, la muerte.
“-Haces lo correcto, una vez y otra y otra, haces lo que es debido sin cesar. Tratas de ser una persona considerada, una persona razonable, una persona complaciente, y ocurre esto. ¿Dónde está el sentido de la vida? / -No parece tener ninguno –dijo el señor Cantor:”
Pero las verdades que puedan explicar la vida, y esa parece ser la gran lección de esta novela, no tienen mayor sentido. Hagan lo que hagan los personajes, sean como Cantor obcecadamente decididos a hacer siempre lo correcto o como los despreocupados italianos que llegan a escupir a los judíos, el problema que plantea Roth es el que ha estado presente en todas sus novelas. Eso que se llama, dependiendo de quien, destino o voluntad divina, Yavhe o corección y entrega, no es en el fondo más que una cadena de acontecimientos en la que, aunque parezca que se protagonizan, no caben más que los papeles secundarios.
“Entonces Horace parecía darse por satisfecho, e iba a colocarse junto a otro de los jugadores. Todo lo que pedía a la vida era eso, que le estrecharan la mano”.
Horace, el tonto del barrio de Newark, el retrasado, es uno de esos personajes secundarios que, como siempre en Roth, se resuelven en acertadísimas pinceladas y que en sus breves apariciones sirve de contrapunto a las acciones de los protagonistas. Mientras todo Newark está preocupado por la epidemia de polio, Horace sólo busca conservar su vida de siempre, pasear, saludar, tomar helado en un verano en el que sigue llevando un grueso abrigo de lana, mientras todos parecen preocupados por la vida y la muerte, él simplemente quiere seguir viviendola. Horace es, en esta novlea de estructura teatral y shakespiriana, ese bufón que con su sola presencia alerta de otro modo de mirar las cosas, pero al que nadie hace caso y que nadie entiende sino hasta el desenlace final de la tragedia.
“Sólo soy una chica corriente que quiere ser feliz. Tú me haces feliz. Siempre me has hecho feliz. ¿Por qué ahora no?”
Y, por supuesto, otro de los temas rothianos más recurrentes, el amor, la sexualidad, su desdcubrimiento o su desaparición según el protagonista, vuelve a parecer con una fuerza que también había perdido en Humillación. En apenas tres o cuatro páginas Roth vuelve a describir, con una maestría que aunque no hubiera perdido hacía tiempo no utilizaba, un encuentro en el bosque de Cantor y su prometida que logra que el lector sonría ante semejante inocencia, inconcencia que a las pocas páginas se pierde al tener que enfrentarse a todas las circunstancias que están fuera de esos árboles y de esa isla, metafórica y real, en la que se han amado. Y Cantor, cuyo mayor problema es que siempre tiene que elegir lo más correcto, va a abandonar esa historia no por falta de amor sino por exceso de él.
“Era imposible creer que Alan yaciera dentro de aquella caja de pino sencilla y color claro por el mero hecho de haber contraído una enfermedad de verano. La caja de la que no puedes escaparte. La caja en la que un niño de doce años tenía doce años para siempre. Los demás vivimos y envejecemos cada día, pero él sigue teniendo doce años. Transcurren millones de años, y él sigue teniendo doce”.
Y, con la epidemia de polio en toda la novela, el viejo novelista, el eterno candidato al Nobel (esta novela, en lo que parace una perfecta estrategia mercadológica, salió a la venta en inglés un día después del anuncio del Nobel a Vargas Llosa) vuelve a su tema recurrente, la muerte. Y es que Roth, escriba de lo que escriba, por muy vitalista que sea, siempre encuentra esa pareja de la vida que es precisamente su ausencia. Némesis es una novela, en ese sentido doble. Por un lado, la urgencia de vivir del señor Cantor, que en las páginas finales el lector descubre que no es tanta o que no fue tanta, y por el otro los primeros muertos de Newark, niños que son, y ya nunca serán, la promesa de la tierra prometida de Estados Unidos. Némesis es una novela en la que los muertos son siempre la promesa que pudieron haber sido y ya nunca serán y los vivos son losque van pasando y, nunca mejor dicho, sobreviviendo. Por la vida, esa vida que siempre es extraña, es por encima de todo sobrevivir. Y, sobre todo, sobrevivirse a uno mismo.

“Unas veces tienes suerte y otras no.
Toda biografía está sujeta al azar y, empezando por la misma idea, el azar –la tiranía de la contingencia- lo es todo. Creo que el señor Cantor se refería al azar cuando censuraba aquello que él llamaba Dios” (Philip Roth).

Banda sonora
“Si te quieres venir / puedo pasarme a buscarte. / Si te quedas conmigo / para que pueda explicarte / lo mucho que te necesito, / aunque creo que ya lo sabes / voy a volver a decirlo. / Te quiero más que nadie, / que te sigo queriendo lo mismo / para que alivies mis males, / señora de mis abismos” (“Alegrías”, Manuel Vallejo, Jota)

domingo, 17 de abril de 2011

Henry Baum

El año era el 2020. Con la excepción de que mientras escribo esto el año es el 2008.

(Henry Baum)

The American Book of the Dead de Henry Baum (descargable gratuitamente desde su página) es una experiencia del solipsismo llevado a su máxima expresión. La última frase de la introducción, una introducción falsa, es significativa. “¿Qué opción me quedaba, en medio de la Gran Opresión –la muerte de Dios, la ciencia, el amor y el odio– que creer en mí mismo”. Lo que aún no saben ni el lector ni el autor, ni el pseudoautor es que al final a quien escribe eso no le queda más remedio que no creer en absolutamente nada. Ni siquiera en él mismo. El libro, que en ocasiones el lector lee al mismo tiempo que se está escribiendo, es un recuento de acontecimientos en los que aparecen un gobierno corporativo, un escritor casi profético, y versadísimo en las Escrituras, y, como no podía ser menos extraterrestres, o quizá no, y una buena dosis de teorías de la conspiración.

“‘Para los teóricos de las conspiraciones tengo una buena y una mala’, dijo. ‘La buena es que tienen razón. La mala es que tienen razón”.

Para el lector de The American Book of the Dead es que casi ninguna página del libro tiene razón pues apenas pasada, o un par de capítulos más adelante, se presenta una situación, un dato, un sueño que cambia todo lo supuesto hasta entonces. El problema, y lo que convierte a la novela, en una delirante fantasía sobre, precisamente la fantasía y el poder de la literatura, es Eugene Myers, un escritor de tercera fila, que acaba de descubrir que su hija se dedica al porno en internet y que su esposa está a punto de abandonarlo. Pero, ¿qué pasaría si ese mismo escritor, como en un cuento borgiano, estuviera creando lo que escribe. O, mejor dicho, lo escrito se vaya creando.

“Incluso escribí un nuevo capítulo en el que el presidente Winchell moría, pero Winchell aún estaba vivo.”

Myers está escribiendo en una novela al mismo tiempo, o quizá doce años antes, al mismo tiempo en que el presidente está a punto de declarar la tercera guerra mundial. La novela de Eugene Myers es apocalíptica al igual que sus sueños. Y ambos, de repente, comienzan a coincidir, no en sus acciones, sino en sus personajes. No es lo que pasa, sino que los personajes de los sueños del escritor se convierten en reales aunque no funcionen de modo semejante. Y el único modo de evitar, justamente, lo que está escribiendo es intervenir en la realidad, una realidad que el lector nunca tiene claro si es la “realidad”.

“‘No creo que Dios o Satán estén representados por un solo hombre’”, dijo. ‘Eso sería darle demasiado importancia a un hombre quitándoles valor a los otros’”.

La novela se lee como un “what if?” pero con uno de las partes involucradas deseando que nunca hubiera ocurrido. A Myers, escritor controlador, se les escapa todo de las manos cuando, interpretando su propios sueños, descubre que él es la única esperanza, que sólo él, abandonando lo único que le quedaba tras el hundimiento de la familia, podría, ya que nunca tiene la certeza de poder, salvar el mundo, un mundo que se pregunta una y otra vez si quiere ser salvado.

“‘Te dormiste pero no quise despertarte’, dijo. Me estudió. ‘Pareces asustado, Gene. ¿Un mal sueño?’ / ‘Una pesadilla’, le respondí.”


The American Book of the Dead. Segunda Parte

“Mi novela era mentira. Hay tres cosas de las que no hablé en la Parte I de The American Book of the Dead: la adicción a la heroína, mi salud y la disolución de mi matrimonio. Una trinidad de nuevo, como ya dije antes, o quizá es que las malas ideas llegan en tríos. Esas tres cosas eran las que estaban en cada página del libro pero o yo era muy cobarde como para mencionarlas o es que aún no habían hallado su lugar. Se puede considerar una mentira la idea que yo estaba prediciendo el futuro en mi libro. El libro mismo era una colección de medias verdades. Yo no era realmente un escritor con una familia trabajando en una novela. (…) ¿Cómo podía estar prediciendo el futuro si era tan deshonesto con el presente? La respuesta es que no podía. Yo tenía una secreta esperanza de que fuese capaz de profetizar pero algo en mí me decía que solo era capaz de intuir”.

Banda sonora

Mis canciones... son fugaces... // Cualquier amago de sinceridad, / es fruto de pura casualidad. // Mis errores... son cobardes... // Desaparece en la oscuridad, / y es síndrome de la necesidad. // ahhhhh ahhhhhh / ahhhhhhhhhhhhh. (María Rodes, “Escondite”).

miércoles, 13 de abril de 2011

T. S. Eliot


Había una puerta
Y no podía abrirla. No podía siquiera tocar el pomo.
¿Por qué no podía salir de mi prisión?
¿Qué es el infierno? El infierno es uno mismo,
Uno solo, los otros son apenas proyecciones.
No hay nada de qué escapar
Y tampoco dónde. Uno siempre está solo.

lunes, 11 de abril de 2011

D. me dice que estás bien y yo me alegro desde lejos mientras traduzco a Vera Pavlova

Si hay algo que desear,
habrá algo de que arrepentirse.
Si hay algo de que arrepentirse,
habrá algo que recordar.
Si hay algo que recordar,
no habrá nada de que arrepentirse.
Si no hubo nada de que arrepentirse,
no habrá nada que desear.

Un remedio para el insomnio
No ovejas bajando la colina
ni las grietas del techo:
cuenta a los que amaste,
a los antiguos inquilinos
de los sueños que te mantenían despierta,
a los que una vez fueron tu mundo,
a los que te acunaban en sus brazos,
a los que te amaron...
Caerás, entonces, dormida al amanecer. Llorando.

Christpher Moore

A mí, que soy judío, me resulta difícil permanecer en el momento. Sin pasado, ¿dónde está la culpa? Y, sin futuro, ¿dónde está el temor? Sin culpa ni temor, ¿quién soy?
(Christopher Moore)


A Christopher Moore los reseñistas laudatorios que llenan las solapas y las contraportadas de los libros lo han comparado con Jonathan Swift, Kurt Vonnegut, Terry Pratchet o Mark Haddon. Y, aunque no llega a la altura literaria de ninguno de ellos, comparte respectivamente, la risa dentro de las situaciones más duras o el sinsentido de lo que se considera a primera vista lógico. Y en Cordero (La Factoría de Ideas, 2010) vuelve a la carga con un libro que, aunque pudiera parecer polémico por el tema, por el protagonista, es una de las obras más divertidas que se hayan publicado últimamente.
“Creéis que sabéis cómo termina esta historia, pero no lo sabéis. Hacedme caso. Yo estuve allí. Yo sí lo sé”.
El punto de partida es muy sencillo. Desesperados en el cielo porque la gente ya no cree en los cuatro evangelios envían a un ángel, bastante torpe y adicto a las series de televisión y a las luchas, a que resucite a Leví, uno de los amigos de infancia de Jesucristo, y le obligue, encerrado en un hotel de cinco estrellas en Nueva York, a escribir un nuevo evangelio. Pero, con semejante planteamiento, y en manos de un autor nada políticamente correcto, nada sale según la teología más ortodoxa. Y más visto el modo en que Levi conoce a Joshua, así lo llama durante toda la novela, cuando teniendo ambos seis años lo ve resucitando lagartijas para que su hermanastro las pueda volver a matar.
Como Joshua tiene miles de problemas con su propio destino ya que sabe que el elegido, el mesías, pero Dios parece empeñado en no hablarle, decide partir en busca de las tres únicas personas que pueden ayudarle, los tres reyes magos, viaje que le lleva a Oriente Próximo (donde aprende el arte de dominar a los demonios), al Tibet (donde aprende meditación y concentración y compasión) y la India (donde aprende el siempre útil truco de multiplicar la comida). Mientras tanto, José, su padrastro, muere sin poder despedirse de él mientras pronuncia sus últimas palabras: “Decidle al bastardo que lo quiero”.
“-No puedo creer que no haya podido esperar a que yo emergiese. ¿Estás seguro de que era mi padre? / -Parecía él, sí. –El nuevo me miró y se encogió de hombros. En realidad, se parecía a James Earl Jones, aunque eso yo no lo sabía por entonces.”
Levi, el narrador de todo el libro, tiene, además de una obsesión por el bacón (“Si puedes anunciar la buena nueva a los gentiles, ¿no podrías levantar esas prohibiciones alimentarias?” le pregunta a su amigo), la habilidad de mezclar metáforas y comparaciones de lo más contemporáneo. Y una vez que vuelven a Judea, con Joshua ya más consciente de su misión, se encuentran con el primo Juan que está empeñado en bautizar a todos y que, en una escena bastante parecida a la del evangelio, bautiza a Joshua salvo que este está hundido cuando aparece la paloma.
“-Joshua, no tienes que sacrificarte para demostrar lo que quieres demostrar. Llevo toda la noche pensando en ello. Puedes negociar”.
Todas las aventuras de este libro, excepto el triangulo amoroso formado entre Levi enamorado de Maria Magdalena a la que siempre llaman Magda que a su vez está enamorada resignadamente del casto Joshua, son conocidas: la llamada a los doce apóstoles, entre los que se encuentra un cínico griego, curaciones, multiplicación de los panes y los peces y los últimos días de Joshua que para sacrificarse, como está escrito, tiene que luchar contra sus doce apostoles que se niegan a que vaya montando escándalos por ahí y lo encierran tras la última cena.
“Alguien tenía que hacerlo. Si no, habría seguido recordándonos lo que nosotros nunca seremos”.
Por supuesto que Cordero puede leerse como una burla de los momentos fundacionales de la religión católica, pero quedarse ahí sería quedarse bastante corto. Cordero puede leerse, en primer lugar, como una novela, es decir, una historia inventada que dándole la vuelta a situaciones conocidas propone aligerarlas, un poco al modo de “La Vida de Brian” de los Monty Python. Y, en un sentido más profundo, en una relectura quizá, también puede ser una novela que habla de cosas que suceden hoy y que apenas han cambiado desde aquellos tiempos: las conductas farisaicas, el verdadero valor de la amistad y el amor, ejemplificado aquí por Magda, que todo lo puede y que todo lo sacrifica.

Banda sonora
No voy a ningún lado, / me quedo por aquí. / Y esto que me ha pasado, / lo pienso repetir. / Un batallón armado / y cuatro jueces espontáneos. / Quiero decir que por fin / digo lo que me viene en gana, / hago lo que me da la gana. (La Bien Querida, “Me quedo por aquí”).

miércoles, 6 de abril de 2011

(…) la chica indie que robó mi corazón para luego dejarlo escondido bajo mi propia cama antes de partir.
Dejaré su nombre en el anonimato, por el bien de ella, el mío y el de todos aquellos que puedan sospechar habérsela encontrado alguna vez rebotando por sus vidas.
Ella fue mi chica indie. Y aunque nunca me necesitó, quedó registrada como ciertos tatuajes que uno esconde bajo la polera.
("ella era una chica indie", Daniel Hidalgo)

martes, 5 de abril de 2011

Harper Simon, wishes and stars


Everyone seems so certain
Everyone knows who they are
Everyone's got a mother and a father
They all seem so sure they're going far
They all got more friends than they can use

Except me 'cause I'm a fool
I'm as simple as a bee
As a melody in C
But it don't matter
There are more wishes than stars

Every guest
So pleased with themselves
They're brimming with success
Their whole life's been blessed
But it don't matter

Everyone's been on a holiday in the sun
Or they just got back from one
All they do is just have fun
They all got more friends than they can use

I'm not too certain about many things
I'm not too sure who I am
I ain't got no mother and I ain't got no father
I ain't got no girlfriend to hold my hand

I'm slow like the trees when they grow
I'm sluggish like the ocean when it moves
I'm plain like water or like rain
But I shouldn't complain cause it don't matter

There are more wishes than stars
More wishes than stars