lunes, 11 de abril de 2011

Christpher Moore

A mí, que soy judío, me resulta difícil permanecer en el momento. Sin pasado, ¿dónde está la culpa? Y, sin futuro, ¿dónde está el temor? Sin culpa ni temor, ¿quién soy?
(Christopher Moore)


A Christopher Moore los reseñistas laudatorios que llenan las solapas y las contraportadas de los libros lo han comparado con Jonathan Swift, Kurt Vonnegut, Terry Pratchet o Mark Haddon. Y, aunque no llega a la altura literaria de ninguno de ellos, comparte respectivamente, la risa dentro de las situaciones más duras o el sinsentido de lo que se considera a primera vista lógico. Y en Cordero (La Factoría de Ideas, 2010) vuelve a la carga con un libro que, aunque pudiera parecer polémico por el tema, por el protagonista, es una de las obras más divertidas que se hayan publicado últimamente.
“Creéis que sabéis cómo termina esta historia, pero no lo sabéis. Hacedme caso. Yo estuve allí. Yo sí lo sé”.
El punto de partida es muy sencillo. Desesperados en el cielo porque la gente ya no cree en los cuatro evangelios envían a un ángel, bastante torpe y adicto a las series de televisión y a las luchas, a que resucite a Leví, uno de los amigos de infancia de Jesucristo, y le obligue, encerrado en un hotel de cinco estrellas en Nueva York, a escribir un nuevo evangelio. Pero, con semejante planteamiento, y en manos de un autor nada políticamente correcto, nada sale según la teología más ortodoxa. Y más visto el modo en que Levi conoce a Joshua, así lo llama durante toda la novela, cuando teniendo ambos seis años lo ve resucitando lagartijas para que su hermanastro las pueda volver a matar.
Como Joshua tiene miles de problemas con su propio destino ya que sabe que el elegido, el mesías, pero Dios parece empeñado en no hablarle, decide partir en busca de las tres únicas personas que pueden ayudarle, los tres reyes magos, viaje que le lleva a Oriente Próximo (donde aprende el arte de dominar a los demonios), al Tibet (donde aprende meditación y concentración y compasión) y la India (donde aprende el siempre útil truco de multiplicar la comida). Mientras tanto, José, su padrastro, muere sin poder despedirse de él mientras pronuncia sus últimas palabras: “Decidle al bastardo que lo quiero”.
“-No puedo creer que no haya podido esperar a que yo emergiese. ¿Estás seguro de que era mi padre? / -Parecía él, sí. –El nuevo me miró y se encogió de hombros. En realidad, se parecía a James Earl Jones, aunque eso yo no lo sabía por entonces.”
Levi, el narrador de todo el libro, tiene, además de una obsesión por el bacón (“Si puedes anunciar la buena nueva a los gentiles, ¿no podrías levantar esas prohibiciones alimentarias?” le pregunta a su amigo), la habilidad de mezclar metáforas y comparaciones de lo más contemporáneo. Y una vez que vuelven a Judea, con Joshua ya más consciente de su misión, se encuentran con el primo Juan que está empeñado en bautizar a todos y que, en una escena bastante parecida a la del evangelio, bautiza a Joshua salvo que este está hundido cuando aparece la paloma.
“-Joshua, no tienes que sacrificarte para demostrar lo que quieres demostrar. Llevo toda la noche pensando en ello. Puedes negociar”.
Todas las aventuras de este libro, excepto el triangulo amoroso formado entre Levi enamorado de Maria Magdalena a la que siempre llaman Magda que a su vez está enamorada resignadamente del casto Joshua, son conocidas: la llamada a los doce apóstoles, entre los que se encuentra un cínico griego, curaciones, multiplicación de los panes y los peces y los últimos días de Joshua que para sacrificarse, como está escrito, tiene que luchar contra sus doce apostoles que se niegan a que vaya montando escándalos por ahí y lo encierran tras la última cena.
“Alguien tenía que hacerlo. Si no, habría seguido recordándonos lo que nosotros nunca seremos”.
Por supuesto que Cordero puede leerse como una burla de los momentos fundacionales de la religión católica, pero quedarse ahí sería quedarse bastante corto. Cordero puede leerse, en primer lugar, como una novela, es decir, una historia inventada que dándole la vuelta a situaciones conocidas propone aligerarlas, un poco al modo de “La Vida de Brian” de los Monty Python. Y, en un sentido más profundo, en una relectura quizá, también puede ser una novela que habla de cosas que suceden hoy y que apenas han cambiado desde aquellos tiempos: las conductas farisaicas, el verdadero valor de la amistad y el amor, ejemplificado aquí por Magda, que todo lo puede y que todo lo sacrifica.

Banda sonora
No voy a ningún lado, / me quedo por aquí. / Y esto que me ha pasado, / lo pienso repetir. / Un batallón armado / y cuatro jueces espontáneos. / Quiero decir que por fin / digo lo que me viene en gana, / hago lo que me da la gana. (La Bien Querida, “Me quedo por aquí”).

miércoles, 6 de abril de 2011

(…) la chica indie que robó mi corazón para luego dejarlo escondido bajo mi propia cama antes de partir.
Dejaré su nombre en el anonimato, por el bien de ella, el mío y el de todos aquellos que puedan sospechar habérsela encontrado alguna vez rebotando por sus vidas.
Ella fue mi chica indie. Y aunque nunca me necesitó, quedó registrada como ciertos tatuajes que uno esconde bajo la polera.
("ella era una chica indie", Daniel Hidalgo)

martes, 5 de abril de 2011

Harper Simon, wishes and stars


Everyone seems so certain
Everyone knows who they are
Everyone's got a mother and a father
They all seem so sure they're going far
They all got more friends than they can use

Except me 'cause I'm a fool
I'm as simple as a bee
As a melody in C
But it don't matter
There are more wishes than stars

Every guest
So pleased with themselves
They're brimming with success
Their whole life's been blessed
But it don't matter

Everyone's been on a holiday in the sun
Or they just got back from one
All they do is just have fun
They all got more friends than they can use

I'm not too certain about many things
I'm not too sure who I am
I ain't got no mother and I ain't got no father
I ain't got no girlfriend to hold my hand

I'm slow like the trees when they grow
I'm sluggish like the ocean when it moves
I'm plain like water or like rain
But I shouldn't complain cause it don't matter

There are more wishes than stars
More wishes than stars

lunes, 4 de abril de 2011

El héroe de las mil caras

Si todo va bien es gracias a Ti. / Si va mal, también es gracias a Ti.
(Canción popular hasídica)

“Las verdades contenidas en las doctrinas religiosas aparecen tan deformadas y tan sistemáticamente disfrazadas que la inmensa mayoría de los hombres no pueden reconocerlas como tales”. La afirmación de Freud, estratégicamente colocada como primera frase del prefacio, es sobre la que se construye toda la teoría y la acumulación de ejemplos de El Héroe de las mil caras. Psicoanálisis del mito de Joseph Campbell, un libro que demuestra, una vez más, y como tanto le gustaba repetir a Borges, que todas las historias son la misma. Y también desde las primeras frases deja claro Campbell que la finalidad de su libro “es descubrir algunas verdades”.
“Los esquimales de Groenlandia enumeran una marmita hirviendo, un hueso pélvico, una gran lámpara ardiente, guardianes monstruosos y dos rocas que se entrechocan y se abren”.
Y como en un viaje, nunca mejor usada la expresión, el antropólogo va siguiendo a un mismo héroe en sus encarnaciones con ejemplos que van de los chamanes de Siberia a la mitología prehispánica, del catolicismo medieval a los sueños contemporáneos, de la India a los pueblos del África más profunda. Campbell sigue, y hace que el lector siga a un héroe que siempre atraviesa los mismos peligros, que siempre tiene los mismos ayudantes y las mismas pruebas, hasta alcanzar un destino más alto, regresando a veces, a veces muriendo. Y demostrando, con fuentes y ejemplos, que es, a pesar de la diversidad de nombres y encarnaciones, uno sólo ese mismo que se presenta bajo mil rostros dando título al libro.
“De la concepción el incremento, / Del incremento el pensamiento, / Del pensamiento el recuerdo, / Del recuerdo la conciencia, / De la conciencia el deseo”
Tras unas primeras páginas en las que plantea de manera general, aunque profunda, las relaciones entre mito y sueño, entre héroe y divinidad, que van a aparecer y reaparecer a lo largo del libro, se centra en lo verdaderamente interesante para cualquier lector: la aventura del héroe. A partir de esa página el libro puede leerse como una colección anotada de cuentos folclóricos y mitologías del mundo, como, para el lector especializado en antropología, un estudio comparativo o, ara el psicoanalista como una confirmación de las teorías jungianas sobre el inconsciente colectivo. Tema este que aparece explicitado una y otra vez, cada unas cuantas páginas como para que el lector lo recuerde.
“En la oficina del psicoanalista moderno las etapas de la aventura del héroe salen a la luz de nuevo en los sueños y alucinaciones del paciente. Desaparece una profundidad tras otra de las ignorancias de sí mismo, con el analista representando el papel del ayudante”.
Alternando ambas facetas, la de recopilador y explicitador de las ideas subyacentes bajo los mitos fundacionales y la de analista contemporáneo, Campbell va llevando al lector por un mundo mágico, fantástico aunque no tanto, en el que al final se ve reflejado como en un espejo. Y todo no para explicar o racionalizar sino para demostrar, de ese modo que quien recorre el mismo viaje que el autor y el héroe no puede sino hacer suyo, que en cualquiera de esas historias están cada uno de los miembros de la raza humana.
“El Príncipe Madera y la Madre Metal reunieron luz y oscuridad y así crearon la raza humana, el hombre y la mujer. Y así gradualmente apareció el mundo…” ¿Quién no ha sabido, o sentido, que el mundo, en efecto, sólo puede crearse así?

El siempre grande Javier Marías
comienza su novela recién publicada con la siguiente frase. “La última vez que vi a Miguel Desvern o Deverne fue también la última que lo vio su mujer, Luisa, lo cual no dejó de ser extraño y quizá injusto, ya que ella era eso, su mujer, y yo era en cambio una desconocida y jamás había cruzado con él una palabra”. Y a partir de ahí Los Enamoramientos propone, no una novela más sino una novela de Marías, una de las voces más peculiares de la literatura en lengua española actual. Una novela en la que lo importante es la trama, por supuesto, pero también con el lenguaje (“lo último de lo que se debió dar cuenta fue de que lo acuchillaban por confusión y sin causa, es decir, imbécilmente, y además una y otra vez, sin salvación, no una sola, con voluntad de suprimirlo del mundo y echarlo sin dilación de la tierra, allí y entonces”) y, por supuesto, con las verdades últimas (“Tarde para qué, me pregunto. La verdad es que lo ignoro”).

Banda sonora
Me estás robando horas de sueño, / me estoy mintiendo y me lo creo, / pero como te estoy queriendo, / no tiene medida ni tiene tiempo. // Olvidarme de todo no lo contemplo. / ¿Por qué siempre me pides lo que no tengo? // Me he preguntado tantas veces, quién soy yo para ti, / y qué lugar ocupo en tu vida. / Y es que a veces te miro / y parece como que si, / pero hay otras que hubiera preferido / no fijarme nunca en ti. (La Bien Querida, “Sentido Común”).

jueves, 31 de marzo de 2011

Postdata


Y, por supuesto, la Plath. En una de sus fotos más desconocidas. Cuando todavía era feliz.

Una historia en fotografías







El Murakami, la Bishop, el Chimal, Williams Carlos Williams y la Garro con gatos.

martes, 29 de marzo de 2011

La pintura de Elizabeth Bishop

Un descubrimiento. Primero su poesía, después los cuentos. Ahora la pintura.





viernes, 25 de marzo de 2011

83 novelas de Alberto Chimal

Los mundos narrados son pequeñísimos en la página pero se amplifican en la imaginación.
(Alberto Chimal)
83 novelas, como título, sugiere una de esas viejas colecciones de clásicos en un librero a la medida o las obras completas de algún francés prolífico o de Galdós. Y, sin embargo, Alberto Chimal, extraño entre los extraños y siempre al margen de modas y modos, ha reunido bajo ese título, falaz y acertadísimo al mismo tiempo, lo prometido. Y él mismo en su visitadísima bitácora en Internet “Las Historias” explica que son novelas, novellas en su sentido más original, porque en el “italiano de hace muchos siglos: novella era una nota pequeña, una noticita, un aviso breve”.
Y hay dos cosas que son las primeras que llaman la atención en este pequeño volumen. La primera, el hecho de que estando tan de moda las etiquetas como minificción o twittelatura, y aún habiendo nacido la mayoría de los textos como tweets, Chimal se lance, con toda la razón del mundo, a titularlo novelas. La segunda, nada extraña en uno de los pioneros en el país en usar los medios electrónicos al servicio de la literatura y su difusión, es que la manera más sencilla de conseguir este libro, cuya edición impresa, preciosa y bien cuidada según las imágenes que el mismo autor comparte, es de apenas 150, sea precisamente descargándolo en las tres posibilidades que Chimal ofrece gratuitamente en su página.
“El nadador llegó veloz al borde de la alberca. No se detuvo y siguió braceando a través del concreto. Ahora continúa por tu cabeza”.
83 novelas comienza con ese nadador, discreto homenaje quizá al cuento de Cheever, quizá no, que resume perfectamente la idea detrás de los ochenta y tres textos. Acostumbrado como está el lector a que el final sea siempre ese borde de la alberca que es el punto final, Chimal propone, sin ninguna trampa y sin descuidar en ningún momento la calidad y la iluminación de los cuentos, que sea ahí donde comiencen las verdaderas historias y que continúen en la cabeza. La propuesta, aunque de planteamiento sencillo, resulta más compleja de lo que en realidad lo directo, trabajadísimo y logrado, de las novelas hace aparentar. Y en ellas, como en la Comedia Humana de Balzac, el hermano mamotreto este volumen, cabe de todo. Desde las sectas a las que Chimal ya se había dedicado al amor, de la soledad a las multitudes de hormigas jugando futbol, del catalogo Pantone a la muerte (y eso en la misma novela).
“Lisa es áspera, Alma sólo piensa en su cuerpo, Luz siempre está apagada. Y Mía no es”.
Como en mucha de la literatura breve o brevísima hay soluciones en que la propuesta está basada en el juego de palabras, en la habilidad del escritor para que la polisemia sea casi epifánica. En mucha de la literatura breve o brevísima, los autores fallan muchas más veces de las que aciertan. Y en 83 novelas, Chimal, que explicita que en su labor para cerrar este volumen tuvo que “desechar casi todos”, utiliza el recurso menos veces de lo habitual y lo hace con una maestría ante la que el lector sólo puede asombrarse. O entristecerse con ese tristísimo “Mía no es”.
“Esperó un segundo con los ojos cerrados. Los abrió: como todas las veces anteriores, el mundo volvió a existir instantáneamente”.
83 novelas es no un libro para leer, sino para releer. Un libro, a pesar de lo breve, para leer en pequeñas dosis, un par de novelas en un par de minutos o en una sentada en el Ipad durante un trayecto en taxi. 83 novelas, como los libros verdaderamente grandes, los que se quedan en el lector, es un libro que no propone un único modo de leerlo sino que deja que sea quien lo lee el que decida los modos y maneras de uso.
“Por recorte de presupuesto sólo podemos llegar al planteamiento. Disculpen las molestias”.
En 83 novelas, otro de los detalles, de esos que pasan desapercibidos pero que hay que acariciar según Nabokov, es el hecho de que el “recorte de presupuesto” se limita solamente a las palabras, a su número porque las novelas cumplen perfectamente con abarcar una realidad, no toda ni toda desde el mismo ángulo, pero la que atrapan la contiene por completo. Aunque hay que tener cuidado porque como una de las novelas, probablemente una de agentes secretos, propone “Hace un segundo estas palabras no existían. Ahora, atención: dejarán de existir en / 3, / 2, / 1,”. Dejaran de existir hasta la relectura que siempre es pronto en el caso de estas 83 novelas.

Banda sonora
No pretendo competir contigo / aunque lo parezca desde afuera. / No, que yo no quiero pelear / pero es que me cuesta evitar / sentir las ganas de matarte. / Si todo lo que quiero / es saber lo que yo quiero / y ver que dirección tomar, / no dar un paso atrás, / saber que hay algo más. ("Piensa como yo", La bien querida).

miércoles, 23 de marzo de 2011

Hoy, la bien querida



Hay cosas que hubiera preferido no saber,
Y todo lo que sabes que no quiero comprender,
pero hoy al volverte a ver,
decidí empezar a quererte otra vez.
Pero hoy, decidí, otra vez.

¿Qué será la muerte?,
me preguntaste un día,
y no te supe contestar.
Si la muerte es mirar y no verte,
que la muerte es mirar y no verte.

Podría confesarte cualquier cosa de mi vida,
fantasmas congelados que se fueron a otro lado.
Y es que hoy, al volverte a ver
decidí empezar a quererte otra vez.
Pero hoy decidí.

martes, 22 de marzo de 2011

Goodbye, Columbus (Philip Roth)

Si nos identificamos contigo, Dios mío, es porque somos carnales, y posesivos y, por consiguiente, participamos de ti. Yo soy carnal, y sé que tú lo apruebas, no me preguntes cómo pero lo sé. Pero ¿hasta dónde puedo llegar en mi carnalidad? Soy posesivo. ¿Hacia dónde oriento ahora mi posesividad? ¿Dónde coincidimos? ¿De qué eres Tú el premio?
Era una meditación ingeniosa, y de pronto me sentí como avergonzado. Me levanté y salí a la calle, y el ruido de la Quinta Avenida me recibió con una respuesta: ¿Qué premio tienes en mente, schmuck?


Nota: schmuch, en yiddish imbécil.

sábado, 19 de marzo de 2011

Tania James y Mapa de los lugares sin nombre

Echo de menos lo que éramos. Echo de menos algo que ya no existe.
(Tania James)
Para Ana Laura

Mapa de los lugares sin nombre, la primera novela de Tania James, la escritora de ascendencia india de la que Junot Díaz se deshace en elogios, cuenta, entre otras decenas y decenas de personajes la historia de Linno Vallara, la niña accidentada, en unas excelentes primeras páginas que, literalmente explotan y destellan a lo largo de toda la obra, que desarrolla con una única mano un talento singular para el dibujo, sustituto infantil para su imposibilidad de escribir una caligrafía decente con la única mano y la de Anju, su hermana pequeña, inteligente y con la obsesión de viajar a Estados Unidos. Y sobre todo, de la relación entre ambas explicada en una frase, en una sola frase, dejada caer como por azar, que la define perfectamente. Linno “quería que Anju se fuera y al mismo tiempo deseaba que fracasase. No sólo que fracasase, sino que conociera el perdurable lastre del fracaso”.
La novela, de tamaño medio pero que se deja leer perfectamente en dos o tres sentadas, es, sobre todo, una exploración de cómo las traiciones, o, al menos, el poso que estas dejan en eso que llamamos alma, continúan asediando a los personajes que, aunque no saben que el tiempo no regresa y que nadie devuelve los años de vida que se perdieron, continúan empeñados en dejarse asediar por esas “puertas de la mente aún sin explorar por las que una persona puede caer y seguir cayendo”. Continúan angustiados por explicaciones que buscan y encuentran y acomodan cada una de las hermanas a su manera, intentando responder a la pregunta de por qué la aceptación de algo debe ser igual a la derrota.
Mapa de los lugares sin nombre retrata ese momento, ni de infancia ni de madurez ni de adolescencia, que, tarde o temprano le llega a todos y en el que se asume al mismo tiempo que las personas a las que ser ama, a las que se cree amar, son espectros lejanos y, contradictoriamente, que el amor es una huella demasiado profunda como para que nada pueda borrarla ya que se dan momentos como ese en que “ni siquiera estaban casados, pero las líneas de su sonrisa ya estaban inscritas en la imaginación”. La novela de James habla de esos momentos, los decisivos en la vida, esos en los que la balanza no se inclina ni a un lado ni a otro, quizá a ambos al mismo tiempo, y en los que los personajes tienen que elegir sabiendo que, elijan lo que elijan, acabarán perdiendo, la menos, el saber qué hubiera pasado.
Tania James, como parece estar de moda últimamente en bastante de la literatura escrita en inglés y, en menor parte pero también, en la española más reciente, escribe una obra en la que cuenta lo que le pasa a los personajes, pero a través de un narrador que no puede, o no quiere, evitar ir trufando la novela de frases sentenciosas del tipo “los sueños no son los mejores lugares de los que extraer mensajes” o “la autonomía y la madurez requieren cierta distancia”. Y el efecto, aunque cansado a veces, funciona, sobre todo, en la descripción de personajes a los que logra retratar en apenas unas cuantas palabras que lo individualizan para el resto de la obra como, por ejemplo, cuando afirma de uno de ellos que “tiene un aire extraño, una especie de herida en la mirada”. Y retrata en paralelo dos de las sociedad más clasistas, en el sentido de estratificadas socialmente, que se pueden imaginar, uniéndolas en el destino de ambas hermanas: el pequeño pueblo indio de Kerala y el Nueva York de la alta sociedad, mundos que, con todas sus diferencias y con sus diferentes modos de tratar a cada una de las hermanas, no se diferencian en tanto.
Tania James, uno de los nuevo nombres de la en los últimos años cada vez más pujante y ganadora literatura india escrita en inglés, escribe una novela fácil, sin grandes hallazgos narrativos, pero que mantiene una calidad y un interés en la historia de ambas hermanas que, con giros entre sorpresivos y predecibles, hace que nunca decaiga el deseo del lector de seguir hasta que al final las dos, ¿perdonándose?, y con una Anju “convencida de que si se vuelve se encontrará con que está tan sola como siempre”, “tienden los brazos la una hacia la otra”.

Banda sonora
Se ve que no te voy / Se ve que no me vas / Se ve que en realidad solo me quieres / Como a un amigo más / Como algo de siempre // Ya ves me equivoqué / Creí que era feliz / Pensaba que yo lo tenía todo / Tantos amigos, caprichos amores locos // Tengo todo excepto a ti ("Tengo todo excepto a ti", Luis Miguel).

jueves, 17 de marzo de 2011

Para justificar una versión

"De los dos eras tú quien mejor escribía".
(Jaime Gil de Biedma, "Después de la muerte de Jaime Gil de Biedma").

miércoles, 16 de marzo de 2011

El espíritu de la escalera

Si todos somos dudosos éticamente y nadie es cien por cien bueno (cosa obvia, por otro lado), a lo mejor lo que tienes que hacer es relajarte y ser quien eres.

O apechugar con esa vida de especial "tensión moral" que has elegido.

Tienes incluso una tercera opción, aunque sea la más difícil: intentar cambiar.

Pero andar juzgando a la humanidad entera con una frase hecha... qué tontería.

martes, 15 de marzo de 2011

miércoles, 9 de marzo de 2011

Cuando no haya otra salida, canta




Y, por supuesto, Los Planetas, en "Mis problemas con la justicia":

El panorama que presentan las noticias,
las horas pasan en las manos del reloj,
en los anuncios de la prensa deportiva
y en el futuro de la única nación.

Y yo aquí sigo buscando
a quién resuelva mis problemas con la justicia,
que para mí es degradante
que mi destino esté regido por cerdos fascistas.

Y no tendría que estar hablando de estas cosas
si tú estuvieras esta noche por aquí.
Se terminó mi presupuesto para drogas
y ha terminado lo que tengo que decir.

Y yo aquí sigo buscando
a quién resuelva mis problemas con la justicia,
que para mí es degradante
que mi destino esté regido por estos cerdos fascistas.