lunes 23 de noviembre de 2009

Dios existe y los planetas también...

y hoy salió su nuevo EP a la venta.
Más flamenco lisérgico en homenaje al gran Manolo Caracol.
Aquí.

sábado 21 de noviembre de 2009

De A., como siempre


Como sabrás, mi apellido ya no es Persons sino Capote, y me gustaría que en el futuro te dirigieras a mí como Truman Capote, ya que todo el mundo me llama así.

(de T. C. a Arch Persons)


Escribir una reseña sobre el autor de A Sangre Fría tiene, siempre, una garantía de éxito que el propio escritor asumió: "No me importa lo que digan de mí mientras que sea falso". Además incluso aquellos que no lo han leído saben de su existencia gracias al cine ya sea, dependiendo sobre todo de la edad, de la inolvidable Desayuno en Tiffany's con esa actriz angelical y hermosísima o de la más reciente Capote. Un Placer Fugaz, hermoso título, es la suma completa de la correspondencia ("que no ha pasado por ningún lavado de cara editorial") por Truman Capote a lo largo de toda su vida desde la adolescencia. De hecho, en ella comienza su plena conciencia de sí mismo, una característica peculiar, precisamente con la carta que encabeza estas líneas.

En Un Placer fugaz se encuentran en toda su plenitud las cuatro facetas que el escritor afirmó de sí mismo: "Soy alcohólico, Soy drogadicto, Soy homosexual, Soy un genio", aunque no necesariamente en ese orden ni con esa importancia.

Como la mayoría de los grandes autores, cada una de sus líneas, cada una de sus afirmaciones, y más en el caso no de escritura de ficción sino de correspondencia personal, refleja al autor. Incluso cuando habla de otros. "Cecil Beaton, que no está ligado a ninguna editorial, ha preparado un libro enorme con fragmentos de sus diarios; lo he leído y es muy indiscreto, muy divertido conmovedor a veces, e implacablemente sincero: no se salva nadie, ni él mismo". Esas mismas palabras, a las que sólo (o "solo" según las nuevas normas de la Real Academia Española) haría falta cambiarles el nombre, resumen perfectamente el estilo y tono de la mayoría de las cartas a las que Capote era, podría decirse, adicto a escribir. Y, según parece por muchos de los primeros párrafos, sobre todo, a recibir.

En las cartas se descubre a un Capote que se deja arrastrar por la belleza de la vida que le sorprende, casi siempre, a mitad de sus viajes, en cada lugar nuevo que encuentra, reencuentra o descubre. "Está anocheciendo. Por Dios, París es precioso a esta hora. Una luz de un azul irisado ilumina la calle, esas delicadas farolas rosas empiezan a florecer en el Étoile, y hay un grupo de niños que van arriba y abajo por el quai cantando 'La vie en rose'. Enloquecería de alegría si además estuviéramos todos juntos".

Y, en alguien tan radicalmente sexual como el escritor del inolvidable "Una Guitara de Diamantes", uno de sus cuentos más perfectos, no podían faltar las referencias más que explícitas a una desbordada apetencia sexual. "Aquí, en las islas, los hombres bailan siempre juntos, nunca verás a una mujer en las tabernas. Pero todo es muy inocente, o eso me parece. Pero en Atenas… no se puede andar más de una manzana sin que se te arrimen diez veces. No exagero. Hay una librería, justo en la plaza de la Constitución que está especializada en fotografías y literatura de un género en particular. Salí con la mochila llena, y ya te lo pasaré, sobre todo un volumen titulado The Sexual Life of Robinson Crusoe".

Un placer fugaz es, principalmente, eso, un placer, que a pesar de las más de seiscientas páginas, asoma al lector a la vida de relación de Capote con editores, amigos y amantes hasta la brevísima, y acertadamente, última carta, en realidad un telegrama: "te echo de menos dime cuándo llegas Besos Truman". Un Truman Capote que parece, de hecho, despedirse no sólo de Jack Dunphy y la vida sino también del lector.


De Desayuno en Tiffany's

"No soy Holly, (…) no sé quién soy. Soy como este gato, somos un par de infelices sin nombre, no pertenecemos a nadie ni nadie nos pertenece, ni siquiera el uno al otro".

"¿Sabes lo que te pasa? No tienes valor, tienes miedo, miedo de enfrentarte contigo misma y decir está bien, la vida es una realidad, las personas se pertenecen las unas a las otras porque es la única forma de conseguir la verdadera felicidad. Tú te consideras un espíritu libre, un ser salvaje y te asusta la idea de que alguien pueda meterte en una jaula. Bueno, nena, ya estás en una jaula, tú misma la has construido y en ella seguirás vayas a donde vayas, porque no importa donde huyas, siempre acabarás tropezando contigo misma"


Un poema de Antonio Gamoneda

Todos los días salgo de la cama / y digo adiós a mi compañera. / Vena: cuando me pongo los pantalones, / me quito la / libertad. // Cuando llega la noche, otra vez / vuelvo a la cama y duermo. / A veces sueño que me llevan con las manos atadas, / pero entonces me despierto y siento la oscuridad, / y, con el mismo valor, el cuerpo de mi mujer y el mío. ("Libertad en la cama").


Banda sonora

Los cuchillos que vienen en esta baraja / te permiten jugar con amplitud. / Nunca temas las distancias, / la rueda más ancha es más eficaz. // De lo que tengo miedo / es de tu miedo a que lo veas todo igual / o a que todo te sea indiferente. ("Baraja de cuchillos", Joe Crepúsculo, Manos de Topo y La Bienquerida).

martes 17 de noviembre de 2009

Pellicer

Gran poeta, Pellicer nos enseñó a mirar el mundo con otros ojos y al hacerlo modificó la poesía mexicana. Su obra, toda una poesía con su pluralidad de géneros, se resuelve en una luminosa metáfora, en una interminable alabanza del mundo: Pellicer es el mismo de principio a fin.

(Octavio Paz)


 

Hay poetas, autores y libros a los que se regresa por accidente, por, como dice la expresión popular, un feliz accidente. A Material Poético 1918/1961 de Carlos Pellicer sólo se puede acceder por un golpe de suerte en una librería de viejo, ya hay una más en esta ciudad, o porque un amigo decide, en lugar de quedárselo, regalarlo a un amante de los libros, que todavía existen como propone Mauricio Salvador en el número más reciente de la revista Tierra Adentro.

Material Poético que recopila casi, casi toda la producción del poeta es una edición hermosa, de gran formato y tipo también grande, en tapa dura y lomo elegante, publicada en 1962 por la UNAM. Su título dice bastante de la relación que mantenía Pellicer con su propia poesía. El poema no es al final sino un cierto material, hecho de palabras, al que darle forma y que nada tiene que ver con el verdadero material: el mar, la montaña, el paisaje del trópico, el nacimiento, temas que aparecen una vez y otra a los largo de estas un poco más de estas seiscientas páginas.

Hablar de Pellicer es siempre tener que enfrentarse a un poeta que ha pasado, principalmente en los libros de textos y en los resúmenes de lectura hechos a toda prisa, como un poeta simple que se limita a cantar aquello que tiene delante, un paisajista en el peor sentido de la palabra. Leer a Pellicer, reencontrarse con él, en toda la diversidad de su obra poética, es una experiencia de descubrimiento página tras página, demostrando facetas, muchas, que a primera vista pueden pasar desapercibidas, como por ejemplo ese hermandad con alguien tan "diferente" a él, aunque coincidentes ambos en la verdadera misión poética como es Brodsky con el que coincide en los poemas navideños.

Valgan apenas tres ejemplos de entre los muchos que podrían proponerse.

"En medio de la dicha de mi vida / deténgome a decir que el mundo es bueno / por la divina sangre de la herida". Esos son los tres versos que abren su poesía completa y lo colocan en una tradición de sus contemporáneos, una especie de internacional poética del optimismo, acercándolo a otro poeta que parecería alejado a él como es Claudio Guillén, uno de los desconocidos de la tradición española. Para Pellicer, cantar en verso es también cantar lo bueno del mundo.

"4, 5, 6, 7 poemas / para estas aguas de nadadora coloración, / para los finos cambios que las montañas sesgan, / los soles corridos y el aire del sol". Son los poemas de Pellicer, al modo que han impuesto primero a la vista y después a la escritura, no simples descripciones del paisaje sino, como afirman estos versos, diferentes versiones, seis o siete poemas se titulan con "junio", afirmaciones de los diferentes cambios a los que se somete una misma realidad que, observada en diferentes momentos, cambia ante los ojos poeta y del lector.

"Sólo por ti estoy despierto / en esta media noche / de mi desencanto universal". Son estos tres versos un resumen perfecto de la idea de Carlos Pellicer de la poesía ya que es la suya y la de cualquier verdadero poeta, parece, el único medio de mantenerse en vela, es decir sentidos abiertos al mundo, en medio de, sobre todo, el ajetreo y la manifiesta maldad del mundo.


 

Dicen del poeta

"Pellicer inaugura de este modo un tono épico, una voz potente y que abunda en la cantidad, que incide en la magnitud cuantitativa hasta prácticamente la exageración, una exageración que los melifluos Contemporáneos supieron, sin embargo, celebrar. Torres Bodet considera que su verdadera vocación sería la epopeya, que es cantor de montes y de cascadas, que su abundancia verbal resulta un lujo y que vive la fiebre en tanto su temperatura normal. Gorostiza lo saludaba como el poeta que en realidad es dos. Y él parece aceptar esas definiciones mejor que ninguna otra, cuando se califica a sí mismo de tropical insobornable, poeta irremediable del desorden.

Probablemente la empresa a la que se destina está por encima de sus fuerzas —Octavio Paz afirma que su producción exige una buena poda—, pero la empresa en sí ya es magnífica, interesante, poética e injustamente olvidada por quienes creen todavía a Neruda el exclusivo inventor de las cumbres andinas y el descubridor singular de la esencia americana. Antes de él, Carlos Pellicer ya andaba cantando la maravilla del verde sin límites". (Esperanza López Parada en Letras Libres España).

"Como Walt Whitman, Pellicer fue cantor de las Américas y, en paralelo, rapsoda de sí mismo. En aquella amplitud estriba su urgente novedad: ensanchamiento lírico frente al dolor, prudencia épica frente al arrebato. Paisaje en claroscuro como único espacio de mediación posible para la poesía". (Hernán Bravo Varela en Letras Libres México).


 

Banda sonora

Sé que nadie me entenderá / cuando me encierre solo en mi habitación / y haga los planes para que mi ciudad viva una nueva explosión. // Sé que el mundo va mal, / pero por eso no voy a pagar, / así que ya no queda nada de qué hablar. ("Luces rojas", Los Flechazos)

lunes 9 de noviembre de 2009

Alice Sebold y un par de comentarios

Casi. // No exactamente. // Os deseo a todos una vida larga y feliz.

(Alice Sebold)


 

"Me llamo Salmon, como el pez; de nombre, Susie. Tenía catorce años cuando me asesinaron, el 6 de diciembre de 1973".

Si resumir en un par de frases cualquier novela además de imposible es un intento inútil, hacerlo con Desde mi cielo (Mondadori, 2002; en el original The Lovely Bones) de Alice Sebold es además dejar fuera esa parte de la literatura que siempre es intransmitible, la sensación que convoca en el adentro del lector. Escribir que esta novela es sobre una niña violada y muerta sería convertirla en algo sensacionalista, escribir que es sobre alguien que desde el Cielo, así con mayúsculas, observa como la vida se desenvuelve sin ella sería proponerlo como un libro sentimentaloide, escribir que es una novela policiaca en la que se busca a un violador de niñas, sería hacerle perder demasiado, escribir que es un libro "realista" sería, directamente una gran mentira. Desde mi cielo es todo eso y, sobre todo, una pequeña gran obra, una de esas que sin llegar a ganar el adjetivo de "maestra" asegura un espacio en el corazón y la mente del lector.

"La verdad era muy distinta de lo que nos enseñaban en el colegio. La verdad era que la línea divisoria entre los vivos y los muertos podía ser, por lo visto, turbia y borrosa."

La gran ventaja de Desde el cielo, de la mano entrenada de Alice Sebold después de su escalofriante relato autobiográfico Afortunada, es que los momentos más íntimos del libro encuentran siempre su contraparte en un cielo que no lo es exactamente y un mundo real que intenta olvidarse de Susie. El funeral está contrapunteado con la llegada de la abuela avagadneriana y el primer beso de la hermana, la revelación repentina del asesino a los padres con un extraño campamento en el jardín trasero y las escenas del cielo como espacios exclusivos en que cada uno construye lo que pudo haber sido. Como afirma uno de los críticos de este libro, el material de Desde mi cielo en otras manos la novel se hubiera convertido en un manual de autoayuda y frases fáciles, en las de Sebold, un constante recordatorio de lo complicado que es vivir (y, por supuesto, morir).

"-Anoche entró y me besó en la mejilla –dijo Buckley. / -No lo hizo. / -Sí lo hizo. / -¿En serio? / -Sí. / -¿Se lo has dicho a tu madre? / -Es un secreto –dijo Buckley-. Susie me ha dicho que aún no está preparada para hablar con ellos." Susie Salmon es un fantasma en el sentido de las historias más clásicas, es decir alguien que está atrapado entre los dos mundos, el aquí y el allá. Pero Desde el cielo no es para nada una historia de seres que se aparecen sino uno novela sobre cómo la vida debe continuar aún con los sucesos más trágicos, de cómo todo se acaba por olvidar y, sobre todo, de las pequeñeces de que está compuesta la vida cotidiana que no termina en ese cielo del que, afirma Susie "me gustaría deciros que esto es bonito, que aquí estoy a salvo para siempre, como algún día lo estaréis vosotros. Pero en este cielo no existe el concepto de seguridad, del mismo modo que no existe la cruda realidad."

Y, después de Desde mi cielo, el lector puede ir a su más reciente novela (Casi la luna, Mondadori, 2008) que transcurre en sólo veinticuatro horas y, como parece ser habitual en la Sebold, tiene un tema macabro, el asesinato de una madre por su hija, y una primera frase que obliga a seguir leyendo: "Cuando ya se ha hecho y se ha dicho todo, matar a mi madre fue cosa fácil".


 

Una verdad sobre la crítica

"La vida de un crítico es sencilla en muchos aspectos, arriesgamos poco y tenemos poder sobre aquellos que ofrecen su trabajo y su servicio a nuestro juicio, prosperamos con las críticas negativas, divertidas de escribir y de leer. Pero la triste verdad que debemos afrontar es que, en el gran orden de las cosas, cualquier basura tiene más significado que lo que deja ver nuestra crítica." (Anton Ego)


 

Una corrección borgeana

"En lugar de llamarme Jorge Luis Borges, muchas veces me llamaron José Luis Borges, y yo me di cuenta de que eso no era una equivocación sino una corrección. Porque Jorge Luis Borges es muy duro. ¿Por qué repetir un sonido tan feo como orge? Creo que no urge repetir el orge ¿no? […] Creo que a la larga voy a figurar en la literatura como José Luis Borges".


 

Banda sonora

Ya son veinte versiones de la misma historia, / distinto principio y distinto final. / Versión extendida, la del director, / la tuya y la mía, sé también la verdad. // Si te llamo no coges, si coges te enfadas, / Meses sin volver a hablar. / Borrón y cuenta nueva, / nos vemos las caras en un nuevo abrazo. // A decir la verdad, / nada más que la verdad, / la verdad, toda la verdad. ("20 versiones", Lagartija Nick)

miércoles 4 de noviembre de 2009

Un crítico de cocina

La vida de un crítico es sencilla en muchos aspectos, arriesgamos poco y tenemos poder sobre aquellos que ofrecen su trabajo y su servicio a nuestro juicio, prosperamos con las críticas negativas, divertidas de escribir y de leer. Pero la triste verdad que debemos afrontar es que, en el gran orden de las cosas, cualquier basura tiene más significado que lo que deja ver nuestra crítica.

Pero en ocasiones el crítico se arriesga cada vez que descubre algo nuevo.

El mundo suele ser cruel con el nuevo talento, las nuevas creaciones.

Lo nuevo necesita amigos.

Anoche experimenté algo nuevo, una extraordinaria cena de una fuente singular e inesperada, decir sólo que la comida y su creador han desafiado mis prejuicios ante la buena cocina que subestimaría la realidad.

Me han tocado en lo más profundo.

En el pasado jamás oculté mi desdén por el famoso lema del chef Gusteau's 'Cualquiera puede cocinar', pero al fin me doy cuenta de lo que quiso decir en realidad. No cualquiera puede convertirse en un gran artista, pero un gran artista puede provenir de cualquier lado.

Es difícil imaginar un origen más humilde que el del genio que ahora cocina en el restaurante Gusteau's y quién en opinión de este crítico es nada menos que el mejor chef de Francia.

Pronto volveré a Gusteau's hambriento.


 

martes 3 de noviembre de 2009

Tres interesantes

  1. El nuevo cuento de Stephen King en el New Yorker con un primer párrafo "escalofriantemente" realista:

    They've been married for ten years and for a long time everything was O.K.—swell—but now they argue. Now they argue quite a lot. It's really all the same argument. It has circularity. It is, Ray thinks, like a dog track. When they argue, they're like greyhounds chasing the mechanical rabbit. You go past the same scenery time after time, but you don't see it. You see the rabbit.

    El resto, aquí.

  2. Y en el número de aniversario (totalmente disponible en red, en contra de su habitual "unos pocos artículos y ningún poema") de la London Review of Books con un poema de John Ashbery y
  3. Una reseña sobre nueve tipos de hipocondría con una primer párrafo desternillantemente british.

Francisco Hernández

Escribir no es búsqueda. / Es impertinencia o la invención de un mapa / o simplemente el impulso / de una mente compleja / por desconectarse lo más pronto posible / de los días que lamentablemente proliferan.

(Francisco Hernández)


 

En estos tiempos en que, a pesar de Internet o por ella, se cumple el precepto zaidiano de "los demasiados libros" es difícil hallar uno que a la primera atrape al lector con el fervor de un texto al que volver una vez y otra. Y si resulta difícil con ensayos, novelas y volúmenes de cuentos o de varia intención, aún lo es más en el caso de la poesía. La Isla de las Breves Ausencias (Almadia, 2009) de Francisco Hernández representa una de las apuestas más seguras para que quien se acerque se sienta atraído y conmovido por una escritura que, dentro de lo directo y sencillo de sus afirmaciones, esconde, y al mismo tiempo trasluce, un fondo de radical humanidad.


 

Francisco Hernández, poeta de la obsesión

"Así pues, mora en ti como una isla, / en ti como en un refugio sin otro refugio; / con el Dahamma por isla y con el Dahamma / por refugio sin ningún otro refugio", así abre, como epígrafe, Digha Nikaya, La Isla de las Breves Ausencias. Bajo semejante advocación, los poemas, ¿en prosa?, ¿versículos?, presentan una isla, no man is an island, desde donde el protagonista de los poemas, ¿la voz del autor?, ¿una persona interpuesta?, ¿el propio Robinson Defoe observándose en conciencia?, se enfrenta con dos realidades radicalmente diferentes: las islas que observa, descritas cada una en su personalidad propia, el afuera, y el obelisco que reaparece una vez y otra, con frases y graffitis en cada cara. Es, en definitiva, un poemario que, como la mayoría de la veces en la poesía de Hernández, presenta una doble faceta, la del mundo y la de la interiorización del mundo, la de la memoria y la del presente, la de la muerte y como contraparte o complemento la vida en toda su extensión, sentido este último resumido en el hermoso poema final: "La muerte es una isla, pensé. / Una isla idéntica a un cementerio. / Alrededor de ella flotamos algún tiempo y a eso llamamos vida".

Como en libros anteriores Francisco Hernández, se sirve de un personaje, literario o artístico como ya había hecho como Robert Schumann, Friedich Hölderlin, que acabó loco a pesar de la lucidez de su cuestionamiento, tan actual, sobre la utilidad de los poetas en tiempos de miseria, y Georg Trakl, para encontrar una voz totalmente personal, probablemente una de las más individuales de la poesía contemporánea mexicana. "Lo distingo a lo lejos. / Es Robinson Defoe en su Isla, con su sombrilla, su arma, su perro y un pájaro que no deja de hablar. / (…) Después cae de bruces sobre su infancia de 290 años", confundiendo a personaje y escritor ofreciendo, tal vez, una clave de lectura para las páginas no sólo de La Isla sino de su obra.

"El escupitajo es una isla. Y un continente. / Y un balazo en el pecho del camino", dice en otro de los poemas confirmando que la escritura de Hernández es dramáticamente verdadera; es decir, que enfrenta su propia voz, y por ende al lector, con unos poemas en que la existencia es, aunque de claroscuros, más oscura e indescifrable que clara y cantable. O lo que es lo mismo, un espejo impecable de esa vida que en este caso no sucede en otro lado sino en los poemas.

La escritura de Francisco Hernández, y La Isla de las Breves Ausencias lo confirma de nuevo, es de un carácter Uno de los poemas centrales del poemario describe precisamente la sensación de agobio que invade al escritor condenado a la escritura, como vocación no sólo profesional o pecuniaria sino enraizada en la más íntima raigambre de su ser. "Anoto en el obelisco con un pedazo de tiza: // "¿Vale la pena seguir viviendo si no puedo escribir? / ¿Vale la pena seguir escribiendo si no puedo vivir?", una declaración que no es sino la pregunta rilkeana otra vez, esa necesidad compulsiva de vivir y de escribir, oficios ambos en los que Hernández da una lección de maestría.


 

Un poema de Hernández

"No me guardes en tu imaginación. / No me pienses. / Tus ojos están llenos de espléndida ponzoña. / No me mires./ Que mi saliva te inunde la garganta. / No me asfixies. / Deja de agusanar mi mente confundida. / No me pudras. / Guarda mis incisivos en una caja de plata / pero no te arrodilles ante sus resplandores. / No me reces. / Que mis ropajes no sirvan de velamen / a los navíos sin patria. / No me rasgues. / Que mis coágulos no vivan en tus uñas / ni en los nudillos que derriban templos. / No me maldigas. / En la herida la sal halle su suerte." ("Palabras de la griega")


 

Banda sonora

Visc a una illa deserta / i a un desert aïllat de tot, / som en Robinson Crusoe / i es meu salvavides és es teu amor. // Me sé tots els racons / d'aquesta habitació / i tots els ascensors / d'aquest hotel. ("Hotel Occidental", Antonia Font).

sábado 24 de octubre de 2009

El Celta Miserable y Michaux

A de Quincey con su opio y huestes de asesinos / a Mateo y Marcos que buscaban la primicia / al verbo de San Juan / a Shakespeare met the night mare
(Mijail Lamas)
En “El Celta Miserable” hay unas cuantas plaquettes que destacan sobre las demás y que merecen bastantes más palabras aparte de los elogios colectivos a la labor de la editorial Pasto Verde. Leer la colección entera es como leer una antología, con un criterio absolutamente personal, lo que en sí mismo no es malo, de lo que se está haciendo en el país.
Un recuento parcial de los incendios de Mijail Lamas esconde, tras su significativo título, una selección de poemas combinando, al final del delgado volumen, inéditos con poemas ya publicados. Con este “recuento parcial” el joven Lamas presenta una de las escrituras más vitales de las actuales en la que conjuga una rara perfección formal con temas absolutamente contemporáneos, una necesidad vital de, como dice él mismo, establecer “una enumeración de cosas que se olvidan / o que se van rodando”.
Como viene siendo habitual en su poesía, en Umbral a la indolencia Roxana Elvridge-Thomas presenta unos poemas de ritmo trabajadísimo y que, precisamente por ello, resultan sencillos para encontrarse con el lector y que, desde los primeros versos, establecen una empatía que se puede leer de multiples modos, desde el vital hasta el de auto reflexión sobre el propio modo de escritura. Dice: “Si logras que un gato te mire a los ojos / y miras muy fijo en los suyos / y sientes que el oscuro ronroneo / pasa a tu cuerpo”.
Dos poetas de matices diferentes proponen también en las apenas veinte páginas antologías personales. Ni tarde ni temprano de Alvaro Solís recoge un puñado de poemas que demuestran una voluntad necesaria de integrarse dentro de la traducción siempre renovada de la escritura mexicana que en este caso convive con los otros textos a través de epígrafes y referencias dentro del texto, mientras que La luz de otras mañanas de Feliz Suárez ocupa su “antología breve” en proponer dentro de su obra una lectura que esté profundamente marcada por dos de los temas más eternos en la poesía: el amor y al extrañeza ante la muerte.
Aquello que sucede cuando en aliento llegas en la noche estrellada de los versos de Armando Alanis Pulido continúa con su, casi siempre, costumbre de títulos largos y radicalmente descriptivos mientras que el interior reúne un conjunto de poemas, breves, brevísimos ya que algunos apenan alcanzan los tres versos, que en su concentración y en su escogido vocabulario presentan imágenes y aserciones que quedan bastante tiempo en la memoria del lector como en, por citar uno de los versos, “es dócil este siglo en que coincidimos y el rotar con sutileza se nos da”.
Poemas de Kenia Cano propone, tras el sencillo –y, precisamente, por ello significativo- título una poesía fuertemente enraizada en la posmodernidad y en una construcción-destrucción del lenguaje que convierte a la página
En Ebriedad de Dios, Luis Armenta Malpica ofrece al lector una relectura de un poemario antiguo, como un modo no de reescritura sino de observación, de un releer, o leer por vez primera unos versos que se amparan de modo acertadísimo bajo el epígrafe de Silvia Tomasa Rivera (“las manzanas son agrias y el vino se fermenta en el estómago”) y los propios versos primeros que proponen “esa tristeza lenta del recuerdo / [que] se nos va desdoblando por la cara”.
Trasdía de Jair Cortés ofrece uno de los poemas (“Missing”) más estremecedoramente sencillos, de esa sencillez profunda que dice mucho más, de los últimos años y que termina diciendo que el propio poeta estás “alzando ya la voz / en espera de verme / llegar por otro lado / con muy buenas noticias”.
Estigma del verso de Stephanie Alcantar, una de las sorpresas más gratas de la colección, por el descubrimiento, entrega a una de las autoras más jóvenes de los representados con una escritura que, aunque todavía fresca, es de esas que “sucede que al encontrarme aquí / descubro un color de la vida que pocos ven / pero cómo mancha”; o sea, la misma escritura.

Dos fragmentos de Michaux
“Les escribo de un país en otro tiempo claro. Les escribo del país del manto y la sombra. Vivimos desde hace mucho, vivimos en la Torre del pabellón a media asta. ¡Ah, verano! Verano envenenado. Y desde entonces el mismo día siempre, el día del recuerdo incustrado...// El pez fuera del agua piensa en el agua todo lo que puede. Todo lo que puede, ¿no es natural? En lo alto de una cuesta se recibe una lanzada de pica. En seguida, toda una vida cambia. Un instante echa abajo la puerta del Templo”.
“La unión del yo y el vino es un poema. La unión del yo y la mujer es un poema. La unión del cielo y la tierra es un poema pero el poema que nosotros hemos oído ha paralizado nuestro entendimiento.” (“La Carta”).

Banda sonora
La fronda se ve tan hermosa durante el estío, / a veces quisiera emular a Rubén Darío, / pero no aspiro al premio Nadal / sino a escapar del guarda forestal. // Si yo fuera un poeta, haría aquí mi obra cumbre, / pero soy un pirómano y prefiero hacer lumbre (“Si yo fuera poeta”, Un pingüino en mi ascensor).

viernes 23 de octubre de 2009

Elizabeth Jennings

MUDANZA
Pronto estará de nuevo la casa llena,
Se habrán llevado nuestras cajas,
Desnudos están los muros, dejamos
Apenas rectángulos donde los cuadros.
Se asienta el polvo y campa ahora
Por los lugares en que nos movíamos.

Y aunque nos alegra marcharnos
Queremos dejar un rastro tras nosotros,
Algo no tan poderoso como un fantasma
Pero que cierta parte de nosotros les recuerde
A los nuevos inquilinos a los que no conocemos
Que no se resigna la vieja casa

Ni al viento ni al polvo ni al espacio
Vacío donde estaban los muebles.
Queremos embellecer viejos estantes
Y asustar a los nuevos propietarios
Y olvidamos que se alegrarán,
Al encontrar en los estantes rastros
De nuestro propio pasado, ya que temen,
Como nosotros, un espacio sin inquilino.

Moving House
Soon the house will be filled again,
Our boxes have been carried off,
The walls are bare, we only leave
White patches where our pictures hung.
Dust settles widely now among
The places where we used to move.

And though we are most glad to go
We want to leave some hint behind,
Nothing so powerful as a ghost
But some part of us to remind
New tenants whom we do not know
That the old house is not resigned

To wind and dust and spaces cut
Clean where our furniture was put.
We want to flourish our old selves
And frighten the new owners, but
We quite forget they will be glad
To find some trace upon the shelves
Of our own past, that what they dread,
Like us, is space untenanted.

jueves 22 de octubre de 2009

Os deseo a todos una vida larga y feliz

(Alice Sebold, Desde mi cielo).

Aunque las dos frase anteriores sean
Casi.
No exactamente.

lunes 19 de octubre de 2009

El celta miserable, Guadalupe Ríos y por qué importa la poesía

Lo demás nos tiene sin el menor cuidado, es decir, nos importa que sean leídos, no más.
(Mario Islasáinz)

La entrada en el blog que mantiene la editorial para presentar su última colección es bastante claro en sus propósitos: “Esta colección del Celta Miserable sólo tiene ( inmersos obligadamente en este mundito que se vive al revés ), el propósito de cumplir sueños de locos para convertirlos en realidad, reunir publicando uno a una a los y las cincuenta poetas que a nuestra consideración están, han estado y estarán sin temor a equivocarnos, trabajando a lo largo y ancho de nuestro país y más allá arduamente por y con la poesía, y sus poemas así lo demuestran, lo demás nos tiene sin el menor cuidado, es decir, nos importa que sean leídos, no más. De ahí que a 18 años de haber surgido en esta lluviosa y surreal Orizaba, Veracruz, la Editorial Letras de Pasto Verde, podemos gritar a pecho abierto sin perder un ápice de ánimo como desde los inicios: publicamos por que se nos continúan hinchando las ganas, aun y cuando ni el País y el Mundo se enderecen”.
La labor que emprendieron, conjunta y masoquistamente, Mario Islasáinz, editor, José Pulido Tinoco, y Gustavo Santiago López, diseñador gráfico y artista plástico, ha dado, a lo largo y ancho del país sus frutos. Sin intentar ser una antología, ni demostrar la salud de ninguna corriente en especial ni de ningún modo de escritura, tratan, como resulta bastante claro en sus afirmaciones-manifiestos de publicar el trabajo de aquellos poetas que cumplan con dos requisitos al menos: el trabajo actual y una cierta calidad, no sólo artística, sino de transmisión, condición ineludible de toda poesía.
En la colección, que acaba de alcanzar su número cuarenta, a sólo diez de su meta, que ojalá superen, cincuenta plaquettes de cincuenta poetas de todo el territorio, conviven por igual las voces conocidas y las voces nuevas. Entre las voces ya leídas antes, y alguna de ellas parte de la mejor poesía última mexicana, se encuentran la siempre sorprendente Roxana Elvridge-Thomas que en Umbral a la Indolencia entrega un recuento intimo de la vida con una gata, Frida, que se convierte, en realidad, en una metáfora total de la vida.
De entre los nombres que continúan con esta nueva entrega manteniendo el nivel a que tienen acostumbrado a los lectores asiduos de poesía destacan, y es poco el espacio aquí, Jair Cortés, Luis Armenta Malpica, Kenia Cano, Armando Alanís Pulido, Mijail Lamas, Félix Suárez y Alvaro Solís.

Un poema de Guadalupe Ríos
“las azoteas no son de mi generación. hablan / de otros tiempos y de otros continentes. son / resabios de lecturas de cortazar y de vallejo / esos libros ancianos en los que no me hallo. // las azoteas no eran nada para mí hasta ayer / en que me llevaste hasta una de ellas. estás / ahora en el lugar que al que llamo mi casa. / pero debes irte, dijiste, antes de madrugada // porque quiero estar sola. y sí sola he estado /siempre. con esa soledad que no puede ser.” Leído en Parteaguas donde junto a nombres conocidos siempre se encuentran sorpresas como estos versos que hablan de una voz madura, clásica y posmoderna al mismo tiempo.

Dos comentarios inteligentes
Ambos acertadamente citados en el polémico Why Poetry Matters? de Jay Parini, en cuyo título lleva la penitencia al preguntarse porque importa algo que a al noventa por ciento de la población no le importa nada.
Primero, el de Helen Vendler: “en su forma más habitual, la poesía nos ofrece la representación de una voz solitaria, única, que registra y analiza y formula y cambia su mente (… ). Aunque quien habla en la poesía esté solo, esa soledad no quiere decir que esa voz no tenga un ambiente social. Sólo quiere decir que su condiciones sociales reales están presentadas como un reflejo en la soledad y toman forma no en una interacción ‘viva’ con otras personas sino como una referencia léxica e intelectual”.
Y, en un volumen significativamente titulado, The End of the Poem, Giorgio Agamben se pregunta “¿Por qué nos importa la poesía”. Y él mismo, a renglón seguido, se responde. “Las modos en los que se puede responder a esta pregunta son presentados para ofrecer testimonio de su importancia absoluta. Todo el campo de respuestas posibles se divide claramente entre aquellas que afirman que la significación de la poesía se da cuando ésta se confunde con la vida y la que aquellas para las que el significado de la poesía sólo tiene sentido si da separada de la vida”.

Banda sonora
Tú me das lo que me gusta, /tú me das la carne cruda. / La vida es muy dura sin poderte amar, / el vino es mi cura cuando tú no estás. / Dame más, no pares nunca. // Es así, nuestra conjura, / es así, tu dulce lucha. / La temperatura, tú la haces subir, / si hay alguna duda, la despejas por mí. / Es así, como me gustas.
("Carne cruda", 091)

miércoles 14 de octubre de 2009

Dos portadas para Dolores Haze.

La ganadora del concurso.





La que a mí me hubiese gustado.

martes 13 de octubre de 2009

Un cumpleaños feliz de Ted Kooser.

Esa noche me senté junto a la ventana abierta
y leí hasta que desparareció la luz y el libro
no era más que parte de la oscuridad.
Podía haber, fácil, prendido la lámpara
pero quisé cabalgar en ese paso de la noche al día,
sentarme solo y acariciar la página ilegible
con el fantasma pálido y gris de mi mano.

A Happy Birthday
This evening, I sat by an open window
and read till the light was gone and the book
was no more than a part of the darkness.
I could easily have switched on a lamp,
but I wanted to ride this day down into night,
to sit alone and smooth the unreadable page
with the pale gray ghost of my hand.

lunes 12 de octubre de 2009

Mark Haddon y el autismo nobelistico

Los niños de mi colegio son estúpidos. Pero se supone que no he de llamarlos estúpidos, ni siquiera aunque sea eso lo que son. Se supone que he de decir que tienen dificultades de aprendizaje o que tienen necesidades especiales
(Mark Haddon)

(Un año más el Nobel resulta una sorpresa. Lo dice mejor la revista española Qué leer: un día antes de la entrega “Exactamente tal y como sucediera el año pasado con Le Clézio, Müller ha pasado en las últimas 48 horas de un 50/1 a un 7/1 en las apuestas de la casa Ladbrokes” y hoy “Se cumplieron las previsiones-filtraciones y la escritora rumano-germana se ha llevado el premio gordo de Estocolmo. ¿Qué sabemos de ella? Pues, entre otras cosas, que nació en la región transilvana de Timis en 1953, que emigró a Alemania en 1987 con su marido y que, a juicio de quienes la han leído, es una autora un tanto difícil. Por lo demás, toca visitar las librerías en busca de sus títulos, que viene editando recientemente Siruela”. Ay, la Academia Sueca).

Un autista, un perro y un misterio
“Me llamo Christopher John Francis Boone. Me sé todos los países del mundo y sus capitales y todos los números primos hasta el 7.507”.
Esa declaración de principios es casi el principio de El Curioso Incidente del Perro a Medianoche (Salamandra, 2004), una novela –el primo con necesidades especiales de Holden Caulfield- que no se sabe nunca, entre otras cosas porque el autor nunca lo dice, si está protagonizada por un niño autista o con síndrome de Asperger, un niño que tiene que enfrentarse al asesinato del perro de su vecina, a la “resurrección” de su madre y, en fin, a todo aquello que supone el mundo real.
“Yo no digo mentiras. Madre solía decir que era así porque soy una buena persona. Pero no es porque sea buena persona. Es porque no sé decir mentiras.(…) Y por eso todo lo que he escrito en este libro es verdad”.
Además de la habilidad de Mark Haddon para lograr una voz narrativa totalmente creíble (esa sobreabundancia de conjunciones copulativas, esas repeticiones casi maniáticas), lo más interesante de esta novelita, el diminutivo es por el tamaño, es que la visión que se nos presenta del mundo es cierta, totalmente cierta. Ninguno de los comentarios, ninguna de las visiones está atravesado por el cinismo que da la edad adulta, ni por el desprendimiento de la credulidad. Todo cuanto dice Christopher, que además registra obsesivamente su vida en un cuaderno, es la realidad desnuda, sin artificios.
“Muchas cosas son misterios. Pero eso no significa que no tengan una respuesta. Es sólo que los científicos no han encontrado aún la respuesta”.
El gran problema del protagonista del Incidente es que, al poseer tan sólo su habilidad matemática, bastante desarrollada, por cierto, al enfrentarse a complejidades como el divorcio de sus padres y las mentiras que desencadena o los chismorreos de los vecinos, se bloquea esperando una respuesta que no puede llegar a través de la lógica. Todo, desea, todo debe entrar dentro de un esquema que puede ser un diagrama de flujo, una ecuación de segundo grado o, simplemente un dibujo. Esas interrupciones de la trama, minúsculas, están además perfectamente incluidas dentro de esta por medio de ilustraciones que van desde un par de orangutanes al diseño de los asientos del metro de Londres o, una serie de caritas con expresiones diversas (nada que ver con emoticones).
“El señor Jeavons decía que a mí me gustaban las matemáticas porque son seguras. Decía que me gustaban las matemáticas porque consisten en resolver problemas, y esos problemas son difíciles e interesantes, pero siempre hay una respuesta sencilla al final. Y lo que quería decir era que las matemáticas no son como la vida, porque al final en la vida no hay respuestas sencillas”.
Y, aunque el lector pasa un buen momento acompañando a Christopher en sus pesquisas, la verdad es que el Incidente resulta ser un libro bastante amargo y por partida doble: primero, porque al salir del libro se acepta como dogma ese “no hay respuestas sencillas” y, segundo, porque ni siquiera olvidando todo, convirtiéndose en autistas, se puede evitar que la solución a esa ecuación de la vida sea compleja, más compleja de lo que, parafraseando al Bardo, hay en la mente de nuestros matemáticos.

Un fragmento de Eliot para la edad madura
“Habrá tiempo, habrá tiempo / para preparar un rostro que acepte los rostros que encuentres, / habrá tiempo para matar, habrá tiempo para crear / y tiempo para todas las labores y los días hábiles / que levanten y dejen caer una pregunta en tu plato; / habrá tiempo para ti y habrá tiempo para mí, / y habrá tiempo incluso para cien indecisiones, / y habrá tiempo para cien visiones y revisiones / antes de que tomemos una tostada y té”.

Banda sonora
No tienes que estar asustada, / no debes tener ningún miedo de mí, / ni de todas estas luces apagadas, / porque solamente tienes que subir. // No eres la persona equivocada, / hace tiempo ya que estoy detrás de ti, / así que usa estas alas, / sólo tienes que subir, / nada más subir. (“El coleccionista”, Los Planetas).

jueves 8 de octubre de 2009

Ella es Herta Muller


(sin comentarios)