lunes, 14 de diciembre de 2009

Herralde como antólogo

Fin de la cita y Dios salve a la Reina.

(Jorge Herralde)


 

Con esa sucinta (y tan british) frase termina la conferencia que el editor de Anagrama utiliza "a modo de posfacio" de El mejor humor inglés, una edición que se anuncia como no venal pero que se puede comprar, mientras que en su introducción propone, habiendo asumido perfectamente el understatement tan característico de la nación que "los ingleses inventaron también el fútbol: casualmente, los seleccionados aquí son once, un equipo imbatible".

Si algo ha defendido siempre el catálogo de Anagrama, entre otras muchos autores y tendencias, ha sido el descubrimiento (o redescubrimiento, en caso de los autores más viejos) de la constante producción de "humor", con comillas, inglés. Catalogo en el que no están todos los que son, pero sí, son todos los que están recopilados por uno de los mayores defensores en España de ese tipo, no tan reconocido universalmente, de motivar la sonrisa más que la risa. Catálogo del que, como ese típico cinismo británico, afirma su editor, ¡en francés!, que presupone un "embarras du choix".

De P. G. Wodehouse y Evelyn Waugh, clásicos, poco puede decirse salvo que son ya clásicos por derecho propio. Apenas alegarse que son, por derecho propio, necesarios en cualquier antología que se precie aunque sus obras maestras, las serias, no estén en Anagrama. Aunque, como lector, cualquiera hubiese elegido un fragmento, ¿pero cuál? debió preguntarse Herralde, de esa librito del que es imposible no reírse a carcajadas en cada página que es Black Mischief, acertadamente recreada en la traducción como Merienda de negros.

Las dos sorpresas, gratas ambas, de esta selección son Saki y Alan Bennet. El primero con un sorprendente cuento de Cuentos de horror y humor que demuestra ser bastante superior su más conocido y multiantologado "Los juguetes de la guerra". El segundo con un par de fragmentos que demuestran que la clase social sigue siendo, en la conservadora Inglaterra, motivo de burla, con el especialmente alucinante episodio de la Reina de Inglaterra intentando hablar con el primer ministro francés sobre André Guide o el aristócrata que consagra su vida a las salamandras.

Tom Sharpe y Wilt, del que es recomendable cualquiera de sus aventuras, Roald Dahl con ese cuanto de humor negro que ha influido hasta en el Almodovar de Matador y que tiene como protagonistas a una esposa asesina y una deliciosa pierna de cordero, y el Julian Barnes más francófilo y socarrón (aunque otro editor hubiera antalogado ese momento de El Loro de Flaubert en que para el recuento de la relación del escritor francés con los animales aparecen también las ladillas) el medio campo, por continuar con la herraldiana metáfora.

Y, para negar el refrán de que "los ingleses no tienen sexo; tienen botellas de agua caliente" Martin Amis y Ian McEwan ofrecen dos cuentos bastante explícitos: el primero sobre las matemáticas que hacen falta para que en una relación conyugal salgan las cuentas de tres punto cinco coitos a la semana, mientras que el segundo es capaz de hacer que el espectador sonría al retratar los acercameintos, y posterior triunfo, de un joven de quince años acostándose con su hermana menor.

Douglas Adams y su Guía del autoestopista galáctico proponen, ahora como en el momento de su publicación, una mirada no exenta de ironía De Nick Horby, last but not least, el humorista pop, elige Herralde un fragmento del elogio a la música rock que es "Alta Fidelidad", uno en que la compra de una colección de singles, se convierte en una puja absurda en que cuenta más la venganza que la música, en que sólo un vinilo de northern soul se salva, un canto de amor en el que gana el lector mientras sufre a poco fanático que sea.


 

Para leer de abajo hacia arriba

Es el título de un poema de Pedro Mairal: "la rosa / que es / la palabra más alta / en la última palabra / palabras que se juntan / perfume suavidad / rodeados de color rocío planta / ser pétalos y pétalos y pétalos / que puede despertarse hasta ser muchas / como explosión dormida / aparece el sonido florido de pimpollo / y en la punta más verde de la palabra tallo / dice tallo y hojitas / y sol y viento y agua / rodeado de palabras como oxígeno / y dice brote y muere y ese brote / la palabra semilla se me abre / en la noche cerrada bajo tierra / tapada bajo todo el diccionario / tengo una diminuta que es semilla / y en el medio de todas las palabras / domingo llave lápiz cable diente / palabras como frío sombra piso / tengo un silencio lleno de palabras".


 

Banda sonora

La reina de Inglaterra es un concepto, es una idea / que no me cabe en la cabeza. / La reina de Inglaterra y los nietos de la reina de Inglaterra. // ¿Cómo será Talavera de la Reina de Inglaterra? // La reina de Inglaterra y lo que los punkis han hecho con ella, / la reina de Inglaterra en un montón de camisetas, / la reina de Inglaterra y la madre de la reina de Inglaterra. // ¿Dónde estará Talavera de la Reina de Inglaterra? ("La reina de Inglaterra", Grupo de Expertos Solynieve).

martes, 8 de diciembre de 2009

Cohen y Salinger

Los niños muestran sus cicatrices como medallas. Los amantes las usan como secretos a revelar. Una cicatriz es lo que ocurre cuando el mundo se hace carne.

(Leonard Cohen)


 

El juego favorito es la primera novela de Leonard Cohen, de 1963, y apenas ha sido vertida al español en una traducción argentina que no dificulta pero tampoco ayuda. El cintillo que lo envuelve es elogioso y lanza un guiño al lector al afirmar que capta "tan bien la ansiedad juvenil como El Guardián entre el Centeno de J. D. Salinger". Y, frente a otras novelas de cantantes o poetas, pues Cohen es ambos, sale bastante bien parada.


 

El título, sin develar nada, pues apenas es un accidente en la novela, antes que una metáfora, se refiere a un juego, propio de los países fríos y nevados, en el que uno toma al otro participante en los brazos y lo hace girar hasta que cae sobre la nieve y así alternativamente hasta que gana quien logra la figura más inesperada.
Y, sólo la memoria es capaz de volver a vivir aquellos días de tantos cambios y descubrimientos hasta que al final no queda nada salvo "un adorable campo blanco de figuras semejantes a flores, con pisadas a modo de tallos".


 

Pero, sobre todo, El juego favorito es lo que se da en llamar una novela de iniciación, que combina capítulos cortísimos, de apenas una o dos páginas, en los que el tiempo parece detenerse, y los capítulos más largos en los que la acción avanza y los personajes, y el narrador, se entregan a reflexiones sobre sus propios avatares. Esta novela es una más sobre la vida de un adolescente, judío como el inolvidable Portnoy, pero, al mismo tiempo es una aguda, e interesantísima, meditación sobre lo que supone crecer, sobre el desafío de entregarse a la libertad, sobre la incomodidad que es el hecho de convertirse en adulto, bastante más difícil en los años en que transcurre la novela que ahora . Aunque, no todo debería ser perfecto en esta obra, Cohen parece encontrarse bastante más cómodo, y el lector también, escribiendo esas escenas en la que el lirismo le gana a la descripción, de esas que hacen exclamar "eso es una canción" porque es imposible poner la mente en blanco y olvidar que el autor de El juego favorito es también el de la inolvidable So long, Marianne.


 

"Exhibir una herida, las orgullosas cicatrices de un combate, es fácil". Lo difícil, sería la enseñanza de la novela si es que tiene alguna, es vivir ese combate cotidiano y al que siempre se mira con nostalgia que es el paso de la adolescencia al mundo real, un mundo que nunca es como se espera y en el que la única salvación o la memoria.


 

(BS: "Give me a Leonard Cohen afterworld / So I can sigh eternally", "Pennyroyal Tea", Nirvana).


 

Franny y Zooey

Como en la mayoría de los textos de Jerome David Salinger en estos los cuentos cortos que dan título al libro parece que no pasa nada. En el brevísimo "Franny" un joven universitario de la Ivy League espera a su novia que llega desganada y asqueada con el mundo ("El hecho de que me condicione tan horriblemente aceptar los valores ajenos y de que me guste el aplauso y que la gente se entusiasme conmigo no lo justifica. Me avergüenzo de ello. Me da náuseas. Me da náuseas no tener el valor de ser una absoluta nulidad. Tengo asco de mí misma y de todos cuantos desean causar alguna especie de sensación"), van a cenar, ella habla y habla de un libro del que no recuerda el título pero trata de un campesino ruso buscando el modo de orar a toda hora, se desmaya y termina "muy quieta, con la vista fija en el techo. Sus labios empezaron a moverse, formando palabras sin sonido, y continuaron moviéndose". "Zooey", la larga contraparte, es, tras el preámbulo con Zooey leyendo una carta de su hermano en la bañera, un intento de salvar, por teléfono y apetición de la madre de ambos, a su hermana Franny de la depresión religiosa en que se encuentra y que, en uno de los que tal vez sean los dos cuentos más budistas de la producción de Salinger, también termina en quietud ya que "durante unos momentos, antes de sumirse en un sueño plácido y profundo, permaneció quieta, sonriendo al techo".


 

Un poema de Nuno Júdice

Podríamos saber un poco más / de la muerte. Pero no sería eso lo que nos haría / desear morir más
aprisa. // Podríamos saber un poco más / de la vida. Tal vez no necesitaríamos vivir / tanto, cuando sólo se precisa saber / que debemos vivir. // Podríamos saber un poco más / del amor. Pero no sería eso lo que nos haría dejar / de amar al saber claramente lo que es el amor, o / amar más todavía al descubrir que, aun así, nada / sabemos del amor. ("Principios", Traducción de Elkin Obregón).


 

Banda sonora

"Y a las dos de la mañana / me vinieron a llamar / dos pares de ojitos negros / y me tuve que entregar. // La manita en el Evangelio / la pongo yo que me muera / que yo no he matao [sic] a nadie / de noche en la carretera" ("Romance de Juan de Osuna", Manolo Caracol / Los Planetas).

martes, 1 de diciembre de 2009

Martínez Farfán y Fernando Pessoa

aunque la verdadera memoria no vuelva / si no es acompañada del silencio / sólo que el silencio no existe

(Francisco Martínez Farfán)


 

"Nadie escribiría poesía si no es para salir del silencio que nos habita", anota Sara Cohen en la cita que significativamente abre La Memoria Verdadera de Francisco Martínez Farfán para resumir perfectamente el espíritu del uno de los libros más esperados de la escena poética de Aguascalientes. Un silencio que se inscribe en todos los poemas del libro con muy diversas variantes: cierta resistencia a la cotidianeidad que no encuentra nunca su palabra exacta sino a través de la metáfora, un constante movimiento que propone tanto como una fuga hacia adelante como el espacio detenido y silente siempre, la necesidad de anotar hasta el movimiento más ínfimo e intimo ("Por ejemplo este día"). Es decir, una poesía que se debate siempre entre la consistencia del lenguaje, poemas que piden siempre un verso más y otro y otro hasta que cesan abruptos, casi al borde de un abismo ya impronunciable, y la necesidad del silencio como momento de reflexión y necesidad de quietud.

Farfán describe, si no a sí mismo, pues la mayoría de los poemas parecen compuestos por persona interpuesta o al menos con un cierto distanciamiento, una peculiar manera de escribir, aquella en que la escritura es la revelación del mundo. Un mundo, también que habita el deseo y la necesidad/imposibilidad de que se revele. O que, cuando lo hace es simbólico: "alguien sopla / un deseo en el mundo, alguien escucha en la radio una espina". Una escritura que sea, aunque imposible, al mismo tiempo deseo y mundo, radio y espina.

Un poema resulta resumen, insuficiente pero acertado, del espíritu que imbuye el poemario completo: "Por ejemplo este día / del sol agotador en el miedo / este desorden centrífugo que despeluza [sic] / que lanza listones sucios y cuerdas mojadas / contra el borde solitario del esternón / contra su dedo / mientras la tierra gira y remueve sus aguas / y nadie sabe huir / y parado sobre la hierba / solo permanece lejano de palidez / culpable de respirar / intoxicado para defenderse". Un poema que, además, como la mayoría de los poemas de La Memoria Verdadera, resulta imposible de glosar.

Leer a Farfán es descubrir, en estos tiempos de tanta lírica fácil y objetos a los que se les concede gratuitamente estatus de poema, una escritura que una vez impresa, y aquí daría mucho que hablar el hasta ahora terror del autor a ver sus poemas en imprenta, queda en manos del lector que no puede salvo ver el mundo con otros ojos, ojos no siempre misericordes y no siempre claros: "Memoria no es caudal sólo un rasgo, / luz que decrece. / Duele saber qué fuimos –perfil de sombra– / duele dar por perdido / el silencio oquo que somos, / percibir por ocultamiento". O ver el mundo a través de sombras como tantos poetas y místicos han querido.

El lector se enfrentará a un libro difícil, un libro que ha terminado por encontrar su camino y confirmar el siempre cuchicheado secreto del autor. La Verdadera Memoria es y el título apenas lo apunta un ejercicio de reflexión, escondida, sobre los pocos temas que realmente merecen la pena en este mundo, y por lo tanto, en la literatura: la vida que hay detrás de la vida, el instante único en que se hace presente y como, aunque falseemos, resulta siempre una "memoria verdadera"

Poesía, pues, la de Martínez Farfán que habita entre las dos necesidades del poeta, el cantar y el callar, y que se acoge también a las palabras de Valery que abren la segunda parte de esta memoria que ya era más que necesaria: "en cuanto a mí, pienso que un único tema, y aun las mismas palabras, pueden ser retomados indiferentemente y ocupar toda mi vida". Y los poetas, ya se sabe, no tienen biografía, no tienen vida, tienen, sólo (o solo) obra.


 

Un fragmento de Pessoa

"Vivo siempre en el presente. El futuro, no lo conozco. El pasado, ya no lo tengo. Me pesa el uno como la posibilidad de todo, el otro como la realidad de nada. No tengo esperanzas ni nostalgias. Conociendo lo que ha sido mi vida hasta hoy –tantas veces y en tantas cosas lo contrario de lo que yo deseaba–, ¿qué puedo presumir de mi vida de mañana, sino que será lo que no presumo, lo que no quiero, lo que me sucede desde fuera, hasta a través de mi voluntad? No tengo nada en mi pasado que recuerde con el deseo inútil de repetirlo. Nunca he sido sino un vestigio y un simulacro de mí. Mi pasado es todo cuanto no he conseguido ser. Ni las sensaciones de los momentos pasados me resultan nostálgicas: lo que se siente exige el momento; pasado éste, hay un volver de página y la historia continúa, pero no el texto." (Libro del Desasosiego de Bernardo Soares)


 

Banda sonora

¿Por qué no me dejáis dormir, / dormir, dormir? // Estoy tan bien / como una puta en su hora libre" (Cristina Rosenvinge "Cerrado").

lunes, 23 de noviembre de 2009

Dios existe y los planetas también...

y hoy salió su nuevo EP a la venta.
Más flamenco lisérgico en homenaje al gran Manolo Caracol.
Aquí.

sábado, 21 de noviembre de 2009

De A., como siempre


Como sabrás, mi apellido ya no es Persons sino Capote, y me gustaría que en el futuro te dirigieras a mí como Truman Capote, ya que todo el mundo me llama así.

(de T. C. a Arch Persons)


Escribir una reseña sobre el autor de A Sangre Fría tiene, siempre, una garantía de éxito que el propio escritor asumió: "No me importa lo que digan de mí mientras que sea falso". Además incluso aquellos que no lo han leído saben de su existencia gracias al cine ya sea, dependiendo sobre todo de la edad, de la inolvidable Desayuno en Tiffany's con esa actriz angelical y hermosísima o de la más reciente Capote. Un Placer Fugaz, hermoso título, es la suma completa de la correspondencia ("que no ha pasado por ningún lavado de cara editorial") por Truman Capote a lo largo de toda su vida desde la adolescencia. De hecho, en ella comienza su plena conciencia de sí mismo, una característica peculiar, precisamente con la carta que encabeza estas líneas.

En Un Placer fugaz se encuentran en toda su plenitud las cuatro facetas que el escritor afirmó de sí mismo: "Soy alcohólico, Soy drogadicto, Soy homosexual, Soy un genio", aunque no necesariamente en ese orden ni con esa importancia.

Como la mayoría de los grandes autores, cada una de sus líneas, cada una de sus afirmaciones, y más en el caso no de escritura de ficción sino de correspondencia personal, refleja al autor. Incluso cuando habla de otros. "Cecil Beaton, que no está ligado a ninguna editorial, ha preparado un libro enorme con fragmentos de sus diarios; lo he leído y es muy indiscreto, muy divertido conmovedor a veces, e implacablemente sincero: no se salva nadie, ni él mismo". Esas mismas palabras, a las que sólo (o "solo" según las nuevas normas de la Real Academia Española) haría falta cambiarles el nombre, resumen perfectamente el estilo y tono de la mayoría de las cartas a las que Capote era, podría decirse, adicto a escribir. Y, según parece por muchos de los primeros párrafos, sobre todo, a recibir.

En las cartas se descubre a un Capote que se deja arrastrar por la belleza de la vida que le sorprende, casi siempre, a mitad de sus viajes, en cada lugar nuevo que encuentra, reencuentra o descubre. "Está anocheciendo. Por Dios, París es precioso a esta hora. Una luz de un azul irisado ilumina la calle, esas delicadas farolas rosas empiezan a florecer en el Étoile, y hay un grupo de niños que van arriba y abajo por el quai cantando 'La vie en rose'. Enloquecería de alegría si además estuviéramos todos juntos".

Y, en alguien tan radicalmente sexual como el escritor del inolvidable "Una Guitara de Diamantes", uno de sus cuentos más perfectos, no podían faltar las referencias más que explícitas a una desbordada apetencia sexual. "Aquí, en las islas, los hombres bailan siempre juntos, nunca verás a una mujer en las tabernas. Pero todo es muy inocente, o eso me parece. Pero en Atenas… no se puede andar más de una manzana sin que se te arrimen diez veces. No exagero. Hay una librería, justo en la plaza de la Constitución que está especializada en fotografías y literatura de un género en particular. Salí con la mochila llena, y ya te lo pasaré, sobre todo un volumen titulado The Sexual Life of Robinson Crusoe".

Un placer fugaz es, principalmente, eso, un placer, que a pesar de las más de seiscientas páginas, asoma al lector a la vida de relación de Capote con editores, amigos y amantes hasta la brevísima, y acertadamente, última carta, en realidad un telegrama: "te echo de menos dime cuándo llegas Besos Truman". Un Truman Capote que parece, de hecho, despedirse no sólo de Jack Dunphy y la vida sino también del lector.


De Desayuno en Tiffany's

"No soy Holly, (…) no sé quién soy. Soy como este gato, somos un par de infelices sin nombre, no pertenecemos a nadie ni nadie nos pertenece, ni siquiera el uno al otro".

"¿Sabes lo que te pasa? No tienes valor, tienes miedo, miedo de enfrentarte contigo misma y decir está bien, la vida es una realidad, las personas se pertenecen las unas a las otras porque es la única forma de conseguir la verdadera felicidad. Tú te consideras un espíritu libre, un ser salvaje y te asusta la idea de que alguien pueda meterte en una jaula. Bueno, nena, ya estás en una jaula, tú misma la has construido y en ella seguirás vayas a donde vayas, porque no importa donde huyas, siempre acabarás tropezando contigo misma"


Un poema de Antonio Gamoneda

Todos los días salgo de la cama / y digo adiós a mi compañera. / Vena: cuando me pongo los pantalones, / me quito la / libertad. // Cuando llega la noche, otra vez / vuelvo a la cama y duermo. / A veces sueño que me llevan con las manos atadas, / pero entonces me despierto y siento la oscuridad, / y, con el mismo valor, el cuerpo de mi mujer y el mío. ("Libertad en la cama").


Banda sonora

Los cuchillos que vienen en esta baraja / te permiten jugar con amplitud. / Nunca temas las distancias, / la rueda más ancha es más eficaz. // De lo que tengo miedo / es de tu miedo a que lo veas todo igual / o a que todo te sea indiferente. ("Baraja de cuchillos", Joe Crepúsculo, Manos de Topo y La Bienquerida).

martes, 17 de noviembre de 2009

Pellicer

Gran poeta, Pellicer nos enseñó a mirar el mundo con otros ojos y al hacerlo modificó la poesía mexicana. Su obra, toda una poesía con su pluralidad de géneros, se resuelve en una luminosa metáfora, en una interminable alabanza del mundo: Pellicer es el mismo de principio a fin.

(Octavio Paz)


 

Hay poetas, autores y libros a los que se regresa por accidente, por, como dice la expresión popular, un feliz accidente. A Material Poético 1918/1961 de Carlos Pellicer sólo se puede acceder por un golpe de suerte en una librería de viejo, ya hay una más en esta ciudad, o porque un amigo decide, en lugar de quedárselo, regalarlo a un amante de los libros, que todavía existen como propone Mauricio Salvador en el número más reciente de la revista Tierra Adentro.

Material Poético que recopila casi, casi toda la producción del poeta es una edición hermosa, de gran formato y tipo también grande, en tapa dura y lomo elegante, publicada en 1962 por la UNAM. Su título dice bastante de la relación que mantenía Pellicer con su propia poesía. El poema no es al final sino un cierto material, hecho de palabras, al que darle forma y que nada tiene que ver con el verdadero material: el mar, la montaña, el paisaje del trópico, el nacimiento, temas que aparecen una vez y otra a los largo de estas un poco más de estas seiscientas páginas.

Hablar de Pellicer es siempre tener que enfrentarse a un poeta que ha pasado, principalmente en los libros de textos y en los resúmenes de lectura hechos a toda prisa, como un poeta simple que se limita a cantar aquello que tiene delante, un paisajista en el peor sentido de la palabra. Leer a Pellicer, reencontrarse con él, en toda la diversidad de su obra poética, es una experiencia de descubrimiento página tras página, demostrando facetas, muchas, que a primera vista pueden pasar desapercibidas, como por ejemplo ese hermandad con alguien tan "diferente" a él, aunque coincidentes ambos en la verdadera misión poética como es Brodsky con el que coincide en los poemas navideños.

Valgan apenas tres ejemplos de entre los muchos que podrían proponerse.

"En medio de la dicha de mi vida / deténgome a decir que el mundo es bueno / por la divina sangre de la herida". Esos son los tres versos que abren su poesía completa y lo colocan en una tradición de sus contemporáneos, una especie de internacional poética del optimismo, acercándolo a otro poeta que parecería alejado a él como es Claudio Guillén, uno de los desconocidos de la tradición española. Para Pellicer, cantar en verso es también cantar lo bueno del mundo.

"4, 5, 6, 7 poemas / para estas aguas de nadadora coloración, / para los finos cambios que las montañas sesgan, / los soles corridos y el aire del sol". Son los poemas de Pellicer, al modo que han impuesto primero a la vista y después a la escritura, no simples descripciones del paisaje sino, como afirman estos versos, diferentes versiones, seis o siete poemas se titulan con "junio", afirmaciones de los diferentes cambios a los que se somete una misma realidad que, observada en diferentes momentos, cambia ante los ojos poeta y del lector.

"Sólo por ti estoy despierto / en esta media noche / de mi desencanto universal". Son estos tres versos un resumen perfecto de la idea de Carlos Pellicer de la poesía ya que es la suya y la de cualquier verdadero poeta, parece, el único medio de mantenerse en vela, es decir sentidos abiertos al mundo, en medio de, sobre todo, el ajetreo y la manifiesta maldad del mundo.


 

Dicen del poeta

"Pellicer inaugura de este modo un tono épico, una voz potente y que abunda en la cantidad, que incide en la magnitud cuantitativa hasta prácticamente la exageración, una exageración que los melifluos Contemporáneos supieron, sin embargo, celebrar. Torres Bodet considera que su verdadera vocación sería la epopeya, que es cantor de montes y de cascadas, que su abundancia verbal resulta un lujo y que vive la fiebre en tanto su temperatura normal. Gorostiza lo saludaba como el poeta que en realidad es dos. Y él parece aceptar esas definiciones mejor que ninguna otra, cuando se califica a sí mismo de tropical insobornable, poeta irremediable del desorden.

Probablemente la empresa a la que se destina está por encima de sus fuerzas —Octavio Paz afirma que su producción exige una buena poda—, pero la empresa en sí ya es magnífica, interesante, poética e injustamente olvidada por quienes creen todavía a Neruda el exclusivo inventor de las cumbres andinas y el descubridor singular de la esencia americana. Antes de él, Carlos Pellicer ya andaba cantando la maravilla del verde sin límites". (Esperanza López Parada en Letras Libres España).

"Como Walt Whitman, Pellicer fue cantor de las Américas y, en paralelo, rapsoda de sí mismo. En aquella amplitud estriba su urgente novedad: ensanchamiento lírico frente al dolor, prudencia épica frente al arrebato. Paisaje en claroscuro como único espacio de mediación posible para la poesía". (Hernán Bravo Varela en Letras Libres México).


 

Banda sonora

Sé que nadie me entenderá / cuando me encierre solo en mi habitación / y haga los planes para que mi ciudad viva una nueva explosión. // Sé que el mundo va mal, / pero por eso no voy a pagar, / así que ya no queda nada de qué hablar. ("Luces rojas", Los Flechazos)

lunes, 9 de noviembre de 2009

Alice Sebold y un par de comentarios

Casi. // No exactamente. // Os deseo a todos una vida larga y feliz.

(Alice Sebold)


 

"Me llamo Salmon, como el pez; de nombre, Susie. Tenía catorce años cuando me asesinaron, el 6 de diciembre de 1973".

Si resumir en un par de frases cualquier novela además de imposible es un intento inútil, hacerlo con Desde mi cielo (Mondadori, 2002; en el original The Lovely Bones) de Alice Sebold es además dejar fuera esa parte de la literatura que siempre es intransmitible, la sensación que convoca en el adentro del lector. Escribir que esta novela es sobre una niña violada y muerta sería convertirla en algo sensacionalista, escribir que es sobre alguien que desde el Cielo, así con mayúsculas, observa como la vida se desenvuelve sin ella sería proponerlo como un libro sentimentaloide, escribir que es una novela policiaca en la que se busca a un violador de niñas, sería hacerle perder demasiado, escribir que es un libro "realista" sería, directamente una gran mentira. Desde mi cielo es todo eso y, sobre todo, una pequeña gran obra, una de esas que sin llegar a ganar el adjetivo de "maestra" asegura un espacio en el corazón y la mente del lector.

"La verdad era muy distinta de lo que nos enseñaban en el colegio. La verdad era que la línea divisoria entre los vivos y los muertos podía ser, por lo visto, turbia y borrosa."

La gran ventaja de Desde el cielo, de la mano entrenada de Alice Sebold después de su escalofriante relato autobiográfico Afortunada, es que los momentos más íntimos del libro encuentran siempre su contraparte en un cielo que no lo es exactamente y un mundo real que intenta olvidarse de Susie. El funeral está contrapunteado con la llegada de la abuela avagadneriana y el primer beso de la hermana, la revelación repentina del asesino a los padres con un extraño campamento en el jardín trasero y las escenas del cielo como espacios exclusivos en que cada uno construye lo que pudo haber sido. Como afirma uno de los críticos de este libro, el material de Desde mi cielo en otras manos la novel se hubiera convertido en un manual de autoayuda y frases fáciles, en las de Sebold, un constante recordatorio de lo complicado que es vivir (y, por supuesto, morir).

"-Anoche entró y me besó en la mejilla –dijo Buckley. / -No lo hizo. / -Sí lo hizo. / -¿En serio? / -Sí. / -¿Se lo has dicho a tu madre? / -Es un secreto –dijo Buckley-. Susie me ha dicho que aún no está preparada para hablar con ellos." Susie Salmon es un fantasma en el sentido de las historias más clásicas, es decir alguien que está atrapado entre los dos mundos, el aquí y el allá. Pero Desde el cielo no es para nada una historia de seres que se aparecen sino uno novela sobre cómo la vida debe continuar aún con los sucesos más trágicos, de cómo todo se acaba por olvidar y, sobre todo, de las pequeñeces de que está compuesta la vida cotidiana que no termina en ese cielo del que, afirma Susie "me gustaría deciros que esto es bonito, que aquí estoy a salvo para siempre, como algún día lo estaréis vosotros. Pero en este cielo no existe el concepto de seguridad, del mismo modo que no existe la cruda realidad."

Y, después de Desde mi cielo, el lector puede ir a su más reciente novela (Casi la luna, Mondadori, 2008) que transcurre en sólo veinticuatro horas y, como parece ser habitual en la Sebold, tiene un tema macabro, el asesinato de una madre por su hija, y una primera frase que obliga a seguir leyendo: "Cuando ya se ha hecho y se ha dicho todo, matar a mi madre fue cosa fácil".


 

Una verdad sobre la crítica

"La vida de un crítico es sencilla en muchos aspectos, arriesgamos poco y tenemos poder sobre aquellos que ofrecen su trabajo y su servicio a nuestro juicio, prosperamos con las críticas negativas, divertidas de escribir y de leer. Pero la triste verdad que debemos afrontar es que, en el gran orden de las cosas, cualquier basura tiene más significado que lo que deja ver nuestra crítica." (Anton Ego)


 

Una corrección borgeana

"En lugar de llamarme Jorge Luis Borges, muchas veces me llamaron José Luis Borges, y yo me di cuenta de que eso no era una equivocación sino una corrección. Porque Jorge Luis Borges es muy duro. ¿Por qué repetir un sonido tan feo como orge? Creo que no urge repetir el orge ¿no? […] Creo que a la larga voy a figurar en la literatura como José Luis Borges".


 

Banda sonora

Ya son veinte versiones de la misma historia, / distinto principio y distinto final. / Versión extendida, la del director, / la tuya y la mía, sé también la verdad. // Si te llamo no coges, si coges te enfadas, / Meses sin volver a hablar. / Borrón y cuenta nueva, / nos vemos las caras en un nuevo abrazo. // A decir la verdad, / nada más que la verdad, / la verdad, toda la verdad. ("20 versiones", Lagartija Nick)

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Un crítico de cocina

La vida de un crítico es sencilla en muchos aspectos, arriesgamos poco y tenemos poder sobre aquellos que ofrecen su trabajo y su servicio a nuestro juicio, prosperamos con las críticas negativas, divertidas de escribir y de leer. Pero la triste verdad que debemos afrontar es que, en el gran orden de las cosas, cualquier basura tiene más significado que lo que deja ver nuestra crítica.

Pero en ocasiones el crítico se arriesga cada vez que descubre algo nuevo.

El mundo suele ser cruel con el nuevo talento, las nuevas creaciones.

Lo nuevo necesita amigos.

Anoche experimenté algo nuevo, una extraordinaria cena de una fuente singular e inesperada, decir sólo que la comida y su creador han desafiado mis prejuicios ante la buena cocina que subestimaría la realidad.

Me han tocado en lo más profundo.

En el pasado jamás oculté mi desdén por el famoso lema del chef Gusteau's 'Cualquiera puede cocinar', pero al fin me doy cuenta de lo que quiso decir en realidad. No cualquiera puede convertirse en un gran artista, pero un gran artista puede provenir de cualquier lado.

Es difícil imaginar un origen más humilde que el del genio que ahora cocina en el restaurante Gusteau's y quién en opinión de este crítico es nada menos que el mejor chef de Francia.

Pronto volveré a Gusteau's hambriento.


 

martes, 3 de noviembre de 2009

Tres interesantes

  1. El nuevo cuento de Stephen King en el New Yorker con un primer párrafo "escalofriantemente" realista:

    They've been married for ten years and for a long time everything was O.K.—swell—but now they argue. Now they argue quite a lot. It's really all the same argument. It has circularity. It is, Ray thinks, like a dog track. When they argue, they're like greyhounds chasing the mechanical rabbit. You go past the same scenery time after time, but you don't see it. You see the rabbit.

    El resto, aquí.

  2. Y en el número de aniversario (totalmente disponible en red, en contra de su habitual "unos pocos artículos y ningún poema") de la London Review of Books con un poema de John Ashbery y
  3. Una reseña sobre nueve tipos de hipocondría con una primer párrafo desternillantemente british.

Francisco Hernández

Escribir no es búsqueda. / Es impertinencia o la invención de un mapa / o simplemente el impulso / de una mente compleja / por desconectarse lo más pronto posible / de los días que lamentablemente proliferan.

(Francisco Hernández)


 

En estos tiempos en que, a pesar de Internet o por ella, se cumple el precepto zaidiano de "los demasiados libros" es difícil hallar uno que a la primera atrape al lector con el fervor de un texto al que volver una vez y otra. Y si resulta difícil con ensayos, novelas y volúmenes de cuentos o de varia intención, aún lo es más en el caso de la poesía. La Isla de las Breves Ausencias (Almadia, 2009) de Francisco Hernández representa una de las apuestas más seguras para que quien se acerque se sienta atraído y conmovido por una escritura que, dentro de lo directo y sencillo de sus afirmaciones, esconde, y al mismo tiempo trasluce, un fondo de radical humanidad.


 

Francisco Hernández, poeta de la obsesión

"Así pues, mora en ti como una isla, / en ti como en un refugio sin otro refugio; / con el Dahamma por isla y con el Dahamma / por refugio sin ningún otro refugio", así abre, como epígrafe, Digha Nikaya, La Isla de las Breves Ausencias. Bajo semejante advocación, los poemas, ¿en prosa?, ¿versículos?, presentan una isla, no man is an island, desde donde el protagonista de los poemas, ¿la voz del autor?, ¿una persona interpuesta?, ¿el propio Robinson Defoe observándose en conciencia?, se enfrenta con dos realidades radicalmente diferentes: las islas que observa, descritas cada una en su personalidad propia, el afuera, y el obelisco que reaparece una vez y otra, con frases y graffitis en cada cara. Es, en definitiva, un poemario que, como la mayoría de la veces en la poesía de Hernández, presenta una doble faceta, la del mundo y la de la interiorización del mundo, la de la memoria y la del presente, la de la muerte y como contraparte o complemento la vida en toda su extensión, sentido este último resumido en el hermoso poema final: "La muerte es una isla, pensé. / Una isla idéntica a un cementerio. / Alrededor de ella flotamos algún tiempo y a eso llamamos vida".

Como en libros anteriores Francisco Hernández, se sirve de un personaje, literario o artístico como ya había hecho como Robert Schumann, Friedich Hölderlin, que acabó loco a pesar de la lucidez de su cuestionamiento, tan actual, sobre la utilidad de los poetas en tiempos de miseria, y Georg Trakl, para encontrar una voz totalmente personal, probablemente una de las más individuales de la poesía contemporánea mexicana. "Lo distingo a lo lejos. / Es Robinson Defoe en su Isla, con su sombrilla, su arma, su perro y un pájaro que no deja de hablar. / (…) Después cae de bruces sobre su infancia de 290 años", confundiendo a personaje y escritor ofreciendo, tal vez, una clave de lectura para las páginas no sólo de La Isla sino de su obra.

"El escupitajo es una isla. Y un continente. / Y un balazo en el pecho del camino", dice en otro de los poemas confirmando que la escritura de Hernández es dramáticamente verdadera; es decir, que enfrenta su propia voz, y por ende al lector, con unos poemas en que la existencia es, aunque de claroscuros, más oscura e indescifrable que clara y cantable. O lo que es lo mismo, un espejo impecable de esa vida que en este caso no sucede en otro lado sino en los poemas.

La escritura de Francisco Hernández, y La Isla de las Breves Ausencias lo confirma de nuevo, es de un carácter Uno de los poemas centrales del poemario describe precisamente la sensación de agobio que invade al escritor condenado a la escritura, como vocación no sólo profesional o pecuniaria sino enraizada en la más íntima raigambre de su ser. "Anoto en el obelisco con un pedazo de tiza: // "¿Vale la pena seguir viviendo si no puedo escribir? / ¿Vale la pena seguir escribiendo si no puedo vivir?", una declaración que no es sino la pregunta rilkeana otra vez, esa necesidad compulsiva de vivir y de escribir, oficios ambos en los que Hernández da una lección de maestría.


 

Un poema de Hernández

"No me guardes en tu imaginación. / No me pienses. / Tus ojos están llenos de espléndida ponzoña. / No me mires./ Que mi saliva te inunde la garganta. / No me asfixies. / Deja de agusanar mi mente confundida. / No me pudras. / Guarda mis incisivos en una caja de plata / pero no te arrodilles ante sus resplandores. / No me reces. / Que mis ropajes no sirvan de velamen / a los navíos sin patria. / No me rasgues. / Que mis coágulos no vivan en tus uñas / ni en los nudillos que derriban templos. / No me maldigas. / En la herida la sal halle su suerte." ("Palabras de la griega")


 

Banda sonora

Visc a una illa deserta / i a un desert aïllat de tot, / som en Robinson Crusoe / i es meu salvavides és es teu amor. // Me sé tots els racons / d'aquesta habitació / i tots els ascensors / d'aquest hotel. ("Hotel Occidental", Antonia Font).

sábado, 24 de octubre de 2009

El Celta Miserable y Michaux

A de Quincey con su opio y huestes de asesinos / a Mateo y Marcos que buscaban la primicia / al verbo de San Juan / a Shakespeare met the night mare
(Mijail Lamas)
En “El Celta Miserable” hay unas cuantas plaquettes que destacan sobre las demás y que merecen bastantes más palabras aparte de los elogios colectivos a la labor de la editorial Pasto Verde. Leer la colección entera es como leer una antología, con un criterio absolutamente personal, lo que en sí mismo no es malo, de lo que se está haciendo en el país.
Un recuento parcial de los incendios de Mijail Lamas esconde, tras su significativo título, una selección de poemas combinando, al final del delgado volumen, inéditos con poemas ya publicados. Con este “recuento parcial” el joven Lamas presenta una de las escrituras más vitales de las actuales en la que conjuga una rara perfección formal con temas absolutamente contemporáneos, una necesidad vital de, como dice él mismo, establecer “una enumeración de cosas que se olvidan / o que se van rodando”.
Como viene siendo habitual en su poesía, en Umbral a la indolencia Roxana Elvridge-Thomas presenta unos poemas de ritmo trabajadísimo y que, precisamente por ello, resultan sencillos para encontrarse con el lector y que, desde los primeros versos, establecen una empatía que se puede leer de multiples modos, desde el vital hasta el de auto reflexión sobre el propio modo de escritura. Dice: “Si logras que un gato te mire a los ojos / y miras muy fijo en los suyos / y sientes que el oscuro ronroneo / pasa a tu cuerpo”.
Dos poetas de matices diferentes proponen también en las apenas veinte páginas antologías personales. Ni tarde ni temprano de Alvaro Solís recoge un puñado de poemas que demuestran una voluntad necesaria de integrarse dentro de la traducción siempre renovada de la escritura mexicana que en este caso convive con los otros textos a través de epígrafes y referencias dentro del texto, mientras que La luz de otras mañanas de Feliz Suárez ocupa su “antología breve” en proponer dentro de su obra una lectura que esté profundamente marcada por dos de los temas más eternos en la poesía: el amor y al extrañeza ante la muerte.
Aquello que sucede cuando en aliento llegas en la noche estrellada de los versos de Armando Alanis Pulido continúa con su, casi siempre, costumbre de títulos largos y radicalmente descriptivos mientras que el interior reúne un conjunto de poemas, breves, brevísimos ya que algunos apenan alcanzan los tres versos, que en su concentración y en su escogido vocabulario presentan imágenes y aserciones que quedan bastante tiempo en la memoria del lector como en, por citar uno de los versos, “es dócil este siglo en que coincidimos y el rotar con sutileza se nos da”.
Poemas de Kenia Cano propone, tras el sencillo –y, precisamente, por ello significativo- título una poesía fuertemente enraizada en la posmodernidad y en una construcción-destrucción del lenguaje que convierte a la página
En Ebriedad de Dios, Luis Armenta Malpica ofrece al lector una relectura de un poemario antiguo, como un modo no de reescritura sino de observación, de un releer, o leer por vez primera unos versos que se amparan de modo acertadísimo bajo el epígrafe de Silvia Tomasa Rivera (“las manzanas son agrias y el vino se fermenta en el estómago”) y los propios versos primeros que proponen “esa tristeza lenta del recuerdo / [que] se nos va desdoblando por la cara”.
Trasdía de Jair Cortés ofrece uno de los poemas (“Missing”) más estremecedoramente sencillos, de esa sencillez profunda que dice mucho más, de los últimos años y que termina diciendo que el propio poeta estás “alzando ya la voz / en espera de verme / llegar por otro lado / con muy buenas noticias”.
Estigma del verso de Stephanie Alcantar, una de las sorpresas más gratas de la colección, por el descubrimiento, entrega a una de las autoras más jóvenes de los representados con una escritura que, aunque todavía fresca, es de esas que “sucede que al encontrarme aquí / descubro un color de la vida que pocos ven / pero cómo mancha”; o sea, la misma escritura.

Dos fragmentos de Michaux
“Les escribo de un país en otro tiempo claro. Les escribo del país del manto y la sombra. Vivimos desde hace mucho, vivimos en la Torre del pabellón a media asta. ¡Ah, verano! Verano envenenado. Y desde entonces el mismo día siempre, el día del recuerdo incustrado...// El pez fuera del agua piensa en el agua todo lo que puede. Todo lo que puede, ¿no es natural? En lo alto de una cuesta se recibe una lanzada de pica. En seguida, toda una vida cambia. Un instante echa abajo la puerta del Templo”.
“La unión del yo y el vino es un poema. La unión del yo y la mujer es un poema. La unión del cielo y la tierra es un poema pero el poema que nosotros hemos oído ha paralizado nuestro entendimiento.” (“La Carta”).

Banda sonora
La fronda se ve tan hermosa durante el estío, / a veces quisiera emular a Rubén Darío, / pero no aspiro al premio Nadal / sino a escapar del guarda forestal. // Si yo fuera un poeta, haría aquí mi obra cumbre, / pero soy un pirómano y prefiero hacer lumbre (“Si yo fuera poeta”, Un pingüino en mi ascensor).

viernes, 23 de octubre de 2009

Elizabeth Jennings

MUDANZA
Pronto estará de nuevo la casa llena,
Se habrán llevado nuestras cajas,
Desnudos están los muros, dejamos
Apenas rectángulos donde los cuadros.
Se asienta el polvo y campa ahora
Por los lugares en que nos movíamos.

Y aunque nos alegra marcharnos
Queremos dejar un rastro tras nosotros,
Algo no tan poderoso como un fantasma
Pero que cierta parte de nosotros les recuerde
A los nuevos inquilinos a los que no conocemos
Que no se resigna la vieja casa

Ni al viento ni al polvo ni al espacio
Vacío donde estaban los muebles.
Queremos embellecer viejos estantes
Y asustar a los nuevos propietarios
Y olvidamos que se alegrarán,
Al encontrar en los estantes rastros
De nuestro propio pasado, ya que temen,
Como nosotros, un espacio sin inquilino.

Moving House
Soon the house will be filled again,
Our boxes have been carried off,
The walls are bare, we only leave
White patches where our pictures hung.
Dust settles widely now among
The places where we used to move.

And though we are most glad to go
We want to leave some hint behind,
Nothing so powerful as a ghost
But some part of us to remind
New tenants whom we do not know
That the old house is not resigned

To wind and dust and spaces cut
Clean where our furniture was put.
We want to flourish our old selves
And frighten the new owners, but
We quite forget they will be glad
To find some trace upon the shelves
Of our own past, that what they dread,
Like us, is space untenanted.

jueves, 22 de octubre de 2009

Os deseo a todos una vida larga y feliz

(Alice Sebold, Desde mi cielo).

Aunque las dos frase anteriores sean
Casi.
No exactamente.

lunes, 19 de octubre de 2009

El celta miserable, Guadalupe Ríos y por qué importa la poesía

Lo demás nos tiene sin el menor cuidado, es decir, nos importa que sean leídos, no más.
(Mario Islasáinz)

La entrada en el blog que mantiene la editorial para presentar su última colección es bastante claro en sus propósitos: “Esta colección del Celta Miserable sólo tiene ( inmersos obligadamente en este mundito que se vive al revés ), el propósito de cumplir sueños de locos para convertirlos en realidad, reunir publicando uno a una a los y las cincuenta poetas que a nuestra consideración están, han estado y estarán sin temor a equivocarnos, trabajando a lo largo y ancho de nuestro país y más allá arduamente por y con la poesía, y sus poemas así lo demuestran, lo demás nos tiene sin el menor cuidado, es decir, nos importa que sean leídos, no más. De ahí que a 18 años de haber surgido en esta lluviosa y surreal Orizaba, Veracruz, la Editorial Letras de Pasto Verde, podemos gritar a pecho abierto sin perder un ápice de ánimo como desde los inicios: publicamos por que se nos continúan hinchando las ganas, aun y cuando ni el País y el Mundo se enderecen”.
La labor que emprendieron, conjunta y masoquistamente, Mario Islasáinz, editor, José Pulido Tinoco, y Gustavo Santiago López, diseñador gráfico y artista plástico, ha dado, a lo largo y ancho del país sus frutos. Sin intentar ser una antología, ni demostrar la salud de ninguna corriente en especial ni de ningún modo de escritura, tratan, como resulta bastante claro en sus afirmaciones-manifiestos de publicar el trabajo de aquellos poetas que cumplan con dos requisitos al menos: el trabajo actual y una cierta calidad, no sólo artística, sino de transmisión, condición ineludible de toda poesía.
En la colección, que acaba de alcanzar su número cuarenta, a sólo diez de su meta, que ojalá superen, cincuenta plaquettes de cincuenta poetas de todo el territorio, conviven por igual las voces conocidas y las voces nuevas. Entre las voces ya leídas antes, y alguna de ellas parte de la mejor poesía última mexicana, se encuentran la siempre sorprendente Roxana Elvridge-Thomas que en Umbral a la Indolencia entrega un recuento intimo de la vida con una gata, Frida, que se convierte, en realidad, en una metáfora total de la vida.
De entre los nombres que continúan con esta nueva entrega manteniendo el nivel a que tienen acostumbrado a los lectores asiduos de poesía destacan, y es poco el espacio aquí, Jair Cortés, Luis Armenta Malpica, Kenia Cano, Armando Alanís Pulido, Mijail Lamas, Félix Suárez y Alvaro Solís.

Un poema de Guadalupe Ríos
“las azoteas no son de mi generación. hablan / de otros tiempos y de otros continentes. son / resabios de lecturas de cortazar y de vallejo / esos libros ancianos en los que no me hallo. // las azoteas no eran nada para mí hasta ayer / en que me llevaste hasta una de ellas. estás / ahora en el lugar que al que llamo mi casa. / pero debes irte, dijiste, antes de madrugada // porque quiero estar sola. y sí sola he estado /siempre. con esa soledad que no puede ser.” Leído en Parteaguas donde junto a nombres conocidos siempre se encuentran sorpresas como estos versos que hablan de una voz madura, clásica y posmoderna al mismo tiempo.

Dos comentarios inteligentes
Ambos acertadamente citados en el polémico Why Poetry Matters? de Jay Parini, en cuyo título lleva la penitencia al preguntarse porque importa algo que a al noventa por ciento de la población no le importa nada.
Primero, el de Helen Vendler: “en su forma más habitual, la poesía nos ofrece la representación de una voz solitaria, única, que registra y analiza y formula y cambia su mente (… ). Aunque quien habla en la poesía esté solo, esa soledad no quiere decir que esa voz no tenga un ambiente social. Sólo quiere decir que su condiciones sociales reales están presentadas como un reflejo en la soledad y toman forma no en una interacción ‘viva’ con otras personas sino como una referencia léxica e intelectual”.
Y, en un volumen significativamente titulado, The End of the Poem, Giorgio Agamben se pregunta “¿Por qué nos importa la poesía”. Y él mismo, a renglón seguido, se responde. “Las modos en los que se puede responder a esta pregunta son presentados para ofrecer testimonio de su importancia absoluta. Todo el campo de respuestas posibles se divide claramente entre aquellas que afirman que la significación de la poesía se da cuando ésta se confunde con la vida y la que aquellas para las que el significado de la poesía sólo tiene sentido si da separada de la vida”.

Banda sonora
Tú me das lo que me gusta, /tú me das la carne cruda. / La vida es muy dura sin poderte amar, / el vino es mi cura cuando tú no estás. / Dame más, no pares nunca. // Es así, nuestra conjura, / es así, tu dulce lucha. / La temperatura, tú la haces subir, / si hay alguna duda, la despejas por mí. / Es así, como me gustas.
("Carne cruda", 091)

miércoles, 14 de octubre de 2009

Dos portadas para Dolores Haze.

La ganadora del concurso.





La que a mí me hubiese gustado.

martes, 13 de octubre de 2009

Un cumpleaños feliz de Ted Kooser.

Esa noche me senté junto a la ventana abierta
y leí hasta que desparareció la luz y el libro
no era más que parte de la oscuridad.
Podía haber, fácil, prendido la lámpara
pero quisé cabalgar en ese paso de la noche al día,
sentarme solo y acariciar la página ilegible
con el fantasma pálido y gris de mi mano.

A Happy Birthday
This evening, I sat by an open window
and read till the light was gone and the book
was no more than a part of the darkness.
I could easily have switched on a lamp,
but I wanted to ride this day down into night,
to sit alone and smooth the unreadable page
with the pale gray ghost of my hand.

lunes, 12 de octubre de 2009

Mark Haddon y el autismo nobelistico

Los niños de mi colegio son estúpidos. Pero se supone que no he de llamarlos estúpidos, ni siquiera aunque sea eso lo que son. Se supone que he de decir que tienen dificultades de aprendizaje o que tienen necesidades especiales
(Mark Haddon)

(Un año más el Nobel resulta una sorpresa. Lo dice mejor la revista española Qué leer: un día antes de la entrega “Exactamente tal y como sucediera el año pasado con Le Clézio, Müller ha pasado en las últimas 48 horas de un 50/1 a un 7/1 en las apuestas de la casa Ladbrokes” y hoy “Se cumplieron las previsiones-filtraciones y la escritora rumano-germana se ha llevado el premio gordo de Estocolmo. ¿Qué sabemos de ella? Pues, entre otras cosas, que nació en la región transilvana de Timis en 1953, que emigró a Alemania en 1987 con su marido y que, a juicio de quienes la han leído, es una autora un tanto difícil. Por lo demás, toca visitar las librerías en busca de sus títulos, que viene editando recientemente Siruela”. Ay, la Academia Sueca).

Un autista, un perro y un misterio
“Me llamo Christopher John Francis Boone. Me sé todos los países del mundo y sus capitales y todos los números primos hasta el 7.507”.
Esa declaración de principios es casi el principio de El Curioso Incidente del Perro a Medianoche (Salamandra, 2004), una novela –el primo con necesidades especiales de Holden Caulfield- que no se sabe nunca, entre otras cosas porque el autor nunca lo dice, si está protagonizada por un niño autista o con síndrome de Asperger, un niño que tiene que enfrentarse al asesinato del perro de su vecina, a la “resurrección” de su madre y, en fin, a todo aquello que supone el mundo real.
“Yo no digo mentiras. Madre solía decir que era así porque soy una buena persona. Pero no es porque sea buena persona. Es porque no sé decir mentiras.(…) Y por eso todo lo que he escrito en este libro es verdad”.
Además de la habilidad de Mark Haddon para lograr una voz narrativa totalmente creíble (esa sobreabundancia de conjunciones copulativas, esas repeticiones casi maniáticas), lo más interesante de esta novelita, el diminutivo es por el tamaño, es que la visión que se nos presenta del mundo es cierta, totalmente cierta. Ninguno de los comentarios, ninguna de las visiones está atravesado por el cinismo que da la edad adulta, ni por el desprendimiento de la credulidad. Todo cuanto dice Christopher, que además registra obsesivamente su vida en un cuaderno, es la realidad desnuda, sin artificios.
“Muchas cosas son misterios. Pero eso no significa que no tengan una respuesta. Es sólo que los científicos no han encontrado aún la respuesta”.
El gran problema del protagonista del Incidente es que, al poseer tan sólo su habilidad matemática, bastante desarrollada, por cierto, al enfrentarse a complejidades como el divorcio de sus padres y las mentiras que desencadena o los chismorreos de los vecinos, se bloquea esperando una respuesta que no puede llegar a través de la lógica. Todo, desea, todo debe entrar dentro de un esquema que puede ser un diagrama de flujo, una ecuación de segundo grado o, simplemente un dibujo. Esas interrupciones de la trama, minúsculas, están además perfectamente incluidas dentro de esta por medio de ilustraciones que van desde un par de orangutanes al diseño de los asientos del metro de Londres o, una serie de caritas con expresiones diversas (nada que ver con emoticones).
“El señor Jeavons decía que a mí me gustaban las matemáticas porque son seguras. Decía que me gustaban las matemáticas porque consisten en resolver problemas, y esos problemas son difíciles e interesantes, pero siempre hay una respuesta sencilla al final. Y lo que quería decir era que las matemáticas no son como la vida, porque al final en la vida no hay respuestas sencillas”.
Y, aunque el lector pasa un buen momento acompañando a Christopher en sus pesquisas, la verdad es que el Incidente resulta ser un libro bastante amargo y por partida doble: primero, porque al salir del libro se acepta como dogma ese “no hay respuestas sencillas” y, segundo, porque ni siquiera olvidando todo, convirtiéndose en autistas, se puede evitar que la solución a esa ecuación de la vida sea compleja, más compleja de lo que, parafraseando al Bardo, hay en la mente de nuestros matemáticos.

Un fragmento de Eliot para la edad madura
“Habrá tiempo, habrá tiempo / para preparar un rostro que acepte los rostros que encuentres, / habrá tiempo para matar, habrá tiempo para crear / y tiempo para todas las labores y los días hábiles / que levanten y dejen caer una pregunta en tu plato; / habrá tiempo para ti y habrá tiempo para mí, / y habrá tiempo incluso para cien indecisiones, / y habrá tiempo para cien visiones y revisiones / antes de que tomemos una tostada y té”.

Banda sonora
No tienes que estar asustada, / no debes tener ningún miedo de mí, / ni de todas estas luces apagadas, / porque solamente tienes que subir. // No eres la persona equivocada, / hace tiempo ya que estoy detrás de ti, / así que usa estas alas, / sólo tienes que subir, / nada más subir. (“El coleccionista”, Los Planetas).

martes, 6 de octubre de 2009

De Zbigniew Herbert

Informe sobre la ciudad sitiada

Demasiado viejo para llevar las armas y luchar como los otros-

fui designado como un favor para el mediocre papel de cronista
registro -sin saber para quién- los acontecimientos del asedio

debo ser exacto mas no sé cuándo comenzó la invasión
hace doscientos años en diciembre septiembre¹ quizá ayer al amanecer
todos padecen aquí del deterioro de la noción del tiempo

nos quedó sólo el lugar el apego al lugar
aún poseemos las ruinas de los templos los espectros de jardines y casas
si perdemos nuestras ruinas nada nos quedará

escribo tal como sé en el ritmo de semanas inconclusas
lunes: almacenes vacíos la rata ha devenido moneda corriente
martes: alcalde asesinado por agentes desconocidos
miércoles: conversaciones sobre el armisticio el enemigo confinó a los legados ignoramos dónde se encuentran esto es el lugar de su suplicio
jueves: tras una turbulenta asamblea se rechaza por mayoría de votos la propuesta de los comerciantes de especias de rendición incondicional
viernes: comienza la peste
sábado: se ha suicidado un desconocido inflexible defensor domingo: no hay agua rechazamos un ataque en la puerta este llamada Puerta de la Alianza

lo sé todo esto es monótono a nadie puede conmover

evito comentarios las emociones mantengo a raya escribo sobre hechos
aparentemente sólo ellos son valorados en los mercados foráneos
pero con cierto orgullo deseo informar al mundo
que gracias a la guerra hemos criado una nueva variedad de niños
a nuestros niños no les gustan los cuentos juegan a matar
despiertos y dormidos sueñan con la sopa el pan los huesos
exactamente como los perros y los gatos

al atardecer me gusta deambular por los confines de la Ciudad
a lo largo de las fronteras de nuestra libertad incierta
miro desde lo alto el hormigueo de los ejércitos sus luces
escucho el tronar de los tambores los alaridos bárbaros
en verdad es inconcebible que la Ciudad todavía se defienda

el asedio continúa los enemigos deben ser reemplazados
nada les une excepto el anhelo de nuestra destrucción
godos tártaros suecos huestes del César regimientos de la Transfiguración del Señor
quién los enumerará
los colores de los estandartes cambian como el bosque en el horizonte
desde el delicado amarillo de aves en primavera a través del
verde del rojo hasta el negro invernal

así al atardecer liberado de los hechos puedo pensar
en asuntos antiguos lejanos por ejemplo en nuestros
aliados de ultramar lo sé su compasión es sincera
envían harinas sacos de ánimo grasa y buenos consejos
ignoran incluso que nos traicionaron sus padres
nuestros ex-aliados desde los tiempos de la segunda Apocalipsis

sus hijos no tienen culpa merecen gratitud así que les estamos agradecidos
no sufrieron un asedio largo como una eternidad
a quienes alcanzó la desdicha están siempre solos
los defensores del Dalai-Lama kurdos montañeses afganos

ahora cuando escribo estas palabras los partidarios del pacto
conquistaron cierta ventaja sobre la fracción de los intransigentes
habituales las oscilaciones de ánimo los destinos aún se sopesan

los cementerios crecen disminuye el número de los defensores
pero la defensa perdura y perdurará hasta el final
y si cae la Ciudad y uno solo sobrevive
él portará consigo la Ciudad por los caminos del exilio
él será la Ciudad

miramos en el rostro del hambre el rostro del fuego el rostro de la muerte
y el peor de todos -el rostro de la traición
y sólo nuestro sueños no fueron humillados

lunes, 5 de octubre de 2009

En la XLI Feria del Libro de Aguascalientes

No vayan a la Feria del Libro de Guadalajara. Ahí suben los precios. Aquí, en Aguascalientes, sí que se encuentran ofertas
(uno de los editores de Luvina)

Pocas cosas tan provechosas, y desesperantes, para un lector como una Feria del Libro, sea la que sea y sea donde sea. Siempre es una ocasión de encontrar, reencontrar (sobre todo aquellos libros queridos prestados y nunca devueltos) y de descubrir. Un espacio donde lo único que hay que hacer es repasar las estanterías sin mayor preocupación que la de decidir en qué gastar el poco o el mucho dinero. Y tras un viaje a una feria del libro, la XLI Feria del Libro de Aguascalientes la montaña de libros por leer crece.

Primero, los viejos amigos. George Steiner en The New Yorker (FCE / Siruela) de, obviamente, George Steiner es unas de esas recopilaciones, medio interesantes, medio tramposas que aprovecha el tirón del nombre del autor para ofrecer, apenas una muestra mínima, pero jugosa, de los bastantes artículos que aparecieron a lo largo de los años en dicha revista y que, además, repite varios textos que ya habían aparecido en otras recopilaciones. Lecturas de mí mismo de Philip Roth es también una recopilación, en este caso de entrevistas y artículos en los que el maestro usamericano habla de sus novelas y su modo de escribir, dejando entre otras perlas de sabiduría, en este caso de la entrevista de la Paris Review, “Las novelas proporcionan a los lectores algo que leer. En el mejor de los casos, los escritores cambian la manera en que los lectores leen. Considero que esa es la única expectativa realista. También me parece del todo suficiente. Leer novelas es un placer profundo y singular, una actividad humana apasionante y misteriosa que no requiere más justificación moral o política que el sexo”.

Rodrigo Fresán, al que los misterios de los cajones de rebajas le otorgaban el mismo precio a todas sus novelas sin importar el tamaño, con su Vidas de Santos promete unas cuantas horas de lectura de un autor interesante que parece empeñado en ser el mejor escritor posmoderno usamericano escribiendo en español. Y, al otro lado del espectro o quizá no tanto, Desde mi Cielo, la primera novela de una escritora siempre prometedora que narra la llegada al cielo de una joven, catorce años, Susie Salmon, asesinada, que desde el paraíso relata, mientras se va acostumbrando a su nuevo “hogar”, como se va desarrollando la vida sin ella, como sus padres siguen con la esperanza de hallarla con vida y el vecino asesino en borrar todo rastro del crimen.

Poca poesía, pero, eso sí, muy barata. Las ediciones de Lumen, dispersas, una aquí, otra diez libros más adelante, y bien escondidas entre novelas históricas y manuales de superación personal, ofrecen varias sorpresas más que interesantes. Oración antes de nacer de Louis Macneice, que dice injustamente en la contraportada que es “traducido ahora por primera vez al castellano”, propone el descubrimiento de una poética bastante interesante de la escritura en inglés del siglo XX y que muestra en su comedimiento una mirada serena sobre el mundo y sus pequeños misterios. Más curioso resulta Y una sed de ilusiones infinita que es una auto antología de Rubén Darío elaborada apenas unos meses antes de su muerte; es decir, un nuevo medio de acercarse al gran modernista en una lectura de su obra elegida, no desde la tradición ni desde la academia, sino desde el conocimiento y una visión cercana. Y, también antológica, pero esta vez de W. H. Auden, es Canción de cuna y otros poemas donde siempre resulta un placer volverse a encontrar los versos de uno de los poetas fundamentales del siglo XX en inglés: “ojalá yo, compuesto igual que ellos / de Eros y polvo, / atormentado por la misma / negación y desesperanza / muestre una llama afirmativa”.

Y, a falta de un par de viajes, la Feria del Libro es también ocasión de encontrar lecturas para esos placeres, más ociosos y culpables, como son, como pueden ser, el ajedrez y el indie. Teen spirit. De viaje por el pop independiente, antología de textos que combina en su título, como un noviazgo casi perfecto, a dos íconos de la música de los años noventa, Nirvana y Los Planetas, y que planeta un repaso a todos los íconos de la música popular de los últimos años, conjugando erudición y buena pluma a cargo, la mayoría, de los redactores de la imprescindible Rock de Lux. Y para los ajedrecistas un recuento de las partidas del campeonato de 1972 entre Boris Spasski y Bobby Fisher que, aunque crónica se lee como si fuera una novela, con un argumento enrevesado y siempre con giros sorprendentes.

Banda sonora
Pero mis palabras se las habrá llevado el viento / y no habrá servido de nada todo el esfuerzo. / O bien no queda nadie en el futuro para hacerlo / y Kang es el señor de todo el universo, / y tiene a la antorcha humana / en un bloque de cemento. / Ni siquiera la alianza / ha podido detenerlo. / Y se acaba la película / y los malos van venciendo. (“Que no sea Kang”, Los Planetas)

martes, 29 de septiembre de 2009

El mismo poema de Yannis Ritsos

en dos traducciones.

Detrás del olvido
Lo único sólido que de él quedó fue su chaqueta.
La colgaron allí, en el armario grande. Fue olvidada.
Se pegó al fondo, detrás de nuestras ropas de verano, de invierno,
- nuevas cada año, para nuestras necesidades nuevas -.
Hasta que,un día, llamó nuestra atención - puede que por su color extraño,
puede que por su anticuado corte -. Sobre sus botones
había tres imágenes, iguales y redondas:
el muro del fusilamiento, con cuatro agujeros,
y alrededor, nuestro remordimiento.
(Juan Ruiz de Torres)

Debajo del olvido
LO único concreto que quedó de él, fue su chaqueta.
La colgaron allí, en el gran armario. Fue olvidada,
apretada en el fondo por nuestras ropas , de veras
- no, de invierno, cada año, nuevas para nuestras necesidades.
Hasta que un día nos llamó la atención, puede que por su extraño color,
puede por el corte de la pasada moda. Encima de sus botones,
quedaban tres paisajes circulares de forma parecida:
el muro de la ejecución con cuatro agujeros,
y en torno nuestro remordimiento.
(Anónima)

lunes, 28 de septiembre de 2009

Las apuestas para el Nobel

No hay muchas cosas en las que todo el mundo esté de acuerdo pero todos, creo, se dan cuenta de la importancia del premio Nobel. (…) No tengo un sentido muy claro de qué significa eso del logro personal. Amo los libros y he escrito algunos.
(Saul Bellow en su discurso de recepción del Premio Nobel en 1976)

Como todos los años, los ingleses, tan dados a las apuestas (tanto que La vuelta al mundo en 80 días es una apuesta) han lanzado como siempre el reto del Nobel. Cualquiera puede apostar por su candidato en la página oficial de la casa Ladbroke. Las cosas por ahora van así, con los diez primeros autores ordenados no por calidad ni orden alfabético, sino por los favoritos según el dinero apostado por ahora.

Las apuestas de lectura
El primero de la lista, como los últimos años, es el israelí, escribe en hebreo, Amos Oz que presenta una sociedad contemporánea de oriente próximo con una lucidez, que toma partido antes que por una facción de las involucradas por la libertad y la responsabilidad de cada uno. De entre sus obras destaca, por la claridad con que exhibe, y explica, los conflictos, su autobiografía, Una historia de amor y oscuridad. Para comenzar a descubrirlo, junto a su novela costumbrista y realista, Las mujeres de Yoel, hay, además, dos fascinantes libros de ensayo publicados en Siruela que son de una profundidad intelectual extraña entre los escritores contemporáneos, uno sobre literatura, La historia comienza, y un asombroso estudio pacifista titulado Contra el fanatismo.
Y, en segunda posición, la propuesta radical política y genéricamente de todos los años, Assia Djebar, una escritora de la que se sabe muy poco, pero de la que se dice que es “el seudónimo literario de Fatema Zohra Imalayen, que en 1956, durante la huelga de estudiantes argelinos en París, escribió su primera novela, La Soif. Y que El amor, la fantasía, Sombra Sultana, Grande es la prisión y El blanco de Argelia, todas ellas publicadas en español por ediciones del oriente y del mediterráneo, forman parte de un Cuarteto argelino en el que la autora recorre la atormentada historia de Argelia y se recorre a sí misma”.
Dos autores radicalmente diferentes ocupan el tercer y el cuarto lugar. Luis Goytisolo, la apuesta en lengua española, que propone una escritura difícil, concentrada en sí misma que bebe directamente de la dificultad barroca y de las estructuras contemporáneas de la novela, tiene desde su primer libro de cuentos, Las afueras, fácilmente encontrable en los botaderos de cualquier gran superficie, una trayectoria que, aunque lenta, lo ha consolidado como una de las escrituras más originales en español. Joyce Carol Oates es, de la lista, la autora prolífica y polígrafa, y aunque bastante de su obra, especialmente la poesía, falta de encontrarse en castellano, tiene dos o tres obras que son fácilmente conseguibles como Un jardín de delicias terrenales, la espeluznante La hija del sepulturero, El primer amor o el libro de cuentos, Matrimonios e infidelidades.
Del siguiente candidato en las apuestas, Philip Roth, ¿hace falta decir algo más que ojalá este año sí? De él hay dos o tres obras fundamentales que deberían ser leídas por grupos de edades: para adolescentes, El lamento de Portnoy; para la edad madura, Deudas y dolores, y para lo que ahora se llama “adultos en plenitud”, Patrimonio, la parte de autobiografía que tiene que ver con el padre del autor.
La apuesta poética, que lleva ya varios años en la lista, es Adonis del que, siguiendo el adagio pessoano de que los poetas no tienen biografía, basta citar un poema, “Celebración de la Realidad” en el que dice “Por alto y radiante que sea el deseo / no puede tocar el cuello del sol. // La realidad es la flor más marchita / en el jardín de las palabras. // Realidad: sueño que no visita / ni hace amistad / más que con los párpados durmientes. // A veces el cuerpo parece un árbol / cuyo más bello fruto, el sueño, / no se puede recoger. // No hay diálogo entre el fuego y el agua: / un abrazo / hasta extinguirse. // La realidad / en la que se han convertido los caminos de la derrota / es la única / que conduce a los caminos de la libertad. // El olvido tiene una guitarra / en la que el recuerdo toca / sus calladas tristezas”.
Cierran la lista, del sexto al décimo puesto, los candidatos eternos representantes, cada uno, de diferentes modos de escritura que van de la lusofilia italiana de Antonio Tabuchi, Sostiene Pereira, una novela breve que mezcla realidad y ficción de un modo magistral, el, sobre todo ensayista y triestino, Claudio Magris que en Danubio hace un viaje interior y exterior, en muchísimas, pero siempre interesantes, páginas que son una de esas lecturas que llaman siempre a la relectura. Y el de moda Haruki Murakami que jamás ha vuelto a la altura de su Crónica, y el evasivo Thomas Pynchon que parece que en su última novela ha escrito algo destinado a ser un best seller.
Suerte a todos porque ya se sabe que esto es una lotería. Que, como siempre, ganará alguien que no está en esta lista.

Banda sonora
“Podemos irnos juntos lejos de este mundo tú y yo. / En un viaje por galaxias infinitas hacia el sol. / No queda nada que prolongue mi parada / en este mundo ni un solo minuto. // Tú y yo de viaje por el sol / en una nueva dimensión./ ¿Qué podría ser mejor que estar siempre juntos tú y yo? / ¿Que estar siempre juntos tú y yo?” (“De viaje”, Los Planetas).

viernes, 25 de septiembre de 2009

Adios, Rolando Mix.

Ha fallecido Rolando Mix Toro.

"El día 11 de septiembre de 1973 el extremista Rolando Mix se encontraba en Chile...". Estas palabras quedaron recogidas en un recorte de prensa tras el Golpe de Estado perpetrado por los colegas del general Augusto Pinochet. Rolando Mix. Se le buscaba para matarlo.
"Basta con que cinco personas te abran los brazos para que encuentres tu lugar en el mundo".

PÉTALO FRESCO
Te llevo en mí como una lámpara encendida.
Luz de pétalo fresco y transparente,
a su través se ve emerger el olor oculto
entre el rumor del viento, que lo transmite.
Me llega a mí como aliento de claveles,
como el pistilo asomado de la fucsia,
sonriente como el clarín y sus argucias,
para atraer al colibrí de tornasoladas plumas,
alas de regocijo, revoloteando en torno
de tu figura tenaz, siempre latente.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

El hombre que casi conoció a Michi Panero (N. V.)

Él lo explica mejor que nadie (la entrevista completa con Nacho Vegas aquí o, en el papel, en Anake el domingo pasado).
“El hombre que casi conoció a michi pandero”, esos coros shalalalalá y ese efecto final “a la bunbury” en medio de una de las letras más espeluznantes de Nacho Vegas. ¿La alegría de saberse perdedor?
¿Tú crees que el personaje de esa canción se considera un perdedor? ¡Pero si se lo ha pasado de puta madre! Bueno, eso dice él… Yo no lo sé.
Es hora de recapitular
las hostias que me ha dado el mundo.
Hoy querrán oír mi último adiós.
Bien, poco a poco van llegando
y yo los recibo en batín.

Y unos me llaman chaval
y otros me dicen caballero.
Alguno no se ha querido pronunciar.

Yo una vez tuve un amor,
pero si he de ser sincero
dije "no" en el altar
y cuando digo no es no.

Fracasé una vez, fracasé diez mil
y aún así alzo mi copa hacia el cielo
en un brindis por el hombre de hoy
y por lo bien que habita el mundo.

¡Mirad, las niñas van cantando!
(Niñas) Shalalaralalá ...



Y no me habléis de eternidad.
No me habléis de cielos ni de infiernos más.
¿No veis que yo le rezo a un dios que me prometió
que cuando esto acabe no habrá nada más?
Fue bastante ya ...

Nunca fui en nada el mejor,
tampoco he sido un gran amante.
Más de una lo querrá atestiguar.
Pero si algo hay capital,
algo de veras importante,
es que me voy a morir
y cuando digo voy es voy.
Lo he pasado bien,
y casi conocí en una ocasión a Michi Panero,
y es bastante más de lo que jamás
soñaríais en mil vidas.

¡Mirad, las niñas van cantando!
(Niñas) Shalalaralalá ...

Dejadme preguntar: ¿Es esto el final?
Y si es así, decid: ¿Me vais a extrañar?
¡Veo que asentís pero yo sé que no!
Qué lástima, no dejaré
nadie a quien transmitir mi sabia;
consideré insensato procrear.

Y diréis de mí que soy
un viejo verde y cascarrabias,
y diréis muy bien,
y cuando digo bien es bien.
¡Largo ya de aquí! ¿Qué queréis de mí?
¿Es mi alma o es mi dinero?
Si de uno carezco y la otra es
una anomalía en esta vida.

¡Mirad, las niñas van cantando!
(Niñas) Shalalaralalá ...
Muy bien niñas.

¡Y unos me llaman chaval
,y otros me dicen caballero!
¡Alguno declinó mi oferta para hablar!

¡Yo una vez tuve un gran amor,
pero si he de ser sincero
dije "no" en el altar,
y cuando digo no quiero decir que no!

He bebido bien, y casi conocí en una ocasión a Michi Panero,
y ahora brindo en paz por la humanidad
y por lo bien que habita el mundo.

¡Escuchad, os lo diré cantando!
(Viejo) Shalalaralalá ...Hasta nun ... ca ...
PD1: Por una coincidencia (con Jorge Pedro) los dos pensamos en esta canción. Y sí, la tocaremos en tu funeral, junto con "All the tomorrow parties" y "Music is my radar". ¿Alguna otra petición?
PD2: ¡Qué facil es pasar de la felicidad a la desesperación ante la estupidez humana en un segundo! ¿Por qué no nos dejan en paz de una vez, maldita pandilla de envidiosos?
PD3:
Y no tendría que estar hablando de estas cosas
si tú estuvieras esta noche por aquí.
Se terminó mi presupuesto para drogas
y ha terminado lo que tengo que decir.
Y yo aquí sigo buscando
a quién resuelva mis problemas con la justicia
,que para mí es degradante
que mi destino esté regido por estos cerdos fascistas.
(Los Planetas, por supuesto).

sábado, 19 de septiembre de 2009

Algo sobre poesía

Antes de escribir el poema, / con el lápiz en la mano / y el silencio hecho palabra, / me pregunto a quién demonios / interesa si este mar / ya no es azul ni si mi vida / de hoy es la que antes era
(Ana María Navales)


Con A.

Puede parecer un chiste malo o una boutade demasiado fácil, pero en estos tiempos de desastre económico, moral (sobre todo de la moral gubernamental) y personal, sólo la poesía puede salvarnos. Ya hace tiempo, Holderlin, el poeta loco, el que acabó creyéndose Scardanelli, el que se alejó quién sabe si voluntariamente, lo propugnaba: “¿para qué poetas en tiempo de penuria?”. Y es precisamente ahora cuando más necesitamos a la poesía.

Habitar poéticamente el mundo.
El precepto rilkeano es claro, drástico, lapidario. Y acertado. La misión, no del poeta que solo otorga un nuevo sentido a las palabras de la tribu sino de todos, es habitar poéticamente el mundo; pero qué pocos pueden hacerlo. El mundo se les ha otorgado a los poetas con una maldición. No recibir nada a cambio. Ya lo escribía hace tiempo José María Valverde, precisamente uno de los traductores de Rilke al español, en uno de sus poemas propios, "¿Que nos darás, Señor, en recompensa a nosotros los poetas / que no podemos gozar el mundo sino cantarlo?" (cito de memoria). Nada. Cumplir con el dictum del poeta alemán tiene un precio alto. Y no sólo para quien escribe sino para aquel que quiere construir algo trascendente más allá del propio espacio y del tiempo en que le ha sido dado vivir.
El poeta está condenado a luchar contra el tiempo, obligado a construir un artefacto verbal que sea, a la vez, presente, verdaderamente presente, y que sea eterno, “más duradero que el bronce”. Y es, como anota Derek Walcott un “algo” que “no se rige por el tiempo lineal; es, por su belicosidad o su sumisión, enemigo del tiempo; y también es, cuando es sincero, el vencedor del tiempo, no su siervo”. Es, en su propia contradicción, una de las realidades más difíciles, una de las artes que mayor dedicación necesitan y en la que, entre la sobreabundancia textual, hay que encontrar ese texto que saque al lector del tiempo y de este tiempo de penuria.
Haga el lector una prueba : poner una mano sobre la piedra, sobre cualquier piedra, y sentir el tacto nuevo que tiene, diferente al piel, diferente al del roce o al del golpe. Pero es una sensación nueva que ha de disfrutarse en silencio, interiorizándola. El poeta, sin embargo, nunca habrá de disfrutarlo, porque precisamente lo que tiene que hacer es buscarle palabras, no limitarse al silencio que, y no es un juego de palabras sino una afirmación, es su propio límite. Y, aunque suene demasiado metafísico en estos tiempos posmodernos y mundanos, en el discurso de ingreso de Chillida a la Academia, aunque escultor, explicaba perfectamente la aspiración del poeta: "hay mil maneras de decirlo, pero sólo una". De ellas la mil son fáciles de escribir (de ahí “escribir es fácil), pero la una, la única, la necesaria, es difícil, verdadera y sinceramente difícil, complicada. O, para mayor desgracia, imposible.
El poeta, por ende, siempre está solo, otra de las desventajas del oficio. Y aunque el alemán angélico hablaba de la pareja cuando escribía que se debe ser “guardián celoso de la soledad del otro”, estaba definiendo tal vez el empeño con el que se debe entregar aquel que aspire a ser verdaderamente poeta. Y es otro escritor, dramaturgo y poeta, uno de los renovadores de la escritura del siglo pasado y cuyo legado aún no se ha terminado de asumir, Samuel Beckett, el que propone de la manera más sencilla posible, la descripción del camino a seguir: “Fracasaste en el intento. No importa. Vuélvelo a intentar. Fracasa de nuevo. Fracasa mejor”.

Un arte poética
Explica, siempre que sea sincera, la necesidad de trascender a través de la palabra. Uno de los poetas más desconocidos de las últimas generaciones de la escritura en español en la península, Leopoldo Alas Mínguez, que no sólo coincide en nombre con Clarín sino que es su nieto, explica esa verdad en su “Poética”: “En los tiempos que corren, salvo si tengo miedo, / prefiero estar sin preguntarme nada. / No importa dónde quedan los días que han pasado / ni entender si es eterna la vida, breve o larga. / Lo único que pido son sentimientos claros / y ver la luz del sol cuando despierto. // Comprendo que se va estrechando el cerco / y que el azar me tiende inesperadas trampas. / Los sueños no me alteran porque sé que son vanos / y olvidar me libera de penosas jornadas. / En mañanas oscuras, pocas veces al año, / me cubro con la sábana y lloro por los muertos”.

Banda sonora
No pienso olvidarte, / ya no hay nada más que tú. // Cada día que pasa de largo / cada cita, cada abrazo, cada cual mejor, / aquella película, / aquella ridícula expectación por nuestro amor. // Quiero que al menos comprendas / por qué me cuesta decirlo, / porque te llevo tan dentro / que hasta me olvido yo mismo de ti. (“Desde hoy en adelante”, La buena vida)

viernes, 18 de septiembre de 2009

jueves, 17 de septiembre de 2009

Blogs que pudieron ocurrir

Mi querido Gustavo, torpe al teclear, me han enviado el link a un blog que solo tiene dos entradas en cuatro años pero que suscribo totalmente.
Vayan y conozcan el blog que pudo ocurrir:
y de regalo, una entrevista a Roth en español: aquí.

martes, 15 de septiembre de 2009

HY habla de Aguascalientes

Según sus propios apologetas, los yoyos son neomoralistas, de altos estándares, y aunque no son innovadores son perseverantes.
¿Su meta? Quitar todo lo que los separe de ser “Yo mismo”. Todo.
Una vez alcanzado, comienza la autopromoción infatigable vía congresitos, MySpace, Facebook o YouTube.
No tienen vida, obra o, siquiera, carrera. Tienen campaña.
Ya nacieron sin dios o causas aunque aparentan. Pero siguen siendo antropo-crédulos y cuando buscaron en qué creer, encontraron su imagen.
El gran problema de los yoyos es que no innovarán n@d@. Ni su literatura, tecnología o investigación serán significativas: lo único que los yoyos desean es hacer más cómodo su mundito. No crean: adaptan. No aportan: se apropian.
Infatuados de sí mismos, nada harán por el mundo.No dejarán huella. Será como si no hubieran existido.

De Land of the Living de Sam Shepard

(en el New Yorker de esta semana)

- ¿Qué es lo que ha cambiado exactamente?
- Ahora tomo Xanax.
- Lo sé, - dice. –Pero, ¿qué es lo que te hace más amable que antes de que tomaras Xanax?
- Bueno, no soy tan desagradable, ¿no?
- Ahora no.
- No. Quiero decir, no pienso en mí como un tipo que se enoje con facilidad, un tipo mal encarado siempre.
- No dije que enojaras con facilidad.
- En fin.
- Por decirlo en una palabra. Digamos que no sueles dejar tu personalidad aparte para volverte platicador.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Dickens lo dijo mejor

Fue el mejor de los tiempos, fue el peor de los tiempos, fue una edad de sabiduría, fue una edad de estupidez, fue la época de creer, fue la época de la incredulidad, fue la estación de la luz, fue la estación de la oscuridad, fue la primavera de la esperanza, fue el invierno de la desesperanza, lo teníamos todo delante de nosotros, no teníamos nada delante de nosotros, íbamos derecho al paraíso, íbamos derecho en la otra dirección. En resumen, aquellos años fueron como el presente.