lunes, 7 de noviembre de 2011

Tomás Segovia (1927-2011)

"Un escritor español del siglo XX es más del siglo XX que español. Tiene más que ver con un checo del mismo siglo que con un compatriota suyo del XV. Las identidades existen, pero de hecho, no de derecho. Invocar como derecho un hecho diferencial es lo más alejado que existe de la democracia. Es lo mismo que invoca un rey respecto a sus antepasados. Al final, la identidad siempre acaba en bombas. Más que las identidades importan las lealtades. Y para ser leal hay que ser libre, único, mientras que lo identitario es lo idéntico".

Como puede leerse en varias novelas de Javier Marías, y antes que él en tantos místicos, es imposible saber cuál ha de ser la última hora, el último momento en que se comparte algo con alguien, el instante de la que ya será la última sonrisa.

Y si algo recuerdo ahora es la sonrisa, no oculta por la tupida barba sino enmarcada en ella, del poeta, cuando hace unos días alguien, en Aguascalientes, al terminar el acto de entrega de su premio se acercó tímido a Tomas Segovia para agradecerle sí su poesía, pero también y, sobre todo, su labor como traductor, su Hamlet, la sonrisa cómplice y humilde de quien se reconoce a sí mismo.

Ser o no ser, de eso se trata:
si para nuestro espíritu es más noble sufrir
las pedradas y dardos de la atroz Fortuna
o levantarse en armas contra un mar de aflicciones
y oponiéndose a ellas darles fin.
Morir para dormir; no más; ¿y con dormirnos
decir que damos fin a la congoja
y a los mil choques naturales
de que la carne es heredera?
Es la consumación
que habría que anhelar devotamente:
morir para dormir. Dormir, soñar acaso;
Sí, ahí está el tropiezo: que en ese sueño de la muerte
qué sueños puedan visitarnos
cuando ya hayamos desechado
el tráfago mortal,
tiene que darnos qué pensar.
Ésta es la reflexión que hace
que la calamidad tenga tan larga vida:
pues, ¿quién soportaría los azotes
y escarnios de los tiempos, el daño del tirano,
el desprecio del fatuo, las angustias
del amor despechado, las largas de la Ley,
la insolencia de aquel que posee el poder
y las pullas que el mérito paciente
recibe del indigno, cuando él mismo podría
dirimir ese pleito con un simple punzón?
¿Quién querría cargar con los fardos,
rezongar y sudar en una vida fatigosa,
si no es porque algo teme tras la muerte?
Esa región no descubierta
de cuyos límites ningún viajero
retorna nunca, desconcierta
nuestro albedrío, y nos inclina
a soportar los males que tenemos
antes que abalanzarnos a otros que no sabemos.
De esta manera la conciencia
hace de todos nosotros cobardes,
y así el matiz nativo de la resolucion
se opaca con el pálido reflejo del pensar,
y empresas de gran miga y mucho momento
por tal motivo tuercen sus caudales
y dejan de llamarse acciones.


Y, aunque se le recordará como un escritor del erotismo,


Dime mujer

(Para Luci Fernández de Alba, que se sorprendió)

Dime mujer dónde escondes tu misterio

mujer agua pesada volumen transparente

más secreta cuanto más te desnudas

cuál es la fuerza de tu esplendor inerme

tu deslumbrante armadura de belleza

dime no puedo ya con tantas armas

mujer sentada acostada abandonada

enséñame el reposo el sueño y el olvido

enséñame la lentitud del tiempo

mujer tú que convives con tu ominosa carne

como junto a un animal bueno y tranquilo

mujer desnuda frente al hombre armado

quita de mi cabeza este casco de ira

cálmame cúrame tiéndeme sobre la fresca tierra

quítame este ropaje de fiebre que me asfixia

húndeme debilítame envenena mi perezosa sangre

mujer roca de la tribu desbandada

descíñeme estas mallas y cinturones de rigidez y miedo

con que me aterro y te aterro y nos separo

mujer oscura y húmeda pantano edénico

quiero tu ancha olorosa robusta sabiduría

quiero volver a la tierra y sus zumos nutricios

que corren por tu vientre y tus pechos y que riegan tu carne

quiero recuperar el peso y la rotundidad

quiero que me humedezcas me ablandes me afemines

para entender la feminidad la blandura húmeda del mundo

quiero apoyada la frente en tu regazo materno

traicionar al acerado ejército de los hombres

mujer cómplice única terrible hermana

dame la mano volvamos a inventar el mundo los dos solos

quiero no apartar nunca de ti los ojos

mujer estatua hecha de frutas paloma crecida

déjame siempre ver tu misteriosa presencia

tu mirada de ala y de seda y de lago negro

tu cuerpo tenebroso y radiante plasmado de una vez sin titubeos

tu cuerpo infinitamente más tuyo que para mí el mío

y que entregas de una vez sin titubeos sin guardar nada

tu cuerpo pleno y uno todo iluminado de generosidad

mujer mendiga pródiga puerto del loco Ulises

no me dejes olvidar nunca tu voz de ave memoriosa

tu palabra imantada que en tu interior pronuncias siempre desnuda

tu palabra certera de fulgurante ignorancia

la salvaje pureza de tu amor insensato

desvariado sin freno brutalizado enviciado

el gemido limpísimo de la ternura

la pensativa mirada de la prostitución

la clara verdad cruda

del amor que sorbe y devora y se alimenta

el invisible zarpazo de la adivinación

la aceptación la comprensión la sabiduría sin caminos

la esponjosa maternidad terreno de raíces

mujer casa del doloroso vagabundo

dame a morder la fruta de la vida

la firme fruta de luz de tu cuerpo habitado

déjame recostar mi frente aciaga

en tu grave regazo de paraíso boscoso

desnúdame apacíguame cúrame de esta culpa ácida

de no ser siempre armado sino sólo yo mismo.


lo era también de la tristeza.


Modesto desahogo


Estoy más triste que un zapato ahogado
estoy más triste que el polvo bajo los petates
estoy más triste que el sudor de los enfermos
estoy triste como un niño de visita
como una prostitutas desmaquillada
como el primer autobús al alba
como los calzoncillos de los notarios
triste triste triste de sonreír como un bobo desde los rincones
de ver tallar las cartas en redondo saltándome siempre a mí
de todo lo que se dicen y se dan y se mordisquean en mis narices
estoy harto de quedarme con el saludo en la boca
de salir bien dibujado entre la muchedumbre
para que me borre siempre el estropajo de su roce
de no estar nunca en foco para ningunos ojos
de tener tan desdentada la mirada
de navegar tras la línea del horizonte
con mis banderitas cómicamente izadas
no puedo más de no ser nunca nadie
de que no me dejen jamás probarme otra careta que la de ninguno
de no irrumpir de no alterar el oleaje
de no curvar jamás un tren de ondas
de no desviar a mis corrales la palabra suelta
de que nunca me caiga a mí la lotería de un vuelco visceral
De no poblar ni el más vago sueño ocioso
De saber que ningún mal pensamiento tendrá ya más mi rostro.
Estoy hasta aquí de la avaricia de los privilegiados
de que quieran para ellos solos toda la juventud
todos los influjos en las cosas del mundo
todo el favoritismo de la prostitutas alegría
toda la iniciativa de renuevo y capricho
de que se apropien sin escrúpulos la plusvalía de calor y encuentros
todo el capital de risa y de coloquio
que repartido con justicia
alcanzaría de sobra para alimentarnos a todos
a todos los hambrientos de carne de comunión
y sedientos de vino de comunión
a todos los que están tristes
como faldones arrugados que les cuelgan a los otros
en fin estoy jibosamente desolado
de haber envejecido sin seguro de vida
sin seguro de nombre
sin cavar mi guarida en el espeso ahorro
de no haber cobrado el billete cuando la vida se asomaba a mirarme
de haber tirado siempre deudas al cesto sin mirarlas
y lo que quiero decir es que estoy a fin de cuentas
terriblemente triste de que no me hayáis perdonado.


Y, sobre todo, de la esperanza.


En brazos de la noche


Está ya oscurecida la hermosura;

los árboles desnudos

se mecen en la sombra,

y un gran silencio vela suspendido.

En brazos de la noche

se guarda y perpetúa la promesa del día,

la prometida plenitud del día

que cumple en sólo prometerse

un don que nos inclina,

y nos fuerza, y nos basta.

De noche la hermosura a solas habla;

a solas en el aire solo

late oculto el ardor de su promesa

sin cesar renovada.

Y a través de la noche,

desde el oscuro fondo de su entraña,

nos guía y acompaña

heridos de esperanza, al nuevo día,

nuevamente a cumplir bajo el sol nuevo

su plenitud igual y suficiente

de prometida nuestra sin fin, siempre la misma.


miércoles, 12 de octubre de 2011

Cuando el amor se olvida (La Bien Querida)

Si tú quisiste a alguien y ese no te quiso.
Si alguien te engañó y no lo pudiste ver,
no le culpes al amor que así lo quiso,
solo piensa en lo feliz que al mentir te hizo.

Los suspiros son aire y van al aire,
y las lágrimas agua y van al mar.
Los suspiros son aire y van al aire,
y las lágrimas agua y van al mar.

domingo, 9 de octubre de 2011

Un poema en Cuartoscuro 110

no sé o sé apenas dónde vivo:

no sé qué ha de quedar del cuerpo éste,
qué de los otros que son sólo nombres sin rostro:

no sé qué quedará de este instante
en que desearía que se detuviera la ciudad
antes de que inexorable el olvido la borre:

no sé qué habrá de ser de las palabras
que un día significan y al otro ya no,
de las palabras que sólo sirven o casi
para arrepentirse de haberlas pronunciado:

no sé en qué habrá de quedar todo esto
ni la piedra ni la ciudad ni los cuerpos
pero sé con esa certeza de la fe inútil
que alguien ahí afuera y ahora mismo
fija contra el olvido un instante:

miércoles, 5 de octubre de 2011

Carta abierta a la Academia Sueca

Estimados miembros de la Academia Sueca:

¿Podemos dejarnos de tonterías y darle a Philip Roth el premio Nobel de Literatura antes de que muera?

El resto, aquí.

sábado, 24 de septiembre de 2011

apunte para un autorretrato

ser solo o ser triste es vocación,
una tan duradera como el insomnio:

ser así es un juego genético
donde todos ponen donde todos pierden
y ni la casa, suponiendo que existiera, gana nunca:

ser es una pregunta pasada ya de moda
o una respuesta tal vez que ya no llega:

ser es justo ahora
el único verbo
que no quiero
ni puedo conjugar:

ser son demasiadas letras
y pierdo la cuenta
pierdo el orden
cuando comienzo a deletrearlas:

ser y si acaso:

martes, 20 de septiembre de 2011

Matephorique

no aprenderemos a sumar nunca
no sabremos nunca los números
o quizá sí pero no su orden:
 
no habrá formulas ni letras
pero sí incógnitas y derivadas
ecuaciones sin solución múltiple
 
no aprendemos nada nunca salvo el odio
a aquella maestra de matemáticas
que de niños nos dijo que todo todo
se resolvía
con lo que nos intentaba enseñar.

jueves, 15 de septiembre de 2011

lunes, 12 de septiembre de 2011

Una verdad más

"Toda lengua, sea cual sea, da cada siglo para generar tres, cuatro o cinco grandes poetas [...] Si aceptamos que estos grandes nombres, en la mayoría de las tradiciones occidentales, se dieron durante la primera mitad de siglo, fácilmente convendremos en aceptar nuestro feliz destino de poetas menores".
(Alex Susanna)

domingo, 11 de septiembre de 2011

"Baso" es con "v"

Vuelves a mi cabeza cuando ponen esa puta canción ...

jueves, 8 de septiembre de 2011

En la puerta de un subway (borrador)

"Nosotras nos crecemos ante el castigo", dijiste
y me imaginé comprándote latigos y mordazas,
diminuta ropa interior de cuero negro y encajes
o instrumentos de tortura como un juego.

"Nos crecemos ante el castigo", repetiste
y entonces cai en cuenta de que hablabas del trabajo
y te imaginé como tantos días
en pants y despeinada, bostezando antes
del último cigarro de la noche,
antes también
del beso suave de las buenas noches.

lunes, 5 de septiembre de 2011

N-P (Banana Yoshimoto)

Me encontré frente a una mujer desconocida que estaba sonriéndome alegremente.
Eso hizo que asustara aún más. No olvidare nunca el momento en que vi por primera vez aquellos ojos clavados en mí. Su mirada tenía la transparencia pura de Sirio brillando a lo lejos en el cielo nocturno, o la límpida luz de un Martini seco, preparado a conciencia, emanando a través de la copa de cóctel.
¿Podrán comprenderme? Sentí pánico. Al descubrir en un rostro adulto unos ojos de bebé recién nacido como aquellos, ¿cómo es posible adivinar lo que en ellos se refleja o los pensamientos que acuden a su mente?
Era una persona muy extraña, no se parecía a cualquier otra que hubiera visto antes. Pero era atractiva. Poseía una agudeza semejante al instinto de un animal, similar a la fuente que brota de la inteligencia.
Me quedé mirándola fijamente. La examiné.
La línea de los senos, pequeña y bien formada. Las piernas, que los cortísimos pantalones dejaban al descubierto, eran sensuales e inesperadamente carnosas. En los pies desnudos, unas sandalias amarillas de playa.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Rainer Maria Rilke

Por ti, para que tú un día llegaras,
¿no respiraba yo a media noche
el flujo que ascendía de las noches?
Porque esperaba, con magnificencias
casi inagotables, saciar tu rostro
cuando reposó una vez contra el mío
en infinita suposición.
Silencioso se hizo espacio en mis rasgos;
para responder a tu gran mirada
se espejaba, se ahondaba mi sangre.
¡Qué expresión fue sembrada en mi interior
para que, cuando crece tu sonrisa,
proyecte sobre ti espacio cósmico!
Pero tú no vienes, o vienes demasiado tarde.
Precipitaros, ángeles, sobre este
linar azul. ¡Segad, segad, oh ángeles!

martes, 30 de agosto de 2011

Casi un plagio

YA VAN VEINTE AÑOS DE NEVERMIND y no ha pasado nada:
todo sigue, aunque envejecido, igual que entonces.

Yo sigo recorriendo
las habitaciones más oscuras de la noche,
esas en que mis canas prematuras
destacan más cada día,
y tú, todavía insomne,
prendida a la pantalla
conviertes en unos y ceros la amistad.

El mundo continúa quizá peor
pero no mucho más que entonces.

Ahora los meseros ya no usan "joven"
para dirigirse a nosotros y dicen
"señor" y "señora" mientras los desconocidos
confunden los hijos de nuestros fallidos matrimonios
como si fueran nuestros.

Y el twitter y los blogs replican
lo felices que fuimos entonces.

Todo sigue igual. Nevermind. O quizá Nevermore.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Un cuento tristísimo de Sherman Alexie

IDOLATRÍA

Marie esperó horas. Estaba bien. Ella era india y todo lo indio -powwows, funerales y bodas- requería paciencia. Esta audición no era india, pero ella estaba lista cuando dijeron su nombre.

“¿Qué vas a cantar?”, preguntó el británico.

“‘Every Reservation Girl Loves Patsy Cline’”, dijo ella.

“Escuchémosla”.

Sólo pudo cantar la primer estrofa antes de que la interrumpieran.

“Eres una cantante horrible”, le dijo. “No vuelvas a cantar nunca”.

Ella sabía que ese momento se transmitiría por la cadena nacional. Ella había estado de acuerdo en aceptar cualquier humillación.

“Pero mis amigos, mis maestros de voz, mi madre me dicen que soy buena”.

“Te mintieron”.

¿Cuántas canciones había cantado Marie en su vida? ¿Cuántas mentiras le habían contado? Enfrente de la cámara, Marie hizo la cruel suma, se fue corriendo hasta la habitación verde y lloró en los brazos de su madre.

En este mundo, debemos amar a los que mienten. O vivir solos.

(Publicado en HC).

domingo, 24 de julio de 2011

Adios, Amy

Para y con Cristina


Lo primero fue una reseña en Mojo de “Frank”, una reseña que parecía exagerada. Después un par de canciones que comenzaban a sonar en los ipods de algunos amigos. Al final, esos videos, como descuidados pero perfectamente adecuados. Y, sobre todo, ese pelo que parecía mentira. (Y una biografía que no dejaba nada que envidiar a la Pete Doherty que, aunque delgado y paliducho, aún sigue entre nosotros).
Después llegó “Back in Black”, con esa maravillosa sección de viento que son los Dap Kings que llevaban sus años de trote y que por sí mismos –vease el caso de Sharon Jones– ya harían grande el disco. Fue entonces cuando comenzaste a cantarla, no podía ser de otro modo, obsesivamente, a la menor provocación. Y llegaron, al poco tiempo, los premios y sonaba más y más y el disco era bueno, muy bueno, casi perfecto, impecable. Pero tenía algo que lo hacía infinitamente mejor al resto, esas letras que de tan autobiográficas, de tan sinceramente autobiográficas, pasan a ser polibiográficas. Cualquiera que haya vivido un poco sabe de que estaba hablando la Winehouse.
“No pasa nada si termino sola” cantaba en esa enorme oda a la adicción que es Addicted, pero sabíamos que no era sólo eso sino el terror a no morir solo que unicamente se puiede desafiar gritando que es justamente lo que menos importa. “Y yo vuelvo a nosotros” una línea escondida en Back to Black que resume años de peleas y reencuentros, de odios y amores enfermizos, de gritos y silencios. Y qué mejor banda sonora para clases nocturnas de “aprender a dar el avión” que esas dos líneas de He Can Only Hold Her que “Por eso él intenta calmarla / porque lo que ella tiene dentro no muere”. Hasta llegar al tema cuatro del disco que creo que es la frase que más veces te he escuchado decirme en mi vida “¿Cuándo llegará el momento en que podamos ser amigos, sólo amigos?”. Y ella misma se, nos, respondía en la diguiente canción, acertada, verdadera, dolorosa, cuando cantaba una y otra vez que “el amor es un juego en que siempre se píerde”. Y todos esos enojos que tus amigos teníamos que escuchar porque tenías la misma rabia que la Amy cuando cantaba en Me and Mr Jones eso de que “nada se interpone entre mi hombre y yo”.
Si fuera un viejo disco de vinilo ahora haría una pausa para cambiar el lado y poner la cara B que empezaría con esa maravillosa oda sobre el-no-quiero-cambiar-nunca que es Rehab y esa frase, grito desesperado de “no, no, no”, un buen reverso del no cambies nunca y el problema es que uno no quiere cambiar. Y todo “hay que dejarlo por escrito / pero para quién escribirmos” canta en una de las canciones más subestimadas, y en parte con razón, del disco que es Some Unholy War. Total, todo para que al final “las lágrimas se sequen solas” porque “somos historia, tu sombra me cubre”. Y no queda otro remedio de “despertarse solo” siguiendo las ordenes de un disco cada vez más triste, cada vez más lleno de verdad, de esas verdades que sólo algunos conocen y menos aún se atreven a dejar por escrito o a cantarlas. Y sí, hasta el final, el grand finale, esa declaración, ojalá lo hubieramos sabido antes, de “ya sabes que no soy buena”. Un final que desde hace un par de días es más triste aún.
Y ojalá alguien tenga la idea de grabar en su lápida, o garabetearlo, lo que ella escribió de si misma en “Frank”, en una canción titulada con su nombre repetido tres veces “Amy Amy Amy / Aunque ya he estado aquí antes”.

lunes, 18 de julio de 2011

El decálogo (+1) de Onetti

I. No busquen ser originales. El ser distinto es inevitable cuando uno no se preocupa de serlo.

II. No intenten deslumbrar al burgués. Ya no resulta. Éste sólo se asusta cuando le amenazan el bolsillo.

III. No traten de complicar al lector, ni buscar ni reclamar su ayuda.

IV. No escriban jamás pensando en la crítica, en los amigos o parientes, en la dulce novia o esposa. Ni siquiera en el lector hipotético.

V. No sacrifiquen la sinceridad literaria a nada. Ni a la política ni al triunfo. Escriban siempre para ese otro, silencioso e implacable, que llevamos dentro y no es posible engañar.

VI. No sigan modas, abjuren del maestro sagrado antes del tercer canto del gallo.

VII. No se limiten a leer los libros ya consagrados. Proust y Joyce fueron despreciados cuando asomaron la nariz, hoy son genios.

VIII. No olviden la frase, justamente famosa: 2 más dos son cuatro; pero ¿y si fueran 5?

IX. No desdeñen temas con extraña narrativa, cualquiera sea su origen. Roben si es necesario.

X. Mientan siempre.

XI. No olviden que Hemingway escribió: "Incluso di lecturas de los trozos ya listos de mi novela, que viene a ser lo más bajo en que un escritor puede caer."

lunes, 11 de julio de 2011

jueves, 7 de julio de 2011

Lo que hay que poner

"pongan ustedes dentro de cada palabra una cosa" (Josep Pla)
"Always put in more than you take out" (E. Hemingway)

martes, 5 de julio de 2011

Una breve nota sobre los poemas de Sarah Palin

Por supuesto que el poema de ayer no era de Sarah Palin. las palabras, sí. Los versos, la disposición, el efecto humorístico de Michael Salomon, el responsable de haber transformado e-mails de la alaskense (o como se diga) en versos en su 'I hope like heck'. The Selected Poems of Sarah Palin.

La devaluación total de la poesía (la política ya lo estaba hace tiempo).

lunes, 4 de julio de 2011

Pero no estoy amargada (un poema de Sarah Palin)

La luz del sol es perfecta.
Qué mal que la estamos mirando
Por la ventana de la sala de conferencias
Esta tarde.

But I’m Not Bitter

The sunshine is perfect—
Too bad we’ll be looking at it
Through conference windows
This afternoon.

miércoles, 29 de junio de 2011

martes, 28 de junio de 2011

Por fin encontré la explicación

Para Beto y su amiga.

"Mi conjetura, una conjetura muy bien fundamentada es que refleja la experiencia de su vida. Las mujeres no se enamoraban de él... por lo menos las mujeres que estaban en su sano juicio. Lo inspeccionaban, lo husmeaban, tal vez incluso lo probaban. Y entonces seguían su camino".
(Verano de Coetzee)

Una fotografía de Joyce para el escritorio



miércoles, 22 de junio de 2011

LA “ÚLTIMA CARTA” DE TED HUGHES

(Un poema inédito en español en el número 11 de la revista La Otra)
Los inéditos de un escritor siempre son recibidos con ansiedad por estudiosos y lectores. La biografía, y si contiene elementos morbosos más, es también motivo de atención. Por eso, un inédito de Ted Hughes titulado “La Última Carta” no pudo ser, cuando fue descubierto apenas hace unos meses, sino un acontecimiento por motivo doble, por la estatura del poeta inglés y por ser, con ese título, una especie de epílogo a las Cartas de Cumpleaños.
Es de sobra conocida la génesis y publicación del último poemario de Hughes. Avisado por su doctor de la enfermedad que acabará con él en unos cuantos meses, el poeta entrega a su editor y a la editora del Times Literary Suplement un conjunto de poemas escritos, y corregidos, a lo largo de casi treinta años, los mismos años en los que ha tenido que soportar, casi a donde quiera que fuese a hablar en público, diluvios de verduras, insultos o los directísimos gritos acusadores de “asesino, asesino”. Con la aparición de Cartas de Cumpleaños se cerraba o, al menos, se tenía otra visión como elemento de juicio, la complicada relación entre dos de los, probablemente, más grandes poetas en lengua inglesa de la segunda mitad del siglo XX, el propio Hughes y la suicida Sylvia Plath. A los ríos, caudalosos por completar el lugar común, de diferentes y, en muchas ocasiones, encontradas opiniones, se sumaban entonces los poemas de uno de los involucrados.
Aunque reductor, a veces resulta imposible leer determinadas obras sin tener en cuenta la biografía de sus autores. Así fue leída parte de la obra de Hughes y la gran mayoría, por no escribir la totalidad, de la plathiana. Así, aunque no sólo, puede leerse también esta “última carta”, el borrador apenas rescatado y cuyo título lo coloca dentro o, al menos, compartiendo el espíritu de la postrera publicación de Hughes.
A pesar de su innegable y prometedora fuerza poética, “La Última Carta” es, todavía, un borrador que el autor decidió no publicar y que presenta, comparado con los poemas de la misma serie que sí se publicaron, tres características que lo convierten en un texto bastante especial. Primero, una conversación directa sobre los planes de suicidio de Sylvia y la hipótesis de que una carta de Plath a Hughes, la que Jillian Becker comenta en su recuento del último fin de semana de la poetisa, llegó demasiado pronto, de que si hubiese llegado, como podría haber estado previsto, el lunes en la mañana, Ted, que salió corriendo al recibirla, habría podido evitar un desastre. El segundo hecho que llama la atención es la sobreabundancia de imágenes puramente plathianas: “tratamiento de choque”, “dos mujeres / cada una con un aguja”, “los oídos y la máscara hambrienta”, “un infinito odio alemán”, “como el nacimiento que pasa (…) lento” o, por terminar con los ejemplos, “como un arma elegida cuidadosamente”. Y tercero, y más asombroso en la obra de Hughes, una sinceridad salvaje sobre sus aventuras extramatrimoniales, una de las cuales es descrita en este poema con tal riqueza de detalles, el nombre de ella y los lugares visitados, que roza casi la confesión arrepentida.
Pero lo más importante no es la sorpresiva acumulación de detalles autobiográficos, que de seguro serán analizados en los congresos anuales que la academia anglosajona a ambos poetas, sino el hecho de volver a encontrarnos, como lectores, con un Hughes que, aunque en borrador, mantiene su altura poética, esa que habla, como en Cuervo, de un destino ineludible impuesto al hombre, como en Gaudete, de infinitas posibilidades que sólo pueden resolverse a través de la acción, una acción, en este caso, ya imposible.


LA ÚLTIMA CARTA

¿Qué ocurrió aquella noche? Aquella última noche
En que todo fue expuesto dos veces,
Tres. Te vi viva por última vez
Al caer la tarde del viernes
Quemando en el cenicero con una extraña sonrisa
Esa última carta a mí. ¿Había yo estropeado tus planes?
¿O me había sorprendido antes de lo que tenías previsto?
Una hora más tarde y ya te habrías marchado
Donde yo no pudiese encontrarte.
Yo, con tu carta en la mano,
Un rayo que no podía llegar a la tierra,
Me habría alejado de tu puerta cerrada y roja
Que ya nadie abriría.
Eso para mí
Hubiera sido un tratamiento de choque
Que se repetiría una vez y otra, todo el fin de semana,
Cuando la leyera o simplemente al pensarla.
Eso hubiera ordenado mis pensamiento y mi vida.
El tratamiento que planeabas necesitaba tiempo.
No puedo imaginarme cómo
Hubiera podido soportar ese fin de semana.
No puedo imaginarlo. ¿Lo tenías ya todo planeado?

Tu nota me llegó demasiado pronto. Ese mismo día,
Viernes en la tarde y la habías mandado en la mañana.
La adelantaron los demonios que siempre prevalecen.
Esa fue una más de las pajas de la mala suerte
Que contra ti quiso poner el servicio postal
Y que se añadió a tu carga. Salí rápido por entre la nieve
Ya azulada en Febrero. Anochecía en Londres.
Lloré de alivio cuando abriste la puerta.
Mil y un acertijos a solucionar. Lágrimas precoces
Que no pude interpretar, que fracasaron al comunicar
Su verdadera importancia. Pero lo que dijiste,
Sobre las cenizas aún humeantes de esa carta
Destruida con tanto cuidado, con tanta calma,
Me dejó dejarte, marcharme
Para que quitaras las cenizas de tu plan, del cenicero
En el que apoyaste para que yo leyera
El número de teléfono del doctor.
Mi huida
Se había convertido en un hechizo,
Desesperanzado e insomne, con todos sus sueños gastados,
Y yo sólo quería volver a capturarlos, sólo quería
Caer en algún sitio fuera de ese vacío.
Dos días de no hacer nada. Dos días gratis.
Dos días sin calendario y robados
De un mundo sin nombre
Más allá de lo del día, de sentimientos y de nombres.

El amor de mi vida lo agarró. El desmayado amor de mi vida
Con sus dos agujas locas,
Esas que tejían su rosa, esas que atravesaban y anudaban
En el tapete su tatuaje sangriento
En algún sitio y adentro de mí,
Anudando ese embrollo blasonado,
Dos agujas locas, pespuntando sus pespuntes,
Eligiendo
De mis nervios sus colores,
Rehaciéndose adentro de mi piel, rehaciéndose
La una a la otra como una caricatura.

Su obsesionado entrar y salir. Dos mujeres
Cada una con una aguja.

Esa noche
Mi Susan de De la Robbia. Me moví
Con la circunspección
De una llama en la mecha. Toda mi furia
Era un esfuerzo abandonado de volar
El viejo globo sobre el que las sombras doblaban
Mi delator rastro de ceniza. Corrí
De un lado a otro, corrí mirando atrás, una película al revés.
¿Corrí hacia dónde? Fuimos a Rugby Street
Donde tú y yo comenzamos.
¿Por qué fuimos allí? ¿De todos los lugares donde pudimos ir,
Por qué fuimos allí? La perversidad
En el arte de nuestro destino
Ajustó sus refinamientos para ti, para mí,
Para Susan. Un solitario
Que jugaba a ser el minotauro de ese laberinto
Que incluía hasta a Helena en la planta baja.
Tú te habías fijado en ella: una chica para un cuento.
Nunca la conociste. Pocos la conocieron
Si no era a través de los oídos y la máscara hambrienta
De su perro alsaciano. Tú ni siquiera la habías visto.
Tú tan solo te encogías
Cuando el demente animal se impactaba contra la puerta
Mientras atravesábamos el pasillo
Y la oíamos ahogarse en un infinito odio alemán.

Aquel sábado en la noche abrió su puerta
Apenas unos centímetros.
Susan se encontró con sus ojos negros, con el triste
Sobrepeso y la cara amorosa que se veía
Al otro lado de la cadena. Se cerró la puerta.
La oímos consolar al carcelero en su celda,
En su guarida, esa en la que apenas unos días después,
Lo ahogaría en gas, se ahogaría ella misma.

Susan y yo pasamos esa noche
En la cama de nuestra primera noche. No lo había vuelto a ver
Desde que nos tumbamos en ella la noche de bodas.
No me la llevé a mi propia cama.
Se me ocurrió que con el fin de semana
Pudieras aparecer en una visita sorpresa.
¿Apareciste para tocar en mi ventana oscura?
Por eso me quedé con Susan escondiéndome de ti
En nuestro lecho conyugal, el mismo
Del que en tres años se la llevarían a morir
Al mismo hospital en el que,
En doce horas,
Yo te encontraría muerta.
El lunes en la mañana
La llevé al trabajo, a la City
Y después estacioné el auto al norte de Euston Road
Y volví a donde mi teléfono me esperaba.

Lo que pasó esa noche, en tus horas,
Nadie lo sabe, como si nunca hubiera ocurrido.
La acumulación de toda tu vida,
Como en un esfuerzo inconsciente, como en el nacimiento
Que pasa lento, que atraviesa la membrana de un segundo
Hasta el siguiente, ocurrió
Sólo como si no pudiese ocurrir,
Como si no estuviera ocurriendo. ¿Cuántas veces sonó
En mi habitación vacía el teléfono
Contigo en el tuyo oyendo el tono
Y a ambos lados una memoria que se desvanece
De un teléfono sonando
En una mente que ya estaba muerta.
Cuento las veces que fuiste hasta la cabina
Al final de Saint George.
Ahí estás siempre que miro, apenas
A la salida de Fitzroy Road, cruzando
Entre los montículos de azúcar sucio.
Con tu largo abrigo negro,
Con la coleta a tus espaldas,
Con tu andar que no se mueve ni despierta
Y nadie más anda,
Andando por las escaleras de Primrose Hill
Hacia la cabina de teléfono a la que nunca llegas.
Antes de medianoche. Después. Otra vez
Y otra y otra vez. Y, ya cerca del alba, otra.

¿En qué posición de las manecillas de mi reloj hiciste
Tu último intento,
Ya más allá de mí capacidad de escucharlo
Y agitaste la almohada
De esa cama vacía? ¿Una última vez
Que rozó apenas mis papeles y mis libros?
Cuando llegué el teléfono ya estaba dormido.
La almohada inocente. Dormía mi habitación
Henchida de la nevada luz matutina.
Encendí el fuego y saqué los papeles.
Y apenas había comenzado a escribir cuando el teléfono
Se despertó como alarmado,
Como recordando todo. Tomó vida de nuevo en mi mano.
Y después, como un arma elegida cuidadosamente
O como una inyección,
Depositó con frialdad sus cuatro palabras
En lo más profundo de mi oído: “Su esposa ha muerto”.

martes, 21 de junio de 2011

La habitación de Cernuda, recién fallecido

Cuando abrimos la puerta del cuarto nos dio la impresión de que estábamos entrando en la celda de un monasterio. Las paredes desnudas. Un sofá, una cama, un vaso de agua en la mesilla de noche, un pañuelo bajo la almohada. Un escritorio, un librero... Parecía que de un momento a otro iba a entrar el poeta protestando porque habíamos violado su intimidad.

lunes, 20 de junio de 2011

Lo dice Monsiváis

Me apasionan mis defectos: el exhibicionismo, la arbitrariedad, la incertidumbre, el snobismo, la condición azarosa. No sé si pueda llevar a cabo una obra siquiera regular, pero no sirvo para las finanzas o la política.

jueves, 16 de junio de 2011

Bloomsday

era una flor de la montaña
sí cuando puse una rosa en el pelo
como las andaluces o llevaba algo rojo sí
y cómo me besaba bajo el morisco muro
y yo pensaba bien y en él como en otro
y le pregunté
con mis ojos y le pregunté de nuevo sí
y después me preguntó si yo sí
para llamarme flor de la montaña
y lo rodeé con mis brazos y lo atraje
para que sintiera mis pechos todo el perfume

sí y su corazón enloqueció
y dije sí
sí lo haré

martes, 14 de junio de 2011

El post más triste del mundo: "Así soy yo"

¿Qué puedo hacer?

¿Qué puedo hacer
si después de tanto tiempo
no te dejo de querer?.

Y si después
de todo el tiempo que ha pasado,
si nos vemos no sé lo que hacer.

He pasado por tu casa 20 veces,
y siempre voy al Amador por si apareces,
pero nunca vas,
pero nunca nunca vas.
Estoy harto de esperar,
esto es más de lo que puedo soportar.

Y una vez más,
he intentado convencerte,
pero todo sigue igual
que todos estos años.
Y una vez más
de qué me sirve intentarlo
si ni siquiera me vas a escuchar.
¿Estoy equivocado?.

He pasado por tu casa 20 veces,
y siempre voy al Amador por si apareces,
pero nunca vas,
pero nunca nunca vas.
Estoy harto de esperar.

Estoy harto de intentarlo,
estoy cansado de seguir igual.
Tiene que cambiar.


Voy a dejar este sitio,
para no encontrarme contigo.
He pasado por tu casa 20 veces,
siempre voy al Amador por si apareces,
pero nunca vas
pero nunca nunca vas,
estoy harto de esperar.

jueves, 9 de junio de 2011

El aprendizaje de Jhumpa Lahiri

En un artículo en el New Yorker.
(La niña de la fotografía es ella a los tres añitos)

martes, 7 de junio de 2011

un poema perdido (y traducido) de e. e. cummings

(esta noche
en la calle
de los negros

la nieve cae perfectamente,

la nieve sin ruido que está
dedeando sexualmente a las totalmente dormidos

casas)
A la nieve brillante
le gustan
los negros. se adormece
hermosamente en los inseguros tejados
y las escaleras peligrosas. Besa
un trillón de veces con belleza la
suelta suciedad oscura, en la cual

los cuerpos negros se amontonan y abrazan

(soñé que Dios se llevó
el mundo
cuando los negros estaban dormidos
y lo arrojó al Infierno y
los blancos y los marrones y los amarillos
se volvieron de repente todos

negros pero Dios miró
y los negros se reían de Él.
Y Él mismo se reía
y le dijo a la nieve “Quiero
que vayas
a la calle de los negros y que apagues
el fuego porque he decretado El Día Final.”)
UNA
golpe-

adora farola y yo
observamos en el perfecto y sin ruido
aire que está cayendo,
con besadores claros sexuales
dedos dedeando a la calle totalmente dormida

a la nieve brillante le gustan los negros

lunes, 6 de junio de 2011

un poema perdido de e. e. cummings

(los detalles y la traducción, en un rato o mañana)

viernes, 3 de junio de 2011

De William Goyen

Pensar que se pueda venir al mundo en un lugar que en un principio no sabríamos nombrar siquiera, que se ve por primera vez y que, en este lugar anónimo, desconocido, se pueda crecer, circular hasta que se conozca su nombre...

miércoles, 1 de junio de 2011

Naipaul y Theroux...



se reencontraron, al fin, tras quince años sin hablarse.

domingo, 29 de mayo de 2011

Liber Scivias de Claudia Posadas

la Ciudad dorada el lento limo de la gracia ninguna acumulación de la intemperie bautismada en el dolor acrisolado el crisma decristaliza la cristálida.
(Claudia Posadas)


“Amurar”, un neologismo acuñado por Claudia Posadas en “Era el invierno”, resume perfectamente el espíritu del libro, y en consecuencia de la poética, de Liber Scivias (CONECULTA, 2010). Es decir, el libro como una ciudad, más cercana a las imaginadas por Santa Teresa o a los hortus conclusus de la poesía amorosa que a una contemporánea. El libro, este libro, como una doble dimensión, la esotérica y la exotérica, compatibles ambas. El Libro, así con mayúscula semi intencional, de Claudia Posadas es, antes que nada, uno de doble lectura.
“Yo reconozco a tientas mi morada” escribe Posadas que escribe Valente, ambos en obvio homenaje a la monja castellana, en el epígrafe del primer poema del libro, ofreciendo al lector atento, al que quiera, al que sepa, una de las claves. Frente a la poesía confesional o la simplemente experiencial, la autora ofrece un nuevo, viejo en realidad pero no muy practicado, modo de escritura y, por ende, de lectura. Liber Scivias habla en niveles diferentes, ninguno negador del otro, ninguno más verdadero que el otro. Diferentes y compatibles, abiertos todos y todos complementarios porque “ser y estar [es] como una índole que al final es consanguínea”, pero de una consaguineidad que pertenece al lector y no a la autora que, la mayor parte de las veces, ejercerá de medium, en el sentido más etimológico que de poseedora de la verdad, verdad que, incansablemente van buscando ambos, lector y poeta, a lo largo de estas páginas.
Y, como los verdaderos poetas, la mano que escribe, la de Posadas, esa que sigue el dictado de algo ajeno y apropiado al mismo tiempo, no tiene más remedio, apenas pasadas cincuenta páginas del libro, la util inutilidad de su misión: “Me es ajeno cuanto habría de decir. / No distingo las palabras, / y ni siquiera las comprendería si alguien las nombrase por mí”. La poesía, al menos cierto tipo de poesía, es ese decir sin decir diciendo, es, por usar un título de Posadas, un tratado “de las tortuosas maquinarias”, un lugar en el que habita “la obsesión, / su trastocamiento irreversible”, esas “venas como un orden invasor que va tomando el templo y tus campos fértiles / hasta concentrar su lenguaje”.
Y avanzando las páginas, el lector, cualquier lector, no puede evitar sino preguntarse cuál es el tema del Liber Scivias, de qué trata, a dónde, a que jardín o espacio abierto, a qué fortaleza o morada o castillo, quiere la autora llevarlo. Y en “Phosphorus”, el elemento que brilla, que da luz, que se enciende, casi puede encontrarse una respuesta, negada al instante ya que “nadie encendía su rotación. A veces un rumor que tal vez fuera el vuelo de la Cauda, / pero sólo un vórtice de ramas girando en la hondura de un pozo vacío”. O quizá todo no sea más que un misterio, un acertijo, unas palabras en clave, y cursivas, al final del poema: “las cinco en ámbar de la tarde”.
“Al segundo y al tercero. Al cuarto y al quinto. Al sexto y al séptimo” son las, crípticas o demasiado claras, palabras de Angelina Muñiz-Huberman que abren, en una de las citas, la última parte del libro, la definitiva, “Unio”. Esas palabras son, literalmente, una invitación a los diferentes círculos de lectura, pero también a una relectura. Como si la autora, por persona interpuesta, avisara al lector de la necesidad de volver una vez y otra a repetir los poemas que, ahora sí, comenzarán a iluminarse, a iluminar al lector, aunque con esa dificultad que recorre todo Liber Scivias. Convencido ya quien ha llegado hasta aquí de que la unión es inminente y necesaria se encuentra con un miniaturista sentado en su scriptorium, ¿la autora misma?, que afirma “no saber a dónde Tú, mi Vigilancia, / mi evocado ser de lutz”.
Y, de repente, en los cinco últimos poemas, parte del libro pero al mismo tiempo luminosamente aparte, estalla la claridad, una que aunque no entendida sino bajo el velo del misterio y la palabra reconcilia, y recompensa, al lector con, por usar al místico castellano, un algo que queda balbuciendo y claro al mismo tiempo. ¿Qué importa que quiera decir realmente “de mi sangre brota la crisálida de luz, // y estalla para siempre el corazón del miedo” si la verdad es que en cualquier sangre hay luz y en cualquier corazón miedo? Como en los tratados antiguos de alquimia a los que Claudia Posadas es tan afecta, no es la letra lo importante sino lo que la letra desata en cada lector y su nuevo tratado Liber Scivias lo logra y con creces, tanto que, apenas tres páginas antes deel final, no puede evitar el libro sino describirse, antes de la revelación final, describirse a sí mismo y la relación con su lector: “y entonces irradió nuestra costumbre con sabiduría invisible: / en la noche fue ovillando la red entre su reino”.

Banda sonora
Mientras iba de tu mano hacia la montaña, / unos días eran fuego y otros eran llamas. / Dentro del espejo donde no me reflejaba, / la promesa que en la cima nos aguardaba. (“San Juan de la Cruz”, Los Planetas).

viernes, 27 de mayo de 2011

Querido amigo,

cuyo comentario no publicaré, tienes toda la razón del mundo y recuerdo la frase de Auden: "En el mundo real, ningún odio es totalmente injustificado, ningún amor totalmente inocente".
Tienes toda la razón del mundo, pero sin esos momentos de vacío, de hacer de cosas intrascendentes lo más transcendente, como si nos fuera la vida en ello, estaríamos muertos. O, al menos, con deseos de estarlo. O, peor, de asesinar a alguien.
Un poco de nada a veces es necesario. Tanto como .... (y escribe en los puntos suspensivos lo que quieras).

miércoles, 25 de mayo de 2011

Lector Malherido se equivoca

Escribe (y cito toda la entrada, mis comentarios en mayúscula) sobre el libro titulado Una Semana en el Motor de un Autobús, del que parece interesarle más el subtítulo "la historia del disco que casi acaba con Los Planetas":


"Lengua de Trapo sigue empeñada en parecer una editorial moderna, cuando todo el mundo sabe que su sede editorial está en Madrid. Lo último son estos libros sobre conjuntos pop.

MUY BUEN CHISTE, EL DE UNA EDITORIAL MODERNA EN MADRID. HASTA AHÍ VAMOS BIEN.

En España, desde que Franco nos puso la tele, a un grupo de idiotas tocando las maracas se le denomina "conjunto". Nadie en su sano juicio se tomó nunca en serio a los "conjuntos" que daban "recitales". Era todo muy matemático y un punto payaso.

DE ACUERDO CON LAS DOS PRIMERAS FRASES; PERO NO ENTIENDO LA ÚLTIMA.

La música española es un producto nacional de consumo interno: no va a ningún lado. En realidad, la música española, pop y rock y rap, es un subtitulado acústico de la música de verdad, que obviamente se hace en inglés y con ropa que realmente mola. Así las cosas, admiro a los músicos españoles porque sus intenciones artísticas son patéticas, tienen el techo muy bajo y nunca han escuchado una canción suya sonar en un bar que no quede debajo mismito de su casa.

AMÉN. PORQUE, AUNQUE EN EL NOVENTA POR CIENTO LAS AFIRMACIONES DE MALHERIDO SON CIERTAS, LOS PLANETAS SON, PRECISAMENTE, LA EXCEPCIÓN QUE CONFIRMA LA REGLA (Y, POR CIERTO, EL RUIDO ROSA Y EL AMADOR, LOS DOS BARES PLANETARIOS POR EXCELENCIA, ESTÁN NO DEBAJO PERO SÍ CERCA DE LA CASA DEL J).

Pero ahí siguen.

Y SEGUIRÁN.

El caso es que Una semana en el motor de un autobús fue el tercer disco de Los Planetas, allá por 1997. Parece que esto es muy interesante y Nando Cruz ha hablado con todos los implicados en tamaña anécdota para que sepamos al detalle cómo se grabó un disco y qué le dijo el cantante al batería cuando le trajo Fanta y no a su hermana.

ES MUY INTERESANTE, DE HECHO. REFERIRSE A "UNA SEMANA...", UNO DE LOS DISCOS FUNDAMENTALES, SINO EL DISCO FUNDAMENTAL EN LA EVOLUCIÓN DE TODO EL INDIE DE LOS NOVENTA Y DEL SIGLO XXI EN ESPAÑOL (QUE SE LO PREGUNTEN A ODIO PARÍS, A LOS ARGENTINOS EL MATÓ A UN POLICIA MOTORIZADO, A LA BIEN QUERIDA O A LA ENCARGADA DE ESE ENCANTADOR PRÓLOGO "EL DÍA QUE CONOCÍ AL J.", JULIETA VENEGAS) COMO "TAMAÑA ANÉCDOTA" ES IRONÍA NO MUY FINA, MALHERIDO, Y TÚ PUEDES SER MEJOR.

La crónica de la grabación está escrita a la pata la llana y como que Los Planetas son los putos Beatles. Realmente acabamos sabiendo, tras la lectura, más cosas de los integrantes de Los Planetas de lo que nunca hubiéramos creído que era necesario saber sobre una persona de Granada.
PUES PRECISAMENTE PARA ESO ES EL LIBRO PARA SABER MÁS, PARA SABERLO TODO, DE LOS TIPOS ESOS QUE PARIERON "UNA SEMANA..."



Básicamente Los Planetas estaban todo el día en las drogas y las canciones que se les ocurrían iban de drogas y de que estaban haciendo un disco y tomando drogas a la vez. Es todo enormemente complejo. Nando Cruz da a entender que parir este disco fue como parir la Crítica de la razón pura de Kant, pero un poco menos pura.

PERO LA CULPA NO ES DE LOS PLANETAS A LOS QUE RESUMES MUY BIEN CON ESO DE TOCAR Y DROGARSE (SUEÑO JUVENIL DE CIENTOS Y MILES DE MUCHACHOS EN ESTE PLANETA), SINO DE SUS FANS QUE SON UNA PANDILLA DE FANÁTICOS CERRADOS.

También se localizan con gran honestidad los mecanismos de composición de los músicos españoles, que consisten básicamente en ver cómo lo han hecho en San Francisco, copiarlo y dar por sentado que nadie se va a dar cuenta, porque Manolo Escobar no nos deja ver el soul.

MECANISMOS QUE NUNCA LOS PLANETAS NI NINGUNO DE LOS GRANDES HAN NEGADO, PERO EN FIN...

Parece que grabar este disco no acabó con Los Planetas ni acabó con la música española ni acabó con nada. La música es lo que tiene, que le puedes dar al play otra vez y pensar que mereció la pena.

DARLE AL PLAY Y PENSAR QUE MERECIÓ, MERECERÁ Y SEGUIRÁ MERECIENDO LA PENA Y, A PESAR DE TU CRÓNICA, 'Por lo menos tendré la certeza / de que existo, / de que puedo decidir, / de que elijo por mí, sólo por mí'.".

CARTA ABIERTA EN DEFENSA DE LA PLURALIDAD Y CONVIVENCIA DE POÉTICAS

La realidad no es legible de manera evidente. Las ideas y teorías no reflejan sino que traducen la realidad, pudiendo traducirla de manera errónea. Nuestra realidad no es otra cosa que nuestra idea de la realidad. Del mismo modo, importa no ser realista en un sentido trivial (adaptarse a lo inmediato), ni irrealista en el mismo sentido (sustraerse de las coacciones de la realidad); lo que conviene es ser realista en el sentido complejo del término: comprender la incertidumbre de lo real, saber que existe una porción de lo posible aún invisible en lo real.
Edgar Morin

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El lenguaje poético es un patrimonio colectivo. Una urdimbre tejida en la arena de la diversidad. Nuestras tradiciones literarias siempre se han visto atravesadas por múltiples mutaciones que han ayudado a componer y descomponer el ovillado paisaje de la palabra. No en vano la palabra recoge la complejidad genésica de nuestra existencia. Así ha sido en el caso de la lengua española. Las literatura(s) panhispánica(s) (de acá y allá, en diálogo unas veces, aisladas otras) siempre han manifestado en su devenir histórico la riqueza de lo plural, el desborde de lo conectivo. No existe una deriva única de lo poético. Nunca se produjo una voz homogénea para toda nuestra tradición. Las tentativas de encerrar el lenguaje literario dentro de límites inamovibles han dado como resultado estructuras cerradas de pensamiento que trabajan en contra de la propia y esencial condición de la palabra.
Las personas que firmamos esta carta creemos firmemente en esta pluralidad poética heredada –a la que hemos tratado de contribuir activamente con nuestro propio trabajo– y por eso nos mostramos resistentes a cualquier forma de cierre normativo. Creemos necesario alzar un muro de contención ante actitudes que pretenden reproducir debates que «ya» no son legítimos –que, en realidad, nunca lo fueron– porque representan en sí mismos una agresión a esa misma pluralidad conquistada, al trabajo y legado creativo, teórico y vital de muchas poéticas y poetas precedentes y que recogen de manera natural el legado incuestionable de los padres de la modernidad poética: del romanticismo inglés y alemán al surrealismo pasando por Baudelaire, Rimbaud y Mallarmé. Ha costado mucho desterrar de nuestro campo literario el cainismo y la exclusión. No vamos a consentir ahora que vuelvan a reproducirse estrategias envenenadas similares. El debate de poéticas es necesario, útil el contraste filosófico, intelectual, en torno a la creación, pero siempre en el marco de un respeto escrupuloso a la diversidad y el disenso.
Por todo ello queremos reivindicar como legítimo y propio de la(s) poética(s) panhispánica(s) actual(es) los siguientes elementos:
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Escritura(s). En plural. Modos del lenguaje que se encuentran. Ningún programa prescriptivo. Huellas. Rescoldos a modo de conceptos, de cruces, de intuiciones. Ninguna tabla de la ley. No sabemos. Quizá sean un modo de operar, de practicar la literatura. Ese acontecimiento ignoto. No sabemos. Disparan la semilla de lo por hacer y de lo hecho. No sabemos. Mueven a la acción.

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Tradicion(es). En plural. Linajes incrustados, desde siempre, en nuestra modernidad, en nuestra memoria literaria. Linajes que se activan y se iluminan desde el presente y de los que debemos hacernos merecedores. Como afirmó Eliot, la tradición «no se puede heredar, y si la deseas debes obtenerla con gran esfuerzo». Cada poeta se forja y construye su tradición, su propia cadena de ejemplos y magisterios, y este esfuerzo es en sí mismo un acto poético, una intervención en el mundo. Puede ocurrir –y de hecho ocurre– que este esfuerzo ponga a prueba nuestra capacidad de asunción cognitiva o de mera comprensión, incluso a lo largo de toda una vida de esfuerzo. La dignidad e inteligencia vitales consiste entonces en asumir esta discapacidad en vez de darle el formato autoexculpatorio de lo incomprensible, lo hermético, lo bárbaro y despreciable. Imposible simplificarla, esencializarla, despotenciarla a través de marbetes o etiquetas reductoras. Imposible normativizarla en interés propio, mediante operaciones espurias de exclusión o ninguneo. Voces habitadas para nuestro presente y nuestro futuro.
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Heterodoxia(s). En plural. Nunca una lectura unívoca de lo poético, no podemos aceptar como obvio ni la desaparición del habla ni el habla homogeneizada. La palabra poética implica desborde, intersubjetividad, entramado conectivo, intersticio, complejidad. Y significa todo ello porque dialoga con lo humano.
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Poética(s). En plural. No hay una poética una que convierta a las demás en otras. No hay norma, no hay centro natural o tácito. Queremos (re)afirmar y defender el deseo y la probada capacidad de convivencia de poéticas diversas que han demostrado en los últimos años su resistencia a la codificación. No precisamos para construir o apuntalar una identidad la negación del Otro. No vivimos la alteridad como amenaza, sino como nutriente y condición necesaria para la construcción de nuestra posible identidad colectiva y personal.

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Hibridez y Diversidad(es). En plural. Creemos que la poesía no es mercancía, no es hija de la rentabilidad económica. Tampoco de las ideologías. La poesía es una multiplicidad de pájaros, aves raris, aves migratorias, que ponen su nido en lo alto, alejado del manoseo y voracidad de las alimañas y carroñeros. No podemos, por tanto, hablar de «una» poesía, sino de «poe-diversidad», en constante vuelo, en constante cruce, en constante mestizaje. Y no enjaulada, sino libre, puede ser del mundo, desde el mundo, con el mundo. Pero siempre «haciendo mundo».
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Pensamiento(s). En plural. Desconfiamos de los falsos dualismos (razón y emoción, realismo e irracionalismo, público y privado, naturaleza y cultura…) en los que se ha querido encerrar lo poético. Se trataría, como dice Miguel Casado, de «ampliar la noción de pensamiento, extenderla a todos los movimientos de la mente, a uno y otro lado de la conciencia, a todos los movimientos interiores del lenguaje que de modo constante nos recorren y atraviesan». En definitiva: destacar el carácter desestabilizador y genésico de la palabra poética como apertura del pensamiento.
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Realidad(es). En plural. La relación de lenguaje y realidad es compleja, porque ambas son complejas de por sí y más cuando se relacionan, influyen, comunican. Es simplista y equívoco detenerse en un estilo o propuesta, en una sola manera de abordar esa difícil exploración de la materia (humana y no humana) que llegará a ser poema.

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Subjetividad(es). En plural. Sin menoscabo de que cada uno/a pueda o quiera llevar la voz poética adonde crea conveniente. Todas las formas de enunciación tienen sentido y no seremos nosotros quienes juzguemos la pertinencia de lo que cabe o de lo que debe desaparecer.
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Emoción(es). En plural. No codificadas, no predeterminadas en un calculado ejercicio de causa- efecto practicado desde las inevitables limitaciones del poeta sino trascendidas y reveladas junto a él en un proceso que hermana escritura y lectura, que convierte al lector en agente activo y co- productor de sentido.
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Lector(es). Recepciones. Por todo lo anterior reivindicamos el respeto a la inteligencia y creatividad lectoras, a la libérrima capacidad de sorprenderse y sorprendernos de aquel que generosamente se acerca a un texto para darle vida; a su derecho inalienable de que nada ni nadie se haga garante ni faro de sus emociones, su criterio, su infinita libertad.
Así, queremos reivindicar la convivencia de poéticas, la pertinencia del debate crítico, la belleza de la pluralidad como alimento de lo creativo. Y rechazamos de manera frontal cualquier estrategia de apropiación, simplificación o reduccionismo literario.
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Y para que así conste lo firmamos en Madrid a 17 de mayo de 2011.

(lo saqué de aquí)

martes, 24 de mayo de 2011

El cumpleaños del viejo Bob, celebrándolo con una de sus canciones más tristes



Nobody feels any pain tonight as I stand inside the rain
Ev'rybody knows that baby's got new clothes
But lately I see her ribbons and her bows
Have fallen from her curls

And she fakes just like a woman
And she aches just like a woman
And she wakes just like a woman
Yeah but she breaks just like a little girl

Queen Mary, she's my friend yes, I believe I'll go see her again
Nobody has to guess that baby can't be blessed
Till she sees finally that she's like all the rest
With her fog, her amphetamine and her pearls

She fakes just like a woman
And she wakes just like a woman
And she aches just like a woman
But she breaks just like a little girl

It's was raining from the first and I was dying there of thirst
So I came in here and your long-time curse hurts
But what's worse is this pain in here
I can't stay in here ain't it clear that

I just don't fit yes, I believe it's time for us to quit
When we meet again, introduced as friends
Please don't let on that you knew me when
I was hungry and it was your world

You fake just like a woman
And you ache just like a woman
And you make love just like a woman
But you break just like a little girl

Y finges como una mujer
y te duele como una mujer
y haces el amor como una mujer
pero te quiebras como si fueses una niña....

lunes, 16 de mayo de 2011

Cuenta Regresiva de A. E. Quintero

Fame is a bee. It has a song—. It has a sting—. Ah, too, it has a wing.
(Emily Dickinson)

“Las cosas simples. / Las prácticas ordinarias. Como abrir una puerta. / Como besar unos labios pintados. / Como echar raíces azules en la cama. / O quitarse la fruta seca del día que concluye”.
Cuenta Regresiva (Era, 2011) de A. E. Quintero es un poemario que se explicita a sí mismo desde el principio en cinco versos. La voz de Quintero es una voz que se entrelaza con lo cotidiano, sea material, un refrigerador, un teléfono celular, o intangible, la vejez o el destino de la moneda ofrecida al mendigo, para ofrecer una visión diferente sobre aquello que cualquier lector también conoce. El gran mérito de este libro no es tanto la elección de los temas, o los interrogantes o afirmaciones que estos pueden desatar, sino la habilidad de fijarlos a una sensibilidad convirtiendolos, sí, en la cosa pero, también, en algo más.
“Qué mejor lugar para reunir zumbidos / que en un librero. Ahí / donde el hombre –supongo- / respeta la existencia laboriosa / de un insecto así, y no lo aplasta”.
Esa abeja que aparece, de repente, en dos poemas del libro debe, puede, ser la abeja de Emily Dickinson (“para hacer una pradera bastan un trebol y una abeja”). Esos dos poemas, extraños dentro del libro, como si fueran una serie aparte, otorgan al lector otra de las posibles claves con la que leer a Quintero, gran lector él mismo. Es el mundo natural, el habitual, el que se cuela en la biblioteca, entre los libros y el poeta, antes que preguntarse por la combinación de ambos, manifiesta su extrañeza. La abeja llega a los libros como los libros al lector por accidente parece ser la idea del primer poema que, a continuación, se niega en el segundo al proponer Quintero que “la abeja / es sólo una abeja”. Hay, pues, algo de misterioso en la combinación, en las combinaciones que ofrece este libro pero, puede que sí, puede que no, quizá bajo ellas no hay mayor misterio que el de su propio encuentro, el del lector con el libro.
“Las cosas sin importancia / buscan su turno, se dan su importancia / así, no sirviendo, / dejándonos incompletos, ausentándose en el justo momento”.
Frente a una primera lectura, rápida y superficial, que podría llevar al lector a confundir Cuenta Regresiva con un poemario mundano, en el sentido más amplio de la palabra, hay otra, de nostalgia, de pérdida, de ausencia, que va, subliminalmente casi, recorriendo todos los poemas. El mundo está ahí, podría decir el poeta, pero perfectamente podría no estarlo. De esa posibilidad van surgiendo los destellos, un verso o dos en ciertos poemas, que se atienen sobre todo a la fragilidad de lo visto, a la posibilidad de que se sea y no se sea. Porque el refrán popular “uno no se da cuenta de lo que tiene hasta que lo pierde” podría aplicarse perfectamente a estos poemas convirtiendolos ya no en meras descripciones o metáforas de algo sino en una constatación necesaria para que quede, si debe quedar algo, al menos memoria.
“No hay muebles hablando. Y decir noche / a estas alturas del verso / es decir sólo eso: / noche”.
Y es ya pasada la mitad de la, literal, Cuenta Regresiva, ya más cerca del final, cuando, como diría Gil de Biedma, “la verdad desnuda asoma”. Donde el poeta había platicado con las cosas, hermanandose, incluso con ellas, ya no queda nada y las palabras ya son “sólo eso” palabras. Como una triste constatación del poder de la poesía que se ve, como siempre, entre dos fuegos, entre la necesidad de decir y la inutilidad de hacerlo. Y Quintero, como mil poetas antes de él, como otros mil detrás de él, se une a esa constatación con una voz personalísima y bastante más profunda, en ritmo y en ideas, de lo que a primera vista pudiera parecer.
“Pero éste es un poema de amor / y tú / eres esa parte del poema que no se entiende, / que nunca queda clara”.
Y, aunque el libro termine con el citadísimo “vivir merece / decir cosas mejores”, es apenas un par de páginas antes, ya en pleno final del conteo regresivo cuando se ofrece la última pista para otra lectura de este libro. El ganador del premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes 2011 ha estado, a escondidas del lector, y quizá de sí mismo y hasta el final se percata, escribiendo un largo poema de amor, de un amor que busca, cernudianamente, decir su nombre. Y es entonces cuando los vacíos y las presencias, las conversaciones y los descubrimientos, del libro se convierten, de repente, en algo nuevo, en otro modo de mirar al mundo en una relectura a la que Cuenta Regresiva obliga.

Banda sonora
En las copas y en las mesas / refrescos bendecidos por Alá / y manjares deliciosos. / Los espíritus del bosque / que van a descubrirte la verdad, / lo que estabas esperando. (“El espíritu de la navidad”, Los Planetas).

lunes, 25 de abril de 2011

Tres poemas de Gonzalo Rojas (1917-2011)

Carta del suicida
Juro que esta mujer me ha partido los sesos,
Por que ella sale y entra como una bala loca,
Y abre mis parietales y nunca cicatriza,
Así sople el verano o el invierno,
Así viva feliz sentado sobre el triunfo
Y el estomago lleno, como un cóndor saciado,
Así padezca el látigo del hambre,
así me acueste
O me levante, y me hunda de cabeza en el día
Como una piedra bajo la corriente cambiante.

Así toque mi citara para engañarme, así
Se habrá una puerta y entren diez mujeres desnudas,
Marcadas sus espaldas con mi letra, y se arrojen
Unas sobre otras hasta consumirse.

Juro que ella perdura porque ella sale y entra
Como una bala loca,
Me sigue a donde voy y me sirve de hada.

Los cómplices
Te decía en la carta
que juntar cuatro versos
no era tener el pasaporte a la felicidad
timbrado en el bolsillo,
y otras cosas más o menos serias
como dándote a entender
que desde antiguamente soy tu cómplice
cuando bajas a los arsenales de la noche
y pones toda tu alma
y la respiración
perfectamente controlada,
por mantener en pie tus rebeliones
tus milicias secretas
a costa de ese tiempo perdido
en comerte las uñas, en mantener a raya
tus palpitaciones,
en golpearte el pecho por los malos sueños,
y no sé cuántas cosas más
que, francamente, te gastan la salud
cuando en el fondo
sabes que estoy contigo
aunque no te vea
ni tome desayuno en tu mesa
ni mi cabeza amanezca en tu pecho
como un niño con frío,
y eso no necesita escribirse.

¿Qué se ama cuando se ama?
¿Qué se ama cuando se ama, mi Dios: la luz terrible de la vida
o la luz de la muerte? ¿Qué se busca, qué se halla, qué
es eso: ¿amor? ¿Quién es? ¿La mujer con su hondura, sus rosas, sus volcanes,
o este sol colorado que es mi sangre furiosa
cuando entro en ella hasta las últimas raíces?
¿O todo es un gran juego, Dios mío, y no hay mujer
ni hay hombre sino un solo cuerpo: el tuyo,
repartido en estrellas de hermosura, en partículas fugaces
de eternidad visible?
Me muero en esto, oh Dios, en esta guerra
de ir y venir entre ellas por las calles, de no poder amar
trescientas a la vez, porque estoy condenado siempre a una,
a esa una, a esa única que me diste en el viejo paraíso.

domingo, 24 de abril de 2011

Jornadas de Poesía en Aguascalientes

Lunes 2 de mayo
12:00 hrs
Mesa de lectura
Carlos Aguilar Esparza, Sergio Martínez Medina, Cinthya Aguayo e Ilse Díaz
Casa Terán

13:00 hrs.
Lectura de poesía
Karla Acosta, Alejandro Guardado, Rosalba Abarca, Fabiola Esquivel y Moisés Ortega
Casa Terán

18:00 hrs.
Presentación editorial Cuarzo
Ricardo Castillo/ Presenta: Luis Armenta Malpica
Librería Educal

20:00 hrs.
Lectura de poesía
Jorge Fernández Granados, Arlette Luévano, Francisco Martínez Farfán y Ricardo Esquer
CIELA

Martes 3 de mayo
12:00 hrs.
Lectura de poesía
Ernesto Lumbreras, Benjamín Valdivia, Ricardo Castillo y Eduardo López
Casa Terán

18:00 hrs.
Presentación editorial Cuerpo+después
Luis Armenta Malpica (autor)/ Presentan: Benjamín Valdivia, Ernesto Lumbreras
Librería Educal

20:00 hrs.
Lectura de poesía
A.E. Quintero, Claudia Posadas, Rubén Chávez, y José Luis Justes
CIELA

Miércoles 4 de mayo
12:00 hrs.
Presentación editorial Liber Scivias,
Claudia Posadas (autora)/Presentan: Luis Armenta Malpica y Arlette Luévano
Casa Terán

13:15 hrs.
Lectura de poesía
Luis Armenta Malpica, María Rivera, Juan Pablo de Ávila y Patricia Ortiz
Casa Terán

19:00 hrs.
Ceremonia de premiación
A.E. Quintero (galardonado) y autoridades CONACULTA/INBA/ICA
Teatro Morelos

20:00 hrs.
Brindis y recital
Vestíbulo del teatro Morelos

sábado, 23 de abril de 2011

Némesis de Philip Roth

Y si este año no le dan el Nobel de literatura a Philip Roth, ¿no le pueden dar el de la paz?
(José María Justes Torres)


Tras el “fracaso” de Humillación, la última novela de Philip Roth devuelve al genio en su mejor forma. Némesis (Mondadori, 2011) es una novela en que vuelve a temas que le son queridos y en los que, reescribiendo personajes y temas, Roth parece encontrarse cómodo. Aquí vuelve a la infancia y a Newark para contar una historia sobre la epidemia de polio en esa comunidad, pero también una historia de moralidad y de lecciones ineludibles sobre la vida. Con su habitual modo de resultar moralista sin moral, mostrando simplemente los personajes y sus acciones, los aciertos y los desaciertos de estos con esa prosa contenida y nada grandilocuente que es característica del escritor judío.
“La vida es así – añadió, una frase que su abuelo decía con frecuencia-. Siempre ocurre alguna cosa extraña”.
Y en Némesis, un nombre griego que remite a la tragedia y en inglés al enemigo, Roth para explicar la vida utiliza una estructura triple. Primero, un Bucky Cantor, entrenador porque su miopía le impidió ir a la guerra, que está en el centro de la epidemia en el barrio judío de Newark, que Roth conoce tan bien. Después, una especie de intermedio, de descanso antes del “catartico” final, un momento de amor y erotismo y sensualidad en el campamento de verano al que Bucky, no huyendo de la enfermedad sino cumpliendo su obligación, se marcha junto a su prometida. Todo para terminar, al más puro estilo rothiano, con el encuentro entre el narrador, al que apenas se le nota salvo en un par de apariciones en primera persona, y el regresado Bucky que debe enfrentar las desastrosas, y nunca queridas, consecuencias de sus buenas acciones.
“-Entonces, con la voz quebrada, añadió.-: Le gustaba la vida”.
Y, como en la mayor parte de las novelas de Roth por no decir en todas, entre las acciones de los personajes, se entremezclan esas conversaciones llenas de sabiduría judía, paterna, del tipo “hay que sacrificarse y luchar para salir adelante en la vida” y materna, del tipo “trabajar, trabajar para que la siguiente generación mandé todo a volar”. En esos momentos, Roth, sus personajes, se convierte en un aforista que en apenas unas cuantas palabras describe perfectamente eso que hemos dado en llamar el sentido de la vida. Apenas, y eso como lector siempre se agradece, apenas hay frase que no tenga desperdicio. Aunque, parte de la genialidad y la marca de Roth, son no añadidos o apartes morales sino verdades de la acción de los personajes y más como cuando en esta novela se enfrentan, pagina sí y página también, con la realidad última, la muerte.
“-Haces lo correcto, una vez y otra y otra, haces lo que es debido sin cesar. Tratas de ser una persona considerada, una persona razonable, una persona complaciente, y ocurre esto. ¿Dónde está el sentido de la vida? / -No parece tener ninguno –dijo el señor Cantor:”
Pero las verdades que puedan explicar la vida, y esa parece ser la gran lección de esta novela, no tienen mayor sentido. Hagan lo que hagan los personajes, sean como Cantor obcecadamente decididos a hacer siempre lo correcto o como los despreocupados italianos que llegan a escupir a los judíos, el problema que plantea Roth es el que ha estado presente en todas sus novelas. Eso que se llama, dependiendo de quien, destino o voluntad divina, Yavhe o corección y entrega, no es en el fondo más que una cadena de acontecimientos en la que, aunque parezca que se protagonizan, no caben más que los papeles secundarios.
“Entonces Horace parecía darse por satisfecho, e iba a colocarse junto a otro de los jugadores. Todo lo que pedía a la vida era eso, que le estrecharan la mano”.
Horace, el tonto del barrio de Newark, el retrasado, es uno de esos personajes secundarios que, como siempre en Roth, se resuelven en acertadísimas pinceladas y que en sus breves apariciones sirve de contrapunto a las acciones de los protagonistas. Mientras todo Newark está preocupado por la epidemia de polio, Horace sólo busca conservar su vida de siempre, pasear, saludar, tomar helado en un verano en el que sigue llevando un grueso abrigo de lana, mientras todos parecen preocupados por la vida y la muerte, él simplemente quiere seguir viviendola. Horace es, en esta novlea de estructura teatral y shakespiriana, ese bufón que con su sola presencia alerta de otro modo de mirar las cosas, pero al que nadie hace caso y que nadie entiende sino hasta el desenlace final de la tragedia.
“Sólo soy una chica corriente que quiere ser feliz. Tú me haces feliz. Siempre me has hecho feliz. ¿Por qué ahora no?”
Y, por supuesto, otro de los temas rothianos más recurrentes, el amor, la sexualidad, su desdcubrimiento o su desaparición según el protagonista, vuelve a parecer con una fuerza que también había perdido en Humillación. En apenas tres o cuatro páginas Roth vuelve a describir, con una maestría que aunque no hubiera perdido hacía tiempo no utilizaba, un encuentro en el bosque de Cantor y su prometida que logra que el lector sonría ante semejante inocencia, inconcencia que a las pocas páginas se pierde al tener que enfrentarse a todas las circunstancias que están fuera de esos árboles y de esa isla, metafórica y real, en la que se han amado. Y Cantor, cuyo mayor problema es que siempre tiene que elegir lo más correcto, va a abandonar esa historia no por falta de amor sino por exceso de él.
“Era imposible creer que Alan yaciera dentro de aquella caja de pino sencilla y color claro por el mero hecho de haber contraído una enfermedad de verano. La caja de la que no puedes escaparte. La caja en la que un niño de doce años tenía doce años para siempre. Los demás vivimos y envejecemos cada día, pero él sigue teniendo doce años. Transcurren millones de años, y él sigue teniendo doce”.
Y, con la epidemia de polio en toda la novela, el viejo novelista, el eterno candidato al Nobel (esta novela, en lo que parace una perfecta estrategia mercadológica, salió a la venta en inglés un día después del anuncio del Nobel a Vargas Llosa) vuelve a su tema recurrente, la muerte. Y es que Roth, escriba de lo que escriba, por muy vitalista que sea, siempre encuentra esa pareja de la vida que es precisamente su ausencia. Némesis es una novela, en ese sentido doble. Por un lado, la urgencia de vivir del señor Cantor, que en las páginas finales el lector descubre que no es tanta o que no fue tanta, y por el otro los primeros muertos de Newark, niños que son, y ya nunca serán, la promesa de la tierra prometida de Estados Unidos. Némesis es una novela en la que los muertos son siempre la promesa que pudieron haber sido y ya nunca serán y los vivos son losque van pasando y, nunca mejor dicho, sobreviviendo. Por la vida, esa vida que siempre es extraña, es por encima de todo sobrevivir. Y, sobre todo, sobrevivirse a uno mismo.

“Unas veces tienes suerte y otras no.
Toda biografía está sujeta al azar y, empezando por la misma idea, el azar –la tiranía de la contingencia- lo es todo. Creo que el señor Cantor se refería al azar cuando censuraba aquello que él llamaba Dios” (Philip Roth).

Banda sonora
“Si te quieres venir / puedo pasarme a buscarte. / Si te quedas conmigo / para que pueda explicarte / lo mucho que te necesito, / aunque creo que ya lo sabes / voy a volver a decirlo. / Te quiero más que nadie, / que te sigo queriendo lo mismo / para que alivies mis males, / señora de mis abismos” (“Alegrías”, Manuel Vallejo, Jota)

domingo, 17 de abril de 2011

Henry Baum

El año era el 2020. Con la excepción de que mientras escribo esto el año es el 2008.

(Henry Baum)

The American Book of the Dead de Henry Baum (descargable gratuitamente desde su página) es una experiencia del solipsismo llevado a su máxima expresión. La última frase de la introducción, una introducción falsa, es significativa. “¿Qué opción me quedaba, en medio de la Gran Opresión –la muerte de Dios, la ciencia, el amor y el odio– que creer en mí mismo”. Lo que aún no saben ni el lector ni el autor, ni el pseudoautor es que al final a quien escribe eso no le queda más remedio que no creer en absolutamente nada. Ni siquiera en él mismo. El libro, que en ocasiones el lector lee al mismo tiempo que se está escribiendo, es un recuento de acontecimientos en los que aparecen un gobierno corporativo, un escritor casi profético, y versadísimo en las Escrituras, y, como no podía ser menos extraterrestres, o quizá no, y una buena dosis de teorías de la conspiración.

“‘Para los teóricos de las conspiraciones tengo una buena y una mala’, dijo. ‘La buena es que tienen razón. La mala es que tienen razón”.

Para el lector de The American Book of the Dead es que casi ninguna página del libro tiene razón pues apenas pasada, o un par de capítulos más adelante, se presenta una situación, un dato, un sueño que cambia todo lo supuesto hasta entonces. El problema, y lo que convierte a la novela, en una delirante fantasía sobre, precisamente la fantasía y el poder de la literatura, es Eugene Myers, un escritor de tercera fila, que acaba de descubrir que su hija se dedica al porno en internet y que su esposa está a punto de abandonarlo. Pero, ¿qué pasaría si ese mismo escritor, como en un cuento borgiano, estuviera creando lo que escribe. O, mejor dicho, lo escrito se vaya creando.

“Incluso escribí un nuevo capítulo en el que el presidente Winchell moría, pero Winchell aún estaba vivo.”

Myers está escribiendo en una novela al mismo tiempo, o quizá doce años antes, al mismo tiempo en que el presidente está a punto de declarar la tercera guerra mundial. La novela de Eugene Myers es apocalíptica al igual que sus sueños. Y ambos, de repente, comienzan a coincidir, no en sus acciones, sino en sus personajes. No es lo que pasa, sino que los personajes de los sueños del escritor se convierten en reales aunque no funcionen de modo semejante. Y el único modo de evitar, justamente, lo que está escribiendo es intervenir en la realidad, una realidad que el lector nunca tiene claro si es la “realidad”.

“‘No creo que Dios o Satán estén representados por un solo hombre’”, dijo. ‘Eso sería darle demasiado importancia a un hombre quitándoles valor a los otros’”.

La novela se lee como un “what if?” pero con uno de las partes involucradas deseando que nunca hubiera ocurrido. A Myers, escritor controlador, se les escapa todo de las manos cuando, interpretando su propios sueños, descubre que él es la única esperanza, que sólo él, abandonando lo único que le quedaba tras el hundimiento de la familia, podría, ya que nunca tiene la certeza de poder, salvar el mundo, un mundo que se pregunta una y otra vez si quiere ser salvado.

“‘Te dormiste pero no quise despertarte’, dijo. Me estudió. ‘Pareces asustado, Gene. ¿Un mal sueño?’ / ‘Una pesadilla’, le respondí.”


The American Book of the Dead. Segunda Parte

“Mi novela era mentira. Hay tres cosas de las que no hablé en la Parte I de The American Book of the Dead: la adicción a la heroína, mi salud y la disolución de mi matrimonio. Una trinidad de nuevo, como ya dije antes, o quizá es que las malas ideas llegan en tríos. Esas tres cosas eran las que estaban en cada página del libro pero o yo era muy cobarde como para mencionarlas o es que aún no habían hallado su lugar. Se puede considerar una mentira la idea que yo estaba prediciendo el futuro en mi libro. El libro mismo era una colección de medias verdades. Yo no era realmente un escritor con una familia trabajando en una novela. (…) ¿Cómo podía estar prediciendo el futuro si era tan deshonesto con el presente? La respuesta es que no podía. Yo tenía una secreta esperanza de que fuese capaz de profetizar pero algo en mí me decía que solo era capaz de intuir”.

Banda sonora

Mis canciones... son fugaces... // Cualquier amago de sinceridad, / es fruto de pura casualidad. // Mis errores... son cobardes... // Desaparece en la oscuridad, / y es síndrome de la necesidad. // ahhhhh ahhhhhh / ahhhhhhhhhhhhh. (María Rodes, “Escondite”).